12 de Marzo
Jueves III de Cuaresma
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 12 marzo 2026
Jer 7, 23-28
Escuchamos hoy en la 1ª lectura una requisitoria de Dios contra su pueblo, lanzada por boca de Jeremías. En el texto, Dios se ofrece al pueblo como su Padre, pero el pueblo no escucha su voz. El profeta comunica el mensaje, pero queda desengañado porque lo desprecian. Dios aguarda con paciencia, pero el profeta, como hombre que es, casi pierde la paciencia, porque es inútil hablar más. ¡Misterioso designio de ser hijos de Dios, pero pobres hombres!
El corazón del pueblo elegido está herido, dividido y carcomido por los bajos intereses, y los oráculos del profeta son tan duros que pueden dejar mal sabor de boca. Pero conviene recordar que se producen en tiempos de un rey (Joaquín I de Judá, penúltimo rey judío) en que había muchos "oídos sordos" a la voz de Dios, y mucha corrupción de corazones, sentimientos, justicia, religión y piedad.
Por eso Jeremías, profeta al que podemos ver como a una prefiguración de Jesús, lucha por desvelar esas interioridades hipócritas de personas autosuficientes. Unas interioridades que no se atienen a la verdad revelada por Dios, que contradicen con hechos las buenas palabras y que, bajo capa de fidelidades rituales, se "tragan sapos y mosquitos", así como injusticias grandes y pequeñas que afean cualquier rostro humano.
José A. Martínez
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El profeta Jeremías clama contra la incredulidad de sus contemporáneos, que no escuchan la voz de Dios y su insistencia a mantener plenamente la Alianza, entre él y su pueblo. No obstante, la actuación del profeta será, una vez más, inútil. Por eso, la ruina de la nación es inminente, y tan sólo un resto que permanece fiel se salvará, por la bondad de Dios.
El gran pecado de Israel fue cerrar sus oídos a la palabra del Señor, un peligro siempre y en todas las épocas latente. Por eso, el Salmo 90 de hoy nos advierte:
"Ojalá escuchéis hoy su voz; no endurezcáis vuestro corazón. Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, vitoreándolo al son de instrumentos. Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, Creador nuestro. Porque él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto, cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras".
El tiempo cuaresmal es un buen momento para reflexionar y corregir nuestras infidelidades con respecto a Dios y a su mensaje de salvación. Pues allí donde vive y obra el verdadero espíritu, afluye al alma (a raudales) la vida divina de la gracia, de las virtudes y de las buenas obras.
Manuel Garrido
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Escuchamos hoy una queja amarga de Dios, por medio del profeta Jeremías. Una queja contra su pueblo Israel porque no cumple la Alianza que había pactado: "No escucharon, caminaban según sus ideas y me daban la espalda".
Y así, es inútil que se sucedan los profetas enviados por Dios: "Ya puedes repetirles este discurso, que no te escucharán, pues la sinceridad se ha perdido". Se trata de una acusación que clama al cielo: "Aquí está la gente que no escuchó la voz del Señor su Dios".
El Dios que intima con su profeta, ha de confesarle su desánimo por un pueblo que rehúsa su amistad. Es el amargo reproche del Dios de la Alianza, que ha obrado misericordia, justicia y derecho sobre la tierra, y que se ve abandonado por su pueblo, a pesar de todos sus esfuerzos por hacerse escuchar.
Contra los que se quejan Dios en el AT, son precisamente los del pueblo elegido, los que oficialmente se consideran los mejores. Pero se ve que eso mismo, de alguna manera, les inmuniza contra lo que diga Jesús y no saben escuchar la voz de Dios.
José Aldazábal
Act:
12/03/26
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