28 de Febrero

Sábado I de Cuaresma

Equipo de Liturgia
Mercabá, 28 febrero 2026

Dt 26, 16-19

         Como último libro del Pentateuco, el Deuteronomio es, a pesar de las apariencia, uno de los libros menos jurídicos de la Torah. Su finalidad es más homilética que legislativa, y su agudizado sentido de la historia y de las relaciones personales con Dios hacen de él, ante todo, un libro religioso.

         Este pasaje recuerda el contenido de la Alianza, y subraya su carácter espiritual. La alianza es una realidad siempre actual, y el Deuteronomio ha insistido fuertemente sobre este valor del hoy (vv.16-18). No se trata, pues, de vivir dentro de una economía antigua, sino de aprender del pasado para definir mejor el presente, pues las maravillas pasadas no cesan de renovarse en la actualidad.

         En cada uno de los fieles, añade el Deuteronomio, vuelve a activarse el drama del desierto, con sus beneficios y murmuraciones, con sus bendiciones y alternativas. Y a cada uno le corresponde, por tanto, escoger entre el amor de Dios y la tentación del olvido (Dt 6, 12). La vida feliz y la gloria (v.19) son la recompensa prometida por Dios a quienes le sirven y le obedecen (v.16).

         Para subrayar el carácter religioso de esta Alianza, el autor se refiere a la noción de contrato bilateral, única capaz a sus ojos de subrayar el compromiso mutuo de 2 libertades (vv.17-18). La ley no es, pues, una simple nomenclatura de preceptos impuestos al hombre, sino que compromete más bien a una actitud religiosa: "Yo seré tu Dios" (v.17) y "tú serás mi pueblo" (vv.18-19).

         La mayor parte del Deuteronomio fue escrita en una época en que Israel tomaba conciencia de haber abandonado a Yahveh, y trataba de recuperar el sentido de su fe e historia, dentro del acontecimiento original de la Alianza 

         Esa es la razón por la que Israel presenta la Alianza que le vincula a Dios no tanto como una decisión unilateral de Dios (un testamento), sino como un contrato bilateral. La finalidad de todo esto es propiamente religiosa, y por ello de lo que se trata no es de colocar al hombre en un plano de igualdad con Dios (el cual sigue siendo el 1º y único contratante), sino de no olvidar la responsabilidad personal del pueblo, y la necesidad de forjar un corazón de carne (de espíritu) y no un corazón de piedra (de letra; Jer 31), para responder a la acción de Dios.

         Esta presentación de la Alianza como contrato bilateral entre Dios y su pueblo presenta sus peligros, y el fariseísmo comprometerá su importancia. Eso sí, sin olvidar la libre adhesión del hombre a Dios, que es el único contratante de la Alianza y que apunta ya a una encarnación salvadora, no salvando al hombre sin el hombre, y sí en total fidelidad total a la condición humana.

         El cristiano, por tanto, y por su condición de fruto de la encarnación de Dios, no puede dar razón de su fe si no es poniendo por delante de todo la gratuidad de la elección de Dios en Jesucristo, lugar de la Nueva Alianza y cumplimiento de la promesa. En ese sentido, tiene la eucaristía un significado: llama a los participantes a vivir los acontecimientos de su vida en actualización de Jesucristo (del que es memorial), y les exige la misma fidelidad a la voluntad de Dios, como proclamación de su vocación gloriosa de humanidad.

Maertens-Frisque

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         "Te has comprometido con el Señor a ir por sus caminos", nos recuerda hoy el libro del Deuteronomio. La idea del camino describe bien nuestra vida. Moisés se lo dice hoy a su pueblo. A nosotros, en la cuaresma, se nos recuerda de un modo más explícito que los cristianos tenemos un camino propio, un estilo de vida, el que nos traza la palabra revelada de Dios, que escuchamos cada día.

         Son las exigencias internas de la Alianza: nosotros tenemos que portarnos como el pueblo de Dios, siguiéndole sólo a él. Dios, por su parte, nos promete ser nuestro Dios, ayudarnos, hacer de nosotros el "pueblo consagrado", elegido, que da testimonio de su salvación en medio del mundo. Es el único camino que lleva a la salvación. A la felicidad. A la Pascua. Dios nos es siempre fiel. Nosotros también debemos serle fieles y cumplir su voluntad "con todo el corazón y con toda el alma".

         Si los del AT podían sentirse urgidos por esta llamada, mucho más nosotros, los que vivimos según la Nueva Alianza de Cristo: nuestro compromiso de caminar según Dios es mayor. De modo que pueda decirse también de nosotros, con el salmo responsorial de hoy: "Dichoso el que camina en la voluntad del Señor; ojalá esté firme mi camino para cumplir tus consignas".

         Hoy tenemos que recoger, en concreto, la difícil consigna de Cristo: amar a los enemigos. Su lenguaje es muy claro y concreto (demasiado para nuestro gusto): "Si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? Si saludáis sólo a vuestro hermano, ¿qué hacéis de extraordinario?". ¿Somos de corazón ancho? ¿Amamos a todos, o hacemos selección según nuestro gusto o nuestro interés? Según el termómetro que nos propone Jesús, ¿podemos decir que somos hijos de ese Padre que está en el cielo y que ama a todos?

         Varias veces ha aparecido en la 1ª lectura la palabra hoy. Y es a nosotros a quienes interpela esta palabra, para que en esta cuaresma (la de este año concreto) revisemos si el camino que llevamos es el que Dios quiere de nosotros o tenemos que reajustar nuestra dirección. La gracia y la benevolencia de Dios se realizan en la humanidad de forma histórica y concreta. Dios quiere manifestar su amor por los hombres, amando y siendo fiel a un pueblo. E Israel, a su vez, se compromete a ser obediente a su ley.

José Aldazábal

 Act: 28/02/26     @tiempo de cuaresma         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A