8 de Enero

Día 8 de Enero

Equipo de Liturgia
Mercabá, 8 enero 2026

1 Jn 4, 7-10

         "Dios es amor". Ésta es la afirmación más profunda y consoladora de la Carta I de Juan. Dios nos ha amado, y en esto se ha manifestado su amor: en que nos ha enviado a su Hijo, como Salvador de todos. Todo lo demás es consecuencia y respuesta, porque lo que insistentemente repite la carta es siempre lo mismo: "Amémonos unos a otros". Porque todos somos hijos de ese Dios que ama, y por tanto hermanos los unos de los otros.

         Se suceden de nuevo los verbos más típicos de Juan: nacer de Dios, conocer a Dios, vivir en el amor. El programa que nos da la carta de Juan es sencillo de decir y difícil de cumplir: amémonos los unos a los otros, porque todos somos nacidos de Dios, y Dios es amor.

         Una vez más, en estos días últimos de la Navidad y primeros del año, se nos pone delante, como en un espejo, el modelo del amor de Dios, para que lo imitemos. Nunca mejor que en la Navidad se nos puede recordar el amor de Dios que nos ha enviado a su Hijo. Y se nos avisa: "quien no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor".

         ¿Creemos de veras en el amor de Dios? ¿Nos dejamos envolver por él, le dejamos que cambie nuestra existencia? ¿Hemos aprendido la lección que él ha querido enseñarnos, el amor fraterno? Es inútil que creamos que ha sido una buena celebración de la Navidad, si no hemos progresado en nuestra actitud de cercanía y amabilidad con las demás personas. Lo que creemos, y lo que hemos celebrado, no se puede quedar en teoría: compromete nuestra manera de vivir.

José Aldazábal

*  *  *

         "Queridos míos, amémonos unos a otros", nos recuerda una vez más hoy Juan, que elabora en torno a ello todo un programa eclesial, familiar, social y laboral. En definitiva, todo un programa para la humanidad, porque el amor es de Dios, y todos los que aman "son hijos de Dios y conocen a Dios". Y además, porque "quien no ama no conoce a Dios", porque "Dios es amor".

         Se trata de un texto de insondable profundidad, que hay que escuchar en silencio, repetir y tratar de expresar con palabras nuestras. Todo el que ama es como una parcela de Dios, una parte del Amor, porque Dios es amor. Y todo acto de amor "viene de Dios", tiene su fuente u origen en el corazón de Dios. Porque Dios puede ser contemplado en el amor de:

-una madre que ama a su hijito, y de un niño que ama a sus padres,
-un prometido a su prometida, y de un esposo a su esposa,
-un hombre que se desvela por sus camaradas de trabajo,
-un trabajador que pone su oficio al servicio de sus compatriotas.

         Dios está en el origen de todas esas actitudes. ¿Y en mi vida? Lo contesta el apóstol Juan: "En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene, en que envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él".

         Dios no se ha quedado en las generalidades o en hermosas declaraciones. Sino que Dios ha manifestado, concretado y probado su amor. Dios ha encarnado su amor, y ha dado su Hijo al mundo. Jesús es el amor de Dios por el mundo. Es el Hijo único, entregado, único, no guardado para sí, sino dado. Éste es el amor, que existe no porque nosotros amáramos a Dios, sino porque él nos amó a nosotros.

         El apóstol Juan insiste siempre en esta iniciativa divina, en que Dios no nos ha esperado, sino que ha tomado la iniciativa (de amarnos) antes incluso de conocer cómo responderíamos (a ese amor). La experiencia del pecado tiene una misteriosa ventaja: que el pecador sabe que es esperado y amado. Aun en los momentos en que el hombre no piensa en Dios ni ama a Dios, Dios no cesa de pensar en él y de amarlo.

         Se trata de la gratuidad total del amor divino, que no está condicionado a una respuesta positiva, ni es algo banal o de broma. Fue un amor "hasta el derramamiento de sangre". Cristo se sacrificó por nosotros, y se victimó por mis pecados. Jesús se sacrificó por mí porque me ama, hasta el punto de renunciar a su propia vida "para que yo viva". ¿Y yo?

Noel Quesson

 Act: 08/01/26     @tiempo de navidad         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A