19 de Enero

Lunes II Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 19 enero 2026

1 Sam 15, 16-23

         Asistimos hoy al drama de la reprobación del rey Saúl I de Israel, aquel joven valiente y buen mozo que había sido elegido de Dios, y se había convertido en el 1º ungido del Señor. Un fracaso sobre el que hay 2 posibles explicaciones: la de hoy y la del cap. 13. No obstante, las dos parecerán insuficientes al lector moderno.

         La 1ª versión (1Sm 13) culpa a Saúl por haberse atrevido a ofrecer el holocausto sin esperar a que lo hiciera Samuel (falta ritual), desobedeciendo así las normas de Dios. No obstante, menciona dicha tradición unas circunstancias que hacen más explicable su conducta: había esperado 7 días la llegada de Samuel, mientras el ejército se le dispersaba y los filisteos amenazaban atacar. Sin embargo, Samuel se disgusta enormemente, y le dice que por haber desobedecido, Dios ya ha buscado "un hombre a su gusto", que le sustituirá.

         La 2ª versión (1Sm 15) es la que nos ofrece el texto de hoy, y culpa a Saúl no por no haber cumplido estrictamente la Ley del Anatema. Se trataba de una ley ajustada a la guerra sagrada, de acuerdo con la cual había que exterminar a todos los hombres y ganado del bando vencido. También aquí hay atenuantes, pues Saúl había reservado las mejores reses para sacrificarlas a Dios en el Santuario de Guilgal.

         Pero ahora digo yo: una infracción litúrgica, o la poca rapidez en el exterminio de los enemigos, ¿pueden ser causa suficiente para perder el favor de Dios, de tal manera que ni reconociendo la culpa y pidiendo perdón (vv.24-29) pueda Saúl recuperarlo?

         Ante el hecho histórico del trágico final de Saúl, los autores sagrados sienten la necesidad de dejar muy claro que no se trataba de un fracaso de Dios, sino del hombre. Por otra parte, como dice San Agustín, "Dios no nos abandona si no le abandonamos". Por consiguiente, lo que debió ocurrir fue alguna grave infidelidad por parte de Saúl, para que Dios y el profeta le retiraran tan pronto su favor.

         En definitiva, los autores sagrados escudriñan los recuerdos históricos y hallan solamente esas 2 infracciones, que a nuestro parecer no son graves. Pero no podemos afirmar que no hubiera habido otras infracciones de Saúl, no conocidas por el populacho.

         Pero mejor que querer averiguar cuál fue históricamente la falta de Saúl (pues cada persona es un misterio), el mensaje religioso y también histórico de este fragmento hay que buscarlo en otra dirección. Al escribir este relato, algunos siglos después de sucedidos los hechos, el conflicto entre Samuel y Saúl se había convertido en paradigma de tensión entre monarcas y profetas, tanto en el reino de Judá (con Isaías ante Acaz I y Ezequías I) como en el reino del Norte (con Elías y Acab I, Amós y Jeroboán II).

         La historia del fracaso de Saúl sirvió para recordar siempre a los reyes de Israel que Dios es el que da la realeza (porque quiere) y la quita (cuando quiere), y que hay que obedecerle a él y a sus enviados (los profetas). En caso contrario, la liturgia oficial no es grata a Dios: "Obedecer vale más que un sacrificio" (v.22).

Hilari Raguer

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         Llevamos ya una semana con la lectura del libro I de Samuel, sobre situaciones muy antiguas y muy diferentes de las nuestras, con una rareza que nos invita a no detenernos en los detalles concretos y en ir a lo esencial, descubriendo las profundas significaciones aún en medio de la ambigüedad de los comportamientos y de los principios morales.

         En la época del rey Saúl regía un principio moral reconocido por todos los pueblos: terminada una guerra santa, el pueblo vencedor juraba el exterminio total del pueblo vencido (hombres, mujeres, niños y ganado). Y eso era considerado como un homenaje a Dios, que es el que había otorgado la victoria.

         Nos horrorizan tales principios, pero eso no evita que tales hechos sucediesen. Por otra parte, lo que más nos sorprende es que Dios comulgue con esa costumbre de los hombres, pues es como si él reconociera la conciencia de estos hombres (en pleno proceso de evolución) y la atemporalizara.

         El profeta Samuel reprocha a Saúl haber salvado a una parte de los enemigos. Quizás Saúl experimentó sentimientos de piedad, o quizás creyó mejor "ofrecer a Dios el ganado del botín, en sacrificio cultual" (antes que destruirlo en un anatema estéril). Pero lo que contaba era hacer la voluntad de Dios, pues "¿acaso se complace el Señor en los holocaustos y sacrificios tanto como en la obediencia a la palabra de Dios?". Mejor es la obediencia que el sacrificio. Obedecer es más importante que ofrecer un culto.

         Esto es siempre actual, y en la ambigüedad de las evoluciones morales (donde se mezcla el bien y el mal), es preciso ir a lo esencial: estar a la búsqueda constante de la voluntad de Dios. Jesús repitió frases semejantes: "Es el amor lo que deseo y no el sacrificio" (Mt 8, 13). Siguiendo a todos los profetas, Jesús insistió varias veces sobre la necesidad de interiorizar la ley y el culto.

         Tras lo cual, Samuel sentenció a Saúl: "Porque han rechazado la palabra del Señor, él te rechaza y no quiere que seas rey". Saúl se esforzó en defenderse, invocando su sinceridad y presentando sus excusas. Aunque todo fue en vano.

         Todo esto pone en evidencia nuestra radical dependencia respecto a Dios. Cuando nos hemos esmerado en dilucidar cuál es el mal menor, debemos abandonarnos al juicio de Dios. Con humildad radical, pues no somos nosotros los que subjetivamente nos justificamos a nosotros mismos.

Noel Quesson

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         La figura de Saúl, el 1º rey de Israel, es en verdad patética, pues ni siquiera cuando triunfa militarmente (como es el caso de hoy) es capaz de acertar. Desde luego, Samuel no le ha mirado nunca con buenos ojos, y aquí le viene a anunciar que Dios le ha retirado su favor.

         No entendemos bien el motivo por el que Samuel le pide a Saúl su destitución. Es verdad que Saúl no exterminó a los amalecitas (personas y posesiones), sino que por debilidad (o por falta de crueldad) permitió que sus soldados tomaran sólo una parte del botín, para ofrecerlo (presuntamente) en sacrificio a Dios. Hoy en día diríamos que no nos parece tan mala la conducta de Saúl, y que él se arrepintió. Pero eso no le valió.

         Tal vez estamos leyendo la manera con que el autor del libro trata de interpretar la historia, dando una cierta justificación religiosa al fracaso de Saúl, y viniendo a decir que Saúl no triunfó porque no actuó según la voluntad de Dios.

         Yendo al fondo de la cuestión, posiblemente no fue Dios quien abandonó a Saúl, y por eso Saúl fracasó Sino que puede que fuese Saúl quien abandonase a Dios (por algún motivo desconocido), y por eso Dios lo reprobó, como lección para los reyes venideros. La tesis que aquí se defiende es repetida muchas veces por los profetas: lo que vale ante Dios es la obediencia, y el sacrificio interior y personal (y no la ofrenda de sacrificios materiales).

         Saúl, con sus defectos (inseguridad, desconfianza, depresiones, debilidad) hubiera podido ser un mejor rey si alguien le hubiera ayudado. Muchas personas que están a nuestro lado podrían tener un poco más de éxito en la vida si nosotros les tendiéramos una mano. Si no estuviéramos siempre prontos para criticarles, sino para comprenderles y ayudarles.

         Es verdad que cada uno es responsable de sus actos. Y si Saúl abandonó a Dios, y no le obedeció, inició un camino que sólo le podía llevar al desastre. Lo mismo nos pasa a nosotros. Pero siempre hay un factor que puede resultar decisivo: la ayuda fraterna.

         También podemos aplicarnos la otra lección del profeta: somos verdaderos creyentes cuando vivimos conforme a la voluntad de Dios, y no tanto cuando ofrecemos cosas concretas o realizamos actos externos. Sobre todo cuando no nos conformamos con ofrecerle algo externo a nosotros, sino nuestra propia existencia y la obediencia a su Palabra. Porque un acto concreto dura 24 minutos, pero la obediencia dura 24 horas al día.

         Nos vendría bien aplicarnos la crítica del salmo responsorial de hoy: "No te reprocho tus sacrificios, pero ¿por qué recitas mis preceptos, si tú detestas mi enseñanza, y te echas a la espalda mis mandatos?".

José Aldazábal

 Act: 19/01/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A