4 de Junio
Jueves IX Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 4 junio 2026
2 Tim 2, 8-15
"Acuérdate de Jesucristo, descendiente de David, resucitado de entre los muertos. Éste es mi evangelio". El himno cantado hoy en muchas iglesias ha honrado de nuevo esa fórmula que San Pablo llama "mi evangelio". ¡Cristo ha resucitado! ¡Cristo, hijo de David! Esto resume nuestra fe.
En efecto, la resurrección atestigua el carácter divino de Jesús, así como la filiación davídica atestigua que es un verdadero hombre. Jesús no es sólo un ser celeste, sino un hombre completo, enraizado en un linaje familiar. Oh Cristo, si tú no fueras más que un hombre, no podrías aportarme lo que espero de ti, esa solidez, esa promesa de vida eterna... Pero si tú no fueras más que Dios, no hubieras podido revelarnos tu amor de un modo tan próximo a nosotros...
"Por él estoy sufriendo, hasta llevar cadenas como un malhechor", sigue confesando San Pablo. Para Pablo, hay un lazo entre el sufrimiento del apóstol (el suyo) y el sufrimiento de Cristo, y ambos realizan un misterioso designio del Padre. Roguemos por todos los que sufren.
Pero "la palabra de Dios no está encadenada", añade el apóstol, como convicción certera que permite a un prisionero ser totalmente libre. ¡Qué valentía! ¡Qué resistencia y aguante! De ahí que "todo lo soporto por los elegidos", para que "también ellos alcancen la salvación por Jesucristo con la gloria eterna".
El sufrimiento es redentor, y hace estar en comunión con Jesús (a quien se imita), y hace colaborar en la salvación de los hombres. No es una verdad evidente, pues a 1ª vista el sufrimiento es más bien destructivo, y por desgracia lo es para muchos hombres. Por ello, es necesario tener una fe profunda, y contemplar detenidamente la pasión de Jesucristo.
Ésta es la convicción de Pablo, que "si morimos con él, viviremos con él". Evidentemente, ésta es la auténtica identificación contigo, Señor: "morir con", "vivir con".
Estas palabras son muy duras, y en el texto griego el termino con está incluido en el verbo, a forma de convivir y conmorir. Y nos vienen a decir que quien sufre, y llega a esa convicción de fe, encuentra el sentido definitivo de su vida: vivir con Jesús, imitar su vida, participar en su obra de salvación.
"Procura presentarte ante Dios como un hombre", concluye diciendo Pablo a su discípulo Timoteo. ¿Y como qué clase de hombre? Lo responde Pablo: "Como un hombre probado, como obrero que no tiene por qué avergonzarse, como fiel transmisor de la palabra de la verdad". Rectitud y fidelidad. Que los responsables de tu Iglesia, Señor, estén llenos de cualidades, y que el conjunto de los fieles confíen en los que han recibido esa gracia pastoral.
Noel Quesson
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Es admirable el testimonio de fe que nos deja hoy por escrito Pablo, desde aquella incómoda cárcel de Roma desde la que anima a su discípulo Timoteo a seguir adelante en su camino.
Pablo entiende su propio sufrimiento como un modo privilegiado de unirse a Cristo, "por el que sufro hasta llevar cadenas". Lo único que le preocupa es que pueda frenarse la carrera de la palabra de Dios, y con ella el proceso de evangelización del mundo. Pero también en esta preocupación se siente confortado, pues "la palabra de Dios no está encadenada".
El pasaje de hoy cita un himno cristológico lleno de ánimos para la vida: "Acuérdate de Jesucristo resucitado. Si morimos con él, viviremos con él; si perseveramos, reinaremos con él". Es lo que le ha animado a Pablo, y lo que éste quiere que siga animando a Timoteo.
Seamos o no responsables de algo, nos van bien los consejos y ejemplos de Pablo, y deberíamos sentir admiración por los ánimos que este apóstol encarcelado nos brinda, preocupándose por el bien de todos: "Lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación".
Todo lo que sufrimos lo deberíamos ofrecer por Cristo, interpretando el sufrimiento como participación en el dolor redentor de Cristo. Ésta sería nuestra mayor aportación a la gran tarea de la difusión del evangelio, "por el que sufro hasta llevar cadenas".
Nos dice Pablo a nosotros, como a Timoteo, que seamos "obreros irreprensibles que predican la verdad sin desviaciones", y que evitemos las innecesarias "disputas sobre palabras", que "no sirven para nada y son catastróficas para los oyentes".
La entrega pascual de Cristo debe ser nuestro modelo supremo: "Acuérdate de Jesucristo. Si con él morimos, viviremos con él". Cuando comulgamos en la eucaristía, recibimos a Cristo como "cuerpo entregado por" y como "sangre derramada por". Es decir, nos identificamos con su muerte y resurrección. Nuestra vida entera se suma a esa entrega de Cristo, por el bien de la humanidad.
José Aldazábal
Act:
04/06/26
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ordinario
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M
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M U R C I A
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