LA CELESTINA

 

Legajo perdido de la Biblioteca Salmantina,

que el estudiante Rojas encontró y sacó a la luz mundial

 


Tragicomedia de Calisto y Melibea, todo un best seller de la Universidad de Salamanca

Madrid, 1 julio 2018
Manuel Arnaldos, historiador de Mercabá

            Auténtico best-seller del s. XV, y creadora del género llamado celestinesco, La Celestina cerró la Edad Media literaria e introdujo la Edad Moderna, ofreciendo además el testimonio del proceso transformador que llevó de una época a otra.

            Impresa en Burgos-1499 por primera vez, fue pronto llevada al teatro, donde vio como la crítica crecía sin cesar, superando los niveles de Cervantes, Galdós y Quevedo, hasta llegar al mundo del cine de nuestros días[1].

            Sus comienzos, cautelosos y todos con el título de Comedia de Calisto y Melibea, fueron:

-la 1ª edición de Burgos-1499[2], que tuvo 16 actos, y careció de autoría,
-la 2ª edición de Toledo-1500
[3], que incluyó las octavas acrósticas de su autoría,
-la 3ª edición de Sevilla-1501, que volvió a ser anónima, pero incluyendo la carta del autor a su amigo, donde explicaba la temática y sentido de la obra.

            En 1502 surgió la 1ª reforma profunda de la obra[4]:

-pasando a llamarse “tragicomedia” en vez de comedia,
-añadiéndose 5 actos más, los finales,
-ampliándose los encuentros amorosos,
-introduciéndose la muerte de los personajes.

            En la edición de Zaragoza-1507, y en las posteriores subtituladas bajo la fecha de 1502, ya sea por falsificación o por una edición perdida de 1502[5], ya aparecía la obra totalmente completada. Fue la edición de Valencia-1514 la que se acercó más a la rigurosidad del texto.

a) Contexto de la Celestina

            Fue obra de Fernando de Rojas (Montalbán 1476-Salamanca 1541), natural de Toledo y de origen converso[6] y criptojudío[7], y que había ido a hacer sus estudios de Derecho a la Universidad de Salamanca, de 1494 a 1502. Allí encontró el capítulo I de Celestina[8], que decidió continuarlo con 15 capítulos más, a lo largo de sus vacaciones estudiantiles de 1497[9].

            Regresado a Toledo en 1502, Rojas contrajo matrimonio en 1503, y en 1525 sufrió un proceso inquisitorial contra el padre de su mujer. En 1527 veía como su obra única y preferida, La Celestina, era traducida al francés[10], tras las traducciones que se habían hecho al italiano en 1506 y al alemán en 1520. Poseía Fernando una esmerada cultura, y había asimilado numerosas obras latinas en su memoria, entre las que debieron sobresalir las comedias de Plauto y Terencio[11].

            Se trató de una obra anti-literatura medieval, en la que se moralizaba al mundo desde arriba[12], con héroes monolíticos y sin fisuras, o a lo sumo enamorados monocordes y no correspondidos.

            Así, pues, Celestina trató de analizar el mundo desde abajo, pegada a los personajes, en continua lucha con la vida, abarcando todas las realidades. Y esto fue inédito en la literatura, y su principal y gran novedad.

            Su lema de partida fue el principio filosófico de Heráclito de que “todos luchan contra todos” por intereses egoístas (dinero, amores, prostitución…). De ahí la indecisión constante de los personajes, su confusión y su irresolución.

            Y si ese interés egoísta fue el punto de partida, las flaquezas humanas fueron su hilo conductor a lo largo de toda la obra. Así, a lo largo de constantes conflictos interiores, las alcahuetas y prostitutas pasaron a convertirse en los personajes principales, y no secundarios[13], de forma inaudita.

b) Contenido de la Celestina

b.1) Enamoramiento de Calisto

            Entrando Calisto en una huerta en busca de su halcón, allí encuentra a Melibea, de la cual se enamora por completo. Esta caída en el amor le llena de angustia, pues en adelante no la va a volver a ver, ni ella quiere ser vista (auto I):

Calisto:¿Quién vido en esta vida cuerpo glorificado de ningún hombre, como agora el mío? Por cierto los gloriosos santos, que se deleitan en la visión divina, no gozan más que yo agora en el acatamiento tuyo. Mas en esto diferimos: que ellos puramente se glorifican sin temor, y yo recelo del tormento que tu ausencia me ha de causar”.

           Calisto pide consejo a su criado Sempronio sobre lo que se puede hacer en este asunto, y éste le habla de una alcahueta llamada Celestina, que a él le estaba buscado una amada llamada Elicia (auto I):

Sempronio:La perseverancia en el mal no es constancia; mas pertinacia la llaman en mi tierra. Vosotros los filósofos de Cupido llamadle como quisieredes”…

Sempronio:Días ha grandes que conozco en fin de esta vecindad una vieja barbuda, que se dice Celestina, hechicera, astuta, sagaz en cuantas maldades hay; entiendo que pasan de cinco mil virgos los que se han hecho y deshecho por su autoridad en esta ciudad. A las duras peñas provocará a la lujuria, si quiere”.

b.2) Intervención de los criados

            Sempronio va a buscar a Celestina, y con ella negocia una entrevista con Melibea. Por su parte Calisto cuenta lo sucedido a otro criado suyo, llamado Pármeno (auto II):

Sempronio:Madre, mira bien lo que haces con Calisto y Melibea, porque cuando el principio se yerra, no puede seguirse buen fin. Piensa en su padre, que es noble y esforzado, su madre celosa y brava, tú la misma sospecha. Melibea es única a ellos; faltándoles ella, fáltales todo el bien. En pensallo tiemblo; no vayas por lana y vengas sin pluma”.

Calisto:Y tú, Pármeno, ¿qué te parece de lo que hoy ha pasado? Mi pena es grande, Melibea alta, Celestina sabia y buena maestra de estos negocios; no podemos errar. Así que, pues ella es tal, más quiero dar a esta cien monedas que a otra cinco”.

            Tras negociar Sempronio en la casa de Celestina, éste se queda allí con su amada Elicia, mientras Celestina va corriendo a visitar a la familia de Melibea (auto III):

Celestina:Y yo, Celestina (corriendo por la calle), te conjuro por la virtud y fuerza de estas bermejas letras, que vayas sin tardanza a obedecer tu voluntad, y en ello te envuelvas y con ello estés sin un momento te partir, hasta que Melibea con aparejada oportunidad que haya lo compre y con ello de tal manera quede enredada del crudo y fuerte amor de Calisto”.

b.3) Intervención de Celestina

            Tras estudiar monólogamente el caso en su camino hacia la casa de Melibea, Celestina llega a ella y conoce a sus padres Pleberio y Alisa, junto a su criada Lucrecia. A solas con Melibea, Celestina le cuenta la causa de su venida (auto IV):

Celestina:Por Dios, Señora, que me dejes concluir mi dicho, que ni él quedará culpado ni yo condenada. Y veras como es todo más servicio de Dios que pasos deshonestos. Pues no me bastará tu licencia para me dar osadía a hablar en cosa, que a Calisto ni a otro hombre tocase”.

  Despedida Celestina de la casa de Melibea, se encamina hacia la de Calisto, hablando de nuevo consigo misma y entre dientes (auto V):

Celestina:Oh, rigurosos trances, oh cuerda osadía, oh gran sufrimiento. Y que tan cercana estuve de la muerte, si mi astucia no rigiera con el tiempo. ¡Oh airada doncella, oh diablo a quien yo confié!”.

            En la casa de Calisto, Celestina le cuenta todo lo hablado con Melibea, y le entrega un cordón de la amada. Tras esto, Celestina se vuelve a casa con la compañía de Pármeno, con el que la alcahueta estaba maquinando otro negocio (auto VI):

Celestina:Oh, mi señor Calisto, oh mi nuevo amador de la muy hermosa Melibea. ¿Con qué pagaras a la vieja, que hoy ha puesto su vida al tablero por tu servicio?... Todo su rigor traigo convertido en miel, su ira en mansedumbre, su aceleramiento en sosiego… Hablé a solas con ella, díjele mi embajada”.

Celestina:Mire, Señor, yo me voy. Y si quieres salir mañana, lleva rebozado este paño, porque si de ella fueres visto, no acuse de falta mi petición”.

            Celestina negocia en su casa con Pármeno la entrega de la prometida Areúsa, a cambio de que éste entre en amistad con Sempronio, y le ayude en el caso de Calisto. Firman el acuerdo verbal, y Celestina lleva a Pármeno a casa de Areúsa, con la que se acuesta toda la noche (auto VII):

Celestina:Ah, don Ruin, palabra te tengo, a buen tiempo te así. Llégate acá (donde está Areúsa), negligente, vergonzoso, que quiero ver para cuanto eres, antes que me vaya. Retózala en esta cama”.

b.4) Intervención de los criados

            Pármeno y Sempronio firman la amistad, y juntos se dirigen a la casa de Calisto, donde estaba Calisto hablando consigo mismo. Ven la forma de acometer el caso (auto VIII):

Sempronio:Deja, señor, esos rodeos, deja esas poesías, que no es habla conveniente la que a todos no es común. Di “aunque se ponga el sol”, y sabrán todos lo que dices. Y come alguna conserva, con que tanto espacio de tiempo te sostengas”.

            Sempronio y Pármeno van a casa de Celestina, donde estaban  sus adquisiciones Elicia y Areúsa. Puestos a comer, empiezan a reñir entre ellos con razonamientos y apaciguamientos (auto IX):

Elicia:¡Mucho piensas que me tienes ganada! (se dirige a Sempronio). Pues agote cierto que no has tu vuelto la cabeza, cuando está en casa otro que más quiero, más gracioso que tú, y aunque no ande buscando cómo me dar enojo. A cabo de un año me vienes a ver tú, tarde y con mal”.

Areúsa:Denostadas, maltratadas nos traéis (se dirige a Celestina), que nos echáis con el mozo y hombres que perdieron el anillo. Esos que dannos un ciento de azotes y echannos la puerta fuera diciendo: “Allá irás, ladrona, puta, no destruirás mi casa y honra”. La mejor honra que tenemos es andar hechas callejas, de dueña en dueña, con vuestros mensajes a cuestas”.

            Lucrecia se presenta en casa de Celestina, y le pide que vaya a visitar a su ama Melibea lo antes posible (auto IX):

Lucrecia:Mi venida, señora, es lo que tú sabrás; pedirte el ceñidero y, demás de esto, te ruega mi señora sea de ti visitada y muy presto, porque se siente muy fatigada de desmayos y de dolor del corazón”.

            Lucrecia introduce a Celestina en casa de Melibea, que le descubre arder en amor por Calisto. Alisa regresa a casa y encuentra a su hija con la alcahueta, pidiéndole una explicación (auto X):

Melibea:Amiga Celestina, mujer bien sabia y maestra, mucho has abierto el camino por donde mi mal te pueda decir. Mi mal es de corazón, la izquierda teta es su aposento, y sus rayos tiende a todas partes. Que no pensé jamás que podía dolor privar el seso. Túrbame la cara, quítame el comer, no puedo dormir, ningún género de risa puedo ver. Pues otra cosa no puedo sentir, ni soñar, que la de aquel caballero Calisto, cuando tú me pediste oración”.

Alisa:¿En qué andas acá, vecina, cada día?... Tu hija, guárdate de ella, que es una gran traidora, y el sutil ladrón siempre rodea las ricas mansiones. A mí mintiome, con falsas mercadurías, y daña la fama”.

            Sempronio y Pármeno ven por la calle a Celestina hablando sola, y la acompañan a casa de Calisto, donde la alcahueta cuenta la confesión de amor que había hecho Melibea en su propia casa (auto XI):

Celestina:Señor Calisto, medirme he con tu magnificencia, ante quien no soy nadie. Melibea pena por ti más que tú por ella, Melibea te ama y desea ver, Melibea se llama tuya y con esto amasa el fuego, que más que a ti la quema a ella”.

            Sempronio y Pármeno llevan a Calisto, con arma en mano, a casa de Melibea (auto XII):

Pármeno:Leído has donde yo (se dirige a Sempronio), hermano. Que Calisto quiere entrometerse en un negocio turbio. Pues yo soy cierto que esta doncella ha de ser para el cebo de anzuelo y carne de buitrera, que suelen pagar bien los que a comerla vienen… Pero calzas traigo para huir mejor que otro”.

            Lucrecia recibe a la comitiva de Calisto en la puerta, y llama a Melibea para que hable por entre las puertas con Calisto. Haciendo esto empieza a surgir ruido de gente en la calle[14], y la comitiva de Calisto sale huyendo[15] (auto XII):

Calisto:Oh, señora mía, esperanza de mi gloria, alivio de mi pena, de la cual, aunque deseoso, siempre me juzgaba indigno. Considerando tu estado, remirando tu belleza, ¿cómo te podré ser ingrato? Pues soy cierto de tu limpieza de sangre y hechos, y soy yo quien mira a Calisto, y se admira de tanto bien que se le hace”.

Sempronio:Oigo bullicio (se dirige a Pármeno), y el buen huir nos ha de valer. Déjale hacer a Calisto, que si mal hiciere, él lo pagará… Ya te advertí de ir más liviano, que tengo ahora liado el broquel y la espada con las correas, porque no se me caigan al correr, y el casquete en la capucha… Corre, corre y torna callado, que no es sino la gente del alguacil, con gran estruendo por la otra calle”.

            Sempronio y Pármeno se dirigen entonces a casa de Celestina, demandando la parte de su ganancia. Al hacerse la despistada la alcahueta, echan mano a Celestina y la matan. Ante las voces dadas por Elicia, vienen los alguaciles y los prenden a ambos. Huyendo de sus manos, Sempronio y Pármeno se tiran por las ventanas, muriendo pero no en manos de la justicia (auto XII):

Sempronio:Oh vieja avarienta, muerta de sed por dinero. ¿No serás contenta con la tercia parte de lo ganado? Entonces espera, hechicera (saca la espada), que yo te haré ir al infierno con credenciales”.

Celestina:Ay que me ha muerto, ay, ay. ¡Confesión, confesión!”.

Pármeno:Dale, dale, acábale, pues comenzaste. Muera, muera, de los enemigos los menos”.

Elicia:¡Madre, madre! ¡Muerta es mi madre!”.

Sempronio:Huyamos, huyamos, Pármeno, que acude mucha gente, que viene el alguacil. Saltemos por estas ventanas, y no muramos así, en manos de la justicia”.

            Tristán y Sosia, otros criados de Calisto, le cuentan las muertes de Sempronio, Pármeno y Celestina, cuando su amo despierta de la noche anterior (auto XIII):

Sosia:Celestina, la de la cuchillada, es la muerta. Más de treinta estocadas vi. Pero a tus criados también vi, uno con todos los sesos de la cabeza fuera; el otro, quebrados entrambos brazos y la cara magullada. Que saltaron por la ventana y así, casi muertos, los del alguacil les cortaron las cabezas”.

b.5) Desenlace de Melibea

            Melibea está esperando en su casa la llegada prometida del amado, de noche y a hurtadillas. Calisto cumple su promesa, hacen el amor, y tras eso ambos vuelven a sus alcobas (auto XIV):

Calisto:¿Para qué, señora, dejar queda mi pasión? ¿Para qué penar de nuevo? Perdona, señora, mis desvergonzadas, pero jamás mis manos pensaron tocar tu ropa y poco merecer; agora gozan de traspasar la ropa, y llegar a tu cuerpo, y tocar tus lindas y delicadas carnes”.

            No obstante, Melibea y Calisto no se han satisfecho con el verse, se quejan de la brevedad temporal del amor, y empiezan a desear más pasión en su corazón (auto XIV):

Melibea:Señor mío, por Dios te pido que, pues ya todo queda por ti, y dueña tuya soy, que no me niegues tu amor, que no me niegues tu vista. Y pues esto ha sido poco, las más noches que tú ordenares, sea tu venida por este secreto y a la misma hora”.

            Los padres de Melibea empiezan a razonar sobre el casamiento de su hija, cosa que Melibea escucha y desprecia, pidiendo a su criada Lucrecia que guarde silencio sobre la ruptura de su virginidad (auto XVI):

Pleberio:Alisa, amiga, el tiempo se nos va, y corren los días como agua del río. Y pues somos inciertos de cuándo seremos llamados, debemos echar nuestras barbas en remojo y aparejar nuestros fardeles. No quede, por nuestra negligencia, nuestra hija en manos de tutores. Pues no hay cosa con que mejor se conserve la fama en las vírgenes que con temprano casamiento. Quitarla hemos de lenguas del vulgo”.

Melibea:Afuera, afuera la ingratitud (se dirige a su criada Lucrecia), afuera las lisonjas y el engaño con tan verdadero amador, que ni quiero marido ni quiero padre ni parientes. Faltándome Calisto, me falte la vida, la cual, por el de mi goce, me aplace”.

            El secreto de Melibea con Calisto es sacado a la luz por la prostituta Areúsa (auto XVII):

Areúsa:Entra, hermana mía (se dirige a Elicia). Veate Dios, que tanto placer me haces en venir como vienes. Agora nos gozaremos juntas… Cata, amiga (se dirige a Sosia), que no guardar secretos es propio de mujeres. Porque has de saber que vino a mí una persona y me dijo que le habías tú descubierto los amores de Calisto y Melibea”.

            El caso ya publicado de Melibea y Calisto, sobre todo por sus consecuencias en las muertes de criados y Celestina, infunde el odio en Elicia, que se propone vengarse de Melibea y Calisto (auto XVIII):

Elicia:Areúsa, por mi amor, que no se ponga este hecho en manos de tan fiero hombre. Más vale que el negocio se quede por hacer que escandalizar la ciudad, por donde nos venga más daño de lo pasado. Démosle palos (a Calisto), porque quede castigado y no muerto”.

            Mientras Melibea esperaba en su huerto a su amado, para otro encuentro amoroso, una comitiva enviada por Elicia y Areúsa prende a Calisto cuando iba de camino, el cual intenta escapar pero muere al saltar una tapia (auto XIX):

Tristán:Señor (se dirige a Calisto), no bajes de la escala, que los que venían idos son; que no eran sino Traso el Cojo y otros bellacos, que venían voceando. Tente, tente, señor, con las manos en la escala”.

Calisto:¡Oh, valame Santa María! (se cae de la tapia). ¡Muerto soy, confesión!”.

Sosia:¡Señor, señor, a esotra puerta! ¡Tan muerto es como mi abuelo! ¡Oh, gran desventura!”.

            Melibea llama desde su aposento a su padre Pleberio, para que venga con un instrumento de cuerdas a socorrer el dolor de su corazón. Cuando vuelve su padre, ella lo espera en lo alto de la azotea, desde donde le cuenta todo el negocio amoroso que había tenido. Tras lo cual, Melibea se arroja y suicida (auto XX):

Melibea:Calisto, espérame, que ya voy (en lo alto de la azotea); detente, si me esperas; no me incuses la tardanza, dando esta última cuenta a mi viejo padre, pues le debo mucho más. Oh, padre mío muy amado (se dirige a su padre, abajo), ruégote que si amor me has tenido, sean juntas nuestras tumbas. Salúdame a mi cara y amada madre. Recibe, padre, allá abajo las arras de tu hija amada, que es amargura mía, de ti y de mi vieja madre. A Dios ofrezco mi alma”.

            Los despojos del cuerpo de Melibea son recogidos por su padre, que tiene que presentárselos a su mujer Alisa. Ambos empiezan un gemido sin fin (auto XXI):

Pleberio:Ay, ay noble mujer. No queramos mas vivir. Oh mi hija y mi bien todo. Oh corazón de padre, lleno de dolor, sin su amada heredera. Oh fortuna variable, ministra y mayordoma de los temporales, oh vida de congojas llena, oh mi hija despedazada, ¿Por qué me dejaste triste y solo in  lachrymarum valle?”.

c) Comentario sobre la Celestina

            Está claro que la fragilidad del amor humano fue el hilo conductor de Celestina. Pero no fue esa la finalidad de su autor, y mucho menos ahondó en su contenido (pues siempre movió la temática del amor a nivel superficial).

            Hay otra finalidad que sí que fue mucho más interesante y profundamente tratada por Fernando de Rojas. Se trata del sentido moral de la vida, o dicho en sentido negativo, de las aberraciones morales que por sí mismas, y sin consecuencialismos[16], son degradantes para la razón[17] y dignas de ridiculizar.

            Trató Rojas, por tanto, de censurar la vida moral y social de la España de fines del s. XV. Si provenía esta finalidad de una actitud cristiana o judía, ya es más difícil de percibir, y quizás responda a las dos actitudes a la vez.

            Se trataba, pues, de poner sobre el tapete[18]:

-los comportamientos individualistas, egoístas y opuestos a cualquier solución solidaria,
-el comportamiento pasional, fundado en la lujuria sexual, avaricia de dinero, soberbia por el poder,
-la corrupción del mundo servil, donde las prostitutas, alcahuetas, criados… aspiraban a ascender engañando y traicionando,
-la ceguera de los padres, que ignoraban o posponían la educación de sus hijos,
-la divinización del amor cortés, que se disfrazaba de sofismas para cobijar su deseo carnal prohibido.

            En la otra cara de la moneda, y con escasa pero suficiente focalización, tendríamos los valores que se iban olvidando en la España del s. XV, y que Fernando de Rojas trataba de retomar por sus efectos negativos contrarios. Estos eran:

c.1) Valor de la Virginidad

            Consistente, según se hacía en España hasta la llegada de ese fin del s. XV, en consagrarse a Dios en cuerpo y alma, con limpieza y hasta el momento matrimonial. Esto atraía (y así se veía) de Dios todas sus bendiciones, y fomentaba la pureza en la familia y amistades (cosa que rompe Melibea, extorsionando el entorno social, y sepultando a sus miembros familiares).

            Y es que “en la vida eterna habrá cosas mucho mejores que esta sexualidad dañada por el pecado”, se decía de antiguo, y se demuestra en Calisto y Melibea (cuando se quejan de lo poco que dura aquí esa pasión, y buscan inventar métodos terrenos, como verse más secretamente todavía, para corregir y suplir esa defección sexual).

c.2) Valor de la Justicia

            Virtud que, dentro del mundo del trabajo, o del dinero en general, debería existir para regularlo todo, dando a cada uno lo suyo (según se haya rendido, según se haya necesitado), y velando todos por el bien común, y no sólo particular. Habría que tener también en cuenta, denuncia F. de Rojas, para que hubiera justicia:

-que no todo lo legal era moral (como es el caso de poder ser alcahueta, y trastocar a Melibea),
-que no todo lo que se podía era conveniente (como es el caso de la prostitución establecida de Areúsa, que resulta ser el elemento vengativo).

c.3) Valor de la Verdad

            Consistente en expresar con rectitud el juicio de una cosa. Debía requerir, por tanto, claridad en el entendimiento y humildad para reconocer las cosas. Pues las cosas, defiende F. de Rojas, tendrían que ser vistas: como son (objetividad), y como hayan de ser (honestidad).

            La verdad, en la mente de Rojas:

-no tendría que eliminar “mi opinión”, pero sí ponerla en su sitio (como no hacen los padres de Melibea, que no dejan opinar a su hija sobre su matrimonio o edad virginal);
-no tendría que tener parvedad de materia, pues toda mentira es mentira, gorda o pequeña (y Celestina juega constantemente a entremezclarlas);
-debería excluir la restricción mental, o montarse uno el mundo en su cabeza (como hace constantemente Calisto y luego Melibea);
-debería reparar el daño cometido (cosa que las criadas reparan al revés, publicando el negocio con afán de venganza).

c.4) Valor de la Fidelidad

            Se trata del auténtico leit motiv de La Celestina, con todo un remix de textos al respecto. En efecto, la conciencia, como esa brújula cuya aguja orienta siempre hacia el norte (y con eso se sabe por dónde ir en un camino), como ese algo que el hombre tiene dentro y que le indica lo que está bien y lo que está mal... es lo que F. de Rojas va denunciando, una y otra vez, en todos y cada uno de los personajes de Celestina (incluido el de Alisa, pues por omisión no echa a Celestina de su casa cuando la ve tejer sobre su hija).

            En efecto, la conciencia, como esa capacidad que orienta siempre al bien y avisa sobre el mal, es lo que está estropeado en la subyacente “Celestina” de F. de Rojas. Sus personajes no tienen un juicio en buen estado porque:

-no lo han alimentado (como es el caso de los cortesanos y Celestina, cuya altura intelectual no levanta del nivel de la cama o de la bolsa),
-no lo han cuidado (como es el caso de los padres de Melibea, que se reprochan lo tarde que se acuerdan del casamiento de su hija),
-no lo han respetado (como es el caso de Calisto, cuyo ardor amoroso parece amenguarse tras el éxtasis inicial, pero luego lo aviva al “no querer perder un buen bocado”).

            Fue la tesis que, en la Universidad de Salamanca y en plena efervescencia dialéctica sobre la posibilidad de vida moral, con o sin gracia, Fernando de Rojas defendió sobre la necesidad de educar la conciencia.

Madrid, 1 julio 2018
Mercabá, artículos de Cultura y Sociedad

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[1] cf. PEREZ CUENCA, I;  Literatura medieval, ed. SP-CEU, Madrid 2010, p. 41.

[2] Publicada en la ciudad castellana con el sufragio de FADRIQUE DE BASILEA.

[3] Los largos acrósticos de Toledo serían corregidos por ALONSO DE PROAZA, es decir, explicados con un prólogo filosófico sobre las criaturas, “en continua contienda o batalla”.

[4] cf. PEREZ CUENCA, I, op.cit, p. 42.

[5] Más bien parece cuajar la idea de la falsificación, pues en las ediciones extranjeras de Roma-1516 o Roma-1520, se siguió imprimiendo bajo los subtítulos de Salamanca-1502, o incluso con el de Salamanca-1500 (con sus 21 actos íntegros, y falsificados, eso sí).

[6] Dato que sabemos por un proceso judicial al que acudió FERNANDO DE ROJAS para defender a un vecino de Montalbán, y en el que no se le dejó declarar por ser judío.

[7] Los criptojudíos eran aquellos judíos acusados de convertirse de puertas hacia fuera, pero por dentro seguir con sus mismas creencias.

[8] Obra anónima, o de JUAN DE MENA o de cualquier estudiante o profesor de la universidad de Salamanca.

[9] Según él mismo nos cuenta en el prólogo de la obra.

[10] cf. GALAN, E; La Celestina de Fernando de Rojas, ed. Ciclo, Madrid 1989, p. 94.

[11] cf. AZPEITIA, J; La Celestina de Fernando de Rojas, ed. McGraw-Hill, Madrid 1996, p. 12.

[12] Basta con ver la obra de GUZMAN DE AZARACHE, en su Atalaya de la vida humana, en que todo viene de arriba, en  una estratigrafía social inmóvil que va recibiendo las coordenadas.

[13] cf. Ibid, p. 43.

[14] Clave de toda la obra, y como elemento indispensable: todo caso tiene que salir a la luz, y no puede permanecer en la penumbra sin que haya un conato de luz que, antes o después, incida y desvele lo escondido. Genial es, pues, el centro gravitatorio de la obra, de si se puede asumir por parte de la sociedad este tipo de amoríos o no.

[15] Respuesta de FERNANDO DE ROJAS a la clave planteada en la obra. Las vergüenzas humanas no pueden salir a la luz, tienen que esconderse y no pueden estar en la vida pública. Pero será la vergüenza (fruto de la conciencia) y no el consecuencialismo social, su causa explicativa.

[16] Los trágicos desenlaces de los personajes no se insertaron en las primeras ediciones, y serán añadidos comerciales posteriores, sin alterar para nada el mensaje primigenio de la inmoralidad.

[17] Como el tener que contemplar a prostitutas como los paladines de la elocuencia, o a hijas “bien” educadas insultar a sus padres como viejos, en ingratitud o traición, por ejemplo.

[18] cf. GALAN, E, op.cit, p. 71 y ss.