6 de Junio

Sábado IX Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 6 junio 2026

2 Tim 4, 1-8

         La fórmula que emplea hoy Pablo es extremadamente solemne, pues lo que va a decir es grave. Y con ella vuelve de nuevo a uno de sus temas preferidos: el evangelio proclamado. Ha entregado toda su vida a esta tarea, y la transmite a su discípulo y a todos los obispos del futuro: "Te conjuro en presencia de Dios, y de Cristo Jesús que ha de venir a juzgar a vivos y muertos: proclama la Palabra".

         Guardada toda proporción, yo soy también responsable de esta Palabra, en "presencia de Dios y de Cristo". ¿Cómo asumo esta responsabilidad, con mis hijos, o acerca de aquellos con quienes convivo?

         La forma de asumir esta responsabilidad es explicada por el propio Pablo: "Insiste a tiempo y a destiempo, denuncia el mal, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina".

         Hay muchas maneras de proclamar la palabra de Dios, por tanto. Está el anuncio de la buena nueva, la refutación de los errores, la lucha contra el mal en todas sus formas, la exhortación alentadora a los que están pasando una prueba, la enseñanza  de la doctrina...

         A veces, Señor, llego a justificarme de apenas "proclamar tu Palabra", constatando que las ocasiones de hablar de ti son raras, o que no es corriente decir Dios o pronunciar Jesús en una conversación. Pero, en realidad, hay mil maneras de proclamar la buena nueva de Dios, como mantenerse firmes ante la adversidad, hacer el trabajo diario con afán de perfección, seguir comprometidos en el servicio de los hermanos, educar a los hijos según los valores evangélicos, luchar contra el mal en los sectores donde eso sea posible, visitar a los enfermos o a los que viven en soledad...

         Muchas vidas de hombres y mujeres están diariamente, de hecho, proclamando este evangelio, aunque sigan existiendo esas muchas otras que lo contradigan. Manifiéstate, Señor, a través de nuestras pobres vidas.

         De todos modos, ya sea con palabras o con hechos, la proclamación de la palabra de Dios debe ser auténtica, pues "vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros, apartando sus oídos de la verdad".

         Es decir, que siempre existirá el peligro de manifestarse uno mismo en lugar de manifestar la verdad de Dios, y el peligro de dejarse seducir por las filosofías o ideologías humanas, en lugar de proclamar el puro evangelio. Siempre existirá, en ese sentido, el peligro de seguir a maestrillos humanos, o las consignas de los grupos-capillas, o de salirse de la ancha corriente de la Iglesia universal. Danos, Señor, el gusto de la santa doctrina, el amor a la verdad, la docilidad a la Iglesia y al Espíritu Santo.

         Así que, como dice San Pablo, "permanece prudente, soporta los sufrimientos, trabaja en la extensión del evangelio, cumple con fidelidad tu ministerio". Esa es la única forma de "trabajar en la extensión del evangelio", y de hacerlo con competencia, empeño, habilidad, capacidad de escuchar, conocimiento de los procesos de comunicación y don de sí. "Cumple tu ministerio", dijo Pablo a su discípulo Timoteo, porque ese es el verdadero servicio a la humanidad. Nuestros hermanos no necesitan más que eso. ¿Quién se lo ofrecerá?

Noel Quesson

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         El apóstol Pablo nos pide hoy una fidelidad total y comprometida en la proclamación y el testimonio del evangelio. Y no dice que a tiempo y destiempo hemos de anunciar la palabra de Dios, para que ésta sea fuente de salvación para todos los que crean en él. Pero no haciendo relecturas, ni acomodando el evangelio para que se conviertan en connivencia con el pecado.

         Muchos querrán ser halagados, nos viene a advertir Pablo, y escuchar campanillas en su oído. Pero de esta manera el evangelio no se convertirá en fuego purificador, sino que tan sólo halagará a los oídos, y acabará supliendo su intrínseca verdad por simples fábulas e inventos humanos.

         La fidelidad al evangelio nos puede acarrear la misma muerte, así que es necesario poner nuestra vida totalmente en manos de Dios, de tal forma que nuestra entrega sea como una ofrenda de libación en su honor. Sigamos el ejemplo de los capitanes de barco, cuando desatan las amarras, elevan las anclas e inician el camino hacia la meta final.

         Junto con Cristo, los cristianos estamos librando una batalla contra el pecado. Si permanecemos fieles al Señor y a su evangelio, al final recibiremos la corona de la justificación plena, en la presencia divina. Vivamos plenamente unidos a Cristo y seamos fieles a su evangelio. Tengamos fijamente la mirada puesta en Cristo, porque él consumará nuestra salvación.

Javier Soteras

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         Acabamos hoy la lectura de la Carta II a Timoteo, con una patética despedida de Pablo: "Estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente".

         En efecto, Pablo es el que mejor puede hacer un buen resumen de vida, mirando hacia atrás: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe, ahora me aguarda la corona merecida". Y faltaría tan sólo aplicarle las palabras del salmo responsorial de hoy: "No me rechaces ahora en la vejez, me van faltando las fuerzas, no me abandones".

         En efecto, Pablo va apurando las últimas fuerzas que le quedan para asegurar el futuro de las comunidades. Y el viejo león está alerta, porque vendrán maestros falsos "a la medida de sus deseos", y hay que prevenir a la Iglesia contra ellos. Por eso recomienda a Timoteo: "Proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta con toda paciencia".

         El propio ejemplo de Pablo, y sus recomendaciones sobre el futuro de la Iglesia, nos iluminan también a nosotros, y nos invitan a un discernimiento de nuestros caminos. Ojalá pudiéramos decir que nuestra vida, hasta ahora, ha sido parecida a la de este gran gigante de la fe, y que estamos dedicando a la salvación de los hombres nuestras mejores luces y energías. ¿Hemos combatido ya el combate de la fe? ¿Y recorrido la carrera hasta la meta? Esto es lo que merece la pena vivir, si lo que queremos es ayudar a los demás y hacer algo útil para la salvación de la humanidad.

         Pablo predice tiempos en que "se volverá a las fábulas" y aparecerán maestros falsos, que seguirán sus gustos personales y no los criterios de Cristo. Así que no nos extrañe cuando los obispos se sientan obligados a ejercer corresponsablemente el discernimiento de espíritus y de doctrinas, movidos a "proclamar, reprender, reprochar, exhortar", como Pablo invitaba a hacer. Se trata de un ministerio nada fácil (el del discernimiento), pero totalmente necesario por el respeto y amor a la palabra auténtica de Cristo, que ha sido encomendada a la Iglesia.

José Aldazábal

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         Uno de los más graves problemas por los que pasa nuestra sociedad actual es la educación. Formar ciudadanos para la convivencia y el bien común no es tarea fácil, así que tampoco lo es la convivencia y el bien común de la Iglesia. De ahí el consejo de hoy de Pablo: "Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir". Como se ve, Pablo urge a Timoteo a dejar atrás el respeto humano, o cualquier complejo, a la hora de anunciar el evangelio.

         Pero para esto es necesaria la formación y la paciencia, ambas íntimamente unidas a esa perseverancia de la que habla Pablo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe". De hecho, es verdad que Cristo ha vencido al pecado y a la muerte, pero este triunfo no es una excusa para cruzarnos de brazos.

         La perseverancia en el día a día nos hará más fuertes en la esperanza, porque el mundo no se cambia de la noche a la mañana. Sólo si somos sembradores de pequeñas semillas, que germinen en el momento oportuno, recogeremos buenos frutos, aunque éstos tarden en llegar. Entonces esos frutos impregnarán el mundo del sabor y aroma de lo divino.

         Este fue el compromiso de Dios con los que le son fieles. No desprecies lo más cotidiano de tu vida, por falta de motivaciones. Y de vez en cuando escarba en tu interior, para descubrir cómo el Espíritu Santo realiza su tarea, como el más genial de los artesanos.

Diócesis de Madrid

 Act: 06/06/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A