25 de Febrero

Miércoles I de Cuaresma

Equipo de Liturgia
Mercabá, 25 febrero 2026

Jon 3, 1-10

         El aspecto pascual de la figura de Jonás, que hoy propone la 1ª lectura, ha sido fuertemente subrayado por la enseñanza rabínica. Según cierta tradición, Jonás quiso morir en el mar por la salvación de Israel, y ofreció voluntariamente su muerte: "Tomadme y echadme al mar" (Jon 1, 12). Según los rabinos, lo hizo así porque temía que los paganos se convirtieran e hicieran penitencia, y de este modo dejasen en ridículo a Israel, que en dicho momento ni se convertía ni hacía penitencia.

         La muerte de Jonás (por la ballena) fue, de acuerdo con la tradición rabínica, una muerte voluntaria por la salvación de Israel, y por esta razón fue Jonás un "justo perfecto", cuyo ejemplo será modulador del Juicio Final. Un signo (el de la muerte voluntaria, para salvación del pueblo) que es el que reclamará Jesús cuando vaya a ir a la cruz, y que también volverá a ser signo al final de los tiempos, cuando él vuelva para el Juicio Final.

         Pero volvamos a Jonás. Porque parece ser que Jonás recelaba de la bondad de Dios, y al anunciar un juicio de Dios, todos en Israel se burlaban de él. Pero los habitantes de Nínive (en la salvaje Asiria) creyeron en él, e hicieron penitencia. Y esa conversión de los ninivitas sí que me parece un hecho sorprendente. ¿Cómo llegaron a creer?

         La única respuesta que encuentro es que los ninivitas, al escuchar la predicación de Jonás, se vieron obligados a reconocer que el contenido de su mensaje era verdadero, y que dicho mensaje contrastaba con la perversión en que ellos vivían dentro de la ciudad. Pero sobre todo lo 1º: que la otra parte era la verdadera. En consecuencia, comprendieron que lo que él pedía (la conversión) era la única vía posible para salvar la ciudad, al situarse ésta en el blanco de la diana de aquella profecía. Los ninivitas percibieron la autenticidad de aquella verdad, y actuaron en consecuencia.

         Un 2º elemento, que sin duda apoyó la credibilidad de Jonás, fue el desinterés personal del mensajero, pues él venía de muy lejos (la atrasada Israel) para cumplir una misión en un sitio (la potente Asiria) que lo exponía al escarnio, y tampoco aparentaba sacar ninguna ganancia personal. La tradición rabínica añade otro 3º elemento: Jonás quedó marcado por los 3 días y 3 noches que pasó en el corazón de la tierra, en "lo profundo de los infiernos" (Jon 2, 3), y en él eran visibles aquellas huellas de la muerte, y dotaban de autoridad sus palabras.

         Aquí nos salen al paso algunas preguntas. ¿Creeríamos nosotros, creerían nuestras ciudades si viniese un nuevo Jonás? También hoy busca Dios mensajeros de la penitencia para las grandes ciudades, las Nínives modernas. ¿Tenemos nosotros el valor, la fe profunda y la credibilidad que nos harían capaces de tocar los corazones y de abrir las puertas a la conversión?

Joseph Ratzinger

*  *  *

         El profeta Jonás (el único personaje judío que aparece en este libro) no es precisamente un modelo de creyente ni de profeta. Si por fin va a predicar a Nínive es porque se ve obligado, porque él bien había querido escaparse de su misión. Nínive era una ciudad considerada frívola, pecadora, y Jonás teme un estrepitoso fracaso en su misión. Además, se enfada cuando ve que Dios, compadecido, no va a castigar a los ninivitas. Mal profeta.

         No hace falta que consideremos como histórico este libro de Jonás. Es un apólogo a modo de parábola, una historia edificante con una intención clara: mostrar cómo los paganos (en este caso nada menos que Nínive, con todos sus habitantes, desde el rey hasta el ganado) hacen caso de la predicación de un profeta y se convierten, mientras que Israel, el pueblo elegido, a pesar de tantos profetas que se van sucediendo de parte de Dios, no les hace caso.

         Jonás anunció que "dentro de 40 días Nínive será arrasada". A nosotros se nos está diciendo que "dentro de 40 días será Pascua", la gran ocasión de sumarnos a la gracia de ese Cristo que a través de la muerte entra en una nueva existencia. ¿De veras podremos celebrar Pascua con él? ¿De veras nos creemos la oración del salmo de hoy, "oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme"?

         La cuaresma es la convocatoria a la renovación. Como dice el prefacio II de cuaresma, "has establecido generosamente este tiempo de gracia para renovar en santidad a tus hijos, de modo que, libres de todo afecto desordenado, vivamos las realidades temporales como primicias de las realidades eternas".

José Aldazábal

 Act: 25/02/26     @tiempo de cuaresma         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A