24 de Febrero

Martes I de Cuaresma

Equipo de Liturgia
Mercabá, 24 febrero 2026

Is 55, 10-11

         Isaías es el profeta del consuelo, que ha manejado cuanto hay de bello y hermoso en el mundo para devolver a su atribulado pueblo la ilusión y la esperanza, desde la profunda seguridad de que el Señor está presente en los sufrimientos de los suyos, y un día les devolverá su alegría y su patria.

         La convicción del profeta arranca de la palabra del Señor, dada y mantenida de generación en generación y cuya fuerza salvadora hay que desplegar, una vez más, ante los hijos de Dios. El pueblo de Dios tiene que volver a la fuerza invencible sobre la que se asienta la esperanza, y esta fuerza inamovible es la palabra de Dios, con su formidable fuerza de salvación.

         Isaías compara a la palabra de Dios con la lluvia y la nieve, según leemos en la 1ª lectura de hoy. Y por ello es necesario creer firmemente en la fuerza salvadora de la palabra de Dios. Porque la salvación nos viene por la palabra de Dios (empeñada en la plenitud de  los tiempos), y Dios nos ama y nos perdona siempre. Nuestra salvación se va operando en la capacidad de fiarnos de Dios, y quien se fía de Dios, y da por buena y salvadora su palabra irreversible, entra a formar parte de su pueblo. Este es el mensaje principal, que nos inculca hoy el profeta Isaías.

         El profeta conoce bien la eficacia callada y profunda del agua y de la nieve: empapar, fecundar, hacer germinar, dar semilla y generar pan. Analógicamente, la palabra de Dios no se queda en las nubes, sino que encaja en lo más profundo del ser humano. Dios ha tomado en serio la palabra que juró a Abraham, y no es Dios de momias ni de muertos. A nosotros, los hijos de la promesa, nos dio su Palabra hecha carne y hueso (Jesucristo), como testamento definitivo de su amor. Aquí radica toda la fuerza salvadora de nuestra fe.

         Creer no es crear ni inventar, sino fiarse. Fiarse de Dios y de su palabra, y apostar por él con seguridad convencida. Creer no es tampoco empeñarse en querer saber, sino saber plenamente que Dios lo sabe (aun cuando tú estés a oscuras) y te ama (aun cuando tú no lo sientas).

         Todos necesitamos una vuelta a la simplicidad, entre tantos discursos, conferencias y proyectos. Y necesitamos volver a saber que nuestra fuerza está en la palabra de Dios. Necesitamos repetir, hasta cansarnos, que Dios está comprometido con nosotros, y que su Palabra no es como la nuestra ni como la de nadie. Muchos son los cristianos que creen en la acción, en la dinámica y en las planificaciones. El profeta Isaías cree en la fuerza de la palabra de Dios, y en que ésta no volverá a él sin haber cumplido su encargo. Un encargo que consiste en crear, de la nada, un pueblo nuevo.

         Para finalizar, la palabra de Dios se va mostrando y actualizando día a día, de una manera viva, activa y eficaz. Incluso la misma eucaristía se va actualizando día a día a través del poder de la palabra de Dios.

Joseph Ratzinger

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         Ayer escuchábamos el llamamiento a la caridad fraterna. Y hoy, de la mano de Isaías, a la oración. Las lecturas nos van guiando para vivir la cuaresma con un programa denso, preparando la Pascua. Como una novia que se va engalanando de adornos y joyas, a la espera de su esposo.

         Isaías nos presenta la fuerza intrínseca que tiene la palabra de Dios, que siempre es eficaz y consigue lo que quiere. La comparación está tomada del campo y la podemos entender todos: esa palabra es como la lluvia que baja, que empapa la tierra y la hace fecunda.

         Uno de los mejores propósitos que podríamos tomar en esta cuaresma, siguiendo la línea que nos ha presentado Isaías, sería el de abrirnos más a la palabra de Dios que baja sobre nosotros. Es la 1ª actitud de un cristiano: ponernos a la escucha de Dios, atender a su palabra, admitirla en nuestra vida, comerla, comulgar con esa palabra que es Cristo mismo, en la 1ª mesa, que se nos ofrece en cada eucaristía.

         Ojalá a esa palabra que nos dirige Dios le dejemos producir en nuestro campo todo el fruto: no sólo el 30 o el 60, sino el 100%. Como en el principio del mundo "dijo y fue hecho"; como en la Pascua, que es el comienzo de la nueva humanidad, el Espíritu de Dios resucitó a Jesús a una nueva existencia, así quiere hacer otro tanto con nosotros en este año concreto.

José Aldazábal

 Act: 24/02/26     @tiempo de cuaresma         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A