17 de Abril

Viernes II de Pascua

Equipo de Liturgia
Mercabá, 17 abril 2026

Hch 5, 34-42

         Fariseo de tendencia liberal, Gamaliel había sido el profesor de Pablo de Tarso. Y cuando fueron detenidos los apóstoles, fue Gamaliel el que sugirió al Sanedrín judío que dejara que las cosas siguieran su curso. Pues según él, si el movimiento cristiano venía de Dios, los hombres no podrían nada contra él; y si por el contrario venía de los hombres, desaparecería por sí mismo.

         La historia reciente de Israel ¿no aportaba ejemplos de movimientos que sólo habían sido fuegos artificiales? Teudas, que pretendía hacer pasar el Jordán a pie enjuto a sus partidarios, había sido muerto; y en tiempos del propio Gamaliel, Judas el Galileo animaba el movimiento zelota, abiertamente opuesto a la ocupación romana.

         En el fondo, el eminente doctor no había sospechado el carácter explosivo de la predicación de los apóstoles, la cual no tenía ningún fin político ni invitaba a retirarse a la austeridad del desierto, sino que se dirigía al corazón del hombre y pretendía dar respuesta a las preguntas que éste se plantea. Estaba animada por el Espíritu, y veía en la cruz de Cristo todo el amor con que el corazón de Dios se desborda por el hombre. Se iba a comprobar que, verdaderamente, un poco de levadura es suficiente para que la masa crezca.

Noel Quesson

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         Gamaliel recoge hoy de la memoria judía varios ejemplos en los que hay un común denominador: a la muerte de un líder sigue la dispersión de sus seguidores. Y con juicio sensato estima este maestro de la ley que en esos hechos asoma un buen criterio para analizar lo que sucede con ese fenómeno que es nuevo para ellos: los seguidores del crucificado.

         Así, afirma Gamaliel que, si el fenómeno cristiano es cosa de hombres, seguirá la regla de las cosas humanas: muerto el líder se dispersarán sus discípulos. Al fin y al cabo, se supone que nadie va detrás de un fracasado; nadie da la vida por quien ya ha muerto.

         Uno podría pensar que este criterio no es absoluto, porque hemos conocido obras simplemente humanas que duran muchos siglos. Religiones paganas y credos orientales han resistido miles de años sin diluirse. Mas hay que tener en cuenta el contexto en el que habla Gamaliel: no se refiere él a las religiones en general, sino a un momento y un lugar específicos, pues todos sus ejemplos tienen en común la fe en Dios y en sus promesas.

         Las religiones paganas no tienen una promesa más allá del ciclo infinito de la naturaleza a la que divinizan, y las prácticas orientales son básicamente anestésicos para la mente, adormeciendo los anhelos más profundos del alma. No obstante, este tipo de anhelos sí que es espabilado de continuo, y con fuerza colosal, en los profetas del AT. La muerte de un adormecido, por ejemplo, no hace suficiente ruido como para despertar a sus seguidores, mientras que la muerte de un macabeo sí que confronta a sus seguidores, a forma de ¿vale la pena seguir ese mismo camino?

         Pues bien, aquí es donde resulta notable la fe cristiana: en que no adopa un credo que nos estrella con la muerte, sino que despierta un vigor superior a la muerte. Es una fe que canta, y lucha, por la gloria del Resucitado.

Nelson Medina

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         Una notable intervención de Gamaliel (el maestro de Saulo) inclina hoy al Sanedrín judío a dar libertad a los apóstoles. Pero, no obstante esto, fueron azotados y amenazados. Sin embargo, ellos salieron gozosos "por haber sufrido a causa del nombre de Jesús".

         La situación es dispar, pues mientras para los judíos sanedritas el nombre de Jesús se convierte en causa de rabia (fracaso, envidia, venganza...), para los fieles seguidores de Cristo se convierte en fuerza, valentía, liberación y gozo en el sufrir por él. Se trata de la alegría (apostólica) por padecer por Cristo, que bien explicó Juan Pablo II:

"La alegría cristiana es una realidad que no se puede describir fácilmente, porque es espiritual y también forma parte del misterio. Quien verdaderamente cree que Jesús es el Verbo encarnado, el Redentor del hombre, no puede menos de experimentar en lo íntimo un sentido de alegría inmensa, que es consuelo, paz, abandono, resignación y gozo. ¡No apaguéis esa alegría que nace de la fe en Cristo crucificado y resucitado! ¡Testimoniad vuestra alegría! ¡Habituaros a gozar de esta alegría!" (Alocución del 24-III-1979).

         El cristiano es hombre que vive su presente proyectado hacia el futuro; salvación consumada que es vida eterna. Gozo de esperar la patria celeste. Espera vivida con la ayuda del Señor. Así lo proclamamos con el Salmo 26 de hoy:

"El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida, y gozar de la dulzura del Señor contemplando su templo. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera tú también en el Señor. Sé valiente, ten ánimo y espera en el Señor".

Manuel Garrido

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         Escuchamos hoy el sensato razonamiento que propone Gamaliel (doctor de la ley) a sus compañeros del Sanedrín judío, indignados por el discurso de Pedro. Sabemos que Gamaliel era maestro judío (incluso de Pablo) y director de la Escuela de Hillel, conocida por su talante más liberal y una interpretación más humana y amplia de la ley. Pues bien, en el pasaje de hoy propone a las autoridades de Israel 2 cosas, "por muy incómoda que sea la actitud de esos discípulos de Jesús":

1º que no se precipiten en su juicio, no sea que con ello estén oponiéndose a la voluntad de Dios,
2º que no se dejen guiar por las motivaciones viscerales, sino por la sensatez (desde la fe en Dios y la prudencia humana).

         Los apóstoles, por su parte, siguen sorprendentemente valientes, impertérritos en su propósito de seguir anunciando a Cristo Jesús (a pesar de todas las prohibiciones) y denunciado a las autoridades judías (por haberlo crucificado). Al pie de la cruz casi todos habían huido cobardemente. Pero ahora (y eso que habían recibido ya azotes) aparecen "contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús".

         Una 1ª lección nos la da Gamaliel a los cristianos de hoy. No tendríamos que asustarnos demasiado de los varios movimientos, más o menos mesiánicos, que van apareciendo también en nuestros tiempos. Es difícil ejercitar lúcidamente un discernimiento de estos casos.

         Cuántas veces en la historia, personas que habían sido perseguidas y tachadas de heterodoxas en su tiempo, luego resultaron ser proféticas (por tanto incómodas) y claramente movidas por el Espíritu Santo, para bien de su Iglesia. Y viceversa: movimientos que parecían brillantes se demostraron vacíos de Espíritu Santo, y cayeron por su propio peso.

         El problema ha sido de siempre. En el libro de los Hechos, en días sucesivos, encontraremos momentos en que los responsables de la comunidad tuvieron que ejercitar (casi siempre comunitariamente, con el parecer de todos) el discernimiento sobre las situaciones que se iban creando, por ejemplo de los cambios que se iban a dar en la nueva comunidad de Antioquía.

         No es que haya que ignorar los hechos o las direcciones nuevas que van surgiendo, que en efecto pueden ser o muy beneficiosas o perjudiciales para la vida de la comunidad. Pero el discernimiento hay que hacerlo sin angustias, sin prisas y comunitariamente. Y con la finalidad de ser fieles a la voluntad del Espíritu Santo, no a nuestros gustos o intereses: discerniendo, por tanto, también nuestras propias motivaciones en el apoyo o en el rechazo de los varios casos.

         De nuevo el ejemplo de los apóstoles nos pone en evidencia. Ellos estuvieron dispuestos no sólo a seguir predicando, sino a asumir los sufrimientos que su misión comporte. Siguiendo el ejemplo de su Maestro, ya saben que van a ser perseguidos. Y hasta fueron capaces de poner en práctica aquella bienaventuranza que en su tiempo tal vez les pareció extraña: "Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa: alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos" (Mt 5, 11-12).

José Aldazábal

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         Sin buscarlo, los apóstoles encuentran un defensor ante el Consejo Supremo judío. Se trata de Gamaliel, un respetado maestro de la ley que pertenecía al grupo de los fariseos, y era miembro del Sanedrín. Más tarde se nos informará, en el mismo libro de los Hechos, que Pablo fue su discípulo. Otros grandes maestros de la tradición rabínica judía llevan ese nombre.

         Gamaliel expone ante sus colegas un argumento muy convincente: en Israel había habido muchos movimientos revolucionarios y de carácter mesiánico a lo largo del agitado s. I d.C, y en ellos sus líderes se habían presentado como el enviado definitivo de Dios para salvar al pueblo. Gamaliel menciona la insurrección de un tal Teudas y la de Judas el Galileo, en ambos casos acabadas en levantamientos populares que siguieron a la muerte de Herodes I de Judea (ca. 4 d.C).

         Según relata el historiador Flavio Josefo (del s. I d.C), fueron muchas las revueltas judías contra sus opresores romanos, incluidas las de Teudas y Judas. Sin embargo, todas ellas habían acabado en nada, y sus jefes fueron ejecutados violentamente, y sus seguidores se dispersaron.

         De ahí que Gamaliel aconseje al Sanedrín no dar demasiada importancia al naciente movimiento de los apóstoles, pues si se trata de otro movimiento revolucionario (de los hombres) se disolverá por sí mismo. Mientras que si se trata de un movimiento espiritual (de Dios), nada podrán contra ellos.

         Gamaliel no era cristiano ni en público ni en secreto, ni tampoco simpatizaba con el cristianismo. Pero sí era un hombre intelectual, conocedor de las ideas ajenas y amigo de filosofar más que de guerrear. De ahí que, a través de su palabra, lograra imponerse en el Sanedrín.

         No obstante, los judíos no soltaron a los apóstoles sin más, sino después de haberles pegado la paliza de los 49 azotes (50-1) que les permitía la ley, y amenazarlos sobre una nueva proclamación de Jesús (amenaza que a los apóstoles, evidentemente, no intimidó).

         La lectura termina diciéndonos cómo los apóstoles se alegraron por ser hallados dignos de sufrir por el evangelio, y cómo reanudaron su predicación evangelizadora incluso en el mismo Templo de Jerusalén, con gran éxito entre la gente.

Confederación Internacional Claretiana

 Act: 17/04/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A