7 de Febrero

Sábado IV Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 7 febrero 2026

1 Rey 3, 4-13

         Abordamos hoy la vida de Salomón, el hijo de David y de Betsabé. Y lo hacemos escuchando la Plegaria de Salomón, que recibió el poder real en circunstancias bastante trágicas, después de intrigas sangrientas. Y por eso su corazón está lleno de inquietud, preguntándose sobre si sabrá estar a la altura de su tarea abrumadora.

         Es entonces cuando Dios se le hace presente y le dice: "Pídeme lo que quieras, y te lo daré". Como su padre David, el nuevo rey Salomón se siente "delante de Dios", y por eso le contesta: "Soy muy joven, incapaz de conducirme y estoy aquí en medio del pueblo que tú has escogido".

         Este reinado de Salomón empieza bien: por la humildad. Sabemos que ésta no durará mucho y que muy pronto Salomón quedará prendido en los sueños de poder. Pero de momento empieza bien: "Concede a tu siervo un corazón atento" (es decir, un corazón que escucha). Para la mentalidad semítica, corazón era equivalente a inteligencia, a la sede del pensamiento.

         En 1º lugar, Salomón pide pues la sabiduría, la agudeza de la inteligencia y la comprensión, "para que sepa gobernar a tu pueblo y discernir el bien y el mal". Es decir, una inteligencia práctica aplicada a la acción, y en particular a la justicia. Hoy diríamos "tener buen juicio", o ser un hombre de buen consejo. ¿Por qué no repetirla nosotros, por nuestra cuenta esta Plegaria de Salomón?

         Es tarea de cada uno repetir, recomponer, prolongar esa plegaria, aplicándola a nuestras situaciones y responsabilidades. Señor, dame un corazón atento, dame la comprensión inteligente de las personas con las cuales convivo. Señor, ayúdame a ver, a escuchar y a interpretar, para que sepa discernir el bien del mal. Señor, dame un buen criterio y lléname de prudente sabiduría, para saber gobernar la partecita de universo que me ha sido confiada.

         Tras lo cual, Dios le contestó a Salomón: "Porque es esto lo que me has pedido, y no largos años de vida, ni la riqueza, ni la muerte de tus enemigos". Es decir, porque has pedido el discernimiento (el arte de estar atento y de gobernar), hago lo que me has pedido: "Te doy un corazón inteligente y prudente. Y te concedo también lo que no me has pedido: la riqueza y la gloria".

         Ya lo dirá Jesucristo: "Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y el resto se os dará por añadidura". Señor, no me des riquezas, sino dame la inteligencia y el discernimiento de tu voluntad. Dame tu Espíritu, Señor.

Noel Quesson

*  *  *

         La oración de Salomón de hoy, pidiendo sabiduría le gustó a Dios. El joven rey quiso inaugurar su reinado con un acto religioso, ofreciendo sacrificios a Dios. Y en su oración no pidió riquezas, ni venganza ni prestigio, ni fuerza militar. Sino que pidió una cosa que no esperaríamos de un joven: "sabiduría para saber discernir en la vida y gobernar bien".

         Efectivamente, eso era lo que necesitaba el joven rey Salomón, porque no todos le aceptaban de corazón, y no era fácil gobernar aquel pueblo dividido anímicamente entre los reinos del norte y del sur.

         Así, pues, aparece hoy Salomón como el prototipo del hombre sabio, al que poco después se le atribuirán los libros sapienciales y el de Proverbios, y cuya fama universal será superior a la de todos los sabios, provocando la visita de la reina de Saba o la expansión de sus naves hasta Tarsis.

         A este respecto, fue famoso el juicio de Salomón (que no leemos en esta selección de la liturgia), en el caso de las 2 mujeres y el niño que ambas reclamaban como suyo (1Re 3), dictando "partir al niño en dos". Se puede leer también el cap. 7 del libro de la Sabiduría, sobre el acierto y las consecuencias de esta oración de Salomón.

         En el caso del presente pasaje, escuchamos cómo Dios le concedió también a Salomón riquezas y éxitos en todos los órdenes sociopolíticos. En Salomón se cumplía ya lo que dirá Jesús más adelante: "Buscad primero el reino de Dios, y lo demás se os dará por añadidura".

         Todos necesitamos sabiduría, y muchas veces en la vida nos encontramos ante la encrucijada de una decisión difícil de discernir. Podríamos aplicar todos los recursos humanos y los cálculos y las experiencias, pero nos iría mucho mejor si recurriésemos a la sabiduría de Dios. Es decir, a la visión de las cosas, y de las personas, y de los acontecimientos, que tiene Dios preparado.

         Necesitamos tener juicio y sentido común, sabiendo decidir bien. Sobre todo si tenemos algún cargo de responsabilidad. ¿Y quién no tiene alguno, en el orden que sea, familiar, eclesial, social? Tendríamos que decir sinceramente con el salmo de hoy: "Enséñame tus leyes, y no consientas que me desvíe de tus mandamientos. Mi alegría es el camino de tus preceptos, más que todas las riquezas".

José Aldazábal

*  *  *

         Como fruto de la oración sincera ante Dios y del culto que Salomón le tributa, el Señor se le aparece en sueños y le dice que le pida lo que quiera, pues se lo va a conceder. Y Salomón pide la sabiduría, para poder estar atento a juzgar al pueblo y para discernir entre el bien y el mal. Así, Salomón prefiere la sabiduría por encima de la vida que se prolonga, de las riquezas y de la muerte de sus enemigos.

         Junto con la sabiduría, llegarán a Salomón las riquezas y la victoria sobre sus enemigos. Nosotros hemos de examinar sobre el objeto de nuestra oración ante Dios: ¿Qué buscamos, que pedimos, qué deseamos como lo más importante en nuestra vida?

         Pidamos la sabiduría necesaria para ser rectos, para ayudar a los demás y para saber compartir con ellos los bienes que Dios nos concede. Junto con la sabiduría, llegará a nosotros todo lo demás. Pero no busquemos la sabiduría con una intención torcida, pensando que si se la pedimos al Señor, él nos llenará las manos de bienes materiales. Pues quien llegue ante el Señor con una intención torcida, que no piense recibir de él lo que equivocadamente ha tramado en su corazón.

Dominicos de Madrid

 Act: 07/02/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A