EGIPTO

 

En el 4.500 aniversario del I Calendario mundial,

impuesto como solar el 2.516 a.C. por su faraón Micerinos

 


Sala hipóstila del Templo de Karnak, la mayor del mundo y centro del mundo egipcio medio

Madrid, 19 marzo 2016
Manuel Arnaldos, historiador de Mercabá

La historia de Egipto abarcó el período de tiempo:

-desde el 3.300 a.C, con la aparición de su 1ª necrópolis conocida, la de Abidos,
-hasta el 30 a.C, con el suicidio de su última reina, la bella Cleopatra VII ptolemáica.

En cuanto a las etapas y hechos significativos:

-el Egipto Antiguo construyó palacios y pirámides en torno a Menfis, elaborando un adyacente aparato científico, político y religioso;
-el Egipto Medio se extendió por el Norte, la India y el Sur, fortaleciendo su economía y grandes canales;
-el Egipto Nuevo cambió su capital por la de Tebas, alcanzando otro nuevo esplendor de 1000 años bajo Luxor y Karnak;
-el Bajo Egipto derivó hacia las ciencias, y la ptolomea Cleopatra decidió poner fin a la milenaria historia de los egipcios.

Se puede decir que Egipto fue el resultado de la fusión de 3 elementos incuestionables: el río Nilo, la figura del faraón, las creencias de ultratumba.

El Nilo atravesaba de sur (Alto Egipto) a norte (Bajo Egipto) los 2 reinos o provincias egipcias, abarcando de 5 a 20 km. ancho, espacio en el que llenaba de oasis lo que básicamente era un desierto sin principio ni fin. Era rico en sales y minerales (como en limo, que daba a las aguas un color rojizo), y de julio a septiembre se desbordaba y fertilizaba las tierras. Dos plantas crecían en sus riberas: el loto y el papiro (cuyo tallo, elaborado, se empleaba para escribir).

El faraón era hijo de Ra (dios del Sol), recibía culto y a él se le pedía buenas cosechas y clima favorable, exigiéndose ante su presencia ponerse de rodillas y levantar los brazos. Era el señor de las dos tierras, el único capaz de dominar las fuerzas del caos circundante a Egipto. Más de 30 dinastías, o reinados de una misma familia faraónica, llenaron la historia de Egipto hasta la conquista de Alejandro y de Augusto.

En cuanto a creencias, la religión egipcia tenía para todo una explicación divina. En ella, la figura de Maat (diosa de la justicia), del resto de dioses y maestros de ceremonias, fueron armonizando todo contratiempo de la historia. Egipto ofició la creencia en la vida de ultratumba, la inmortalidad del alma y la otra vida más allá de la muerte. Con el tiempo, momificaron a los difuntos con esa finalidad.

a) Geografía egipcia

Egipto presenta una singular configuración geográfica. Está formado por un estrecho y larguísimo valle, entre desiertos de piedra y arena, que constituye un reducido espacio de tierra habitable (unos 35.000 km2) en medio de un paisaje sin límites, árido e inhóspito.

Junto a esta primera contraposición natural entre valle y desierto, Egipto presenta otra, puesta de relieve por los propios egipcios desde tiempos remotos:

-el Alto Egipto, desde la 1ª catarata hasta Menfis,
-el Bajo Egipto, desde Menfis al mar, es decir, el delta del Nilo.

Más al Sur, a la altura de la 1ª catarata, comienza Nubia, dividida a su vez en Baja[1] y Alta[2], cuyas vicisitudes históricas aparecen vinculadas desde sus comienzos a las de Egipto.

La particular conformación del país condicionó inevitablemente la historia. Rodeado por desiertos, Egipto no tuvo relaciones intensas con el mundo externo, en particular durante el período antiguo. Solamente el mar permitía contactos con otros países: Creta, la tierra de Canaán y la lejana Mesopotamia.

Los intercambios comerciales y culturales no tuvieron la suficiente importancia como para influir en la civilización egipcia, que se desarrolló de forma autónoma con caracteres originales.

Egipto llegó a estar muy densamente poblado, llegando a alcanzar los 6 millones de habitantes. 

El valle del Nilo, fertilizado por las crecidas anuales del río, ofreció condiciones ideales de vida a un pueblo que se asentó allí durante el paleolítico y con posterioridad a él, empujado por la progresiva sequía de la región, que en otro tiempo gozaba de un clima cálido y húmedo, con lluvias abundantes.

Se considera que los primeros habitantes pertenecían en sus orígenes a la estirpe camítica[3], y que luego, al mezclarse con los semitas procedentes del este, dieron origen al tipo egipcio.

b) Sociedad egipcia

b.1) Clero egipcio

          Fue el primer estadio organizado e influyente desde los tiempos más remotos del Egipto Antiguo. Tenía su centro de operaciones en Heliópolis, Ciudad del Sol, y su Templo de Iunu fue el primigenio creacional de Dios. Sus sacerdotes inventaron y desarrollaron la matemática, medicina, astronomía, arquitectura y escritura jeroglífica, así como fueron los primeros administradores del primitivo estado egipcio. De su seno salían los sumos sacerdotes, y de entre los sumos sacerdotes el faraón.

El sacerdocio, en su origen no organizado sino subordinado al Sumo Sacerdote del dios local, fue dedicando pronto recursos considerables, llegando a convertirse en una profesión muy especializada, al servicio de los dioses estatales (Ra de Heliópolis, Ptah de Menfis, Amón de Tebas...).

Los sumos sacerdotes eran a la vez administradores y eclesiásticos, dirigiendo un auténtico enclave dentro del estado egipcio, y disponiendo de una serie de sirvientes:

-los que hacían las ofrendas florales,
-un jefe de camareros,
-un supervisor de su granero, almacenes y ganado,
-cazadores, campesinos, tejedores, artesanos, joyeros, escultores, carpinteros, diseñadores, archiveros y policías.

          A finales del Reino Medio los templos de Amón se habían casi constituido en un estado dentro del estado. Esto llegó a tal punto que fue realmente una de las causas de la caída del esplendor egipcio, y su entrada en el periodo de caos del III Periodo Intermedio.

Libres de impuestos, los sacerdotes tenían más influencia sobre el faraón que el faraón sobre ellos.

b.2) El faraón

En las primeras dinastías es el Horus vivo, un dios. Este concepto del faraón como la encarnación del dios Horus alcanzó su máximo desarrollo en las dinastías I, II y III, y es posible que las pirámides de Guiza constituyan sus principales manifestaciones, para asegurar la persistencia de su divinidad.

Durante la dinastía IV y V, se dejó sentir la influencia de Heliópolis. El faraón pasó a ser considerado ahora como el descendiente de Ra. Sutil cambio de mentalidad, que partía de la idea de la encarnación de un hijo del dios, en el sentido físico de la palabra. Una leyenda nos cuenta cómo Ra engendró los primeros reyes de esta dinastía en la esposa de un simple sacerdote de Heliópolis.

Al final del Imperio Antiguo, sin embargo, iba a destacarse todavía otro aspecto, al faraón como una encarnación viva de Horus. Era su realeza, más que el cargo, lo que hacía al faraón inmortal, de modo que el universo egipcio se recreaba de nuevo cada vez que se producía un cambio de rey.

Esta cosmogonía se reforzaba por el Mito de Osiris, que decía que un antiguo rey divinizado había sido muerto y descuartizado, pero fue vencedor de la muerte y se convirtió en rey y juez en el más allá, mientras que su hijo Horus (quien engendró después de su muerte) gobernaba en la sede de su padre sobre la tierra.

El concepto del rey como supremo dios encarnado se debilitó considerablemente durante el I Período Intermedio, cuando la exclusividad del faraón se vio sustituida por una multitud de reyezuelos locales que alardeaban menos de su divinidad que de su habilidad en proteger a su pueblo bajo su poder temporal.

Esta preocupación por el bienestar material de sus súbditos se convirtió en dogma para los gobernantes del Imperio Medio, cuando cristalizó la idea de que el rey cuidaba de sus súbditos como un buen pastor que guarda su rebaño[4].

A pesar de que los faraones de la dinastía XII restablecieron el prestigio de la realeza, el Horus viviente se consideraba ya más como un caudillo invencible que como un dios. Gran parte del respeto debido al faraón como el máximo dios existente había pasado a Osiris, a pesar de otorgarle un enterramiento suntuoso en pirámides.

La reina tenía, lógicamente, grandes privilegios. Y el rey, divinizado, atribuye una fuerza sobrenatural a toda su progenie.

El primogénito de la principal consorte era el heredero. La hija mayor, también de la principal consorte, era la heredera. Sin embargo, para mantener intacta la esencia divina, era deseable que el heredero y la heredera real se casaran entre sí. Una relación hermano-hermana, bien documentada en la época ptolemaica, que no tenía eco en el resto de la población egipcia.

Por circunstancias de mortalidad infantil, a menudo era el hijo de una esposa secundaria o concubina, el que se casaba con la heredera, convirtiéndose en príncipe de la corona.

El poder de la heredera de transferir el derecho al trono era tan importante, que la reina Hatshepsut creyó que podía usurpar el trono a la muerte de su esposo, a falta de hermanos de sangre.

Hay varios casos de herederos que no sobrevivieron a sus padres. Por ello, el rey asociaba a su primogénito al trono actuando como corregente.

b.3) Dirigentes egipcios

En teoría, todo el poder estaba en manos del rey; en la práctica, recaía en los oficiales.

En las primeras dinastías parece que eran sus parientes más próximos, puesto que, como la autoridad provenía de los dioses, los que participaban de la esencia divina estaban más cualificados para el gobierno, aunque fuera en menor grado.

Con el tiempo los cargos tendieron a convertirse en cargos hereditarios, al seguirse el ideal egipcio de colocar al hijo en el lugar del padre. Al lado de los reyes a los que servían, había auténticas dinastías de oficiales, y las genealogías de algunos de ellos pueden seguirse durante varias generaciones, especialmente durante el Imperio Nuevo.

Durante el I Período Intermedio y los primeros tiempos del Imperio Medio, los gobernantes locales aumentaron la administración real a menor escala, con sus camareros, sacerdotes y servidores.

La burocracia militar del Imperio Nuevo, sin embargo, estaba mucho más organizada y no tenía relación alguna con la casa real. No obstante, varios de los oficiales tenían a sus hijas en el harén del rey.

En los primeros tiempos no se requería ninguna especialización determinada. La habilidad en la organización era, al parecer, más importante que los conocimientos técnicos[5].

El rey era la última corte de casación por ser el origen y la fuente de la ley. Solo él podía confirmar las sentencias de muerte y también ejercer la gracia del perdón.

Su delegado era el visir, que era nombrado, junto con los demás altos cargos, al advenimiento del nuevo rey, en el cual el faraón les dirigía tradicionalmente un discurso en el que le señalaba:

-las graves responsabilidades de su cargo,
-que él era uno de los principales puntales en todo el país,
-que debía ser escrupuloso en la administración de la ley, sin favorecer ni juzgar con diferente severidad.

Sin embargo, no había un código legal para estos asuntos. El rey era a la vez legislador, juez y ejecutivo, y el precedente debió desempeñar un importante papel, demostrando la rectitud de los mandatos divinos[6].

En el Imperio Nuevo había un cargo quizá de mayor importancia que el de visir, y era el de príncipe de Kush, o virrey de Etiopía. Este oficial era delegado real desde El-Kab a Napata, e imprimía el sello real como prueba de ostentación del poder. Aunque se sabe poco acerca de cómo se elegían los titulares, hay bastantes indicios de que el cargo se convirtiera pronto en hereditario[7].

El superintendente del Tesoro, un departamento de estado tan importante como el judicial, era el encargado de todos los bienes y productos pertenecientes al faraón, y de distribuirlos exclusivamente por medio de sus agentes.

Existía en Egipto un comercio de productos locales, realizado de pueblo en pueblo, dentro de un sistema comercial de permuta. La economía estatal dependía en gran parte de los diezmos recogidos de los grandes terratenientes o particulares, tanto si eran los grandes templos como soldados veteranos asentados en la tierra. Los impuestos eran en especies: cebada, trigo, aceite, lino, pescado, fruta y ganado[8].

Se empleaba gran número de oficiales para calcular y medir la producción de las cosechas y para recoger, almacenar y distribuir los diezmos del estado. En un estado que no tenía sistema monetario, estos impuestos cubrían los gastos de los oficiales, artesanos, sacerdotes y todas las demás clases sociales que no se dedicaban a la producción de alimentos.

El país pertenecía al rey, y la propiedad privada sólo aparecía cuando él hacía regalos. De un modo semejante, sólo por orden real se podía conseguir la exención de tasas. Aunque la tierra podía legarse a los herederos, la transmisión tenía que ser ratificada por decreto real. Las granjas podían, al parecer, arrendarse[9].

b.4) Escribas egipcios

Para una administración tan centralizada se requería gran número de oficiales con buena formación. Esta educación podía adquirirse en las escuelas adscritas al templo sacerdotal, donde “se copiaban libros y se recibía instrucción”.

Los humildes escribas de los pueblos enseñarían sin duda a sus hijos, como discípulos aventajados, y quizás admitieran a otros parientes como discípulos.

El nivel de los ejercicios escolares que se han encontrado en Deir el-Medina y otros lugares sugiere que los escribas lograron un gran nivel de discipulado en su entorno.

La instrucción empezaba a los 4 años y terminaba a los 16, a juzgar por la carrera del sumo sacerdote Bakenkhons, durante el reinado de Ramsés II. Para aprender las expresiones de épocas pasadas, los escribas muchas veces tenían que luchar con una lengua casi muerta y difícilmente entendible. Pero es sólo así como se nos ha transmitido la cultura egipcia.

El alumno empezaba por el aprendizaje de:

-memorizar los diferentes signos, agrupados en diversas categorías,
-descifrar las palabras, seleccionadas según su significado,
-copiar extractos de los clásicos, traduciéndolos a su lengua vernácula.

El papiro era demasiado caro para ser gastado por los principiantes, y en su lugar se utilizaban tablillas y ostrakas-tiras de arcilla.

La enseñanza de la escritura comprendía también otras enseñanzas: dibujo con la pluma, geografía, matemáticas, extranjerismos, artículos comerciales, equipo de viaje, fiestas religiosas, anatomía...

El ideal egipcio era aprender sin esfuerzo, pero también se utilizó el castigo corporal, haciendo al alumno saber que si era perezoso se le podía apalear públicamente. No es extraño, pues, que los escolares prefiriesen hacerse soldados, granjeros o conductores de carros[10].

También se hace alguna indicación acerca del placer de adquirir la ciencia por sí misma, con llamamientos a “adquirir la alta categoría del escriba, pues la pluma y el papiro son agradables y productivos, y da felicidad a lo largo del día”.

También parece ser que algunas muchachas aprendieron a leer y a escribir para su provecho y placer. Por lo menos se habla de una escriba en tiempos del Imperio Medio, y en la Baja Epoca las expresiones son más grandilocuentes[11].

El escriba tenía un trabajo confortable y bien remunerado, en el ejército, el tesoro o el palacio. Podía llegar a ser lo que dieran de sí sus facultades:

-secretario privado del rey,
-escritor de cartas del pueblo,
-juez insignificante.

Era muy útil a un escriba novato suceder a su padre en su ocupación determinada. No obstante, gente de origen humilde podía ascender de categoría hasta ocupar cargos importantes, por sus propios méritos[12].

En la carrera de medicina se necesitaba también la instrucción de escriba. Un estudiante de medicina podía ir aprendiendo como aprendiz, de su padre o algún pariente,  pero para comprender los papiros médicos era preciso saber leer[13].

Algunos servicios del templo, y sus oficinas, tenían que cubrirse con escribas experimentados. Los escultores y pintores no necesitaban saber leer y escribir, mientras fueran capaces de copiar los modelos de jeroglíficos moldeados por un diseñador[14].

La categoría del artista era insignificante, siendo un trabajador despreciado y humilde al servicio de un oficial que se llevaba la fama. Sin embargo, tales opiniones ignoran el acercamiento esencial del artesano a su trabajo[15].

Los artistas no proclamaban su vocación, y preferían enmascararse bajo el sumo sacerdote de Ptah. Pero a cambio obtuvieron hermosas tumbas en Tebas, regaladas por sus agradecidos soberanos[16].

b.5) Pueblo llano egipcio

El abismo entre élite y masas, élite de escribas y masas sin instrucción, era enorme. Diversos sabios exhortaban a no ser arrogantes por los conocimientos. Pero muy a menudo, especialmente con los oficiales de baja graduación, prevalecía la idea de que el escriba existía para guiar al ignorante como a un asno de carga[17].

En Egipto se utilizó la prestación personal, sistema vigente desde los tiempos antiguos, y por el cual todos los hombres útiles podían ser llamados para servir, en momentos críticos, en trabajos públicos como:

-la cosecha,
-el alzamiento de diques y limpieza de canales, para el control de la crecida del Nilo,
-acompañar a las expediciones a zonas alejadas para trabajar en la cantera.

Una leva semejante se emplearía, sin duda, para la construcción de las pirámides, probablemente durante la inundación, cuando la mayoría de los campesinos estaban desocupados. A veces ocurría que se les exigía demasiado, y había que obligarles apelando a una autoridad superior. También tenemos detalles de huelgas en tiempos de los Ramésidas, cuando la mala administración hizo aplazar las pagas[18].

Pero el ideal expresado por los sabios en sus enseñanzas era que el oficial tenía que actuar con consideración hacia el débil y el indefenso. Si un campesino pobre se retrasa en el pago de los impuestos, “perdónale dos tercios de ellos”, decía un proverbio egipcio[19].

La prosperidad de Egipto dependía de la agricultura. Por eso, en esta idealización rural, a los magnates les gustaba presentarse trabajando en sus campos, cultivando sus jardines, viñedos, huertos y almacenes. Se idealizaba al campesino[20]:

-atareado en los campos, en las épocas de la siembra o de la siega,
-sesteando durante el descanso del mediodía,
-echando un trago de la bota de vino,
-trabajando duramente cuando se le requería grandes esfuerzos.

Durante la inundación, cuando el país se convertía en un gran lago y las ciudades sobresalían sobre las aguas, emplazadas sobre colinas, había posibilidad de[21]:

-descansar,
-proporcionar el alimento al ganado.

También había días festivos en los cuales no era propio trabajar, y el campesino tuvo siempre tiempo para entonar sus canciones, mientras conducía su yunta hacia la era o llevaba los terneros a través del vado, donde les contemplaban los peces y los cocodrilos.

Los trabajadores no cualificados de las ciudades vivían en casas de 2 ó 3 habitaciones, dentro de una empalizada, según las ruinas que han aparecido en Tebas, Amarna y Lahun. Sus viviendas no eran peores que las chozas del campesino, que a menudo vivía con sus bestias[22].

En el trabajo era frecuente el absentismo, dándose muchas y diversas excusas. Los trabajadores no acudían a sus labores cuando sus mujeres tenían la menstruación, quizá porque entonces eran ritualmente impuros. Así, el tipo de raciones que se les daba y el promedio del rendimiento diario eran bastante bajos[23].

Los súbditos más desventurados del faraón eran los criminales, algunos de ellos oficiales acusados de corrupción. Estos eran:

-mutilados en su nariz,
-desterrados a las más solitarias fortalezas fronterizas del Tjel,
-castigados a trabajos forzados, en las minas del Sinaí y Nubia.

c) Política egipcia

c.1) Maat

Significaba orden y justicia nacional, ese punto único que representaba la historia y el concepto de tiempo en Egipto (a diferencia del clásico o cristiano[24]).

Y es que Egipto, país agrícola, necesitaba de un orden determinado. Tras el final de la inundación, por ejemplo, venía siempre el momento de las obras públicas. Y sin estas represas y cuidado de los canales, el hambre futuro estaba asegurado.

Por otro lado, Egipto tenía distintas unidades políticas con distintas organizaciones. Y para que esto no fuese un caos, y sí ayudase al desarrollo, entre todos había que evitar el caos, independientemente de lo demás.

El garante de la maat era el faraón, poderoso en la maat y restaurador de la maat[25] desde dos puntos de vista:

-cosmológico, como responsable del orden en el mundo, de que Ra saliera o se ocultase, de las crecidas del Nilo o no[26];
-sociopolítico, como responsable de que las estructuras egipcias continuasen como en los inicios de su historia, de que Egipto estuviera libre de sus enemigos. No obstante, ello no implicaba inmovilidad
[27].

Desde el punto de vista religioso, la maat aparece personificada en el Libro de los Muertos como la diosa de la justicia (representada con una pluma en la cabeza) en el momento de la muerte, cuando ante su pluma se pesaba el alma del difunto (llevada por Anubis, con veredicto de Thot), para obtener la eternidad o ser devorada por Ammit.

c.2) Fundaciones funerarias

         Los grandes complejos funerarios faraónicos, de los cuales la pirámide era un elemento más, se sostenían económicamente mediante el concierto de un conjunto de tierras reunidas, conocidas con el nombre de fundación funeraria.

A su vez, los cortesanos solían pedir autorización al faraón para establecer sus propias fundaciones funerarias, con el objeto de mantener el culto funerario de su mastaba. Hay que recordar que en Reino Antiguo todas las tierras de Egipto pertenecían al faraón, el cual premiaba a la burocracia concediéndole el usufructo de dichas tierras, que a su muerte revertían en él.

Las fundaciones funerarias substraían perpetuamente tierras de las manos del faraón, e incluso permitían realizar herencias encubiertas, al nombrar los cortesanos o sacerdotes (encargados de la fundación funeraria) por herederos a sus propios hijos. A finales de la dinastía VI, 2/3 de las tierras de Egipto estaban en manos de fundaciones funerarias.

c.3) Relaciones exteriores

A lo largo de su historia, Egipto no necesitó relacionarse con otros pueblos tan profusamente como lo hacía Mesopotamia, pues prácticamente sabía autoabastecerse de materias primas.

No obstante, para Egipto fue esencial el comercio con la costa Sirio-Palestina, y lo que después será Fenicia, en busca de una de las materias primas que no disponía en su territorio: la madera.

En general a Egipto se le relacionó, por comercio o por conquista:

-en Africa, con Nubia y Kush. Los egipcios buscaron aquí oro y ganado, en épocas en las que Egipto dominó sin problemas la zona, llegando su expansión hasta la 4ª catarata, durante el Reino Nuevo.

-en Europa, con Creta e Islas del Egeo. Se trata de relaciones comerciales en ambas direcciones, documentadas tanto en el Egipto Medio como en la Grecia Minóica. En la Baja Epoca se permitió a los griegos fundar una colonia comercial en el Delta egipcio, llamada Naucratis, y a Alejandro Magno se le recibirá como un libertador de los perros mesopotámicos.

-en Mesopotamia, con Siria y Palestina. Las relaciones comerciales fueron intensas con la antigua Meghido, y en el Reino Nuevo pasaron a ser de conquista. Los egipcios buscaron allí la madera, mientras que los cananeos y fenicios veían en Egipto un enorme mercado para vender sus productos y exportar los productos egipcios a puntos tan lejanos como la península Ibérica. En Menfis había un barrio entero de comerciantes egipcio-fenicios.

-en Asia, con el dorado Punt. Se trata de un misterioso país con el que los egipcios comerciaron en grandes expediciones organizadas por el faraón, partiendo desde los puertos del mar Rojo. Se ignora si se trataba de la India o de algún punto de la costa árabe, pero los egipcios traían de allí madera, monos, mirra, incienso y piedras preciosas.

d) Religión egipcia

Es curioso ver cómo los mediterráneos antiguos que perdían la fe se volvían constantemente hacia los egipcios Isis y Osiris, que les prometían la inmortalidad. Y es que, en efecto, la religión egipcia tuvo siempre una atracción occidental bastante curiosa.

Sin embargo, la religión egipcia fue una religión oscura, de difícil análisis actual, y con poca idea de qué es lo que pensaban exactamente los egipcios de su propia religión.

Como consecuencia, han llegado a nosotros varias teologías incongruentes entre sí, desde nuestro punto de vista racional, aunque no desde el punto de vista del antiguo egipcio. Varias son las coordenadas:

1º Su ultra-conservadurismo. Que rehusaba de forma absoluta ser adaptado a la razón. De aquí se obtenían, como consecuencia:

-enormes contradicciones internas,
-interminables número de dioses,
-funciones cruzadas.

Todo lo cual nos hace sospechar que los egipcios no fueron capaces de controlar su religión ni reducirla a un sistema racional (como sí lo había hecho la mitología y panteón griego y romano).

2º Su estadio primitivo. La religión egipcia presenta probablemente un legado de épocas muy primitivas. Sus dioses tienen más que ver con totemes y espíritus africanos o amerindios que con los dioses clásicos.

Es probable que en un principio los dioses egipcios fueran patrones de los nomos-circunscripciones territoriales, y el sacerdote local estuviese acostumbrado a exaltar a dicho dios como el supremo.

Esto devino en que el Egipto unificado al dios, de procedencia del nomo de la dinastía reinante, iba a tener dioses supremos distintos en distintas épocas[28].

3º Su culto a Isis y Osiris. Era el único punto de la religión egipcia que ofrecía algo de coherencia, y que fue lo que atrajo a griegos y romanos posteriormente. Estos dioses prometían una resurrección en un más allá, éste último no terrible como el mesopotámico o sombrío como el grecorromano, sino completo[29].

En este punto la religión egipcia superó a las de su entorno, haciendo que el culto a Isis perdurase hasta bien entrado el s. V a.C. y compitiese con el cristianismo.

d.1) Dioses egipcios

Atón, dios solar primigenio, creó el mundo a partir del caos primordial, haciendo una esfera sostenida por 9 columnas. Las tres emanaciones principales de Atón fueron:

-Jeper, dios solar del amanecer y símbolo del devenir,
-Ra, dios solar del medio día,
-Apis, el sol poniente.

A su vez Atón creó a:

-Geb, la tierra,
-Nut, la bóveda celeste,
-Shu, el aire.

Nut y Geb tuvieron 4 hijos, que se casaron entre sí:

-Osiris, dios de la vegetación,
-Isis, diosa de la fertilidad, casada con el anterior y con el que tuvo a Horus (el dios halcón),
-Seth, dios del desierto, la guerra y prácticas sexuales heterodoxas,
-Neith, diosa del bajo Egipto, casada con el anterior[30].

Por envidia, Seth mató a Osiris y esparció sus trozos por el Nilo. Hasta que sus hermanas recogieron sus trozos, los momificaron, hicieron resucitar a Osiris, y éste resucitado le dio a Isis un hijo. Horus, hijo de Osiris e Isis, mató a tu tío Seth, y Osiris se encargó entonces de abrir a los hombres el camino del más allá.

d.2) El más allá egipcio

Los antiguos egipcios tenían propias fórmulas de enterramiento. Siguiendo el ritual del Libro de los Muertos se hacían una serie de conjuros destinados a que el alma del difunto pudiera presentarse en el más allá sin demasiadas complicaciones.

Tras pasar ciertas puertas y ritos previos, el difunto se presentaba ante un tribunal presidido por Osiris. Allí, en una balanza, era pesado su corazón junto a Maat, la Pluma de la Verdad. El resultado del pesaje del alma del difunto:

-si era ecuánime, permitía al alma ascender al cielo,
-si no era ecuánime, prestaba su corazón a un monstruo para ser devorado, o dejaba de existir.

Los difuntos tenían varios tipos de alma, y necesitaban un soporte material en el mundo para existir en el más allá. De ahí la insistencia en la momificación y preservación del cuerpo, el enterramiento con todo su ajuar, y una serie de pinturas a su lado con alimentos para el más allá.

e) Cultura egipcia

e.1) Escritura egipcia

El egipcio fue empleado en el área de Egipto y el moderno Sudán desde el 3.200 a.C. hasta el s. III d.C, como una sola lengua egipcia:

-camita,
-emparentada con la bereber,
-con muchos rasgos propios de los idiomas semíticos.

La escritura egipcia sirvió:

-como decoración,
-como propaganda estatal,
-con propiedades mágico-religiosas.

Se utilizaron soportes variados:

-la madera y la piedra, para paredes de tumbas y templos,
-el papiro, para asuntos mundanos, literatura, poesía y medicina.

Egipto fue un gran productor de papiro, hasta la invención del pergamino en la época clásica griega. De hecho en escritura jeroglífica el ideograma de escriba es la paleta y pincel, representativos de su oficio, con los cuales escribía en papiro.

Para representar gráficamente esta lengua se empleó la escritura jeroglífica[31], constituida por grabados sacros, observados por 1ª primera en las paredes de los templos y otros lugares religiosos.

En sus inicios, la escritura fue pictográfica e ideográfica, y el objeto era expresado mediante la figura correspondiente (ideograma). Así, podían manifestarse únicamente objetos concretos[32].

La representación abstracta llegó cuando se confirió a los ideogramas un sentido figurado[33].

Se dio un paso decisivo en la evolución de la escritura egipcia cuando se utilizaron los ideogramas no sólo para representar un objeto o una idea, sino para indicar los sonidos que correspondían al nombre del objeto o de la idea. Los signos dejaron de ser imágenes directas y se transformaron en instrumentos gráficos, como en nuestros acertijos[34].

La confusión que podía derivar se evitaba con la adición de signos gráficos: complementos fonéticos, determinativos. Así, los jeroglíficos originales, convertidos en signos puramente fonéticos, pudieron utilizarse en infinitas combinaciones, para indicar objetos y conceptos alejadísimos de su significado primitivo.

Así pues, la escritura jeroglífica se hizo con dos tipos de signos[35]:

 

-ideográficos,
-fonéticos, que podían ser:

     

    -alfabéticos, de 1 consonante,
    -bilíteros, de 2 consonantes,
    -trilíteros, de 3 consonantes.

e.2) Desarrollo de la escritura

Hacia el 3.200 a.C. comenzó el Egipto proto-dinástico, que comprendía las dinastías I y II. Se trata de un periodo mal conocido, del que apenas tenemos unos cuantos cementerios excavados, pero en el que ya empiezan a aparecer los primeros jeroglíficos, muchas veces difíciles de leer, como en la Paleta de Narmer.

En la dinastía III, y con la llegada del Egipto Antiguo (2.660-2.180 a.C), el sistema de escritura jeroglífica quedó plenamente establecido y fosilizado, prácticamente hasta tiempos romanos, 2.500 años después.  El estadio de la lengua en este momento es el llamado egipcio antiguo, y su mejor exponente los Textos de las Pirámides, una colección de textos mágico-religiosos grabados en las paredes de las pirámides faraónicas desde la dinastía VI.

Tras un periodo de caos, o I Periodo Intermedio, vino el llamado Egipto Medio (2.080-1.785 a.C), en que la lengua alcanzó su estadio clásico. Fue el egipcio medio, el cual vino a ser imitado en las inscripciones reales hasta época romana. Se escriben gran número de textos literarios, médicos y matemáticos. También se desarrolla un tipo de escritura cursiva llamada escritura hierática (simplificación del jeroglífico), ya que era engorroso pintar con tanto detalle los jeroglíficos en papiro.

En el Egipto Nuevo (1.570-1.075 a.C) hay un desgajamiento del egipcio, utilizándose:

-la escritura jeroglífica, en las inscripciones reales y templos,
-la escritura hierática, en el ámbito sacerdotal,
-una forma fosilizada de egipcio medio, en asuntos mundanos,
-una forma evolucionada de la lengua, llamada neo-egipcio.

En el Bajo Egipto (1.075-332 a.C), y en su precedente III Período Intermedio, la escritura hierática dio lugar a la escritura demótica, una forma de abreviatura del lenguaje sacerdotal, que subsistirá hasta que en el periodo romano sea sustituida por el copto (lengua egipcia con alfabeto griego).

e.3) Literatura egipcia

En el Reino Antiguo tenemos ejemplos de utilización de jeroglíficos en tareas no administrativas, como es el ejemplo de los libros religiosos, principal género literario egipcio:

-los Textos de las Pirámides,
-el Libro de los Muertos.

En el Reino Medio, tenemos también obras de literatura novelesca, que entraron en uso como manuales escolares:

-la Historia de Sinhué, que bien pudiera ser una autobiografía,
-el Cuento del Naufrago o Cuento de los dos Hermanos.

En el Reino Nuevo tenemos ejemplos de literatura sapiencial:

-la Sátira de los Oficios,
-las Instrucciones para el rey Merikare, compilada por Kheti III,
-el Diálogo de un hombre cansado de la vida con su alma[36].

Por último, los textos históricos suelen reducirse a una sucesión de nombres de faraones, crecidas del Nilo y algún que otro hecho sobresaliente ocurrido en alguno de sus reinados. Incluían[37]:

 

-textos propagandísticos estatales,
-narraciones de victorias del faraón,
-inauguraciones y dedicaciones faraónicas.

 

e.4) Ciencia egipcia

Las matemáticas, y especialmente la geometría, estuvieron relativamente avanzadas en el Antiguo Egipto, perfeccionando el cálculo de superficies circulares gracias:

-a la economía egipcia, de tipo palacial,
-a las crecidas anuales del Nilo, que muchas veces obligaban a volver a trazar los límites de los campos.

La astronomía sirvió a los sacerdotes para fijar un calendario religioso, distinto del civil o regido por las subidas del Nilo.

La medicina egipcia tuvo fama en toda la Antigüedad, especialmente por el tratamiento de fracturas, en el que los egipcios fueron verdaderos expertos.

Sin embargo, a pesar de que las prácticas de momificación deberían haber mostrado a Egipto un mayor conocimiento sobre el interior del cuerpo humano, no parece que hubieran alcanzado los egipcios, en este sentido, grandes cotas de saber.

f) Egipto pre-dinástico

Muchas de las características esenciales del Egipto histórico se hallan ya en la época prehistórica. En el período Neolítico, que señaló el paso del nomadismo pastoril a la vida sedentaria agrícola, se encuentra una primera diferenciación entre dos culturas egipcias:

-el Delta occidental, de tipo campesino,
-el Alto Egipto, aún próximo a la organización nómada.

Las fuentes principales para el estudio de las primeras dinastías fueron:

-Manethón, al que se debe la división de las 30 dinastías,
-las paletas y mazas rituales, especialmente la Paleta de de Narmer.

f.1) I dinastía

          Fue llamada tinita por proceder de Tinis, presenta ausencia de yacimientos arqueológicos[38] y, como consecuencia de ello, una cultura ya formada.

          Aporta los primeros objetos manufacturados:

-mazas de guerra o de desfile, con figuras simbólicas,
-paletas para la preparación de cosméticos, con los primeros jeroglíficos.

Estos hallazgos arqueológicos vienen a confirmar:

-la lenta adopción de los vasos de piedra,
-la difusión de tumbas alojadas en pequeñas cámaras subterráneas,
-la introducción del esmalte vítreo,
-los progresos de la metalurgia.

Lo cual constituye una importante fuente para la reconstrucción de la civilización egipcia.

También son de notable interés las indicaciones políticas, religiosas y sociales contenidas en los famosos Textos de las Pirámides, los más antiguos de Egipto, de carácter religioso, esculpidos en el interior de las pirámides de los soberanos de las dinastías V y VI, y que se refieren a tradiciones muy antiguas.

De estas fuentes podemos resaltar un primer esbozo de la organización política y administrativa de Egipto. La división territorial más pequeña parece que fue, ya en el período predinástico, los nomos:

-territorio relativamente limitado,
-en cuyo centro principal se efectuaba el mercado,
-con el templo del dios, “señor de la ciudad”,
-con la residencia del monarca.

En esta dinastía I, los monarcas eran unas veces sumos sacerdotes y otras un simple representante del gobierno[39].

La sustancial uniformidad de civilización permitió el agrupamiento de estas entidades territoriales en una amplia unidad política, los reinos:

-del Bajo Egipto, cuya capital era Buto,
-del Alto Egipto, cuya capital era Hieracópolis,

Los reyes de ambos reinos se consideraban encarnación de Horus, dios de la luz, que volaba al cielo transformado en halcón[40].

La unificación egipcia de los dos reinos, bajo un único soberano, se realizó en los albores de la época histórica egipcia[41], hacia el 3.200 a.C.

Se trató de un primer monarca de cierto relieve:

-en el campo militar, por sus victorias sobre los nubios,
-en el ámbito civil, por su sagaz política de conciliación entre Norte y Sur.

A él se debe, además:

-la construcción de templos, para las divinidades de las dos regiones,
-la fundación de Menfis, en el límite entre las dos partes del país,
-la construcción de múltiples canales de agua.

Lo poco que sabemos de esta figura nos deja entrever claramente como se empieza a configurar una civilización hidráulica y una economía palacial, con:

-fundación de Menfis, primer centro administrativo centralizado,
-grandes cantidades de mano de obra, para grandes obras públicas relacionadas con la agricultura.

f.2) II dinastía

El tránsito a la II dinastía no parece claro. Sus monarcas, aun estando documentados arqueológicamente, son personajes borrosos.

Tal vez bajo Sekemib, 4º faraón, se produjo un cambio en el equilibrio de los dos reinos unidos[42].

Se piensa en desórdenes, en parte de tipo religioso y en parte por razones locales. Así, el Norte se habría rebelado contra el Sur, con la consiguiente reacción por parte de la dinastía de origen meridional.

Las tumbas de este período testimonian destrucciones provocadas por el fuego, en Saqqara, Abidos y otros lugares.

Es interesante destacar, también, que los soberanos pertenecientes a esta dinastía fueron soberanos venerados durante las dinastías sucesivas[43].

g) Egipto Antiguo

Representó para Egipto una época de sobresaliente esplendor. El aspecto administrativo era el de un estado modelo, en el que todo estaba previsto y reglamentado. Basado en las crecidas del Nilo, el estado regulaba los canales, las siembras y las cosechas.

La autoridad indiscutida del faraón promovía un orden laborioso y tranquilo, gracias al cual floreció la singular, sorprendente e irrepetible civilización egipcia.

De la administración real dependía el trabajo, el alimento y el vestuario de los súbditos, con arreglo a un minucioso sistema de tasación y redistribución.

Un ejército de escribas se encargaba de fijar los impuestos, los patrimonios e incluso las noticias que debían transmitirse.

A la clase sacerdotal correspondía la tarea de dictar las normas (con arreglo a lo que debía ser la vida terrenal) y penetrar en los misterios de la vida ultraterrena.

g.1) III dinastía

Fue llamada menfita por haber fijado su capital en Menfis, tuvo 4 soberanos, y duró poco más de 50 años.

Zoser, o Djoser, fue el 1º y más famoso monarca de la nueva dinastía[44].

Durante su reinado se edificaron las primeras construcciones en piedra, las mastabas (con estructura de tronco piramidal), para albergar los restos de miembros de la familia real o de los altos dignatarios.

Por 1ª vez en la historia, quizás no sólo egipcia, conocemos el nombre del arquitecto jefe de la corte. Se trata de Imhotep, sacerdote inscrito en los restos de una estatua de Zoser. Según la tradición, se debe a aquél la introducción en el país de las construcciones monumentales de piedra. Convertido en una figura legendaria de sabio, Imhotep fue venerado por los egipcios como dios de la salud.

g.2) IV dinastía

Con Snofru se inició la IV dinastía y la época de las grandes pirámides, prueba de la prosperidad económica, consolidación del poder y grandeza de la civilización egipcia.

A Snofru se le atribuyen tres pirámides, las primeras consideradas como tales[45].

De los monarcas Keops[46], Kefrén[47] y Micerinos[48] no se sabe apenas nada. Son famosos por las colosales pirámides que mandaron erigir en las cercanías de Guiza. No obstante, a mayor tamaño de pirámide menos quiso que supiésemos de él el faraón.

g.3) V dinastía

Kentkaus, hija de Micerinos, fue la que transmitió la realeza a la V dinastía. Además de los acostumbrados títulos de hija del dios[49] y madre del rey, esta soberana ostentaba el de “reina del Alto y Bajo Egipto”. Userkaf y Sahure, hijos suyos, fueron los dos primeros faraones de la V dinastía.

En la época de Sahure, Egipto mantuvo contactos con varios países[50], e intercambios con los príncipes de la región de Troya[51].

En el reinado de Unas, último faraón de la dinastía, y en las cámaras subterráneas de la Pirámide de Unas, se encuentran los primeros textos religiosos, los llamados Textos de las Pirámides, con fórmulas rituales sobre el culto de los muertos[52].

En esta dinastía, el predominio del culto a Ra y la consiguiente frecuencia del nombre del dios, añadido al real, da muestra de la especial religiosidad de estos soberanos[53].

Dejó también esta dinastía su huella en el ámbito artístico, y la arquitectura y la escultura enriquecieron sus temas, al mismo tiempo que el estilo ganaba en refinamiento.

g.4) VI dinastía

Con la VI dinastía se advierten los signos de una lenta decadencia, causada por:

-el acentuamiento político de la clase sacerdotal, con respecto al poder real;
-el predominio de autoridades locales, que se hicieron cada vez más independientes, en la geografía periférica.

Esto sucedió durante el larguísimo reinado de Pepi II, durante el cual el gobierno de las regiones se hizo hereditario, y se desvinculó cada vez más de la autoridad soberana[54].

La autoridad del faraón se iba disolviendo, y el estado unitario empezaba a disgregarse en pequeñas unidades políticas. Iba terminando así el Reino Antiguo, y comenzando el llamado I Período Intermedio.

Las señales del fin de este brillante periodo fueron bastante patentes, pues:

-los faraones hacían las pirámides cada vez más pequeñas,
-los administradores reales, que habían conseguido cierto grado de heredabilidad, se enterraban en tumbas cada vez más grandes y ricas,
-las fundaciones funerarias quitaron al faraón 2/3 de las tierras cultivables de Egipto
[55].

h) I Período Intermedio

Ya en los finales de la VI dinastía, Egipto se había convertido en un complejo de posesiones, ciudades y nomos semi-independientes, regido todo ello por dinastías locales[56].

Aunque falten noticias de gran relieve político, se puede decir que este I Periodo Intermedio, abarcante de la VII a la X dinastía egipcia, fue una auténtica situación caótica, con[57]:

-rebeliones de familiares del soberano,
-sublevación de campesinos,
-invasiones de nómadas,
-monarcas impotentes,
-división de las dos regiones de Egipto.

Los funcionarios reales estaban enriquecidos y poderosos, gracias a los favores concedidos por unos faraones que, con toda evidencia, necesitaban indispensablemente sus servicios[58].

Los administradores locales administraban y mandaban en sus nomos, y se hacían sepultar en tumbas reales. En ocasiones, atribuían a su persona prerrogativas sacerdotales[59].

Las guerras, las escaseces, la peste y la lucha cotidiana por la existencia, modificaron profundamente las formas de pensar y vivir. Surgieron nuevas necesidades sociales, religiosas y morales[60].

La religión se interiorizó más, llegando a elaborar el concepto de responsabilidad personal. Las relaciones entre los dioses y el hombre ya no tuvieron necesidad de la mediación del soberano[61].

i) Egipto Medio

i.1) XI dinastía

Con la llegada de la XI dinastía Egipto reemprendió el camino unificador, propio de un estado unitario. Se trató de una dinastía de príncipes locales que habían establecido y consolidado en Tebas su dominio, durante el reinado de los débiles soberanos precedentes.

Entre los elementos característicos de esta dinastía cabe destacar la personalidad acusada de sus monarcas y sus preferencias por la acción, que se manifestaron en una dinámica actividad administrativa y política encaminada a:

-restablecer el orden interno,
-reemprender las relaciones con el extranjero.

Sus 4 primeros faraones emprendieron una enérgica acción contra las provincias limítrofes. Sus acciones fueron dirigidas, sobre todo, contra las dinastías heracleopolitas.

Su 5º faraón, llamado Mentuhotep, fue el que consiguió volvió a unificar el Alto y Bajo Egipto, el año 2.052 a.C. De igual nombre que el dios principal de su nomo (Mentu[62]), Mentuhotep reinó unos 50 años y consiguió reorganizar el estado.

Se trató de una XI dinastía que emprendió numerosas expediciones al extranjero, a lo largo de cuyas rutas se excavaron pozos y manantiales, y se acondicionaron puertos en la costa oriental. Destaron las expediciones:

-a Nubia, donde se agitaban nuevos pueblos belicosos, procedentes de Libia y de las mesetas de Sudán,
-al desierto, donde abrieron nuevas rutas desde el Sinaí y Mar Rojo,
-a Arabia, con objeto de explotar sus riquezas mineras.

También la actividad artística y arquitectónica conoció un nuevo florecimiento. Las estatuas de los monarcas y los relieves de este periodo eran todavía algo toscos y rasgos menos elaborados que los de antaño, pero manifestaban mucha expresividad.

i.2) XII dinastía

La XII dinastía, que duró más de 200 años, constituyó desde muchos puntos de vista una de las cumbres de la civilización egipcia, y los mismos antiguos egipcios la consideraron como la edad de sus más altas realizaciones culturales. Los faraones se dedicaron, con renovado interés, a regular la vida del país.

Fue una dinastía íntimamente vinculada al mundo tebano, como atestiguan los nombres de la mayor parte de sus soberanos, que hacían clara referencia a divinidades de la ciudad.

Los gobernadores provinciales conservaron su autoridad[63], pero el poder y su función centralizadora recaían de nuevo, y enteramente, en el faraón.

Al propio tiempo, aumentó la importancia de la ciudad y de sus habitantes, cuya designación de hombres de la ciudad, equivalente casi a un título, suponía un rango bien definido dentro del conjunto de la población, con sus derechos y sus deberes. En la ciudad residían:

-el gobernador, máxima autoridad de la provincia,
-los escribas, con sus funciones varias,
-los pregoneros, a quienes competía la administración de la justicia y la recaudación de impuestos.

Respecto a los territorios fronterizos, en especial los situados al Norte, se adoptó en principio una política de carácter defensivo. Se mantuvieron relaciones amistosas con Siria, y sobre todo con Biblos, donde tal vez residía un representante egipcio.

El comercio con Chipre y Próximo Oriente fue activo, intenso y pacífico, llegando cada vez en mayor cantidad[64]:

-objetos de bronce y piedras preciosas,
-manufacturas mesopotámicas,
-objetos con motivos en espiral y trenzados cretenses.

Con respecto a Nubia, la política se mostró cambiante, acaso debido a las diversas actitudes mostradas por los pueblos locales, a los que se habían añadido en época reciente nómadas libios. Por esta razón, en la isla de Elefantina, base de la 1ª catarata del Nilo, se estableció a un príncipe con el título de jefe de los países extranjeros, cuya misión consistía en asegurar la defensa de la frontera meridional[65].

Las estatuas y representaciones figurativas de los monarcas y personajes contemporáneos fueron obras de muy alto nivel artístico, de rasgos precisos y delicados, no desprovistos de vigor y realismo en su ejecución, que revelan un atento estudio anatómico.

También la escritura alcanzó un alto grado de perfección[66], y permanecerá inmutable, tanto para los textos religiosos como para los de carácter histórico, hasta la época grecorromana.

En cuanto a los monarcas más destacados, Amenemhet I fue el que inició la costumbre de asociar al trono a un sucesor, como corregente[67].

Amenemhet se vinculó a Amón (que pasó a desempeñar un notable papel en la religión egipcia[68]), y trasladó la capital a Lisht (al sur de Menfis, en la ruta de Fayum y encrucijada y llave del Egipto unificado[69]).

Pero el que realmente llevó a su culmen la XII dinastía fue el gran Sesostris III, causante de la desaparición total del sistema feudal de los príncipes locales.

Sesostris III realizó expediciones hasta Siquén-Palestina, y conquistó por completo Nubia. El centro comercial más importante para los productos africanos pasó a ser Kerma, cerca de la 3ª catarata y para lo que el faraón:

-abrió un canal para que los barcos pudieran superar la 1ª catarata,
-repartió guarniciones por la región, hasta la 2ª catarata.

Por sus audaces iniciativas, el conquistador Sesostris III fue honrado como dios en estas regiones, como una figura de caudillo legendario[70].

Amenemhet III, sucesor de Sesostris III, completó la obra de canalización y aprovechamiento de la zona, y mandó construir en Hawara una pirámide y un gigantesco templo funerario, con más de 3.000 salas (que los griegos compararon con el laberíntico y cretense Palacio de Cnossos, e incluyeron entre las 7 maravillas del mundo).

j) II Período Intermedio

Se suele decir que la decadencia del Reino Medio fue consecuencia de la invasión de los hicsos, que ya durante la XII dinastía eran conocidos como los señores de los países extranjeros, o reyes pastores.

En efecto, hacia el final del s. XVIII a.C, la expansión del Imperio hitita desde Capadocia hacia la Alta Siria provocó la fuga, hacia el Sur, de grupos semitas, junto con indoeuropeos y pueblos autóctonos. Canalizada entre el mar y el desierto, esta masa nómada se dirigió hacia el Delta egipcio, conquistando militarmente la región.

La conquista debió facilitarla el empleo del caballo y carro de guerra, desconocidos aún por los egipcios. En cualquier caso, un hecho está comprobado: tras la llegada y dominio de estos pueblos, terminaba el aislamiento en que había vivido Egipto desde los comienzos de su historia[71].

Con la llegada de los hicsos, el pueblo egipcio comenzó a experimentar, siquiera en medida moderada, un sentimiento nacional frente a los demás pueblos[72].

El periodo que abarcó las dinastías XIII y XIV manifiesta, a tenor de los hallazgos y documentos, un periodo pobre en recursos espirituales y económicos[73].

Así, en torno al 1.700 a.C. se inició la XV dinastía, llamada de los grandes hicsos, que incluyeron soberanos semitas como Kian[74], y otros asimismo semitas pero de nombre inconfundiblemente egipcio como Apofis.

Los llamados pequeños hicsos, reunidos en la XVI dinastía, reinaron en general sobre territorios reducidos[75].

Con los soberanos de la XVII dinastía se acentuó una actitud egipcia de clara hostilidad hacia los hicsos. La insurrección nacional, con centro en Tebas, fue iniciada por Sekenenre Taa II, y continuada por su hijo Kamosis, a pesar de las exhortaciones a la prudencia que le dirigían sus consejeros y notables.

Amosis, hermano de Kamosis, sería el que finalmente llevaría a término la expulsión de los hicsos:

-conquistando Avaris, en una campaña a través de pantanos y por tierra,
-persiguiéndolos hasta Sharuhen, en Berseba-Israel.

k) Egipto Nuevo

Tras el II Periodo Intermedio, los faraones egipcios vinieron a tomar conciencia de los peligros de invasiones venidas desde el este, y comenzaron una política exterior agresiva, con el objetivo de evitar la repetición de episodios como el hicso.

El Nuevo Egipto, provisto de fuerte carga expansionista, se disponía a convertirse en una gran potencia mediterránea, con relaciones exteriores a veces amistosas, otras hostiles, y otras equilibradas con los países asiáticos.

k.1) XVIII dinastía

Amosis, expulsador de los hicsos, fue el iniciador de uno de los períodos más importantes de la historia egipcia[76].

Amosis fue el primero en emprender numerosas expediciones:

-contra la costa siria, encaminadas a recobrar el control comercial,
-contra Nubia, que se había proclamado independiente.

Con Tutmosis I, nieto del anterior, nos encontramos con la primera y complicada disputa dinástica. Tutmosis I tuvo:

-de su esposa una hija, Hatschepsut,
-de dos concubinas a Tutmosis II y a Tutmosis III.

Tutmosis II, con objeto de legitimar su ascenso al trono, se casó con Hatschepsut y adoptó a su hermanastro, el futuro Tutmosis III, designándolo heredero al trono[77].

Hatschepsut (lit. “la que está por delante de las mujeres nobles”) reinó de 1.503 a 1.484 a.C, y aseguró al país un período de paz tras las numerosas guerras anteriores. Mujer enérgica y activa, se dedicó a la consolidación interna del reino, orillando por completo la política de expansión militar, acaso para no dar a su hermanastro ocasión de disponer de un ejército.

Ayudada por su favorito Senmut, arquitecto de la corte, mandó construir el gigantesco Templo de Deir el-Bahari, famoso por sus terrazas. En muchos monumentos se hizo representar en figura masculina, incluida la barba postiza.

A su muerte, Tutmosis III halló un feroz desahogo a su ambición con la persecución de la memoria de la reina[78].

Tutmosis III, dotado de extraordinario genio militar, con ejércitos pequeños pero eficientes, y mediante el empleo de carros de guerra tirados por caballos, organizó:

-1 expedición contra Palestina, independizada en los largos años de paz,
-16 campañas desde Siria, hasta las fuentes de Orontes,
-la Batalla contra Megido, donde derrotó a los príncipes locales coaligados bajo la guía del señor de Kadesh
[79].

Tutmosis III organizó todos los territorios anexionados, haciendo de Egipto una encrucijada para las tierras y pueblos del Mediterráneo oriental. Para ello:

-mantuvo amistosas relaciones con los vencidos,
-activó intercambios comerciales en todos aquellos lugares,
-trajo los príncipes extranjeros para ser educados en Egipto,
-permitió los matrimonios mixtos,
-dedicó especial cuidado a los puertos sirios en los que anclaba la flota,
-dejó varias fortalezas al mando de gobernadores, con tropas y depósitos de provisiones.

El reinado de Amenofis III (1.408-1.372 a.C) coincidió con un largo período de paz. Egipto podía recoger los frutos de las conquistas y relaciones establecidas con anterioridad.

Amenofis III se dedicó exclusivamente a administrar y construir. El Templo de Luxor dedicado a Amón, y el templo funerario del propio rey amenofio, constituyen modelos de perfección arquitectónica[80].

El joven Amenofis IV, hijo de Amenofis III, gobernó menos de 20 años (1.372-1.354 a.C) y, a juzgar por las primeras esculturas que lo representan, es probable que fuera enfermizo o deforme.

Pero no se trató de un monarca débil, sino que con tenacidad rayana en el fanatismo, supo imponer una radical reforma religiosa, encaminada a contrarrestar el poder de los sacerdotes de Amón, que se habían convertido en los auténticos artífices de la política egipcia[81].

Amenofis IV, en colaboración con algunos teólogos de Heliópolis, reaccionó violentamente contra esta situación, promoviendo un posible movimiento monoteísta a Atón, basado en el culto de Atón, el disco solar portador de vida. Se ignora si este movimiento era:

-sólo una reacción al poder de los sacerdotes de Amón,
-o un auténtico monoteísmo basado en el antiguo dios solar creador.

La tentativa de difundir en Tebas el culto de la nueva divinidad fracasó, a causa de la hostilidad general. El monarca abandonó Tebas y mandó construir una nueva capital, Akhetatón[82], que pobló con sus seguidores pero que tuvo una vida efímera[83].

Bajo la guía del faraón teólogo, la cultura sufrió un profundo cambio:

-la literatura, que sustituyó el egipcio literario por el hablado,
-el arte, que en ruptura con el anterior (rígido y esquemático), acentuó los rasgos realistas y naturalistas.

Este abandono total de las tradiciones provocó el desafecto de la parte conservadora del país. Al estupor de los egipcios ante los nuevos usos del faraón siguió el vacío de los sacerdotes ante el nuevo culto.

En política exterior, Akhenatón, absorbido por sus intereses religiosos, había dejado que el imperio asiático de Egipto se desintegrara:

-multiplicándose los desórdenes y rapiñas,
-surgiendo proclamaciones de independencia,
-aumentando las negativas a pagar tributo,
-llevando los hititas a término campañas victoriosas,
-perdiéndose la conquista de Siria y Palestina.

A esto se añadía el resentimiento de los militares y de la burocracia, que, con el desmoronamiento del imperio, arriesgaban sus ventajas y posiciones de privilegio. Akhenatón no vivió lo bastante ni tuvo sucesores lo suficientemente enérgicos como para hacer duradera su revolución. Su muerte, tal vez fue violenta.

Tutankhamón, hijo o yerno del anterior, y exaltado al trono muy joven, tuvo que:

-restituir el dios nacional a su primer puesto,
-volver a establecerse en Tebas,
-condenar la nueva religión,
-reconciliarse con los sacerdotes de Amón.

Pero la dinastía XVIII, desacreditada por estas vicisitudes y por el hundimiento del dominio en Asia, no pudo sobrevivir. Un general, Horemheb, encargado de la vigilancia de las fronteras septentrionales, y apegado a la tradición nacional, se hizo con el poder.

Horemheb, hombre de acción, procedió de manera brutal a sofocar las nuevas tendencias, dictando penas severas, destruyendo el Templo de Atón y las tumbas de sus seguidores, y borrando sus nombres de los monumentos.

k.2) XIX dinastía

Con Horemheb y su severidad militar se terminó la dinastía XVIII y se comenzó la XIX dinastía. No obstante y oficialmente, el primer faraón fue otro general, Ramsés I, que reinó tan sólo un año.

El segundo monarca, Seti I, reemprendió las guerras de conquista en Palestina, enfrentándose por vez primera con los hititas[84].

Hijo de Seti I, Ramsés II (1.301-­1.235 a.C), en un larguísimo reinado de 66 años, fue un soberano dinámico y emprendedor. En materia de política exterior, su interés se dirigió hacia Siria y Palestina.

Con los hititas, las grandes derrotas ante Suppiluliuma I habían reducido, de forma considerable, la extensión del Imperio egipcio. Por eso, Ramsés II afrontó un enfrentamiento decisivo contra las tropas hititas, guiadas por Muwatalla, en la Batalla de Kadesh, y dando pie al primer tratado internacional egipcio-hitita, para regular las zonas de influencia[85].

En la Batalla de Kadesh-1.274 a.C. Ramsés había preparado su ejército en un valle paralelo a un río, engañado por desertores y espías hititas. El ejército egipcio comenzó entonces a ser atacado por el hitita, que saqueó el campamento egipcio. Pero en ese momento, un batallón traído por el faraón desde Biblos doblego al ejército hitita, haciendo que pidiera la paz.

Un tratado de paz puso fin a las hostilidades entre los dos pueblos, y se inició un período de alianza y colaboración mutua, sellado por el matrimonio de Ramsés II con la princesa hitita Nefertari.

Los largos años de paz siguientes permitieron a Ramsés II dedicarse a los asuntos internos del país, que conoció el florecimiento de una intensa actividad artística[86].

Siguiendo la tendencia de su padre, Ramsés II desplazó el eje político del país del Sur al Delta, fundando la nueva capital en Pi-Ramsés[87], donde antes se alzaba Avaris, y mejor situada estratégicamente que Tebas[88].

A Meneptah, hijo de Ramsés II, le correspondió enfrentarse con un nuevo gran peligro: la tentativa de invasión por parte de masas heterogéneas de pueblos mediterráneos, conocidos en los documentos egipcios como los pueblos del mar. Empujados por migraciones internas, se asomaban amenazadores a las costas de Levante, saqueándolas y asentándose en ellas.

Las primeras vanguardias, constituidas por tribus libias, llegaron casi a Menfis, y a duras penas pudieron ser rechazadas al otro lado de la frontera. A la muerte de Meneptah (1.224 a.C), 25 años de anarquía acentuaron la crisis estatal.

k.3) XX dinastía

Setnakht fundador de la XX dinastía, fue el que restableció la autoridad monárquica, deteniendo el rápido proceso de decadencia.

Ramsés III (1.198-1.166 a.C), último gran faraón de la historia egipcia, fue el que venció y rechazó definitivamente a los pueblos del mar, en una serie de batallas navales y terrestres, libradas en la desembocadura oriental del Delta.

Los últimos monarcas de este período, todos llamados Ramsés (del IV al IX), reinaron en conjunto unos 80 años, dejando pocas huellas de su paso.

l) III Período Intermedio

La desaparición de Ramsés IX, último faraón de la XX dinastía, señaló también el fin de la unidad egipcia. De hecho:

-en el Delta, Smendes, sucesor legítimo de los Ramésidas, fundó la XXI dinastía,
-en Tebas, el poderoso clero de Amón elegía a su propio soberano, un jefe militar, Herihor.

Sheshonq, gobernador militar de Bubastis y de estirpe libia, fue el fundador de la XXII dinastía, en el 950 a.C. Durante breve tiempo consiguió restablecer el prestigio de Egipto en Asia, devastando Israel y saqueando el Templo de Jerusalén.

Pero se trató de victorias efímeras, pues sus sucesores tuvieron que ceder parte del Delta a una nueva dinastía, la XXIII, mientras avanzaba el proceso de fraccionamiento del país[89].

Hacia el 750 a.C, el territorio aparecía dividido entre una veintena de príncipes, 4 de los cuales se atribuían el título de faraón. Egipto, fragmentado y desorganizado, quedaba indefenso frente a la presión cada vez más amenazadora de los nubios del reino de Kush, que en el Sur se disponían a la conquista del país. Sólo los príncipes de Sais, en el Delta, supieron oponerse por algún tiempo a la conquista nubia.

Con la XXIV dinastía, o dinastía saíta, representada sólo por dos soberanos, Tefnakht y Bakenrenef, se trató de reconducir la situación, que ya era de absoluto fraccionamiento.

En este contexto de división, la Alta Nubia, que había logrado independizarse de Egipto en el s. XII a.C. y conservar sus costumbres, religión y lengua propias, llegó a constituirse ahora en un poderoso reino, el Reino de Kush, con capital en Napata.

Piankhy, rey de Kush, aprovechó la anarquía egipcia y se apoderó del Alto Egipto.

Su sucesor, Sabacón, vencida la resistencia de los faraones saítas, conquistó la totalidad del país el 715 a.C, y reunió bajo su propia dinastía, la XXV dinastía, o dinastía etíope, los reinos de Kush y Egipto. Tebas volvió a ser, por última vez, la capital.

Tarutamón, último faraón de la dinastía etíope, fue el encargado de hacer frente a los asirios, que se asomaban amenazadores al Delta. Pero en vano resultó su intento de liberar Egipto de los asirios. Asarhaddón ocupó Egipto en el 671 a.C. hasta casi la capital. Asurbanipal marchó sobre Tebas y la saqueó.

m) Egipto final

         Fue una época, del 670 al 330 a.C, de cambio de mentalidad egipcia, propiciado por los avatares y conquistas que sufrieron desde el exterior. Los principales cambios se desarrollaron:

-en arte, mirando hacia atrás y copiando las tumbas, pinturas y esculturas del Egipto Antiguo,
-en religión, más animalista ahora
[90],
-en ideología, que ahora se va haciendo más nacionalista y acérrima.

m.1) Egipto asirio

         Tarutamón, último faraón del III Periodo Intermedio, había sido el encargado de hacer frente a los asirios, que se asomaban amenazadores al Delta. Pero en vano había resultado su intento de liberar Egipto de los asirios. Asarhaddón ocupó Egipto en el 671 a.C. hasta casi la capital. Asurbanipal marchó sobre Tebas y la saqueó.

          Pero Egipto no representaba para los asirios más que una simple conquista marginal, y se despreocuparon. Así, Psamético I, príncipe de Sais, aprovecho el desinterés de Asurbanipal[91] y consiguió liberar Egipto y unificarlo bajo una sola dinastía, la saita.

La restauración del poder central favoreció la reactivación económica, hasta el punto que ha podido hablarse de un renacimiento saíta, sobre todo en la XXVI y XXVII dinastías.

En este sentido Nekao, hijo de Psamético, valiéndose de un ejército bien organizado (con tropas griegas mercenarias), propuso la tarea de reemprender la antigua política de expansión egipcia en el Próximo Oriente.

El Imperio asirio se hallaba en crisis en aquel momento, por lo que a Nekao no le resultó difícil anexionar de nuevo Palestina y Siria a Egipto, hasta el Eufrates.

Pero Nekao ya no pudo resistir el ataque de Nabucodonosor, rey de la renacida Babilonia. Derrotado en la Batalla de Karkemish-605 a.C, el faraón tuvo que abandonar los territorios conquistados[92].

Psamético II, con una brillante operación conducida contra el reino de Kush, hasta más allá de la 3ª catarata, logró consolidar las fronteras del Sur de las nuevas tentativas de invasión nubia.

Su hijo Apries intentó sin éxito oponerse al imperio neo-babilónico en Palestina y Siria, y también fracasó en su expedición contra la polis de Cirene[93], derrota que provocó una revuelta en el ejército egipcio.

En este malestar militar, el general del ejército egipcio Amasis tomó partido con los rebeldes, se enfrentó y derrotó a Apies[94] y se hizo proclamar rey de Egipto.

m.2) Egipto persa

Durante el reinado de Amasis, Egipto pudo gozar de un período de paz. Pero en Oriente se perfilaba un nuevo peligro, representado por el creciente poderío del Imperio persa.

Amasis intentó organizar la resistencia anti-persa:

-reformando la flota según el modelo griego,
-concertando alianzas con otros estados igualmente amenazados.

Pero todo fue inútil. Psamético III fue derrotado por Cambises de Persia en la Batalla de Pelusium-525 a.C, en pleno Delta y tras lo cual:

-hizo prisionero al faraón,
-ocupó todo el país,
-redujo Egipto al rango de satrapía del gran Imperio persa.

La XXVII dinastía, o dinastía aqueménida, gozó de escasa popularidad entre los egipcios, que respondieron con odio implacable y continuas tentativas de rebelión al desprecio de los persas por las tradiciones religiosas egipcias, y a la explotación económica del país.

Sí consiguieron los egipcios liberarse temporalmente del dominio persa bajo el caudillo Amirteo de Sais, en una revuelta del 404 a.C. que propició la fundación de la XXVIII dinastía egipcia.

En adelante, y bajo control siempre persa, hubo dos dinastías indígenas de corte pseudo-egipcio:

-la XXIX dinastía, con sede en Mendes,
-la XXX dinastía, establecida en Sebennitos, en el Delta.

Estas mantuvieron cierta independencia interna durante 50 años y hasta el 341 a. C, en que el faraón Nectanebo II tuvo que ser frenado en seco por Artajerjes III de Persia y abandonar Egipto en una nueva campaña persa.

m.3) Egipto griego

Tras casi 200 años de intermitente dominio persa sobre Egipto, éste fue sustituido por un nuevo dominio, el Imperio griego, con la llegada del griego Alejandro Magno a Egipto el 332 a.C. Alejandro III de Macedonia fue recibido en Egipto como un liberador, y fue llamado el hijo de Amón[95].

A la muerte de Alejandro, sucedida en Babilonia, el reino de Egipto fue heredado por Ptolomeo, que continuó la presencia helénica en Egipto por medio de la dinastía XXXII, o dinastía ptolomea[96], hasta el suicidio de Cleopatra el 30 a.C.

La época ptolemaica se caracterizó por poner la capital de Egipto en Alejandría, convirtiéndose ésta en autentico faro del Mediterráneo. Su Biblioteca fue la más célebre del mundo, y en ella Eratóstenes llegó a calcular la latitud de la tierra. Las altas esferas egipcias debían circular necesariamente por Alejandría.

El resto de Egipto continuó su historia por otro lado, al margen de Alejandría.

m.4) Egipto romano

En efecto, sería el año 30 a.C. la fecha en que, tras los últimos centenios de enfermedad crónica y saqueos enemigos, se puso fin a la trimilenaria civilización egipcia, con:

-la derrota egipcia en la Batalla de Actium ante Augusto,
-la incorporación de Egipto como una provincia más del Imperio romano,
-el suicidio de Cleopatra, última emperatriz egipcia.

         Terminaba así la civilización egipcia, a pesar de los intentos de los emperadores romanos por egipcianizarse y asemejarse a ellos[97]:

-dejándose representar con la doble corona egipcia,
-escribiendo sus nombres en jeroglífico,
-llevándose bien con los sacerdotes de Amón.

m.5) Egipto cristiano

          Con la llegada del cristianismo, Alejandría iba a añadir a la convivencia de sus tres comunidades[98], siempre en conflictos, una cuarta comunidad cristiana:

-monacal y universitaria,
-muy helenizada,
-fundada en su Biblia de los LXX y no en el hebreo antiguo,
-renovadora totalmente de la cultura milenaria egipcia.

De hecho, fue el cristianismo el que cambió totalmente:

-la religión egipcia, transformándola en copta y nacionalista,
-la escritura egipcia, sepultando definitivamente el mítico idioma jeroglífico, el año 390 d.C.

 

Madrid, 19 marzo 2016
Mercabá, artículos de Cultura y Sociedad

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[1] Antigua Uauat.

[2] Antigua Kush, que ocupaba los territorios del actual Sudán.

[3] De la raza galla, compuesta por somalíes y bereberes.

[4]Pues dios me ha hecho el pastor de este país porque sabía que yo se lo mantendría en orden para él”, decía SENUSERT I a su corte. “Está lleno de bondad y es rico en benignidad y nos ha conquistado por el amor”, decía SINUHE de este mismo rey.

[5] Así, WENIS, de la dinastía VI, que había sido camarero, llegó a ser juez, general, arquitecto e ingeniero hidráulico.

AMENHOTEP, hijo de HAPU, por ejemplo, cuyo primer empleo era un cargo de administrativo en el Departamento de Guerra, fue también el arquitecto que transportó “montañas de cuarcita” (según él mismo cuenta), para erigir los colosales monumentos de AMENOFIS III.

[6] Incluso en el reinado de TUTMOSIS III se recordaban las decisiones de un visir que había vivido unos 500 años antes. También había las Instrucciones que escribieron varios reyes para guía de la posteridad, y que asimismo constituirían una especie de recordatorio, para no asignarles una función más importante.

[7] En la procesión fúnebre pintada en la tumba-capilla del visir RAMOSES, vemos al príncipe de Kush seguido por el primer heraldo que representaba indudablemente al mismo rey.

[8] Las expediciones al Punt (India) o Biblos (Siria), por ejemplo, eran parte de la recaudación de estos tributos.

[9] En las oficinas del visir había un catastro de las tierras, y el gran Papiro Wilbour, del Museo de Brooklyn, demuestra la meticulosidad de las mediciones de tierras y de las relaciones de impuestos en tiempos de los Ramésidas.

[10] En La sátira sobre el comercio, una y otra vez, el profesor intentaba motivar a  sus alumnos en sus aburridas tareas, comparando la fácil labor de un escriba experimentado con las miserias de otros oficios.

[11] Se nos han conservado tablillas de las dos hijas de AKHENATON, y hay un grafito en la Pirámide de Zoser con alusión burlesca a las aficiones literarias femeninas.

[12] Algunos de los altos dignatarios del estado durante el Imperio Nuevo alardeaban de su humilde origen, y aunque en la mayoría de los casos exageraban para adular al rey que les había ascendido, no obstante, un tal SENNEMUT tenía muy modestos antecedentes, habiendo obtenido su padre un vago, y posiblemente póstumo, título de utilidad.

[13] Así, habían tratados, casi científicos, sobre:

-cirugía y fracturas, como el Papiro Edwin Smith,
-ginecología, como el Papiro Kahun,
-recetas, panaceas y acontecimientos mágicos, como los que aparecen en el Papiro Ebers.

[14] En el yacimiento de Amarna hay pruebas que demuestran que temas y textos clásicos se copiaban mecánicamente año tras año, incluso cuando estaban pasados de moda, y si se corregían era cuando ya estaban tallados en la piedra. Durante el Imperio Medio se fabricaron masivamente ex­votos en Abidos, por ejemplo, por artesanos que no sabían escribir, estando las inscripciones garabateadas débilmente por una mano más acostumbrada a la pluma que al cincel.

[15] Es inconcebible que los antiguos egipcios, los más artísticos de la Antigüedad, y que embellecieron todo lo que tocaron, no hubiesen apreciado la maestría artística. Un texto parece indicar que TUTMOSIS III diseñó vasos de piedra, y parece asimismo improbable que el manierismo del arte de Amarna pudiera salir de otra mente que de la de AKENHATON.

[16] PARENNEFER tuvo el honor de una tumba en Amarna y otra en Tebas, donde se enorgullece de su título de copero real más que de ser el jefe de artesanos del rey. Y en una interesante biografía, el arquitecto real NEKHEBU, de la dinastía VI, menciona el hecho de que empezó su carrera como secretario de su hermano, supervisor de obras; pero falta en la lista de sus diversos títulos la prueba de que recibiera la instrucción de escriba.

[17] El visir PTAHOTEP afirmaba que un buen discurso era más raro que una piedra preciosa, aunque se desarrollara entre sirvientas y junto a las piedras de molino.

[18] Las historias de los dragomanes sobre la construcción de las pirámides de Gizeh que circulaban en la época en que HERODOTO las visitó, y los partidistas relatos de la Biblia sobre el cautiverio de Israel, han esparcido la idea popular de que el antiguo Egipto estaba habitado por un pueblo oprimido que trabajaba a las órdenes de capataces privilegiados.

[19] En la Sátira del Comercio el escriba nos ofrece el relato del granjero que luchaba contra la sequía, la langosta, los ratones, los ladrones y los cobradores de impuestos.

[20] En el Cuento de los dos Hermanos la vida rural se nos describe fatigosa, pero digna y creadora de una paz interior, y en la que el héroe es un simple muchacho que trabaja en las tierras de su hermano. La siembra y la siega eran trabajos que, incluso los más importantes del país, esperaban poder desempeñar en los campos del más allá osiríaco, donde el trigo alcanzaba 9 codos de altura, aunque las figuras shawabti se encargarían de las más pesadas tareas de la prestación personal.

[21] Cada año, la inundación depositaba un rico limo sobre los viejos campos, en los cuales sólo se necesitaba ya esparcir el grano y enterrarlo con un arado ligero tirado por un par de vacas. Cada año se podía recoger una cosecha principal, y otra más pequeña en verano, consistiendo los trabajos en su mayor parte en el sistema de riego, levantamiento de diques, apertura de canales para que el agua pasara de uno a otro nivel y empleo de shaduf-molinos de manantial (en verano, para regar los campos).

[22] En Tebas vivieron, durante casi 400 años, trabajadores empleados en las tumbas de los faraones, dejando miles de ostrakas y papiros en los cuales hacían cuentas, listas, informes de los progresos diarios de los trabajos, órdenes y testamentos.

[23] Un examen de la Contabilidad de las Lámparas y la diaria fabricación de mechas nos dan diversos detalles sobre la duración del tiempo de trabajo, que sorprendería a los que creen que la vida del trabajador egipcio era de continuo esfuerzo.

[24] Según los egipcios, cuando los dioses sacaron el mundo del caos en la colina primigenia, le impusieron la MAAT (orden), con carácter de inmutabilidad y eternidad.

[25] De ahí la escasez de códigos legales, ya que la ley viene directamente del faraón o de sus representantes. Su palabra era la ley, la justicia, y los ciudadanos confiaban en su palabra.

[26] A finales del Reino Nuevo, se suceden una serie de crecidas catastróficas, y en la mentalidad egipcia, esto significaba que el faraón no estaba siendo correcto.

[27] Los faraones aparecen muchas veces estereotipados en inscripciones. Los 9 arcos del Templo de Hatshepsut, por ejemplo, simbolizaban los 9 pueblos peligrosos para Egipto.

Desde el Reino Antiguo, en la iconografía faraónica aparece el faraón ajusticiando a los enemigos, e incluso como esfinge protectora. En la Baja Epoca, se retomara con mayor énfasis esta iconografía, ante los momentos de mayor peligro para Egipto.

[28] Así pues, tenemos:

-en el Reino Antiguo la supremacía de PTAH de Menfis,
-en el Reino Nuevo la supremacía de AMON de Tebas.

[29] Aunque algunos textos nos sitúan el más allá egipcio como unos verdes campos de cereal en el cielo y otros como un mundo subterráneo por donde pasa el sol en su camino de su ciclo diario.

[30] SETH estaba envidioso de OSIRIS, por lo que en una fiesta le preparó una trampa y lo encerró en un arcón y lo asfixió. ISIS intentó recuperar el cuerpo, por lo que Seth lo desmembró y enterró sus pedazos por todo Egipto. Isis fue recogiendo los fragmentos de OSIRIS, lo momificó (siendo la 1ª momia), y lo resucitó, por lo que desde entonces reina entre los muertos.

[31] Del griego hieros (sagrado) y glyphein (grabar).

[32] Por ejemplo, el sol se representaba con un disco, y el buey y la serpiente con sus imágenes.

[33] De esta forma el disco significó, además de sol, día y tiempo.

[34] Por ejemplo, el ideograma de azada, que se leía mer, sirvió también para escribir el verbo amar, que sonaba precisamente mer.

[35] Muy pronto, mediante el uso de la escritura con tinta sobre materiales como el papiro, la madera y la terracota, se desarrolló una forma simplificada, que se llamó escritura hierática (o sacerdotal, porque sólo los sacerdotes la empleaban en época helenística).

Más tarde, de la hierática derivó otra escritura aún más simplificada, la escritura demótica (del griego demos, de uso corriente entre el pueblo), en la que ya resulta imposible reconocer los signos jeroglíficos correspondientes.

[36] Nuevo y sorprendente en Egipto es el Diálogo de un hombre cansado de la vida con su alma, en el que el “hombre” representa la buena época antigua, ordenada y piadosa. En su narración aparecen los temas más significativos de la cultura de su tiempo, como el juicio tras la muerte, la esperanza en la vida ultraterrena, el pecado y su perdón, la vanidad de las cosas de este mundo, la miseria del tiempo presente y el deseo de morir.

          Por el contrario, el “alma”, que sostiene las ideas nuevas con escéptica y mordaz ironía, exhorta a entregarse al goce y a olvidar las preocupaciones.

[37] Exceptuando el viaje de WANAMON, texto autobiográfico en papiro, y algunas cartas o decretos, encontrados gracias a la sequedad y desiertos egipcio, podemos decir que los egipcios no consideraban la historia como un género literario sino como exhortaciones del faraón.

[38] Sí los hay, pero situados en zonas marginales.

[39] Cuando el poder central era capaz de limitar las autonomías locales.

[40] El título de faraón se dio oficialmente a partir de la XXII dinastía (lit. pharao, del egipcio peraa o “gran casa”, nombre de la Residencia real).

[41] No se puede afirmar con certeza que MANETHON y la Paleta de Narmer se refieran a la misma persona, al fundador una la I dinastía que es originaria de Tinis (de ahí el nombre de tinita que se da a este período).

[42] De hecho, el monarca cambió su nombre por el de PERIBSEN, y se colocó bajo la protección de SET, dios del Alto Egipto, sustituyendo su símbolo en los monumentos, un cuadrúpedo mal identificado (acaso un perro), por el de HORUS.

[43] De hecho, a uno de ellos, SENGI, le fue aún dedicada una estatua 2.000 años después.

[44] La mastaba de Saqqara, impropiamente conocida como Pirámide escalonada de Zoser, albergaba cámara sepulcral subterránea.

[45] La Pirámide Medium de Saqqara no fue terminada, y fue considerada como mastaba de tres escalones. La Pirámide Romboidal de Dahshur fue iniciada con inclinación pronunciada de las superficies, aunque luego se atenuó. La Pirámide Roja de Saqqara alcanzaba los 100 m. altura, y fue la 1ª perfectamente piramidal.

[46] En egipcio antiguo, KHUFU.

[47] En egipcio antiguo, KHAFRA.

[48] En egipcio antiguo, MENKAURE.

[49] Es decir, hija del rey.

[50] Ya con KEOPS, que se había casado con una princesa libia, eran frecuentes las relaciones comerciales con los vecinos inmediatos: nubios, libios y semitas.

[51] Pues en sus cercanías, en Dorak, se ha hallado una lámina de oro con su nombre.

[52] Más tarde, en el I Período Intermedio, estas fórmulas, sobre todo las más populares, de carácter mágico, se escribieron en el interior de sarcófagos privados. Se trata de los llamados Textos de los Sarcófagos, eslabón intermedio que conducirá, durante el Imperio Nuevo, al famoso Libro de los Muertos.

[53] Según una narración legendaria, atribuida a una sacerdotisa de Heliópolis (que la recibió del mismo RA), y contenida en el Papiro Westcar (s. XVIII a.C), el nacimiento de los tres primeros reyes de esta dinastía ya tuvo un marcado acento religioso.

[54] El monarca subió al trono a los 6 años, a causa de la prematura muerte de su hermano MERENRA I. Según testimonios, su reinado habría tenido una duración superior a los 90 años.

[55] Las fundaciones funerarias eran las destinadas a mantener los complejos funerarios de los faraones muertos y las mastabas de funcionarios fallecidos, resultando muchas veces  esto último verdaderas herencias encubiertas.

[56] La confusión dominante en este período queda bien reflejada en la lista de MANETHON, según el cual la VII dinastía, constituida en Menfis, reinó 70 días y tuvo 70 soberanos (en realidad sólo se mencionan 7). El mismo autor reúne en la VIII las diversas dinastías que, en medio del caos general, se constituyeron en torno a los nomos de Coptos y Abidos.

[57] Según el Papiro Leyden (de la XVIII dinastía, conservado en Holanda), ya en el reinado de PEPI II empezó a suceder todo esto. Estas noticias del Papiro Leyden hallan confirmación en las minuciosas relaciones que nos han llegado de este periodo, por escritos de algunos altos funcionarios.

[58] Un ejemplo típico de este cambio lo representan las famosas Instrucciones para el rey Merekara, compiladas por KHETI III para su hijo, uno de los últimos soberanos de la X dinastía. Se trata de un género literario conocido ya en el Imperio Antiguo, pero que encarna ahora un nuevo espíritu pesimista.

[59] Son los casos de UNI (de la VI dinastía, que se hizo enterrar en una tumba real) y de ISI (de la VI dinastía, que se atribuyó prerrogativas sacerdotales).

[60] En este sentido, sorprendente es el Diálogo de un hombre cansado de la vida con su alma, en el que el hombre representa la buena época antigua, ordenada y piadosa. En su narración aparecen los temas más significativos de la cultura de su tiempo, como el juicio tras la muerte, la esperanza en la vida ultraterrena, el pecado y su perdón, la vanidad de las cosas de este mundo, la miseria del tiempo presente y el deseo de morir.

Por el contrario, el alma, que sostiene las ideas nuevas con escéptica y mordaz ironía, exhorta a entregarse al goce y a olvidar las preocupaciones.

[61] Se adivina, pues, y no obstante las tragedias, un Egipto que maduraba y cambiaba. A la perfección de una religión centrada en el soberano, ser supremo y mágico, padre de todos, por ejemplo, se añadía ahora un afinamiento interior, una sensibilidad profunda por los problemas del hombre.

[62] Dios de Tebas, con cabeza de halcón.

[63] Pues por sus manos debía pasar toda la administración.

[64] Tal vez bajo estos impulsos el arte egipcio del metal alcanzó, en el periodo que estudiamos, elevadas cimas, como se advierte en numerosas diademas, collares, pectorales y objetos de orfebrería de exquisita factura.

[65] La sumisión de Nubia era de vital importancia para la economía egipcia, puesto que garantizaba la seguridad en el suministro de productos africanos (oro, maderas, marfil y pieles).

[66] Obras literarias, como la Historia de Sinhué y otras administrativas, entraron en uso como modelos de cultura y manuales escolares.

[67] Ello no impidió, sin embargo, que el propio AMENEMHET cayera víctima de una conjura, cuyos pormenores se describen en la famosa Historia de Sinhué y en un escrito, impregnado de profunda y desalentada amargura, original de su sucesor, SESOSTRIS I.

[68] De una divinidad local del nomo de Tebas, AMON pasó a ser, por designio de los faraones de la XII dinastía, asociado de RA, transformándose así en la divinidad más importante de Egipto.

[69] En torno a Lisht se hallan las pirámides de la XII dinastía, menores que las precedentes y construidas con ladrillos.

[70] En todo caso, puede considerarse, y de ello estaban convencidos los propios egipcios, que con MENTUHOTEP, AMENEMHET y SESOSTRIS III, el país vivió el período verdaderamente clásico de su historia, en unas condiciones de equilibrio ideal entre el rígido centralismo religioso del Imperio Antiguo y el dinamismo material y espiritual del Imperio Nuevo.

[71] De hecho, una nueva aristocracia guerrera empezó a surgir entre los egipcios, cultivando las técnicas importadas.

[72] En propias palabras de MANETHON:

“De forma inesperada llegaron de Oriente hombres victoriosos, de una estirpe desconocida, que penetraron en el país, lo conquistaron con violencia, y tras haber vencido a los jefes, incendiaron brutalmente las ciudades y destruyeron los templos. Luego trataron a los habitantes de manera cruel, dándoles muerte y tomando como esclavos a sus mujeres e hijos. Por último, proclamaron rey a uno de los suyos, Salitis (o SHALEKIS I, pasa por haber fundado la ciudad de Avaris-Tanis, y por haber asentado en sus alrededores a numerosos contingentes militares para guarnecer las fronteras orientales), que se estableció en Menfis y cobró tributos del Alto y Bajo Egipto”.

[73] Por ejemplo, un papiro con listas de pagos de la Residencia revela un balance muy exiguo para la corte.

[74] El nombre del rey KIAN se ha encontrado en objetos de piedra en Babilonia, Creta y Hattusas (Bogazkoi).

[75] En general, los conquistadores hicsos se asimilaron muy bien con los sometidos, adoptando su lengua, escritura y costumbres. Sus obras no son estilísticamente inferiores a las de las dinastías anteriores. Al periodo hicso se remontan papiros de notable valor literario y científico.

[76] Desde el punto de vista político, el Estado reconstituido por AMOSIS presenta una cohesión sólida, eficiente y ordenada, menos sujeta a las periódicas crisis políticas de los pasados estados intermedios.

[77] A su muerte, la hermanastra-viuda contrajo nuevo matrimonio con TUTMOSIS III, que de este modo reforzó sus derechos al trono. Pero HATSHEPSUT supo mantener con firmeza en sus propias manos las riendas del poder, y, proclamándose reina, obligó al joven y ambicioso TUTMOSIS III a esperar veinte años su exaltación al trono.

[78] Todas las estatuas de HATSHEPSUT fueron destruidas, y su nombre se borró de todas partes.

[79] Sólo el poderoso estado de Mitanni, en el alto Eufrates, pudo resistir con éxito las ambiciones expansionistas de TUTMOSIS III, quien, en una de sus expediciones, alcanzó y atravesó aquel río en las proximidades de Karkemish, aunque sin conseguir doblegar al adversario.

[80] Del 2º de estos monumentos sólo nos restan dos estatuas gigantescas, los llamados Colosos de Mnemón. También las esculturas, como las del faraón y su esposa TIYI, brillan por la finura de sus rasgos y la calidad de su ejecución.

[81] Lo que sí se sabe es que el monarca cambió su nombre de AMENOFIS IV por el de AKHENATON (lit. “place a Atón”), y que redactó personalmente un delicado himno a ATON.

[82] Akhetatón (lit. “horizonte de Atón”), quedó completamente sumergida por las arenas. La ciudad ha salido de nuevo a la luz gracias a las excavaciones efectuadas en la actual Tell el-Amarna. Reviste particular interés su rico archivo, que permite reconstruir la fisonomía de este breve pero intenso episodio de la civilización egipcia.

[83] Los monumentos de Tell el-Amarna han conservado, junto a los relieves y decoraciones murales de incomparable refinamiento, numerosos bustos escultóricos dedicados, sobre todo, al monarca y a su esposa NEFERTITI, que traducen con atormentada sensibilidad incluso los defectos físicos de los personajes.

[84] Sus empresas serían inmortalizadas en las grandes representaciones parietales y en los relieves policromos de su hipogeo del Valle de los Reyes. Su templo funerario, en Abidos, ha conservado las listas reales, inapreciable fuente para la cronología del período anterior.

[85] La victoria de Kadesh fue celebrada por los egipcios como una gran victoria, en la que el propio RAMSES II dio pruebas de su arrojo, cambiando personalmente la suerte del enfrentamiento.

[86] Como lo demuestran los numerosos monumentos y templos (Abu Simbel, Tebas, Abidos), meritorios, sin duda, pero mucho menos originales y refinados que los del periodo anterior.

[87] En los alrededores de Tanis.

[88] Entre los constructores de Pi-Ramsés se citan a “los hijos de Israel”, lo que ha sugerido a algunos historiadores la identificación de RAMSES II con el “faraón del Exodo”. Dicha identificación no es segura, y la partida de los hebreos de Egipto puede situarse entre los ss. XV-XIII a.C.

[89] Se inició, pues, de este modo, un periodo de caos político y de decadencia cultural, durante el cual Egipto fue presa de las ambiciones de la casta sacerdotal tebana y del ejército, compuesto ahora, predominantemente, por soldados de origen extranjero (nubios, libios y semitas).

[90] Como se ve en la importancia que fue cobrando el buey Apis.

[91] El cual retiró sus guarniciones militares, al estar preocupado en otra parte.

[92] Sus sucesores, que se han hecho famosos gracias a la narración bíblica, intentaron con escaso éxito las empresas asiáticas, mientras tenían que defenderse en el frente meridional.

[93] Las poblaciones libias habían pedido protección al reino de Egipto, al sentirse amenazadas por la rica y potente colonia griega de Cirene.

[94] El cual murió en el combate.

[95] De hecho, ALEJANDRO MAGNO visitó Psiba, el oasis de Amón.

[96] De la dinastía ptolemaica cabe destacar el Templo de Edfu, del s. IV a.C, como una característica aportación de los lágidas o ptolomeos, aparte de:

-sus aportaciones astronómicas,
-traducción del jeroglífico al griego, en la piedra roseta,
-1ª compilación de la historia egipcia (encargada por PTOLOMEO I a MANETHON, sacerdote de Heliópolis, que la dividió por dinastías más o menos sanguíneas).

[97] No cabe olvidar que Egipto fue el granero de Roma, su puente hacia la India y extremo Oriente, y una provincia vital y distinta para el Imperio romano. Se requería incluso permiso imperial para que un caballero pudiese visitar Egipto.

[98] La egipcia, la griega, la judía.