29 de Mayo

Viernes VIII Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 29 mayo 2026

1 Ped 4, 7-13

         La Carta I de Pedro aborda unos deberes muy concretos de los cristianos, en sus relaciones ordinarias de la vida corriente. En concreto, aborda los deberes:

-de los ciudadanos, respecto a las autoridades civiles,
-de los esclavos, respecto a sus amos,
-de los esposos, respecto al cónyuge,
-de los hombres, respecto a todos sus hermanos.

         "Hermanos, el fin de todas las cosas está cerca". El clima humano de esta comunidad es el de una persecución que se siente venir. Más adelante, Pedro dirá: "No os extrañéis del incendio que ha prendido entre vosotros para probaros". No olvidemos que ese mismo Pedro morirá mártir en el año 67, ¡uno o dos años después de esta carta! Por lo tanto la evocación del "fin de todas las cosas", lejos de descorazonar, es un estimulante.

         "Sed pues sensatos y sobrios para daros a la oración". El término griego que nuestra versión traduce por sensato significa a la vez moderado, prudente, mesurado y casto. La frase más aproximada sería "hombre de buen sentido o de sentido común", y el término sobrio vendría a indicar la misma actitud. Pedro recomienda a los recién bautizados un dominio de sí que predisponga a la oración.

         El enervamiento, los excesos de la pasión, la sobrecarga de horas de trabajo... no facilitan nuestros esfuerzos para la oración. Sabemos esto muy bien. Hay que sacar quizá una consecuencia. Es sin duda lo que suscita la afición hacia las técnicas de yoga o de zen en muchos de nuestros contemporáneos, por demás sobreexcitados: encontrar la paz, para orar mejor.

         "Ante todo, prodigad un amor intenso entre vosotros, porque la caridad cubre todas las faltas". Pedro vuelve a este tema esencial. Ser bautizado es comprometerse a amar, y para ello cita Pedro la Biblia. De hecho, hasta 72 citas del AT introduce el apóstol en esta breve epístola.

         Señor, ayúdame a "amar intensamente", y que este amor "cubra mis pecados". Amar a los demás, servirles, es compensar el mal que por otra parte hacemos. La caridad cubre nuestros pecados, y Dios ve la caridad... ¡como si ella camuflara nuestras faltas a los ojos de Dios!

         "Practicad la hospitalidad entre vosotros" y "poned al servicio de los demás la gracia que cada uno de vosotros haya recibido". Pedro indica concretamente dos modos de amar:

-la acogida, la hospitalidad... o literalmente "el amor al extraño". Esa hospitalidad, tan querida del alma oriental y tan generalmente abandonada en Occidente. Sí, ser bautizado es ser acogedor;
-la puesta en común de los carismas, y nuestras dotes personales puestas al servicio de todos. Sí, ser bautizado es compartir lo que se ha recibido.

         Si alguien tiene el don de la palabra, ¡que sea portavoz de Dios! Si tiene el don del servicio, ¡que lo cumpla con la fuerza que Dios le da! Dios está aquí, presente, asoma sin cesar. Nuestros carismas, o dones recibidos, proceden de Dios, y no podemos guardarlos celosamente para nosotros mismos.

Noel Quesson

*  *  *

         Leemos hoy el último pasaje de la Carta I de Pedro. En los escritos de la ªa generación se nota la creencia que tenían de que el fin del mundo estaba próximo, que la vuelta gloriosa del Resucitado era inminente. A veces sus autores argumentan a partir de esta convicción: "El fin de todas las cosas está cercano. Sed, pues, moderados y sobrios, para poder orar".

         Las actitudes a las que invitan valen igual si no va a ser tan inminente el fin: por ejemplo la fortaleza que un cristiano ha de tener frente al "fuego abrasador" o persecuciones que le puedan poner a prueba su fe.

         Una serie de recomendaciones que siguen teniendo ahora, después de 2.000 años, toda su actualidad.

         Sea cuando sea el fin del mundo, un cristiano debe mirar hacia delante y vivir vigilante, en una cierta tensión anímica, que es lo contrario de la rutina, la pereza o el embotamiento mental.

         Los consejos de Pedro nos ofrecen un programa muy sabio de vida: tener el espíritu dispuesto a la oración, llevar un estilo de vida sobrio y moderado, mantener firme el amor mutuo, practicar la hospitalidad, poner a disposición de la comunidad las propias cualidades, todo a gloria de Dios.

         No está mal que la carta termine aludiendo a sufrimientos y persecuciones. Tal vez aquí se refiere a alguna persecución contra los cristianos de los años 60 (cuando murieron Pedro y Pablo en Roma). Con todo, estas pruebas han sido continuas a lo largo de los 2.000 años de la comunidad cristiana, y siguen existiendo también ahora en la comunidad y en la vida de cada uno. Se trata de pruebas que dan la medida de nuestra fidelidad a Dios y nos van haciendo madurar en nuestro seguimiento de Cristo.

         Desde luego, si la carta es de Pedro, supone un cambio muy notorio en su actitud, porque antes, cuando Jesús anunciaba la cruz en el programa de su camino, Pedro era el primero en protestar y no aceptar el sufrimiento como parte del Reino mesiánico. Ahora lo ha asimilado, lo recomienda en la carta y, sobre todo, da pruebas de conversión con su testimonio de fe ante el emperador Nerón, hasta el martirio.

         Sería ya el ideal que llegáramos a la consigna final de Pedro: "Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo".

José Aldazábal

 Act: 29/05/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A