TARTESSOS

 

Reino misterioso del rey Argantonio,

negociante con los griegos foceos y los fenicios

 


Ruinas de Tartessos, esparcidas en torno a Doñana, y a su capital Hastia Regia (Jerez)

Madrid, 1 diciembre 2018
Manuel Arnaldos, historiador de Mercabá

            El Mediterráneo había sido siempre considerado como un mar inmenso, inexplorado, peligroso e incierto, el centro del mundo y un límite infranqueable para todos sus pueblos costeros.

            Para el mundo oriental el Mediterráneo (mar Amurru, amargo) suponía un reto, un horizonte lleno de enigmas, un desafío lleno de posibilidades. Pero demasiado peligroso para el confort de sus ciudades-estado, que sólo a finales del II milenio a.C. empezaron a plantear iniciativas para adentrarse en sus aguas. Hasta que Fenicia logró conseguirlo, hacia el 1.200 a.C.

            Para el mundo occidental el Mediterráneo suponía la única salida al silencio de sus pueblos y gentes. Una salida peligrosa, pero que permitiría contactar con los pueblos vecinos y movilizar entre sus orillas las mercancías vecinas. Así:

-Egipto destinó una flota a la costa somalí con barcos de 30 remeros, hacia el 2.100 a.C,
-Egipto contactó con su vecina Creta, del rey Minos, hacia el 1.900 a.C,
-la Grecia minoica desarrolló una imponente actividad mercantil por el Egeo, hacia el 1.800 a.C.
-la Grecia micénica amplió su horizonte hacia las costas del Adriático, hacia el 1.400 a.C.
-los pueblos del mar movieron gentes en plena Edad Oscura, e intercambiaron culturas filisteas, cilicias, etruscas...

a) Geografía de Tartessos

            Enclavada en el extremo occidental mediterráneo, y dando ya para el océano Atlántico, Tartessos tuvo en el suroeste de España su área geográfica específica, desde el 1.150 a.C. hasta el 550 a.C. Fueron 600 años en que Tartessos compartió procesos comerciales con los fenicios y griegos, y acabó desarrollando una interesante cultura orientalizante en torno al Coto de Doñana y:

-sus colaterales ríos Tinto y Odiel, en Huelva,
-el gran río central Tarteso, de Sevilla a Cádiz,
-la zona del lago Ligustinus,
-el triángulo urbano Hastia Regia-Onuba-Gadir, es decir Jerez-Huelva-Cádiz.

            Tartessos era la palabra coloquial que los griegos utilizaban para referirse al extremo occidental, antes de que adoptaran el término Iberia a partir del s. V a.C. Y la llamaban así por el nombre de su río principal, según Estrabón. Río que se llamaba Tarteso, que surtía de agua toda la zona y que los primeros romanos llamaron Oleum Flumen (río del aceite), los tardo-romanos llamaron Betis, y finalmente los árabes llamaron Guadalquivir (río Grande).

            Parece ser que contó Tartessos con un centro gravitatorio, hacia el final de la Edad de Bronce y con estructuras palaciegas incluidas. Y que en torno a ese centro aristocrático, se extendía un hábitat comarcal que incluía:

-casas indígenas,
-cercanas explotaciones mineras,
-productos coloniales llegados de los fenicios y griegos,
-primerizas estructuras estatales.

            Según el cronista romano Avieno:

-la comarca de Tartessos se hallaba entre los ríos Ana (Guadiana, extremo izquierdo) e Iberus (Guadalquivir, extremo derecho),
-su capital gravitatoria estaba en torno a la desembocadura del Guadalquivir,
-a lo largo de ambas cuencas se extendían el resto de pueblos tartesios, subiendo hacia el interior de Extremadura.

            No obstante, hoy en día se pone en entredicho la capital tartésica descrita por Avieno. Pues es improbable establecer un gran núcleo urbano en plena desembocadura del Guadalquivir, con sus aguas y cursos tan irregulares. Tras las excavaciones llevadas a cabo, se tiende a situar hoy el centro de Tartessos en Mesas de Asta, la que posteriormente fue Hastia Regia romana y hoy se conoce como Jerez de la Frontera. Allí han sido descubiertas las estructuras de su antigua realeza, y alrededor suyo cierto grado de urbanismo.

            La investigación sigue avanzando hoy día, tratando de recuperar el ecosistema que condicionó aquel tipo de actividades tartésicas, que como veremos a continuación dejaron deslumbrados a los pueblos griegos, fenicios, egipcios y mesopotámicos.

b) Mitología sobre Tartessos

            Ya en la Antigüedad Oriental la comarca de Tartessos había adquirido cierto status mítico reconocido y consensuado, tanto por la cantidad de oro y plata en sus ríos, cuanto por la calidad de sus bueyes (toros y caballos, se supone) y longevidad de sus reyes.

            Para los mesopotámicos, las leyendas vinculadas con este lejano Occidente estaban contenidas en el Ciclo de los Nostoi, regresos de héroes que habían participado en la Guerra de Troya (ca. 1.100 a.C) y a cuyo término vivían diversas aventuras. Según Hiram de Tiro, aquel era también el lugar de donde sus colonos fenicios obtenían la plata, incienso, monos y pavos.

            Para la Biblia hebrea existían ecos que hablaban de una tal Tarsis, en torno a la legendaria Tartessos. Los libros de Crónicas, Ezequiel y Jeremías hablaban de un puerto oriental en Occidente, y el rey Salomón hablaba hacia el 950 a.C de una Tarsis:

-situada en las islas lejanas occidentales,
-llena de naves preparadas para zarpar,
-que exportaba plata,
-con monarcas que ofrecían regalos,
-experta en comerciar riquezas de todo género, como plata, hierro, estaño y plomo.

            Para los griegos, Tartessos era famosa por:

-sus bueyes, según Estesícoro de Himera, del s. VI a.C,
-sus placeres de amor y vino, según Anacreonte de Teos, del s. VI a.C,
-ser lugar de Atlante, lleno de ninfas y con un jardín de manzanas de oro, según el Mito de las Hespérides.

            También era el lugar mítico donde, según la Teogonía de Hesiodo, del s. VII a.C:

-Atlas sostenía la bóveda celeste,
-los manzanos daban frutos de oro,
-el océano engullía héroes para poblar los Campos Elíseos,
-Hércules robó el ganado al gigante Gerión,
-Radamanto había establecido su morada.

            Para los romanos, la Historiarum Philippicarum de Pompeyo Trogo (del s. I a.C) y el Mito de Habis de Justino (del s. II d.C) nos describen una monarquía tartésica compuesta por:

-Gerión, rico y monstruoso, poseedor de bueyes y espadas,
-Norax, fundador de Nora-Cerdeña,
-Gárgoris, introductor de la apicultura y la miel,
-Habis, que ciñó los bueyes al arado y dividió a la población en siete ciudades.

            Sin duda, la enigmática Tartessos fue la referencia occidental más antigua a nivel literario. Minas de plata y reyes míticos daban pie a leyendas y mitos sobre sus enigmas. El lejano Occidente, o país de las Hespérides donde se situaba Tartessos, fue para algunos pueblos de la Antigüedad un territorio de referencia lleno de riquezas y componentes mitológicos.

c) Arqueología de Tartessos

            Antes de que fuese descubierto ningún yacimiento tartésico, ya dos arqueólogos habían inspeccionado el terreno del Coto de Doñana (Huelva), en busca de la mítica y literaria Tartessos.

            George Bonsor realizó la 1ª prospección arqueológica de la zona, y abordó la cuestión de Tartessos llevando sus indagaciones hasta Inglaterra. Allí pudo contrastar allí la veracidad del estaño que había dado fama al bronce tartésico, y que él había descubierto en Doñana.

            Adolf Schulten abordó el estudio a partir de los textos conservados, y de la búsqueda de refrendo a sus interpretaciones. Centró sus estudios en la desembocadura del Guadalquivir, en busca de elementos de conexión con lo descubierto por su compatriota Schliemann en Troya. Descubrió un anillo griego en Cerro del Trigo, y acabó declarando que Tartessos fue la 1ª ciudad del continente europeo, y el 1º centro cultural de Occidente.

            No obstante, todos esos estudios no aportaban más que resultados prospectivos. Hasta que en 1958 fue descubierto en el yacimiento de Camas (Sevilla) un impresionante tesoro lleno de las más ricas joyas tartésicas descubiertas jamás. Fue llamado Tesoro del Carambolo, y estaba lleno de:

-ricos brazaletes cilíndricos de oro,
-hermosos collares con colgantes,
-16 placas rectangulares de oro,
-cientos de joyas del oro más puro,
-figurillas de la diosa Astarté,
-numerosos anades (= patos de oro),
-cerámicas a mano, pertenecientes a la técnica de la Retícula bruñida (pintada, sin torno y con motivos simbólicos).

            El nombre de Tartessos saltó a la arqueología mundial, y empezó a superarse la escasa y particular literatura al respecto. En el Simposio de Jerez-1968 se puso en circulación la receta a seguir, bajo el lema “déjate de Avieno y husmea el terreno”, y empezó a hacerse evidente la polémica entre literatos y arqueólogos de Tartessos.

c.1) Hábitat tartésico

            Ha sido obtenido a través de la estrategia de su poblamiento, la forma de concebir el control de su territorio y la explotación de sus recursos naturales.

            Durante la etapa formativa de Tartessos, las viviendas fueron cabañas circulares de adobe y ramas, y la cocina se almacenaba en toscos tiestos de barro fabricados a mano. Incluso sus recias espadas incluían en una misma pieza la larga hoja y la empuñadura. Tuvo su primera urbe poblacional en San Bartolomé de Almonte (del 950 a.C), con 40 ha de superficie, 35 cabañas y numerosos cobertizos. Y su poblado más exuberante en Tejada la Vieja (Huelva):

-cerca de las minas de Aznalcollar y Riotinto,
-con urbanismo callejero, lleno de calles y avenidas,
-con muralla poligonal, de piedra inferior y adobe superior
,
-con casas rectangulares, enlucidas interiormente en su mayor parte.

            En la época orientalizante, Tartessos avanzó en organización urbanística (con casas de planta rectangular, calles regulares, arquitecturas públicas y muros de aterrazamiento), religiosa (con templos complejos) y comercial (con cerámicas fabricadas a torno, platos, ánforas, alfarería...). Es lo que se desprende del poblado de Cancho Roano (Badajoz), con un santuario del 600 a.C:

-aumentado en varias fases,
-con zócalos totalmente de piedra,
-con fosas profundas,
-con patios ceremoniales y capillas centrales,
-ricos vasos y adornos, en almacenes exteriores.

c.2) Guerreros tartésicos

           Quedaron recogidos en las Estelas de Guerreros tartésicas, aparecidas desde la Baja Andalucía hasta Extremadura, Ciudad Real y Toledo, aunque removidas muchas veces de su lugar originario. Tuvieron un sentido:

-de profunda penetración interior, lo que barrunta afán por controlar las tierras del ambicionado estaño,
-de preocupaciones artísticas escasas, y presentes en sus:

-piedras duras y sin tallar,
-dibujos sencillos de armas,
-elementos abstractos geometrizantes,
-repetición de convencionalismos,
-lenguaje ideográfico,
-mensajes de nitidez comunicativa.

            Sirvieron a los tartesios para remarcar sus territorios (según Galán), y en ellas dejaron plasmados los elementos del grupo o pueblo al que pertenecían esos guerreros (según Gabaldón). Advierten una presunta simplicidad de la sociedad tartésica, y reproducen siempre las 3 mismas armas tartésicas: el escudo circular, la lanza y la espada. Trataron de transmitir a los espectadores:

-la pertenencia a una casta social superior,
-la importancia que tenía el mundo de la guerra,
-la heroización del guerrero remarcado.

             Destacaron:

-la Estela de Solana de Cabañas, llena de lujos (espejos...), armamento (escudos y carro de 2 ruedas) y geometría tartésica (pinturas cuadriculares y sencillas);
-la Estela de Ategua, con guerrero y ajuar, panoplia (escudo, espada y lanza), prothesis (ceremonia ritual), heroización y danza, escudo circular tartésico, biga (carro de 2 ruedas hacia el más allá), enemigo vencido y animales sacrificados.

c.3) Religiosidad tartésica

            Puede ser interpretada tan sólo con escepticismo, dados los pocos y dudosos datos disponibles al respecto, y al contar tan sólo con 3 elementos religiosos tartésicos muy inconexos.

            Por las Estelas de Guerreros suponemos la creencia en el más allá de la muerte. De hecho, las estelas están llenas de compleja ritualidad funeraria, ceremonias, sacrificios personales, heroización del difunto y ritos de danza. Las libaciones de vino, unidas al rito del banquete funerario, podían significar también la aceptación de estas ideas tartésicas sobre la vida en el más allá.

            Por la existencia de armas en los ríos, posibles partes de un botín, se supone la práctica de un sepelio fluvial y dedicaciones votivas a los dioses. En este último punto se puede suponer la vivencia común del politeísmo mediterráneo, con la superioridad de una gran diosa de la vida y la muerte, la diosa Madre:

-alada,
-asociada al disco solar y lunar,
-con culto en una cueva, donde hoy está ubicado el Monasterio Santa María de la Rábida.

            En cuanto a las necrópolis tartésicas descubiertas, se puede hablar del ritual funerario de incineración, por el proceso de cremación sobre piras funerarias, lavado de huesos sobrantes y depósito de cenizas y huesos en urnas funerarias. Se trata de necrópolis en las que:

-abundan tumbas principescas, tanto epogeas como en túmulos de tierra,
-aparecen elementos comerciales fenicios y etruscos,
-no hay betilos (piedras sagradas anicónicas),
-no hay restos de caballos ni armas de guerra,
-siempre hay un material (alma) recubierto con otro material (lámina).

            Es lo que se aprecia en:

-la Necrópolis de La Joya, Huelva, en cuya Tumba 17 de mujer abundan los objetos rituales, pintura, vasijas griegas, ánforas con aceite, thymiaterion (quemaperfume, para dar olor a tumba), jarrito para libaciones y braserillo para calentar el ambiente;
-la Necrópolis de Aliseda, Cáceres, en cuyas tumbas de mujeres están presentes el trío ritual (jarrito, thymiaterion, braserillo), un jarrito de vidrio con cartucho egipcio dentro de él, palangana de oro, joyas colgantes (de oro hueco y con bisagra para amuletos) y un cinturón con filigrana (dibujos pintados con oro) y granulado (relieve de fondo), lleno de dibujos repetitivos de un hombre luchando con un león.

c.4) Escritura tartésica

            Fue la más antigua de la península Ibérica, la base signaria para la posterior escritura ibérica (que se aplicó a la lengua ibérica), y la plasmación escrita de una lengua tartésica diferente y todavía desconocida. Escritura y lengua tartésica que todavía siguen, por tanto, sin descifrar.

            Se trató de una escritura de 20 caracteres signarios diferentes, que se empleó de forma escasa en las cerámicas autóctonas de Doñana, y de forma excepcional en algunas piedras al otro lado del Guadiana, en Almodóvar, Benifrasim y Lagos.

            Lo más probable es que se tratase de una escritura derivada de la escritura fenicia, que había inventado el alfabeto el 1.200 a.C y que había establecido colonias fenicias en Gibraltar el 1.100 a.C, estableciendo desde ellas contactos con Tartessos. Así lo creyó Gómez Moreno, descifrador de la escritura ibérica.

d) Historia de Tartessos

           Tartessos fue el primer estado autóctono y organizado de la Europa extremo-occidental. En efecto, Tartessos aparece como un lugar situado en el extremo occidental, rico en plata y oro. Herodoto narra que los griegos foceos comerciaban con Tartessos y su rey Argantonio, el cual “les ofreció dejar Focea y venirse a vivir a Tartessos”, en el s. VII a.C.

           Tartessos pasó por las fases históricas de:

-etapa del Bronce final, de 1.150 al 950 a.C, indígena y autóctona,
-orientalización fenicia, del 950 al 650 a.C, de comercialización y culturización,
-helenización focea, del 650 al 550 a.C, de esplendor y universalización,
-decadencia y desaparición, hacia el 550 a.C.

d.1) Etapa autóctona

            Se desarrolló en el contexto del proceso de despertar del Mediterráneo occidental, e incremento de la capacidad de acción de las culturas occidentales. Más en concreto, en el contexto del metal atlántico, cuyo bronce había empezado a ser utilizado para armamento humano, y seres humanos dotados de esas armas podían atacar a otros seres humanos.

            Así, el surgimiento del reino de Tartessos estuvo ligado a su posición fronteriza respecto al bronce atlántico, al fenómeno de unión de sus gentes para defenderse mutuamente de las amenazas exteriores. Se trató de una etapa que unió a las gentes de la zona bajo una misma comunidad, con rey propio, adquisición de escritura común, avances en la tecnología metalúrgica e inédita explotación del estaño.

            Contó Tartessos en esta etapa con 2 ingredientes (indigenismo local y opulencia natural), 3 enigmas (oro, miticismo y mundo de muertos) y 4 constantes (economía pesquera, comercio de materias primas, búsqueda de metales preciosos y política monárquica).

            En esta etapa, Tartessos ofrecía además una posición privilegiada fronteriza, que hacía de puente entre los mundos mediterráneo y atlántico, y que pronto los exploradores orientales supieron aprovechar. Numerosas cerámicas micénicas del s. XIII a.C. muestran la importancia de este área de acción, en torno a la desembocadura del Guadalquivir. 

d.1) Etapa orientalizante

            El pueblo fenicio era comerciante y navegante. En no malas embarcaciones, que inundaron de pecios fenicios el Mediterráneo, navegaron los fenicios desde edades tempranísimas a las costas de Chipre y Creta, saltando desde allí hasta Sicilia, bajando hasta Africa y costeando las mismas costas de España.

            De la llegada de los fenicios al Sur español se refiere el mismo Estrabón, que dice incluso que los fenicios poseían lo mejor de Iberia y Libia antes de los tiempos de Homero, así como que a poco de la Guerra de Troya (ca. 1.100 a.C) pasaron las columnas de Hércules (estrecho de Gibraltar) y fundaron ciudades allí y en las costas africanas.

            Está claro que los fenicios buscaban cómo llegar a fuentes de minería, e indudable que sabían dónde ir. La llegada de sus naves a Tartessos fue cuestión de tiempo, y si se establecieron allí es porque allí encontraron lo que iban buscando. Además, Tartessos les permitía proteger por el norte su granero de oro y marfil en Africa, y completarlo con sus nuevos emporios de plata y estaño.

            El impacto cultural fenicio en Tartessos no fue sino un corolario del impacto comercial y mercantil, importante en todas las costas adonde arribó Fenicia. Sobre todo porque el impacto surgió en una comarca donde los autóctonos tartesios ya habían empezado a dar muestras de atesorar bienes, desde el final de la edad de Bronce.

            Los primeros contactos de los navegantes fenicios con Tartessos debieron ocurrir hacia el s. XI a.C, desde la fundación que había hecho la Casa Real de Tiro del emporio fenicio insular de Gadir (Cádiz), el año 1.103 a.C. Sobre todo en la bahía de Doña Blanca, lado continental situado justo en frente de la insular Gadir, y oficialmente en negociaciones tarteso-fenicias desde el 950 a.C. Desde Doña Blanca, quedaría bajo predominio tartesio la parte continental, y bajo predominio fenicio las islas de:

-Kotinusa, zona fenicia religiosa, con los templos de Baal y Melkart,
-Eriteia, zona fenicia urbana, con poblado fenicio y templo de Astarté,
-Antípolis, zona fenicia comercial, llena de puertos, hornos y factorías.

            Todo esto unido por un canal, llamado Bahía-Caleta, que separaría Gadir en dos islas diferentes. Fenicia salvaguardaba Africa, Gadir y el Mediterráneo de las manos tartesias, y Tartessos dictaminaría las factorías fenicias en suelo continental andaluz.

            Tras Doña Blanca, las costas andaluzas fueron pronto llenándose de nuevas factorías tarteso-fenicias, como Toscanos, Morro de Mezquitilla, Chorreras, Sexi, Abdera y Cerro del Villar, todas ellas con el objetivo de garantizar el círculo del Estrecho de Gibraltar. Tras ellas, y en una siguiente oleada de fundaciones que llegó hasta Cartagena (al este) y Extremadura (al norte), los emporios tarteso-fenicios permitían hablar ya de cierto Imperio tartésico, con diversos tipos de liderazgo.

            La estrategia tarteso-fenicia comercial tuvo un doble objetivo:

-intensificar la producción de plata en Tartessos,
-incentivar la producción agrícola en el valle del Guadalquivir.

            Para conseguir este objetivo, la importación fenicia trajo a Tartessos el hierro, su alfabeto, la técnica y la arquitectura (con manzanas de casas separadas por calles y rodeadas por murallas). Lógicamente, de todo ello se beneficiaron los indígenas tartesios, y en todo ello quedaron marcados bajo el sello oriental.

            Este sello trajo consigo 3 elementos culturales mixtos:

-técnica. Los tartesios aprendieron las técnicas orientales fenicias, y con ellas desarrollaron su propia soldadura, granulado, filigrana, laminado y repujado;
-arte y estética. Los tartesios almacenaron, con sus materiales y los adquiridos de los fenicios, depósitos enteros de joyas, oro, marfil y bronce. Y fabricaron por sí mismos, además, estatuas ornamentadas, imágenes de culto, ajuares de diademas, cinturones y flores de loto;
-ideología. El nuevo estilo de vida de los tartesios introdujo en sus comunidades locales, por influjo oriental, nuevos significados espirituales, ideas religiosas, sentidos de la vida y la muerte, y una mayor estratificación social.

            Hacia el 750 a.C, y al margen de las factorías de la costa, empezó a producirse un espectacular desarrollo de la sociedad tartésica en el interior, alcanzando a Ciudad Real, Toledo y Cáceres. Los tartesios empezaron a poner en marcha la explotación de un extenso territorio interior en minería y metalurgia, empezando a multiplicar las fabricaciones de todo tipo de objetos.

            A lo que se unieron las toneladas de lujo llegado del Oriente, que llenaron de joyas y cerámicas el suelo tartésico, y empezaron a crear diferencias entre las clases sociales tartésicas, y a dar muestras de una clase superior sobre el resto de clases inferiores.

            Jarros, pateras, candelabros, armas, adornos, cuarzos, collares, fíbulas, arreos de caballos... inundaron las casas de la alta sociedad tartésica, y llenaron sus alcobas con suntuosos vestidos y prendas inauditas. Los tesoros tartésicos, como los de Aliseda (Cáceres) o Cumas (Sevilla), mostraban ajuares de mujeres de alcurnia. Los poderosos de Tartessos no poseían personas, pero sí los medios de producción y el producto mismo. Y esto les llevó a enfrentarse a sus propios mensajeros fenicios, e incluso a su propio mensaje interno social tartésico.

d.2) Etapa helenizante

            Constituyó la fase de máximo apogeo de la cultura tartésica, gracias a la llegada de los colonos griegos, y a la sustitución que tuvo lugar de éstos por los viejos colonos fenicios, cuya presión demográfica en Tartessos había llegado a crear numerosos conflictos fenicio-tartésicos, encabezados por el rey Therón.

            Todo comenzó en esta etapa hacia el 650 a.C, cuando un navío de Focea, arrastrado por la corriente desde la isla de Samos, arribó según la leyenda en Tartessos, con gran acogida por parte de los naturales y comienzo de relaciones tartesio-foceas. De hecho, marfiles de origen tartésico han sido descubiertos en la isla de Samos y costas de Focea.

            Se trató de una etapa dominada por el rey Argantonio (640-590 a.C), el monarca occidental más conocido de toda la Antigüedad. Probablemente con ciertos topos legendarios (como el de su longevidad, para mostrar su felicidad y prosperidad). Pero conocido por todos como un tirano y comerciante, por ser el rey de la Plata (de hecho, Argantonio significa señor de la plata, y pudo ser su pseudónimo) y por:

-sus contactos con Coleo de Samos,
-sus ofrecimientos de hospitalidad a todos los griegos,
-su pacto exclusivo de primacía con los griegos foceos,
-haber invitado a éstos últimos a establecerse en sus dominios, si eran derrotados (como los fenicios el 590 a.C) por los persas.

            Se trató de un reinado, el de Argantonio, que fue ejemplo de:

-monarquía hereditaria y derecho divino, según Herodoto,
-pacifismo y hospitalidad , para los indígenas hispanos,
-política filo-helénica, para los cronistas romanos.

            En general, se trató de una etapa en que el bronce tartésico, para mejorar su materia prima, empezó a circular entre sus compradores con el sello de calidad de origen tartésico.

            En cuanto a la plata tartésica, ésta se hizo imprescindible para la fijación de precios mediterráneos, una vez que su coaligada Focea inventase la moneda el año 600 a.C. en las costas jonias, y pusiese en circulación el dracma griego. Desarrolló para ello Tartessos la técnica de la toréutica, consistente en moldear y sellar monedas de plata, a través de altas temperaturas y con algo de tecnología (no a base de golpes).

             Los tartesios avanzaron, así mismo, en estructura organizativa, sabiendo distribuir equitativamente los excedentes de los ríos Guadiana y Guadalquivir, cuencas del Riotinto y Aznalcóllar, y otros lugares fluviales del interior y Levante mediterráneo. Y supieron crear rápidamente nuevos emporios comerciales, centralizados en este caso en torno al gigante y nuevo emporio comercial de Spal (Hispalis).

            Surgió así la plataforma del futuro mundo ibérico. Pues la impronta orientalizante dejada por los fenicios en Tartessos, puesta en marcha por los tartesios a la llegada de la cultura griega traída por los foceos... originó en el Mediterráneo bético una cultura hispánica que empezó a sentirse ya a nivel mundial (en las damas de Baza, esculturas de Porcuna...), y que quedó plasmada pocos años después en la imagen por excelencia de la España antigua: la Dama de Elche, mujer hispánica de enigmático rostro, adornada con todo tipo de joyas inusuales, y que hoy descansa en su Museo Arqueológico de Madrid.

            Lejos quedó ya aquella mítica civilización tartésica, hundida como se verá como una Atlántida, y que al hundirse dejó paso a otra civilización más real: la civilización ibérica.

d.3) Etapa final

            Tuvo lugar hacia el 550 a.C, cuando inexplicablemente Tartessos entró en crisis, y desapareció 10 años después:

-coincidiendo con la Caída de Focea-546 a.C, a mano de los persas,
-coincidiendo con el Bloqueo del Mediterráneo Occidental-545 a.C, por parte de una Cartago que cerró el nudo Túnez-Sicilia y aseguró así sus colonias insulares de manos de los persas.

            Se trató de una desaparición total de la estructura tartésica, pues a la caída brutal del 540 a.C. se unió que en los años posteriores:

-llegaron los cartagineses a la zona, con planes de implantación y no coaligación,
-se agotaron las existencias de la minas de Aznalcollar y Riotinto,
-no volvieron a venir los viejos colonizadores fenicios, pues Tiro había sido destruida el 580 a.C. por parte de los persas,
-no volvieron a venir los nuevos colonizadores griegos, pues hasta el 490 a.C. estuvieron inmersos en las Guerras Médicas contra los persas.

            El detonante fue la emigración de colonos extranjeros, que fueron reclamados por sus metrópolis para el reclutamiento militar. Por otra parte, el control cartaginés de Aníbal sobre la zona, y sus torres de vigilancia en todos los pasos fronterizos de Sierra Morena, provocó que la emigración tartésica no sobrepasara los límites del sur.

            Así, al no poder salir la población tartésica de sus deprimidas comarcas, algunas de sus antiguas factorías (Cádiz, Málaga, Sevilla, Huelva, Jerez...) evolucionaron no económicamente pero sí demográficamente, hasta convertirse en auténticas ciudades.

Madrid, 1 diciembre 2018
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