20 de Abril
Lunes III de Pascua
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 20 abril 2026
Hch 6, 8-15
Esteban era un joven "lleno de gracia y de fuerza", y uno de aquellos primeros diáconos (lit. servidores, en griego) elegidos por los apóstoles para el servicio de las mesas (altares), durante las comidas comunitarias (eucaristías) que reunían a los cristianos. Y algunos de la sinagoga judía, por ello, discuten con Esteban, pero no pueden resistir a su sabiduría y al Espíritu con que hablaba.
Esteban es el hombre de la discusión audaz (que no teme predicar a Cristo aún fuera del círculo de los primeros cristianos) y fogoso (que planta cara a los adversarios). Y por su condición de extranjero, se dirige especialmente a esos "judíos de lengua griega", provenientes del mundo helénico y cuya lengua griega él conoce y habla.
Sobre todo, Esteban sabe que el universo no se reduce a Jerusalén, y que en todas partes hay hombres que esperan la salvación, y que la Iglesia no ha de quedar reducida a un gueto judío, en medio del mundo. Así, mientras Pedro y Juan continúan yendo regularmente al templo judío, Esteban decide atacar.
Entonces, nos sigue diciendo el relato, los judíos fueron a las autoridades y les dijeron: "Hemos oído a éste pronunciar palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios. No para de hablar en contra de este lugar santo y de la ley. Y le hemos oído decir que Jesús el Nazareno destruiría este lugar, y cambiaría las costumbres que Moisés nos ha transmitido". Está muy claro. Se le acusa a Esteban de subversión, de innovar y cambiar los usos. No obstante, en el fondo está la envidia judía.
Se capta, aquí, en lo vivo, el paso del judaísmo al cristianismo. En efecto, Esteban no hace sino repetir las palabras de Jesús ("destruid este templo, y en tres días lo reedificaré"), pero lo hace sabiendo que ese templo (del que hablaba Jesús) no era el de Jerusalén sino el de Dios, el lugar donde Dios habita y no una construcción de piedra en lo alto de una colina. En efecto, había comprendido Esteban que "donde quiera que haya un creyente, allí estoy Yo en medio de ellos", y que hay que "ir a él, y hacer morada en él".
Esteban ha comprendido también que lo que salva al hombre no es la ley de Moisés, sino la fe en Cristo. Y esto a los judíos resultó insoportable, no aguantándolo más y decidiendo matarlo a pedradas. Por su causa (la de Esteban), la Iglesia va a empezar a ser perseguida en serio, y va a ser expulsada de Jerusalén. Pero ¡poco importa!, pues gracias a la audacia misionera de Esteban, la Iglesia se verá, por fin, obligada a dirigirse al mundo, y a salir a predicar a los gentiles.
Noel Quesson
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El texto de hoy de los Hechos se dedica a exaltar la figura y obra de Esteban (protomártir de la Iglesia), en el desarrollo del cristianismo primitivo. Las secciones de Hch 6,8-15 y Hch 7,54-60 resumen la situación: la oposición que contra él tienen los judíos helenizantes de la diáspora, la detención y las acusaciones ante el Sanedrín, y su martirio a pedradas.
Y todo ello, con el largo discurso de defensa de Esteban (Hch 7, 2-53), del cual únicamente han sido reproducidos aquí los pasajes finales y más polémicos (vv.44-53). A la luz de estos textos, leídos teniendo en cuenta su contexto bíblico más amplio, querríamos poner de relieve un par de rasgos de la figura de Esteban.
Ante todo conviene decir que dentro de la dinámica redaccional de Hechos, el diácono Esteban surge aquí como el iniciador formal de la ruptura y liberación de la Iglesia de los moldes del judaísmo. Aparece como el más ilustre del grupo de los Siete y cabeza visible del movimiento de los helenistas, que en Hch 1,1 se nos presentan en confrontación con los hebreos.
Los hebreos querían vivir un cristianismo dentro del marco de la ley y del templo de Jerusalén, mientras que los helenistas tomaban actitudes más liberales respecto a la una y al otro. Esta actitud relativizaba el judaísmo y le arrebataba su identidad. Por eso los judíos de la diáspora helenista, que sería el área normal de la misión de Esteban, reaccionan con fanática hostilidad contra él (Hch 6, 8-10).
También resultan sintomáticas las acusaciones que los judíos le hacen, de decir "palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios" (Hch 6, 11), de proferir "palabras contra el lugar santo y la ley" (Hch 6, 13) y de decir "que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar y cambiará las tradiciones" (Hch 6, 14). Como se ve, en los judíos no hay hechos sino palabras.
No obstante, Esteban no se queda en las palabras, y pasa a los hechos en forma de contraataque inesperado. Pues les demuestra que la sustitución de la Tienda de la Alianza (el modelo dado por Dios) por el Templo de Jerusalén (la construcción hecha por manos humanas) es la imitación pagana, y repetición idolátrica, del desierto en el Exodo (Hch 7, 44-50).
Para Esteban, el cristianismo era un vino nuevo que se había de echar en odres nuevos (Mc 2, 22). Una actitud que se tiene que tener en cuenta, en las grandes encrucijadas de la historia. Esteban es el 1º que sella con su sangre el cambio liberador que Jesús introduce en el mundo.
Fernando Casal
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El discurso de Esteban delante del Sanedrín judío es un resumen de la historia de la salvación, y podría muy bien considerarse un cántico de acción de gracias, más que discurso o confesión gozosa (que también lo son). De hecho, repite el cronista que "su rostro parecía el de un ángel" (Hch 6, 15; 7, 55). Escuchemos hoy la 1ª parte de dicho discurso (Hch 7, 1-16), sobre la historia de Abraham y José (Gn 12-50)
La predicación de Esteban, en efecto, comienza afirmando la iniciativa de Dios en la historia de salvación, de forma firme e irrevocable: "¡Sal!". Desde un principio, Abraham es el caudillo del pueblo de Dios, y a él se le comunica la salida, la separación, la esclavitud, la liberación y la entrada en la tierra de posesión. A continuación, Esteban aborda el mensaje del patriarca José, que fue vendido por sus hermanos, al igual que Cristo fue vendido por los judíos (Hch 10,38).
La 3ª parte del discurso de Esteban toca un tema tan importante para sus oyentes como era la institución del 1º Templo de Jerusalén, en íntima relación con David y Salomón (los cuales construyeron un templo terreno de acuerdo al modelo espiritual recibido en el desierto).
E introduce, de nuevo, un elemento de ataque: "El Altísimo no habita en edificios construidos por mano de hombre" (v.48), poniendo el énfasis en lo de "construido por mano de hombre" (que en la Biblia siempre se aplica a los falsos ídolos). En este sentido, les critica Esteban que han convertido su templo (el de Jerusalén) en un ídolo pagano, citando para ello a Is 66,1 (texto muy familiar y recurrente para el NT, por su espiritualidad cultual).
A partir de este momento, Esteban entra en la última parte de su discurso (vv.51-53) con un ataque directo al ya poco dócil auditorio: opuestos siempre al Espíritu por el hecho de no convertirse, perseguidores y asesinos de profetas y no cumplidores de la ley. Nada peor se podría decir a un grupo religioso judío.
El desenlace es el martirio de Esteban (vv.54-60), precedido de su transfiguración donde declara que ve "al Hijo del hombre a la derecha de Dios" (Mt 26, 64). Sus últimas palabras son también semejantes a las de Jesús: "Recibe mi espíritu, y no les tomes en cuenta este pecado" (vv.59-60). Así termina la misión en Jerusalén, la 2ª parte del libro de los Hechos (Hch 2, 14-8, 3).
Es significativo que la última persecución judía contra los primeros seguidores de Jesús tenga como trasfondo el Templo de Jerusalén. El autor de la carta a los Hebreos forjará de esto un nuevo pensamiento cristiano: "Cristo no entró en un santuario hecho por mano de hombre sino en el mismo cielo, para presentarse ahora ante Dios en favor nuestro" (Heb 9, 24). La mayoría de las instituciones de Israel tomarán en el cristianismo un aspecto simbólico relacionado con el mundo existencial interior o con el mundo inefable del Cristo glorificado y del más allá.
Con esta 3ª persecución, que incluye la muerte de Esteban, se abre un nuevo período para la Iglesia: la dispersión, el alejamiento de la cuna del judaísmo (Jerusalén) y el inicio de una nueva era de apertura y experiencias diferentes, que comienza con la evangelización de la Judea litoral y Samaria.
Oriol Colomer
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En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, "realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo". Entonces unos cuantos de la Sinagoga de los Libertos se pusieron a discutir con él, pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Ellos indujeron a algunos a que asegurasen: "Le hemos oído palabras blasfemas". Así alborotaron al pueblo, a los senadores y a los letrados. Y éstos, por sorpresa, agarraron a Esteban y lo condujeron al Consejo judío, presentando testigos falsos que decían: "Este individuo no para de hablar contra el templo y la ley".
La posición radical de Esteban en lo tocante a la ley y al templo recrudecerá la persecución, en especial en contra de los Siete (los diáconos). Se van a repetir las mismas acusaciones que se emplearon contra Jesús, en un claro paralelismo con su Pasión, demostrado hasta en el empleo de las mismas palabras. Y de nuevo Dios va a demostrar su fuerza en los que elige.
El rostro de Esteban "parecía como el de un ángel", nos dice el cronista. Y muy pronto, como era de esperar, los comentaristas empezaron a entrelazar semejanzas con Moisés al bajar del monte. Entre ellos San Juan Crisóstomo, que dice:
"Esteban era la gracia, era la gloria de Moisés. Me parece que Dios le había revestido de este resplandor porque quizá tenía algo que decir y para atemorizarlos con su propio aspecto. Pues es posible, muy posible, que las figuras llenas de gracia celestial sean amables a los ojos de los amigos y terribles ante los adversarios" (Homilía sobre Hechos de los Apóstoles, 15).
Acertadamente cantamos hoy el Salmo 118, en algunos de sus versos, pues encaja perfectamente en todo lo referente a Esteban. Una señal de que hemos resucitado con Cristo es nuestra vida intachable. Renacidos en Cristo por el Espíritu, fortalecidos por el pan que ha bajado del Cielo y permanece por siempre, cumplimos la voluntad del Padre:
"Dichoso el que camina con vida intachable. Aunque los nobles se sientan a murmurar de mí, tu siervo medita tus leyes; tus preceptos son mi delicia, tus decretos son mis consejeros. Te expliqué mi camino y me escuchaste; enséñame tus leyes; instrúyeme en el camino de tus decretos, y meditaré tus maravillas. Apártame del camino falso, y dame la gracia de tu voluntad; escogí el camino verdadero, deseé tus mandamientos".
Manuel Garrido
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No sólo los apóstoles fueron protagonistas en la primera comunidad: hoy aparece uno de los diáconos recién ordenados (Esteban), dando testimonio de Cristo ante el pueblo y las autoridades, con la misma valentía y lucidez que Pedro y los demás apóstoles. El libro de los Hechos da a este diácono (Esteban) mucha importancia, dedicándole los cap. 6 y 7 y realtando que fue el 1º mártir cristiano, y su fiesta la celebramos el 26 de diciembre, en el ambiente navideño.
Su manera de pensar y de hablar excitaba los ánimos incluso de los judíos libertos, que se llamaban así porque después de haber sido llevados como esclavos fuera de Israel, habían sido liberados y devueltos, y habían vuelto a Jerusalén con un talante más abierto que los judíos autóctonos de Jerusalén. Por eso tenían sinagoga propia.
Pero aún a ellos les resulta inadmisible que Esteban, lleno del Espíritu, les muestre con su elocuencia cómo Jesús, el Resucitado, ha superado la ley y el yemplo, y que sólo en él está la salvación. Por eso le acusan: "Éste habla contra el templo y contra las tradiciones que hemos recibido de Moisés". Se cumple una vez más el anuncio que hizo Jesús a sus discípulos: cuando fueran llevados ante los tribunales, el Espíritu les sugeriría qué tenían que decir.
Sin necesidad de que seamos apóstoles o diáconos en la comunidad cristiana, todos somos invitados a dar testimonio de Cristo. Probablemente no tendremos ocasión de pronunciar discursos elocuentes ante las autoridades o las multitudes. Nuestra vida es el mejor testimonio y el más elocuente discurso, si se conforma a Cristo Jesús, si de veras "rechazamos lo que es indigno del nombre cristiano y cumplimos lo que en él se significa" (oración del día).
José Aldazábal
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De los 7 varones elegidos por la comunidad, y encargados por los apóstoles de la administración, sobresale Esteban, que por la imposición de las manos ha quedado lleno de la gracia y del poder de Dios. Hace milagros ("prodigios y signos", dice literalmente el texto) entre el pueblo, y seguramente aprovecha la oportunidad para anunciar la resurrección, sacando de este acontecimiento las consecuencias evidentes. Esto debe suponerse a partir de las acusaciones que más tarde se le hacen.
Entonces, nos dice el cronista, los miembros de una sinagoga (la de los judíos helenistas) discuten con Esteban, estrellándose contra su sabiduría y entusiasmo. Son judíos abiertos a las corrientes del pensamiento helenista de la época, y hasta se nos dicen sus lugares de origen: Cirene (actual Libia), Alejandría (la gran capital cultural del s. I), Cilicia (costa sur de Turquía) y Asia Menor (actual Anatolia turca).
No pudiendo con su elocuencia, dichos judíos libertos suscitan un motín contra Esteban, contratan testigos falsos y lo hacen comparecer ante el Sanedrín. Esteban sabrá estar allí como estuvo Jesús, como han estado los apóstoles: lleno de valentía y de la fuerza y la sabiduría del Espíritu, por eso su rostro les parece el de un ángel.
A Esteban se le acusa de blasfemia (de insultar a Dios, o de usar su nombre en vano), de hablar contra el templo (inspirándose en la predicación de Jesús de Nazaret) y de poner en tela de juicio las normas de la ley (las de Moisés, que para los judíos eran intangibles).
Se va abriendo así, cada vez más, la brecha que terminará distinguiendo netamente entre judaísmo y cristianismo. Y el Templo de Jerusalén, que al principio siguió siendo frecuentado por los apóstoles, va a ir perdiendo su condición de único lugar de culto, pues como replicará Esteban, el culto al Resucitado ha de hacerse "en espíritu y en verdad", y en este sentido hasta la ley de Moisés ha quedado relativizada, respecto de la resurrección de Jesús.
Ya Jesús había anunciado a sus discípulos lo que estaba sucediendo con Esteban: que serían llevados a las sinagogas para ser juzgados, y que tendrían que comparecer ante los jueces y los tribunales por dar testimonio de él (Mt 10,16-33; Mc 13,9-13; Lc 21,12-19; Jn 15,18-21; 16,1-4). Pero Esteban no se arredra, sino que aprovecha la oportunidad y pasa al ataque, denunciando la dureza de los sanedritas ante la exaltación de Jesús.
El destino de Esteban ha sido el de muchísimos cristianos a lo largo de los siglos y hasta nuestros días. Testimoniar la resurrección de Jesús como la definitiva acción salvadora de Dios, que vuelve por la justicia y el derecho de todos los torturados y crucificados de la historia, sigue siendo un deber para nosotros. Tenemos que pedir la gracia y el poder que Dios otorgó a Esteban para que también nosotros seamos capaces de comparecer ante quien quiera pedir cuenta o razón de nuestra fe.
Confederación Internacional Claretiana
Act:
20/04/26
@tiempo
de pascua
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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