Mujeres trabajadoras

 

    Vivimos en una sociedad globalizada en que la productividad es lo único que cuenta, por lo que muchas veces la autoestima se baja a los suelos y emocionalmente nos percibimos como no valiosas. Si sólo trabajamos en casa, barrer, planchar, lavar, sacudir y cocinar se vuelven actividades que agotan el cuerpo  y nos llevan a la monotonía y al sinsentido. Creemos que sólo trabajando en algo que produce dinero seremos valiosas.

    Sin embargo, si además trabajamos fuera del hogar y sí ingresamos dinero, el agotamiento de la doble jornada (casa, empleo) nos obliga a un ritmo de vida en el que no tenemos tiempo para nosotras mismas, para descansar, para pensar...

    Si, para colmo, nos dejamos llevar por la publicidad, ya sea de televisión o revistas, nos percibimos como no valiosas al confrontarnos con el ideal de felicidad y belleza: cuerpos esculturales, juventud  radiante, autos, ropa, joyas.

    La depresión es el mal de nuestra época, y somos las mujeres las que más la padecemos, pero tenemos que buscar una salida.

    Así que, cuando el ánimo decae, cuando en ocasiones  pareciera desvanecerse el sentido de nuestra propia existencia, buscar la respuesta en el silencio de nuestro propio corazón es el mejor camino.

    En el recogimiento nos redescubrimos y, sobre todo, podemos encontrar a Dios, que con su profundo amor ilumina nuestras vidas y guía nuestros pasos, y con su mirada amorosa nos reconforta.

    Si aprendemos a mirar la vida con ojos de eternidad, si vamos tomando conciencia de que cada uno de nuestros actos en la vida tienen un propósito, seguramente recuperaremos el sentido, la brújula y el ánimo.

    Tomemos conciencia de que una sola sonrisa brindada a alguien triste y solitario, incluso a algún desconocido en la calle,  puede dejar una huella en su corazón. Una palabra de aliento, una caricia, un rato de escucha atenta, son capaces de cambiar el sentido de la vida de quienes nos rodean y, como por arte de magia, el nuestro.

    El mundo actual busca frenéticamente elaborar productos y más productos que son caducos, desechables, la mayoría de las veces inútiles y de los cuales al cabo de unos años no tendremos el menor recuerdo.

    En cambio, todos los “productos” humanos, todo lo que sale del corazón humano, todos aquellos que se elaboran con paciencia, amor, caridad, fe, ternura…, todos ellos tienen una permanencia eterna, jamás desaparecerán.

    En este mes de mayo, mes de la mamá y de la maestra, les propongo que reencontremos el sentido de nuestras vidas volviéndonos creadoras (co-creadoras) de una mejor forma de vida; que nos convirtamos en constructoras de la civilización del amor, dejando diariamente una huella, que se conservará por toda la eternidad.

 

YUSI CERVANTES, Querétaro, México

 Act: 25/01/18   @noticias del mundo           E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A