1 de Junio

Lunes IX Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 1 junio 2026

2 Ped 1, 1-7

         "Hermanos, a vosotros gracia y paz por el conocimiento exacto de Dios y de nuestro Señor Jesucristo". La gracia es el don de la benevolencia divina. La paz es el sentimiento de plenitud que habita en nosotros cuando estamos en amistad con Dios y con nuestros hermanos. Éste era el deseo habitual de los primeros cristianos.

         Dios está en el origen de la gracia y de la paz. El hombre que se ha dejado investir por Dios es aquel a quien nada puede abatir ni siquiera turbar. Su paz interior sobrepasa toda agitación. "¿Quién podría separarnos del amor de Dios? La persecución, la tribulación, la angustia, el hambre? No, ni la vida, ni la muerte, nada podrá separarnos del amor de Dios" (Rm 8, 35).

         "El poder divino nos ha concedido cuanto se refiere a la vida y a la piedad, mediante el conocimiento perfecto del que nos ha llamado". Todo lo referente a la vida... Me encanta esa visión, y pienso en todo lo que vive, y considero que todo esto es una dote, un don. El formidable poder de vida que aflora en nuestro planeta viene de Dios, y es mantenido por Dios.

         "Vida y piedad". No solemos ligar esos dos términos, hoy en día. De hecho, es la historia de la lengua que corre el riesgo de cambiar poco a poco el sentido de las palabras en la mente de los hombres. No podemos emplear la misma palabra, corriente en la Roma primitiva del tiempo de Pedro porque aquella palabra no evoca ya lo mismo en nuestras mentes.

         La piedad era "la veneración, el respeto, el amor filial y sagrado". Era y es un valor siempre necesario a la vida. Después de los desaciertos y las faltas de respeto actuales, el gran redescubrimiento de los años venideros será, sin duda, una nueva veneración por todo lo que es natural.

         "Para que os hicierais partícipes de la naturaleza divina, huyendo de la corrupción que reina en el mundo". El hombre de la era técnica está tratando de descubrir la noción de polución, la corrupción de los equilibrios vitales. Al mismo tiempo la corrupción moral parece acentuarse en la misma humanidad.

         Pedro afirma que el hombre puede escapar a la corrupción, mediante la "participación del hombre a la naturaleza divina". Ésta es una afirmación que hay que meditar. ¿Participo yo de Dios? ¿Estoy en comunión con Dios? ¿Me dejo influir por el pensamiento divino, por el modo de ver divino? ¿Trabajo en el proyecto divino sobre el mundo? ¿Mi ser es amo, mi vida cotidiana es amor como Dios es amor? Mi naturaleza, mi modo de ser, ¿participan de la naturaleza divina?

         "Por esa misma razón, añadid a vuestra fe la virtud, el conocimiento, la templanza, la tenacidad, la piedad, el afecto fraterno, la caridad". La participación de la naturaleza divina no es una evasión teórica y abstracta, ni un conocimiento ineficaz, sino que se concretiza en siete virtudes prácticas. Reconsideremos cada una de ellas, ¡contrastándolas con mi vida!

Noel Quesson

*  *  *

         La Carta II de Pedro comienza y termina subrayando la importancia de conocer a Dios y a Jesús (2Pe 1-2; 3,18). El fragmento de hoy se centra en este conocimiento, desde el origen de la vocación cristiana (vv.3-4) hasta la entrada en el reino eterno (2Pe 1,11) y glosa su importancia.

         La práctica de las virtudes hará crecer el conocimiento, manifestándolo a la vez activo y fructuoso (vv.5-8) El autor presenta un conocimiento que va más allá de una fe en unos enunciados abstractos o de una fe en una persona, lograda sólo por el entendimiento o por el recuerdo nostálgico de la memoria piadosa.

         Por otra parte, el autor quiere distinguir este conocimiento de la fe del conocimiento gnóstico que, por más que a veces sea extático y se crea autosuficiente, siempre es estéril. Para el gnosticismo que Pedro combate, la salvación reside en el simple conocimiento intelectual de Dios, sin otras consecuencias prácticas que cierto éxtasis místico; de ahí que el autor insista en las virtudes morales cristianas. Quien no las tenga, aunque crea que sabe y ve, es "ciego y miope" (v.9).

         Pero también podemos caer en el otro extremo: juzgar que estas virtudes nos alcanzarán, sin más, los bienes prometidos y nos otorgarán la participación en la naturaleza divina (v.4) que ahora poseemos. El texto viene a decir que no debemos hacernos ilusiones, sino "por estas cosas" recién nombradas. Es decir, "por la gloria y la virtud de Cristo" (v.3). Al premiar nuestras virtudes, Dios no hace sino coronar sus dones.

         En la Iglesia se ha dado siempre la tentación de dejarse entusiasmar por las experiencias místicas del contacto extático personal o comunitario con la divinidad. Un contacto así, sin virtudes cristianas, es "ciego y miope". Una fe estéril, diría la carta de Santiago. Un entusiasmo pentecostal sin el amor cristiano horizontal, sin ningún compromiso en favor del pobre, del oprimido y del despreciado, ¿no es también una experiencia mística ciega y miope?

Josep Magí

*  *  *

         En la serie de cartas más breves del NT que estamos leyendo, hoy y mañana escuchamos la Carta II de Pedro, y después la Carta II de Pablo a Timoteo.

         La página de hoy, el inicio de la carta, es muy dinámica: nos ha cabido en suerte una fe preciosa, ya tenemos lo que se había prometido en el AT, con esta fe recibida en el Bautismo escapamos de la corrupción de este mundo y sobre todo "participamos del mismo ser de Dios", pero a la vez tenemos que progresar ("crezca vuestra gracia y paz"). Buen programa de vida para nosotros, los cristianos.

         Son motivos de alegría y de estimulo para los que hemos recibido "esta fe tan preciosa" y tenemos la suerte de creer en Dios y en su enviado Jesús. Esa fe da sentido a toda nuestra vida. Pedro afirma nada menos que nos hace "participar del mismo ser de Dios", porque Jesús, al hacerse hombre, nos ha hecho a nosotros de la misma familia de Dios y nos comunica su vida sobre todo a través de los sacramentos.

         Además de alegría, ¡estimulo!, porque el programa de Pedro es que vayamos creciendo en gracia y en paz. Los dones de Dios son gratuitos, pero exigen que correspondamos a ellos con nuestra vida.

         Se nos pide que nos esforcemos por añadir "a vuestra fe la honradez, a la honradez el criterio, al criterio el dominio propio, al dominio propio la constancia, a la constancia la piedad, a la piedad el cariño fraterno, al cariño fraterno el amor". Se trata de una sabia mezcla de cualidades humanas y actitudes de fe, de un retrato coherente de un cristiano con personalidad propia. Una personalidad que nos hace falta en medio de un mundo que también ahora sigue estando inmerso en la corrupción de la que ya hablaba Pedro.

José Aldazábal

 Act: 01/06/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A