7 de Marzo

Sábado II de Cuaresma

Equipo de Liturgia
Mercabá, 7 marzo 2026

Miq 7, 14-15.18-20

         Con el texto de hoy termina el libro de Miqueas. Y en él, el profeta suplica a Dios que no abandone a su pueblo, sino que realice en él las promesas, de manera que Israel (ahora triste y abatido) pueda rehacer su vida. La 2ª parte de la lectura es como una composición sálmica del profeta, en que éste exulta de gozo pensando en el futuro perdón de Dios, como garantía de las promesas que se van obrando entre los altibajos de la historia.

         El profeta habla para alentar al pueblo, y lo estimula para mantener firme su fe en Dios. Y lo hace recurriendo a los tiempos primitivos, que volverán a florecer cuando el rebaño (el pueblo) paste solitario, confiando solo y sin miedo a los ataques del enemigo, en las fronteras entre el Carmelo, Basán y Galaad. Más aún: el pueblo volverá a ver los prodigios de Dios, como los que sucedieron en la época del Exodo (vv.14-15).

         El profeta Miqueas cree que la potencia de las naciones enemigas no puede destruir la obra de Dios, que es Israel. Y que al contemplar los prodigios realizados por Dios en Israel, el resto de naciones se avergonzarán de sí mismas, y de la confianza que habían puesto en su propio poder (v.16). Sin embargo, la esperanza de liberación no se limita a Israel, pues también otras naciones volverán a Yahveh, el Dios de Israel, y lo temerán (v.17).

         El fundamento de la esperanza está en la fe en la misericordia de Dios, el cual, por puro don suyo, borra la iniquidad y perdona el pecado. Pues es él, y sólo él, quien convierte a los hombres de modo definitivo, quien sana sus heridas, quien lanza sus pecados al abismo del mar (vv.18-19). Y no podría ser de otra manera, dado el juramento de fidelidad y benevolencia que Dios había hecho en tiempos pasados, a los padres del pueblo (v.20).

         Todo sería absurdo en esta vida si el mundo estuviera exclusivamente en manos de los hombres, y la Palabra de Dios resultaría de una incoherencia inexplicable. El creyente, por encima de todo, cree en la coherencia de Dios, y vive de ella.

Miguel Gallart

*  *  *

         Escuchamos hoy la humilde Oración de Miqueas, llena de confianza en Dios y con unos rasgos expresivos que describen a Dios como:

-el pastor que irá recogiendo a las ovejas de Israel, que andan perdidas por la maleza;
-el salvador que volverá a repetir lo que hizo en su día, liberando a su pueblo de la esclavitud de Egipto;
-el redentor de nuestros pecados, que "arrojará a lo hondo del mar nuestros delitos";
-el Dios del perdón y no del castigo, que "se complace en la misericordia" y que "volverá a compadecerse", como "juró a nuestros padres en tiempos remotos".

         Se trata, por tanto, de una auténtica amnistía, la que hoy se nos anuncia. El Salmo 102 de hoy, un hermoso canto a la misericordia de Dios, insiste en ello: "El Señor es compasivo y misericordioso, y no nos trata como merecen nuestros pecados". Se trata de un salmo que hoy podríamos rezar por nuestra cuenta, despacio y diciéndolo en 1ª persona, a ese Dios que nos invita a la conversión. Es una entrañable meditación cuaresmal y una buena preparación para nuestra confesión pascual.

         En cuaresma nos acordamos más de la bondad de Dios. E igual que Miqueas invita al pueblo a convertirse a Dios (porque es misericordioso, y los acogerá amablemente) también nosotros debemos volvernos hacia Dios, llenos de confianza en que él "arrojará nuestros pecados a lo hondo del mar".

José Aldazábal

 Act: 07/03/26     @tiempo de cuaresma         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A