23 de Mayo
Sábado VII de Pascua
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 23 mayo 2026
Hch 28, 16-20.30-31
Cuando entró en Roma, se le permitió a Pablo vivir en una casa particular con un soldado que le custodiara. Y así permaneció en Roma 2 años enteros, en una casa que había alquilado y a la espera del juicio al que había apelado.
Ha llegado Pablo, pues, a la gran capital del mundo: Roma. Y en ella permanecerá durante varios años, en el centro del inmenso Imperio pagano. Un lugar en que, por otro lado, escribirá su Carta a los Colosenses, Carta los Efesios y breve Carta a Filemón.
Hoy todavía son dignos de contemplar la suntuosidad y ruinas de los foros y monumentos de la Roma imperial. En esa civilización que fue brillante y decadente a la vez, y que aparecía ante todo el mundo como segura de su fuerza y orgullosa de su poder. Un inmenso mundo pagano en el que Pablo, humilde y obstinadamente, propagará el evangelio en el corazón de muchos hombres y mujeres.
A menudo suelo pensar, Señor, que hoy todavía tu evangelio se encuentra frente a un mundo impermeable, masivamente alejado de las perspectivas de la fe. Concédenos, Señor, confiar en el progreso de tu evangelio, sin acciones ruidosas y de forma humilde, pero con la oración perseverante de los cristianos que te han encontrado. San Pablo lo hizo así, con tan sólo algunas decenas de cristianos, y en medio de la inmensa Roma.
A los 3 días después de su llegada, Pablo convocó a los principales judíos, y a ellos les dijo: "Hermanos, no he hecho nada contra nuestro pueblo, pues precisamente por la esperanza de Israel, llevo yo estas cadenas".
Sin pérdida de tiempo, emprende Pablo la evangelización de la gigantesca Roma, siguiendo el esquema pactado para su lejano 1º viaje misionero: comenzar por los judíos. Y a su llegada convoca a cuantos puede, poniendo de manifiesto a los suyos que la fe en Jesús es la prolongación de toda la tradición de Israel. Innovador y a la vez tradicional.
Pablo propone en Roma toda la novedad del evangelio, infusa en la tradición recibida de las generaciones precedentes. Pues el AT era portador de una esperanza, que conservó valientemente pero que ya ha sido cumplida, con la llegada de Jesús. Así, pues, el AT sigue siendo válido, pero si se rechaza a Jesús (su cumplimiento) puede considerarse caduco. Aceptando a Jesús, el AT sigue estando vigente, y completamente novedoso.
Pablo recibía a todos los que iban a verle, "proclamando el Reino de Dios y enseñando con toda valentía lo referente al Señor Jesús". Los Hechos de los Apóstoles terminan aquí. Y la historia final de Pablo acaba en algo vago, como en medio de la noche.
Posiblemente al cabo de 2 años Pablo fue liberado, y emprendería un nuevo viaje misionero (Galia, Hispania...). Hasta que vuelva a ser encarcelado bajo la persecución de Nerón (ca. 67), conducido de nuevo a Roma, encarcelado en la cárcel Mamertina junto a Pedro, y decapitado dignamente en la zona extramuros de la ciudad.
Noel Quesson
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Nos encontramos ante el pasaje final del libro de los Hechos, en que se nos informa de la llegada de Pablo a Roma, acompañado por los hermanos que, desde el Foro de Apio y Tres Tabernas, le habían estado esperando.
Se nos cuenta a continuación la situación de arresto domiciliario en que queda Pablo en Roma (vv.15-16), y la alocución y último encuentro de Pablo con los judíos (vv.17-29). De pronto, el libro se cierra bruscamente indicando que, a pesar de todo, durante 2 años siguió predicando Pablo el reino de Dios y enseñando lo que se refiere al Señor Jesús, con toda libertad y sin estorbos.
La llegada de Pablo a Roma reviste un significado teológico extraordinario, porque con ella se terminaba el encargo que el Resucitado había dado a los apóstoles (Hch 1, 8). Es muy comprensible, por tanto, que en este pasaje resuenen con toda su intensidad las líneas de fuerza de la teología paulina, de la que informa toda la obra lucana.
Pablo dirige su último alegato a los judíos de Roma, a los que enfáticamente les lanza un desafío decisivo: ellos son los verdaderos destinatarios del mensaje. Pero si rechazan su condición privilegiada, y continúan con su rechazo, la historia de salvación empezaría a tener su centro de gravedad en los gentiles. Se recurre al famoso texto de Is 6,9-10 (ya citado en otros lugares del NT) y se le vuelve a dotar de la misma finalidad de siempre (Mt 11,14-15; Jn 12,40), con el fin de ilustrar el destino paradójico de los judíos.
Los gentiles han tomado el relevo de los judíos, y Roma el relevo de Jerusalén. Lucas ya dijo todo lo que tenía que decir, y por eso su obra se cierra de una manera aparentemente abrupta.
Fernando Casal
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Leemos los fragmentos finales de Hechos de los Apóstoles. El 1º fragmento alude al comienzo de la actividad apostólica de Pablo en Roma, en la casa donde cumple prisión domiciliaria. Lucas presenta a Pablo inocente y procesado, prisionero por causa de la esperanza de Israel y platicando con los dirigentes judíos (vv.16-20).
A continuación, presenta a Pablo replanteando a los judíos el problema central de los primeros años del cristianismo: la continuidad y la ruptura entre cristianos y judíos (vv. 21-29). Y se esfuerza Pablo en exponerles el reino de Dios, para llevarlos a Cristo con argumentos de la ley de Moisés y de los profetas.
Frente a los judíos que no llegan a creer, aduce Pablo lo de Isaías: "Se ha embotado el corazón de este pueblo, y no quiere convertirse". Muestra así Pablo que ha ofrecido el evangelio a los judíos, y que como éstos lo rechazan, "Dios ofrece la salvación a los paganos, quienes sí que la acogerán" (vv.28-29).
Los 2 versículos finales de nuestra lectura de hoy (vv.30-31) son el epílogo del libro de Lucas: Pablo recibe a todos los que van a verlo en su prisión domiciliaria, donde se dedica "con toda libertad" a anunciar el reino de Dios de Jesús el Señor. Queda cumplido el programa misionero que trazó Jesús, anunciado por Lucas al comienzo de este libro (Hch 1, 8).
José A. Martínez
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El pasaje de los Hechos que hoy leemos resume los 2 años que Pablo estuvo en Roma en su 1º cautiverio romano. Nos saltamos, por tanto, lo que se cuenta de su viaje por mar de Cesarea a Roma (lleno de peripecias) y su estancia en Malta (también llena de peripecias).
En Roma estuvo alojado Pablo en un piso alquilado, bajo arresto domiciliario vigilado. Pero nada le impedía hacer lo que él siempre había querido hacer: anunciar a Cristo Jesús. Y a eso se dedica precisamente ahora, en el corazón del Imperio y del mundo: Roma.
Llamó ante todo a los principales de los judíos, ante los que se justificó y les dio su versión del proceso que había tenido lugar en Jerusalén contra él. Pero también predicó a otros muchos, "enseñando la vida del Señor Jesucristo con toda libertad".
No fue en este 1º cautiverio de Roma cuando dio testimonio Pablo con su muerte. Pues al ser liberado, visitó otras comunidades y seguramente viajó a España, como ya había anunciado que iba a hacer. Será en una 2ª detención (por decreto de Nerón, contra él y resto de cúpula eclesial) cuando entonces vuelva encadenado Pablo a Roma, para morir martirialmente el año 67.
Con arresto domiciliario o no, a Pablo nada le impide predicar a Cristo. Ahora da testimonio de Jesús en Roma, como ya le había anunciado el Señor en una visión y como el Señor había encargado a los discípulos el día de la Ascensión: que dieran testimonio de él "empezando en Jerusalén y llegando hasta los confines de la tierra".
Es incansable este apóstol, y la fe inquebrantable que tiene en Jesús le mueve en todo momento y da sentido a toda su actuación. Y cuando se trata, no de sus derechos personales sino de la evangelización, se defiende con inteligencia, para que la Palabra no quede nunca encadenada.
José Aldazábal
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Llegamos hoy al final del libro de los Hechos, que presenta a Pablo en Roma, donde va a permanecer un par de años recibiendo a todos los que acudían, predicándoles el reino de Dios y enseñando la vida del Señor Jesucristo con toda libertad, sin que nadie le molestase.
Se nos dice también que Pablo vivió en Roma en una especie de régimen domiciliario: podía vivir en una casa alquilada, pero bajo la custodia permanente de un soldado romano. Podía recibir visitas y dejarse acompañar por cuantos discípulos y discípulas quisieran, e incluso podía predicar y celebrar eucaristías. Y todo eso por el espacio de 2 años.
El tenor positivo de estas frases hace pensar que Lucas es casi un ferviente partidario de vivir con un soldado a la puerta de casa. En fin, por encima de las circunstancias, importa subrayar cómo vive Pablo esta situación por dentro. Es lo que dice claramente a la comunidad judía de Roma: "Por la esperanza de Israel llevo estas cadenas". Todo lo soporta Pablo, porque "nada nos separará del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús".
Fiel al esquema que ha seguido a lo largo de Hechos, su autor Lucas nos dice que Pablo predicó 1º a los judíos, llamándolos a su casa. La colonia judía en Roma era muy numerosa, con varias sinagogas y hasta varios cementerios exclusivamente judíos, que datan de la época. Pablo les hace una especie de resumen de cómo han sido sus relaciones con el pueblo elegido, manifiesta su amor y respeto por sus paisanos, y asegura que no tiene ninguna intención de acusarlos ante los tribunales paganos.
Al final de la lectura encontramos 2 afirmaciones importantes: que Pablo predicaba el reino de Dios, y que enseñaba la vida de Jesús. Hermosa síntesis de toda predicación cristiana: el reinado de Dios y la vida de Jesús; el uno para el otro: Jesús para el Reino, el Reino como misión y tarea de Jesús.
Confederación Internacional Claretiana
Act: