REFORMA GREGORIANA

 

Piedra definitiva de Occidente,

aparte de imprescindible para la Iglesia

 


Gregorio I Magno, pontífice que impulsó la I Reforma gregoriana, el año 590 d.C.

Madrid, 1 abril 2018
Manuel Arnaldos, historiador de Mercabá

            La Iglesia nació en el s. I de la mano de Jesucristo. Desde entonces, y debido a su gigantesco volumen humano, geográfico y multicultural, se ha visto obligada a llevar a cabo 2 gigantescas reformas internas:

-I Reforma gregoriana, de Gregorio I, tras la caída del Imperio romano,
-II Reforma gregoriana, de Gregorio VI y VII, tras la caída del Imperio carolingio.

a) Caída del Imperio romano

            Se trató de una desgracia insospechada siglos atrás, pero motivada por las causas de:

-el peligro bárbaro de las fronteras,
-la propia división interna romana,
-el debilitamiento del ejército romano,
-el empobrecimiento económico social,
-la perdida de los viejos valores romanos.

            En efecto, la descomposición del sistema romano no fue casual, sino inducida por los conflictos propios internos. Existen varias teorías al respecto:

-según Gibbon, la época de decadencia comenzó con Marco Aurelio-180, y su responsable único fue la difusión del cristianismo;
-según Piganiol, la sociedad romana fue asesinada por agentes concretos, con actividades concretas, cuándo y cómo ellos quisieron;
-según McMullen, existió un proceso de descomposición interno;
-según Goffart, los recursos económicos de las provincias sí fueron bastante influyentes.

            Los germanos habían sido desde sus orígenes un pueblo sin cultura escrita ni urbes establecidas. Por eso, las invasiones germánicas del s. V fueron tan sólo la punta de un iceberg, el iceberg de las periódicas infiltraciones bárbaras, a través de las fronteras y de los siglos pasados.

            En efecto:

-Decio, en el 251, ya tuvo que aceptar las condiciones de paz impuestas por ellos, y una indemnización anual,
-desde Maximiano, los asentamientos bárbaros fueron institucionalizados mediante pactos,
-en Adrianópolis-378, los visigodos habían humillado a Roma, destruido el limes del Danubio, y establecido en Tracia,
-Estilicón, en el 400, fue incapaz de contener la presión germánica, que rompió el limes renano-danubiano,
-los visigodos de Alarico, en el 403, cercaron la sede imperial de Milán,
-los ostrogodos de Panonia, en el 405, se empezaron a asentar por Italia,
-una coalición de bárbaros, en el 406, atravesaron el Rhin, y penetraron de forma masiva en la Galia.

            Con esta invasión bárbara del 406, en la que participaron germanos, vándalos, alanos, suevos y otras tribus, se dio por perdido el control del Imperio occidental:

-en Britania, en el 407,
-en la Galia y Alpes, en el 407-37,
-en Hispania, en el 441-454.

            En el 476, el general germano Odoacro vendía a deponer al que fuera el último emperador de Roma, llamado Rómulo Augustulo, de sólo 13 años, y 1.229 años después de la fundación de Roma. El testigo de Roma pasó a:

-los francos y los godos, que ya estaban desde tiempo atrás sobre el escenario,
-los lombardos y los árabes, que vendrían después.

b) Reforma de Gregorio I

            Antiguo jurista y procurador romano, Gregorio I (590-604) fue el hombre providencial para saber gestionar los restos del Imperio romano, y quien mejor lo supo armonizar con mano limpia y distendida[1].

            Y es que, en efecto, a la caída del Imperio romano-476, los pueblos germánicos se habían repartido los territorios, y habían empezado a gobernar:

-la Galia, con la dinastía de los merovingios,
-Italia, casi unificada por los ostrogodos,
-Hispania, sometida casi por completo al control de los visigodos,
-Bizancio, con la expansión llevada a cabo por Justiniano.

            Pero no todos los gobiernos bárbaros tuvieron la misma consistencia, y la sombra de Roma tuvo que seguir ayudando a gobernar el mundo.

            La primera actividad de Gregorio I fue dedicada al bien espiritual del clero[2] y del pueblo romano, fomentando la ciencia eclesiástica, fundando las estaciones de Roma[3], publicando su Regla pastoral[4], reformando y fijando definitivamente la liturgia mediante su Sacramentario[5], y distribuyendo con sabiduría y estrategia, y según recoge en su Registro[6], el patrimonio jerárquico de San Pedro, por todas sus provincias y estados.

b.1) Modelos de la Reforma

  El cristianismo, producto del judaísmo y del AT, había tenido tras la figura de Cristo tres siglos de rapidísima expansión:

-generando un post-clasicismo de la cultura greco-latina[7],
-centrándose en los nuevos escritos del NT[8],
-integrando los principios legales y organizativos clásicos romanos[9],
-impulsando una nueva teología de la historia.

            En cuanto a los pasos dados para la elaboración hacia ese pensamiento cristiano, habían destacado:

  -San Clemente Romano, que introdujo el principio de autoridad[10], llamó a la concordia y unidad política[11], inauguró la necesidad de una disciplina eclesial[12], argumentó con un trasfondo filosófico greco-latino[13];

  -los Apologistas, que defendieron al cristianismo frente a las falsas acusaciones[14], negaron los honores divinos al emperador, emplearon la dialéctica de los discursos clásicos[15], antepusieron la fe a la razón[16];

  -los Cartagineses, que contaron con enormes inteligencias[17], aportaron principios legales al cristianismo[18], inventaron una palabra trascendental para la historia: humanismo[19];

  -los Alejandrinos, que partieron de sus predecesores[20], armonizaron la Biblia con la filosofía, introdujeron la especulación[21] y leyeron monográficamente la historia[22].

b.2) Influencia de Ambrosio y Agustín

   Habían constituido ambos, antes de la llegada de Gregorio I, la respuesta del mundo cristiano a los acontecimientos de Roma, y la genial visión de la historia que el sabio San Ambrosio de Milán[23] infundió en el joven San Agustín.

   En efecto, las dos ciudades de San Agustín de Cartago, inspiradas en las ideas imperiales de Teodosio y Ambrosio, representaron dos reinos, el de Dios[24] y el del mundo-demonio[25], como profunda reflexión sobre: la caída de Roma, el nuevo poder de los bárbaros[26].

            Conocidas son las dos partes de De Civitate Dei[27]:

-la primera, en que se rechazaba las acusaciones paganas contra la Iglesia, y se atacaba a fondo al paganismo;

-la segunda, en la que surgía la inevitable confrontación entre los “dos reinos”, su origen, desarrollo y final. Todo terminando con su separación final, pues hasta entonces coexistían mezclados en el transcurso de los siglos.

            No obstante, el correr histórico de los siglos podría tender, a juicio del agustinismo político, dos puentes de unión entre ambos reinos enfrentados: el exterior ciencia-sabiduría[28], el interior del alma humana[29].

b.3) Registro imperial de Gregorio I

            Como ya se ha dicho, Gregorio I era muy querido en Roma. Por otro lado, Roma estaba sumida en el caos político, pues[30]:

-oficialmente, los bizantinos poseían la jurisdicción temporal sobre Roma,
-en la práctica, Roma se hallaba a merced de los invasores lombardos.

            En dos ocasiones Gregorio I obtuvo que los lombardos levantaran el asedio a Roma, ante Ariulfo-592 y ante Agilulfo-593, y logró finalmente un pacto de paz con los reyes lombardos.

  En cuanto a relaciones orientales, los bizantinos de Rávena enviaban constantes mensajes al Imperio oriental sobre las envidias que tenían al papa de Roma, por el prestigio que éste y su renovador Registro mantenía por todo Occidente.

  Aquí también tuvo que intervenir el papa Gregorio I, pues el patriarca de Constantinopla se usurpó el título de “patriarca ecuménico”, y se corría el riesgo de poner en duda la primacía romana[31]. Gregorio I prohibió el título oriental, y condenó el pecado de simonía de la Iglesia constantinopolitana.

  En otra serie de asuntos por todo el Imperio occidental, Gregorio I:

-apoyó a los soldados romanos, ayudando a armonizar cristianismo y ejército,
-salió en defensa de los oprimidos por Teodoro de Córcega,
-reprimió la revuelta de Godescalco contra la Campaña,
-intervino en el terror de Leoncio de Bizancio sobre Siracusa.

            A las 10 provincias de Roma las miró siempre Gregorio I con especial cariño, y a ellas dedicó más de 400 documentos sobre todo tipo de asuntos.

            Inglaterra fue el objeto de la más ambiciosa campaña del pontífice. Comandada por Agustín de Aosta y secundada por sus 39 compañeros, Roma logró poner sus dos pies y alma, y expandirlos a todos los niveles culturales, por la gran isla del Atlántico.

            Africa fue también digna de especial atención por el papa Gregorio I. Perdido ya su esplendor tras la invasión de los vándalos, el pontífice hizo grandes esfuerzos por infundir vida a aquellas provincias, y en su Registro decidió unirlas en torno al primado de Cartago, priorizando las cualidades por encima de las procedencias a la hora de elegir a los cargos.

            Las Galias también merecieron la atención del Registro del papa Gregorio I, decidiendo intervenir de forma activa y animosa, ahondando en el buen camino emprendido.

            En Hispania alentó Gregorio I a San Leandro a robustecer el nuevo estado cristiano visigodo, convertido al catolicismo en el III Concilio de Toledo-589.

            En Oriente, el pontífice colaboró esmeradamente con los emperadores bizantinos en las misiones sobre los armenios[32], y en nuevas metrópolis que se iban abriendo entre la nueva cristiandad. Aquí exhortó el papa a los misioneros a desarraigar los restos de paganismo todavía coleantes, así como los focos de herejía[33] y cisma[34].

c) Caída del Imperio carolingio

            A la muerte de Carlomagno (año 814), su sucesor Ludovico Pío (814-840) había decidido dividir el Imperio franco, entrando Carlos el Calvo[35] en el reparto, y empezando a surgir una relación de intereses con el papado[36].

            En un principio, el reparto de Ludovico Pío fue:

-Luis el Germánico se quedaba con Germania,
-Pipino el Jorobado se quedaba con Aquitania,
-Lotario se reservaba para ser sucesor de su padre, como emperador,
-el bastardo Carlos el Calvo recibía ciertos condados de Francia.

            En la Dieta de Worms, los tres hijos de Ludovico Pío vinieron a unirse contra su padre, al que destierran a un monasterio para hacer penitencia. No obstante, Luis y Pipino se arrepienten de la decisión (en contra de lo pactado con Lotario), y deciden volver a investir emperador a su padre.

            Con la repentina muerte de Pipino el Jorobado, el definitivo reparto vino a quedar:

-Luis el Piadoso se queda con Germania,
-Carlos el Calvo se queda con Francia,
-Lotario se queda con Italia y los Países Bajos, y como emperador
[37].

c.1) Crisis del s. IX

            Roma había mantenido desde antiguo la estructura imperial bajo la forma de 3 partidos romanos:

-el partido papal, que reconocía la autoridad papal, por encima de todas las demás[38],
-el partido senatorial, formado por los sucesores de los patricios romanos,
-el partido imperial, que reconocía la autoridad del emperador, por encima de la del papa.

            Lo que sí estaba claro es que el papado fue el árbitro de la política europea, y de que su institución fue degenerando, hasta constituirse en mero instrumento político. La defensa de los estados pontificios[39], alargados por toda Europa, vino a ser su principal preocupación.

            Esteban IV (816-817), ya fue elegido papa sin el beneplácito del “emperador civil” Ludovico Pío, aunque ambos hicieron un pacto de fidelidad.

            Pascual I (817-824) fue el primero que empezó a pretender la autonomía de la Iglesia, renovando el pacto con Ludovico Pío, aunque dejando claro que el emperador:

-no intervendría en los estados pontificios,
-no intervendría en las futuras elecciones papales,
-podría intervenir en la Iglesia en caso de revuelta.

            Pascual I volvió a retomar que el papa coronase al emperador, coronando él mismo a Lotario en San Pedro de Roma, y dejándole claro que el papa estaba por encima de él.

            Eugenio II (824-827) volvió a quedar sometido al poder del emperador, tras unas revueltas del partido senatorial, y en las que se tuvo que recurrir al emperador. Dos embajadores, permanentes en Roma, vinieron a encargarse de la administración y la justicia. Y el papa pasó, en adelante, a ser elegido:

-por el pueblo de Roma,
-con posterior aprobación del emperador.

            Gregorio IV (827-844) tuvo que sufrir las incursiones de los musulmanes por el sur[40], plantados a las mismas puertas de los estados pontificios. El papa, junto a su propio ejército, tuvo que pedir ayuda al emperador.

            Sergio II (844-847) sufrió la presencia del primer anti-papa, pues él había sido elegido por el pueblo de Roma, mientras que el partido senatorial había elegido al anti-papa Juan[41]. Por otro lado, los sarracenos siguieron subiendo hacia el norte, llegando hasta la misma Roma y destruyendo San Pablo Extramuros y San Pedro del Vaticano[42].

            Nicolás I (858-867) fue el papa más relevante del s. IX, sintiendo ya la necesidad de una fuerte renovación eclesial, y de cambiar la relación del papa con los obispos metropolitanos[43], inmersos totalmente en el poder civil[44].

            Metido de lleno en esta tarea de frenar la escalada civil de lo religioso, Nicolás I no estuvo carente de problemas:

-con Juan de Rávena, que pretendía quedarse con las propiedades papales[45],
-con Hincmaro de Reims, que recurrió al papa porque un obispo no se le sometía
[46].

            A nivel exterior, Nicolás I tuvo que enfrentarse con Lotario II, que quería estar por encima de él, y a quien le mandó dejar a su querida y casarse con una princesa[47].

c.2) Crisis del s. X

            Fue el siglo de la total decadencia del papado, sometido por completo al poder temporal. Todo comenzó con el caso del papa Formoso.

            Formoso, obispo de Oporto y evangelizador en Bulgaria, había sido llamado a Roma por Juan VIII para colaborar con él. Al darse cuenta de que podía ser un enemigo interno, el papa le perdona la excomunión a cambio de no pisar Roma ni ejercer de obispo.

            A la muerte de Esteban V, Formoso (891-896) salió elegido papa:

-jurando fidelidad al emperador Lamberto de Espoleto,
-pero coronando después al rey de Germania, y no al heredero de los Espoleto.

            La reacción de los Espoleto fue apocalíptica, plantándose con su ejército en la misma Roma con la intención de destruir los estados pontificios. Pero al llegar a Roma se encontraron con Esteban VI (896-897) y no con Formoso, pues éste había muerto. Los Espoleto desenterraron entonces a Formoso:

-vistiéndolo de papa y sentándolo en un trono,
-juzgándole como culpable.

  Consumado el “juicio cadavérico” con el veredicto de culpable, los Espoleto le fueron quitando a Formoso todas sus insignias, dejando su cadáver al desnudo y enterrándolo fuera de Roma, en un cementerio pagano.

            Juan IX (898-900) convocó dos sínodos[48] para anular el Concilio Cadavérico, prohibiendo juzgar a los muertos y confirmando todos los decretos de Formoso.

            León V (903-903) fue el primero que sucedió a un papa sin estar éste muerto, sino encarcelado. Lo que se repetiría a final de año, en que otro levantamiento romano lo metió a él en prisión, aupando al trono a Cristóbal I (903-904).

            Sergio III (904-911), elegido al mismo tiempo que Cristóbal I estaba en prisión, fue el primero en acceder al trono por medio de la compra del cargo, en este caso pagado por la familia patricia de Marozia, cuya hija mantenía relaciones con el papa, y dio a luz a otro futuro papa, Juan XI[49].

            Pero fueron sobre todo dos males, en este caos del s. X, los que hicieron mecha en la Iglesia:

-la simonía[50] y nicolaitismo[51]. Que vino por la compra-venta de cargos eclesiásticos (la 1ª) y el consiguiente desorden moral de los clérigos (el 2º);
-la investidura laica
[52]. Como consecuencia del sistema feudal, y provocando que la Iglesia quedase atrapada en el poder temporal. Aquí era el señor feudal el que, por sus intereses, hacía y deshacía los cargos eclesiales, generando miedo entre la gente ante esta situación. Y esto era luego consagrado por el obispo, como costumbre general en todos los reinos.

c.3) Hundimiento del año 1000

            Vino de la mano del nuevo Imperio germano y de su caudillo Otón I (936-973) de Sajonia, cuando entra en Italia entre aclamaciones de salvador[53]. Coronado por el papa Juan II en Roma-962 como emperador del recién estrenado Imperio sacro-germano, el mismo Otón I se puso de rodillas a sus pies, a los que besó en señal de sumisión.

            Con Conrado II, (990-1039) de Hohenstaufen, muy apoyado en los señores feudales[54], el cónsul Alberico compró el papado para su hijo[55] Benedicto IX, gran tirano futuro de la Iglesia.

            En efecto, harto el pueblo romano de esta situación, se levantó en bloque y expulsó a Benedicto IX fuera de Roma[56]. Tras 11 años en el papado, Benedicto IX se fue como vino, vendiendo el papado a cambio de dinero[57].

d) Reforma de Gregorio VI

            Nacido en Sajonia, Gregorio VI (1045-1046) fue el gran inspirador y teólogo de la reforma gregoriana, rodeándose de los consejeros Hildebrando, Pedro Damiano y Silva Cándida, para llevar a cabo la mayor de las reformas eclesiales de la historia[58].

            En medio de un contexto exterior difícil[59], sobre todo por la oposición del emperador Enrique III (que eligió a su propio papa[60]), Gregorio VI logró prender la mecha de la reforma, tanto en el anti-papa Clemente II como en sus sucesores.

            Clemente II (1046-1049) decidió continuar la idea reformista de Gregorio VI, intentando por primera vez:

-reducir la corte papal,
-acabar con la simonía, o compra-venta de cargos religiosos,
-atajar la vida inmoral del clero.

            León IX (1049-1054), gran universalizador de la reforma gregoriana, convocó una serie de sínodos provinciales, presididos por él mismo, y entre los que destacaron:

-el Concilio de Reims-1049, donde el papa depone a todos los obispos simoníacos (que habían comprado sus cargos), condena la intromisión del rey en la vida de la Iglesia, y proclama los derechos únicos del papa;
-el Sínodo de Maguncia-1049, donde el papa excomulga a los obispos simoníacos, y reduce al laicado a los sacerdotes nicolaitas (o concubinatarios).

            Los señores feudales, tanto grandes como pequeños, fueron el principal foco de oposición a esta reforma gregoriana, ya empezada a ejecutar, y motivados por las riquezas que podían ver en peligro.

            Víctor II (1054-1057), de lleno en la aplicación de la reforma, convocó un enorme Concilio de Florencia-1055, donde mandó que se tratara:

-la simonía,
-el nicolaitismo,
-la propiedad de los bienes eclesiásticos.

            A su muerte, la Iglesia ya había conseguido por fin:

-detectar los problemas reales,
-afrontar los problemas,
-experimentar a Hildebrando, gran cerebro desde 1045, y futuro Gregorio VII.

            Nicolás II (1058-1061) convocó el trascendental I Concilio de Letran-1059, teológicamente insuperable, y que lograría eliminar por completo el influjo del feudalismo en la Iglesia. Letrán-1059:

-renovó el compromiso de Florencia-1055,
-anatematizó la herejía eucarística de Berengario
[61],
-condenó la simonía,
-propuso el celibato universal sacerdotal
[62],
-trató las compañías que había de tener un clérigo,
-dio normativas para la elección papal
[63].

  Finalmente, también la Orden de Cluny[64] apoyó sin fisuras la expansión de la reforma gregoriana:

-a la hora de estructurar su vida interior,
-con las fundaciones autónomas que iba haciendo al exterior.

e) Reforma de Gregorio VII

            Nacido en Sovana-Italia, el joven Hildebrando Aldobrandeschi (1019-1085) había recibido una educación esmerada desde niño, pasando a ser consejero de Gregorio VI desde muy joven. Caído en desgracia por el emperador Enrique III en el Concilio de Sutri-1046, Hildebrando decidió refugiarse en una abadía cluniacense, bebiendo allí todo el esplendor de su liturgia.

            Restituido en sus cargos por León IX y Víctor II, Hildebrando recibió de Nicolás II el encargo de dirigir el Concilio de Florencia-1055, momento en que pasa a hacerse popular por toda Italia.

            A la muerte de Nicolás II-1073, el pueblo romano se adelanta a cualquier preparación del conclave, y elige papa al joven Hildebrando por aclamación popular. De archidiácono pasa Hildebrando, pues, a papa, eligiendo el nombre de su maestro Gregorio VII, y con la idea de llevar a cabo la reforma puesta en marcha décadas atrás.

            Gregorio VII fue un hombre convencido:

-de fe en la Iglesia, con oraciones compuestas por él mismo,
-de caridad hacia los enemigos, y a los que excomulgaba sobre todo,
-de devoción a la humanidad de Jesús, y a los salivazos que recibió por el hombre,
-de amor a la eucaristía y a la Virgen,
-de austeridad de vida, frente a la opulencia de la época.

e.1) Espíritu de la Reforma

            Hildebrando había profesado siempre el agustinismo político, consistente en que:

-el poder temporal y papal tenían un origen distinto,
-la religio auctoritas papal era siempre superior a la civis potestas del mundo.

            Por otro lado, el joven Aldobrandeschi nunca había tratado de:

-levantar un Imperio hierocrático-sacerdotal,
-demonizar el poder temporal.

            Fue en su Dictatus papae donde Gregorio VII dejó definidas, ya para siempre, las funciones del papa en la Iglesia, como:

-poseedor de las insignias imperiales,
-besado en sus pies por los príncipes,
-cuyo nombre es único en el mundo, y citado en todas las Iglesias
[65],
-capacitado para poner y deponer emperadores,
-incapaz de ser juzgado por nadie,
-protector de los que apelan a él,
-único recurso al que pueden apelar las causas mayores,
-cuyas sentencias no pueden ser reprobadas por nadie,
-legislador universal de la Iglesia,
-único capacitado para trasladar obispos
[66], deponerlos y absolverlos,
-único capacitado para dar permiso y convocar sínodos,
-cuyo visto bueno se necesita para publicar libros y capítulos canónicos,
-el que nunca ha errado y nunca errará,
-santo, por su ordenación canónica,
-único recurso donde un clérigo inferior puede acusar a uno superior,
-único capaz de quitar el rango de cristiano al que no sintiera como él.

e.2) Medidas de la Reforma

            Comenzaron por los estados pontificios:

-excomulgando a los simoníacos,
-cesando a los incontinentes públicos,
-escribiendo a los metropolitanos, para tomar todos las mismas medidas.

            No tardaron en recibir las primeras respuestas:

-en Alemania, con resistencias del clero incontinente y simoníacos[67],
-en Francia, con oposición del propio rey,
-en Italia, donde no sucedió ningún cambio de los pedidos por el papa.

            Tras estas primeras medidas internas, Gregorio VII se dio cuenta de la necesidad de eliminar la investidura laica, y hacia ella se encaminó. En el Concilio de Roma-1075 prohibió la investidura laica bajo excomunión:

-encomendando a cada reino la celebración de sínodos locales,
-separando los poderes temporal y espiritual,
-condenando cada uno de los concilios convocados por el poder civil.

            Las consecuencias del cese de las investiduras fueron apocalípticas, pasando a ser enemigo suyo visceral el emperador Enrique IV, endemoniado con tal de deponer al papa.

  En efecto, tras un intento de asesinato en la basílica de Letrán, del que Gregorio VII salió ileso[68], Enrique IV había convocado por su cuenta el Sínodo de Worms-1076, donde había declarado que el papa era falso y hereje. Como respuesta, Gregorio VII había excomulgado a Enrique IV, quitándole de sus manos el reino alemán[69] y considerando todas sus leyes como anti-cristianas[70]. En un nuevo concilio convocado por el emperador para auto-posicionarse:

-los reyes habían decidido ponerse del lado del papa,
-los príncipes y señores feudales hicieron piña en torno al papa,
-todos los asistentes pidieron a Enrique IV reconciliarse con el papa en un año
[71].

            En tercer lugar, Gregorio VII impulsó la centralización eclesial:

-nombrando legados pontificios[72], para quitar poder a los señores feudales,
-disminuyendo el poder de los primados, a los que puso por debajo del papa,
-impulsando las visitas ad limina de los obispos, para rendir cuentas ante el papa,
-sustituyendo todos los ritos locales por el rito romano, oficial y universal.

Madrid, 1 abril 2018
Mercabá, artículos de Cultura y Sociedad

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[1] Hijo de familia noble romana, y educado en la más sólida formación romana, cursó GREGORIO I (SAN GREGORIO MAGNO) la carrera jurídica. Con 25 años fue nombrado prefecto civil de Roma, cargo que le hizo ganar amigos y admiración por Roma, y contemplar la devastación llevada a cabo por los ostrogodos. Abandonada su carrera política por la vida monástica, fue enviado por PELAGIO II como legado a Constantinopla y mediador ante bizantinos y lombardos. Muerto Pelagio, fue elegido para sucederle por el senado y pueblo romano.

[2] Preciosa lección de humildad sacerdotal fue la que enseñó el papa al obispo MAXIMO DE SALONICA, que se resistía a su aceptación papal. Con nobles palabras, llegó a decirle que “prefiero morir antes que causar daño a la Iglesia de Pedro; así que sufriré con paciencia por mis hermanos sacerdotes, hasta que no pueda más; y me lanzaré a todos los peligros con ánimo esforzado” (GREGORIO MAGNO; Registro 5, 6).

[3] Grandes reuniones de pueblo y clero romano, presididas por el papa.  

[4] Liber regulae pastoralis, como carta dirigida primeramente a SAN LEANDRO DE CARTAGENA, con quien había entablado estrechísima relación durante su estancia en Constantinopla, y a quien le pidió consejo para completar su Librum regulae pastoralis quem in episcopatus mei exordio scripti.

Una Regla cuya idea fundamental giraba en torno a la grandeza de la dignidad episcopal y a los deberes de los obispos.

[5] Importante fue también la fijación de las formas y características que debía tener el canto sagrado, que pasó a llamarse desde entonces canto gregoriano.

[6] Asunto más trascendental de la reforma gregoriana, y en el que el papa GREGORIO I se ocupó más frecuentemente. Infinitas lecturas se han seguido haciendo a lo largo de la historia sobre su Registro, donde GREGORIO I fijó definitivamente la administración del patrimonio religioso de Roma, extendido por toda la Cristiandad.

[7] El encuentro cristianismo-grecorromanos fue rápido, y buscó lazos con su tradición filosófica, ya desde el Sermón del Areópago de SAN PABLO (donde Pablo aplicó al evangelio la lógica griega, incorporando argumentos estoicos), y desde las formas literarias clásicas utilizadas por los APOSTOLES (como las epístolas, los hechos, el apocalipsis…).

[8] Las primeras generaciones cristianas fueron sucediéndose con la integración de judíos, helenizados, paganos y conversos, todos ellos con sede central en la ciudad siria de Antioquía.

[9] Desde las formas artísticas hasta los primeros escritos cristianos, donde se fue unificando todo en torno a una lengua y escritura grecolatina, la formulación de un catecismo de corte romano, y la unión mediante el derecho romano de nacionalidades judías, helénicas, africanas, paganas, galas, hispanas...

[10] Poniendo ejemplos seleccionados sobre la desobediencia, la lucha de facciones…

[11] Desde las ideas de synkrasis y sympnoia.

[12] Como un estado bien organizado, con total supremacía de la Iglesia de Roma y limitación en el poder de las Iglesias locales.

[13] El de su experiencia política y ética social, recurriendo para ello a las Fabulas de MENENIO AGRIPA, a las Fenicias de EURIPIDES, y a la moralidad estoica de ZENON.

De hecho, CLEMENTE ROMANO decía que “la paideia griega podía ser fuerza protectora de la vida cristiana, como reflejo de la paideia de Dios, y semilla de la paideia de Cristo”.

[14] Como fueron las acusaciones de “canibalismo”, por ingerir el cuerpo y sangre de Cristo.

[15] Empezando así a entablar las bases intelectuales para una cultura cristiana, que iba adoptando sinfónicamente: una nueva doctrina + la tradición clásica.

JUSTINO, en este sentido, no arrojó de sí la filosofía clásica tras convertirse al cristianismo, sino que la interpretó cristianamente.

FILON DE ALEJANDRIA también supo absorber toda la tradición clásica, mediante el uso de un rico vocabulario conceptual, todos los medios literarios, todos los puntos de vista.

[16] Pues, en efecto, no se podía olvidar que pensamiento judío y pensamiento griego eran prácticamente antagónicos (desde el s. III a.C. en Alejandría, y sobre todo por la idea del principio divino del mundo), y este problema había que solucionarlo:

-pues las categorías griegas eran indispensables para el nuevo cristiano occidental,
-pues la teología hebrea tenía que ser salvada desde los comienzos creacionales.

                La solución vino, como no, de lo que la fe podía añadir a la razón:

-el factor personal, para aceptar lo que no se podía alcanzar,
-el factor de la autoridad, como base de las relaciones personales.

[17] Encabezadas, en medio de una persecución imperial atroz, por el mismo SAN CIPRIANO, que supo encabezar a los suyos en la prueba, mediar entre las posturas rigoristas de NOVACIANO y las blandas de NOVATO, evitar cismas y herejías, e intercalar las directrices del papa ESTEBAN I. Su escrito De Unitate Ecclesiae puso a toda África al servicio entero del primado de Roma.

Sobresalió también en Cartago su escuela neo-platónica, y la ciudad se convirtió en un auténtico hervidero de semillas y frutos de santidad occidental.

[18] Merced a la gigante labor de TERTULIANO, abogado imperial y converso fanático al Cristianismo, y de elocuencia incontestable para los enemigos.

Y es que en su Apologeticum defiende Tertuliano:

-las acciones cristianas, superioras a las paganas, que inmolan a los niños a Saturno, provocan victimas familiares para juegos sanguinarios en África…,
-la fidelidad cristiana al Imperio, frente a los malos ejemplos de MARCION, VALENTIN…
-la sana doctrina cristiana, frente a los herejes, que “manchan con sus dedos todo lo que pillan, cada vez que le ponen las manos encima”
.

[19] Como resultado final del deseo de unión entre: la persona de Cristo, el hombre griego, el orden universal romano, y cuyo padre fundacional ha de considerarse al mismo SAN AGUSTIN.

[20] Que ya desde el s. II habían organizado, con figuras como PANTENO y FILON, estudios rigurosos de la Biblia, en confrontación con todos los saberes habidos y por haber (no sin cierta dosis de gnosticismo).

No obstante, será aquí CLEMENTE DE ALEJANDRIA, converso de padres griegos, el fundador de la famosa Escuela catequética de Alejandría, que en sus Pedagogo, Stromata y Exhortaciones fundó la ciencia cristiana en torno a los pilares de: tradición, doctrina, ética.

En efecto, fue un reto personal de Clemente Alejandrino el estudio del logos proteptico:

-como reconocimiento del fin de la vida humana,
-como necesidad para adquirir el verdadero bien.

                adoptando un lenguaje pretencioso y elaborado:

-de carácter declamatorio,
-no desdeñando el estilo retórico contemporáneo,
-acercándose con frecuencia a la poesía
.

[21] Aquí fue donde ORIGENES desarrolló su método alegórico, para encontrar los sentidos ocultos y difíciles de todo, y sacar de ellos sus derivados éticos. Así, en sus Hexapla, Apocatastasis, Contra Celso…, a triple escritura hebrea, aramea y griega, defiende la reducción final de todo a un estado primitivo, y que las figuras de la historia presente ya estaban prefiguradas en otras de la Antigüedad.

[22] Con la idea de hacer frente al maniqueísmo y mitraísmo, muy arraigados en Egipto, y ofrecer así la verdad del único misterio del mundo. Fue positivo este método, no obstante, para hacer distinguir lo que antes se confundía como esotérico y exotérico.

[23] Arzobispo de Milán, SAN AMBROSIO (Tréveris 340-Milan 397) fue consejero de los emperadores GRACIANO, VALENTINIANO y TEODOSIO, y el modelo de príncipe de la Iglesia y hombre de gobierno imperial. Doctor frente a todo tipo de extravíos intelectuales, tuvo SAN AMBROSIO una autoridad natural por encima de los emperadores, sin olvidar su papel de padre de su pueblo y de los necesitados.

Imponiéndose nada más que con su presencia física, también sabía ablandarse ante todas las suplicas y necesidades ajenas, intentando implantar estos principios en la cabeza y alma del Imperio romano. Notables fueron sus escritos De officiis sobre CICERON, Sobre política y fe a petición de GRACIANO, Sobre las vírgenes, Sobre los ministros, el famoso Te Deum

                No obstante, lo más interesante de San Ambrosio fue la concepción historicista que inculco:

-en los emperadores, sobre la supremacía de lo espiritual sobre lo civil,
-en su pupilo San Agustín, joven profesor de Retórica en Milán.

[24] La sacra auctoritas de la que hablará más adelante el papa GELASIO I en su Epístola ad Anastasium Imperatorem-494.

[25] La regia potestas de la que hablará más adelante el papa GELASIO I en su Epístola ad Anastasium Imperatorem-494.

[26] Análisis mal interpretado por la Alta Edad Media, al identificar la caída de Roma con la ciudad del mundo, y a la ciudad de Dios con los nuevos reinos germánicos.

[27] De gran material sobre toda la historia de la humanidad, desde sus orígenes hasta la implantación y disolución del Imperio romano.

Aporta abundantes datos de VARRON, director de la Biblioteca pública de Roma bajo JULIO CESAR, miembro de la facción conservadora y polígrafo de 600 obras.

[28] Consistiendo la scientia en una vía inferior de unión mundo-Iglesia, y la sapientia en una vía superior de unión. La primera se conseguiría por el conocimiento de las cosas mudables, y la segunda por el conocimiento de las eternas.

                Por eso sería peligroso invertir el orden de ambas, y la ciencia debía estar subordinada a la sabiduría. Pues a la sabiduría se llegaba a través de la meditación y contemplación (más propio del reino de Dios), y a la ciencia sólo a través de lo que se ve y siente (más propio del reino del mundo). La primera llevaría al bien supremo, y la segunda a la belleza sensible.

[29] Fundamentado este puente de unión mundo-Dios en el interior humano, en que el objeto supremo de todo hombre es conocer el amor absoluto, y poder ser amado por él.

Pero para llegar a ese puente, había que desprender el alma del apego terrenal: entrando en uno mismo, conociéndose a uno mismo, sin influencia de lo exterior. Es entonces cuando dentro de sí, uno podía encontrar ese puente de lo absoluto, que era Dios y ser amado por Dios.

[30] Como él mismo decía en sus Diálogos, “las hordas salvajes lombardas se precipitaron sobre nosotros, y los hombres fueron cayendo por todas partes, y las ciudades y castillos fueron devastados”.

[31] Larga fue la disputa eclesial en este terreno, mucho más allá de las posibilidades de Gregorio. Aún así, GREGORIO I logró introducir otro título papal, el servum servorum Dei.

[32] Particular y célebre fue el apoyo personal que el papa brindó al obispo DOMICIANO DE ARMENIA, en medio de sus dificultades locales, y cuando no llegaba ayuda desde Bizancio.

[33] El nestorianismo y monofisitismo todavía persistían en Oriente. En Occidente, sin embargo, la herejía nunca fue tolerada por el pueblo (que incluso provocó que el obispo hereje HONORATO tuviese que escapar de su sede de Milán a Génova, y que el mismo papa escribiese a los milaneses para apaciguar los ánimos).

[34] GREGORIO I hizo los mayores esfuerzos por solucionar el cisma de Aquilea, que todavía perduraba en la sede de Grado, donde el obispo SEVERO y sus 3 obispos sufragáneos seguían rebeldes por la cuestión de los 3 capítulos (donde TEODORO DE MOPSUESTIA, TEODORETO DE CIRO e IBAS DE EDESA habían sido condenados por el Concilio de Calcedonia-451, habían sido absueltos por el emperador JUSTINIANO, y se había abierto así una herida cismática sin solución).

[35] Hijo bastardo de LUDOVICO PIO, tenido con la concubina JUDIT DE ALEMANIA.

[36] LEON III había coronado emperador a CARLOMAGNO el año 800, dejando claro así que él era quien tenía las credenciales y primacía sobre el rey franco. El emperador se encargaría del poder temporal (con protección y control sobre la Iglesia temporal), y el papa vigilaría y cuidaría todo lo espiritual (sin más curia que él mismo, pues la Curia Vaticana con sus ministerios… nacería muy lejanamente, en Avignon).

Pero con el sucesor de CARLOMAGNO ya empezó a no ser así (de hecho, fue el propio Carlomagno el que coronó a su propio hijo). Ante LUDOVICO PIO, era el papa el que tenía que pedir favores al emperador, y no al revés. Fue entonces cuando surgió la búsqueda de los mejores aliados, y no de los más cualificados, al servicio del papado y del reino.

[37] Luego la corona imperial vino a estar en manos de una sola persona (LOTARIO), pero como algo pactado democráticamente (y donde el papa vino a entrar también en la lucha de intereses).

[38] Por decisión y donación de CONSTANTINO (año 313), donde el emperador había entregado al papa parte de las credenciales imperiales (credenciales que nunca perderá el papa, en contra de lo que sí hizo el emperador occidental, que las perdió a manos del emperador oriental).

[39] Donación también de CONSTANTINO (año 313) y de futuras adhesiones de reinos y condados bárbaros al papado.

[40] Pues Nápoles, en pugna con Benevento, no había dudado en pedir ayuda a los sarracenos.

[41] No obstante, LOTARIO acudió a Roma y solventó el asunto a favor de SERGIO II.

[42] De ahí la construcción que hizo SERGIO II del castillo de San Ángelo y una nueva muralla defensiva en Roma.

[43] A nivel de re-configurar de nuevo la figura del papa, interna y externamente, sobre su primacía jurídica o no sobre lo demás.

[44] Pues hasta entonces tenían el cargo civil de cónsules romanos, con varias diócesis bajo su jurisdicción, y a especie de “papas” en su territorio (con reconocimiento añadido de cada rey nacional).

[45] Por lo que permaneció varios años excomulgado, hasta el 861, en que fue devuelto a la comunión.

[46] Pues HINCMARO había derogado las ordenaciones sacerdotales de su antecesor, y los sacerdotes habían celebrado por su cuenta un sínodo local para llevar sus conclusiones al papa. El papa restituyó a los ordenados sacerdotalmente, y los obligó a someterse disciplinalmente a Hincmaro.

[47] Cosa que LOTARIO II hizo, casándose con la que le aconsejaba el papa, pero para denunciarla de acostarse con su hermano, y tener así motivo para repudiarla y casarse con la querida. Desterrada ésta a un convento, NICOLAS I se negó a conceder la disolución, y excomulgó a Lotario II poco antes de morir.

[48] Uno en Roma y otro en Rávena.

[49] Como vemos, la decadencia es aquí total, pues los papas iban colocando en el trono a sus propios hijos.

[50] Palabra traída de Simón (lit. el que quiso comprar).

[51] Palabra traída del Apocalipsis, cuando fueron denunciados los sacerdotes nicolaitas (sacerdotes que vivían en concubinato).

[52] Traída de la necesidad de colocar a los hijos en los puestos de la administración. Un dicho antiguo decía que el hijo 1º se dedicaba a la hacienda, el 2º al ejército, y el 3º se metía a monje.

[53] Pues a su rey franco BERENGARIO no podían ni verlo. Por ese motivo  fue por el que la nobleza italiana llamó a OTON I DE ALEMANIA para que les liberase.

[54] A los que concedió numerosos poderes.

[55] De 18 años, para colmo.

[56] El cual volverá armado con su ejército, y recuperará el poder.

[57]  A un sacerdote llamado JUAN GRACIANO, y que acabaría convirtiéndose en GREGORIO VI y el gran ideólogo de la radical II Reforma gregoriana.

[58] HILDEBRANDO como su cerebro intelectual, y PEDRO DAMIANO como el gran separador de los poderes temporal y espiritual (aún colaborando juntos, pero sin intromisiones). A estos dos se les unió el cardenal SILVA CANDIDA, contrario totalmente al Cesaropapismo.

                Entre los tres, fueron consiguiendo que:

-el poder temporal dejara de entrometerse en la vida de la Iglesia,
-la Iglesia fuese totalmente libre para elegir a sus papas.

[59] Pues en ese momento vivían simultáneamente 3 papas: SILVESTRE III, BENEDICTO IX y GREGORIO VI. Aunque, en la práctica, sólo uno era el que ejercía el cargo, con renuncia voluntaria de los otros dos.

[60] Cosa que hizo en el concilio de Sutri-1046, convocado  por su propia cuenta, y donde depuso a GREGORIO VI y encarceló a SILVESTRE III y BENEDICTO IX, eligiendo él mismo a un nuevo papa: CLEMENTE II.

[61] Pues BERENGARIO negaba la presencia real de Cristo en la eucaristía, en contra de lo que afirmaba oficialmente LANFRANCO.

[62] Por primera vez en la historia, pues el Concilio de Elvira-303 no había dejado de ser provincial hispano, aunque sus decretos celibatarios hubiesen sido asumidos por la tradición eclesial.

[63] Siendo:

-1º por parte sólo de los cardenales obispos (o más allegados al papa en Roma, y no por los cardenales presbíteros o cardenales diáconos),
-2º ratificada por parte del resto de obispos universales,
-3º con aprobación del pueblo romano, como obispo de Roma que iba a comenzar a ser.

[64] Nacida el 910 en Borgoña, cuando el abad BERNON le pide a GUILLERMO DE AQUITANIA unas tierras para vivir la regla de SAN BENITO, y éste le concede el terreno de Cluny.

      BERNON, primer abad de Cluny, había sabido imprimir a Cluny:

-el no estar bajo la autoridad civil de ningún poder feudal,
-el depender religiosa y directamente del papa, con toda exención diocesana.

                SAN ODON, segundo abad de Cluny, lograría distanciarse todavía más de la regla benedictina, imponiendo la clausura estricta, la celebración común de la liturgia, y el canto litúrgico.

                SAN ODILON (994-1049), finalmente, hizo de Cluny una orden expansiva y centralizada, teniendo cada regla local que ser refrendada por los reyes locales.

[65] Hasta el Concilio Vaticano II-1965 se citaba también en todas las misas el nombre de los reyes, junto al del papa y del obispo.

[66] Pues antes se compraban estos cargos, y ya el papa no los podía remover.

[67] Aunque paradójicamente, vino a recibir GREGORIO VII en estos comienzos el apoyo del brazo secular.

[68] Gracias al pueblo romano, que se echó encima de los sicarios enviados por ENRIQUE IV DE ALEMANIA para matar al papa, nada más saliera éste de la basílica.

[69] En un ejercicio de pleno poder papal.

[70] Luego todos los súbditos eclesiales y ciudadanos alemanes ya no tenían la obligación de cumplirlas.

[71] Hecho que se produciría en enero de 1077, pues el emperador decidió encaminarse hacia el papa para conseguir la absolución, como un mísero penitente. Llegado a las puertas del castillo papal de Canossa, ENRIQUE IV DE ALEMANIA pasó de rodillas y descalzo 3 días enteros, sin comer y haciendo penitencia. Tras recibir la confesión, GREGORIO VII lo absolvió, aunque su arrepentimiento fuese más político que religioso.

                De hecho, nada más volver a Alemania continuó Enrique IV con la práctica de las investiduras laicas, haciendo que los príncipes alemanes tuviesen que elegir a un nuevo emperador, RODOLFO DE SUABIA, aún a costa de la guerra civil entre ambos partidarios.

                Puesto el papa del lado de Rodolfo, Enrique IV decidió entonces asaltar Roma-1084, y entronizar al anti-papa CLEMENTE III, antiguo obispo de Rávena. Con todo, una coalición de normandos y lombardos consiguió llegar a Italia para apoyar a GREGORIO VII, que recuperó Roma, depuso al anti-papa Clemente III en el Concilio de Salerno-1084, y murió en 1085.

[72] Más conocidos como nuncios.