22 de Mayo
Viernes VII de Pascua
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 22 mayo 2026
Hch 25, 13-21
Nos encontramos hoy con las páginas finales de los Hechos de los Apóstoles, que citan a un cierto número de personajes históricos (gobernadores, oficiales, soldados...) bien conocidos por los documentos civiles de la época. Y en ellos inserta su cronista (Lucas) los hechos finales de la historia de Pablo. En Cesarea, por ejemplo, se ha encontrado recientemente una inscripción que indica el asiento que ocupaba Pontius Pilatus, cuando éste asistía a las representaciones teatrales.
En esa misma ciudad de Cesarea, Pablo se encontró con el gobernador Felix, con el gobernador Festo, con el rey Herodes IV de Judea (Agripa II) y con su hermana Berenice (que pronto será la amante de Tito, general romano que asoló Jerusalén, y posteriormente sería emperador de Roma). Efectivamente, el evangelio comenzó a expandirse en la oscuridad de unas provincias lejanas, pero empieza a acercarse a Roma, la capital del Imperio (aunque sea por muy torcidos caminos, o a través de un cautiverio).
En Cesarea, el gobernador Félix (y luego su sucesor Festo, con la mente lógica de un funcionario oficial) nos resume lo esencial del expediente de Pablo: "Tuvieron una discusión sobre su religión particular, y un tal Jesús que murió y del cual Pablo afirma que está vivo". En efecto, esto es lo esencial, aunque el gobernador romano lo diga de forma vaga ("un tal Jesús") y despreocupada ("del cual Pablo afirma").
Ante dicha situación, de indiferencia romana, Pablo aprovecha la oportunidad y apela a Roma, aludiendo al mismo césar. Condúcenos, Señor, donde tú quieres, aunque sea a la misma Roma. Y ayúdanos para que nos dejemos conducir. Ayúdanos también a vivir en tu presencia. San Pablo, ruega por nosotros.
Noel Quesson
* * *
La causa de Pablo sigue ahora su curso bajo el sucesor de Félix (Porcio Festo), durante el proceso público ordenado por éste cuando el apóstol tomó la decisión trascendental (apelación al césar) que le llevó a Roma. De este pasaje forman la nueva vista de Pablo ante Festo, la delegación judía venida de Jerusalén y la apelación al césar del procesado Pablo (vv.1-12), la información que de ello da Festo al rey Agripa II (vv.13-22) y la nueva comparecencia pública de Pablo ante Agripa II, Berenice, Festo y los prohombres de la ciudad (vv.23-27).
Desde el 1º contacto del nuevo procurador con las autoridades judías de Jerusalén no cabe duda que el caso de Pablo debió de tratarse de caso de difícil solución. Una vez más se nos informa de la acusación y de la autodefensa de Pablo, en términos semejantes al proceso anterior y con un peligros cariz político.
Y si bien Festo manifestaba cierta talla política, y demostraba seriedad al querer resolver el caso de forma legal, éste propuso un nuevo juicio a Pablo en Jerusalén para "congraciarse con los judíos" (v.9). Se repetía el caso de Pilato (Lc 23, 12.24), de Herodes Agripa (Hch 12, 3) y de su predecesor Félix (Hch 24, 27).
Al ver Pablo que Festo había ido demasiado lejos, recurrió a su derecho de ciudadanía romana y apeló al césar, bloqueando así el proceso en territorio judío. Pues el Dios en quien creía Pablo no era el Dios de la fatalidad y de los destinos (trenzados al margen de las decisiones humanas), sino el Dios que salva y teje la historia a través de los hombres.
Es peligroso pensar que el futuro de la Iglesia, y la solución de sus graves problemas, serán únicamente el resultado de la gracia y de una plegaria alienadora, y de que no entra en los planes de Dios la acción de los hombres que planean y actúan con clarividencia histórica.
Todavía ordenaría Festo una nueva comparecencia pública de Pablo ante Agripa II (Herodes IV de Judea) y Berenice con los prohombres de la ciudad. No porque el proceso estuviese jurídicamente bloqueado, sino por la apelación que había hecho Pablo a Roma. Sería la ocasión para la última gran apología de Pablo, según narra Hechos de los Apóstoles.
Fernando Casal
* * *
El nuevo gobernador romano en Judea (Porcio Festo) mantiene detenido a Pablo en Cesarea, a donde lo han trasladado para mayor seguridad. Y aprovecha la visita del rey Agripa II y de su hermana Berenice para explicarles el caso de Pablo, uno de los más curiosos que ha heredado de su antecesor Félix.
Festo, como todos los personajes romanos que aparecen en el libro de Hechos, se muestra respetuoso respecto de la ley, y está deseoso de que triunfe la justicia. Pero a nosotros nos interesa el modo cómo él resume la discusión entre Pablo y los judíos. Se trata de "un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo".
Y como Pablo ha apelado al césar, al gobernador no le queda más remedio que mantenerle en la prisión de Cesarea, hasta el momento en que se organice la travesía hacia Roma de algún barco oficial. Ojalá se pudiera resumir todo lo que nosotros hablamos y trabajamos, con las mismas palabras del gobernador romano sobre Pablo: "un difunto llamado Jesús, que Pablo sostiene que está vivo".
El mundo de hoy, aunque en cierta medida aprecie a Jesús por su doctrina y su testimonio, llega pocas veces a la convicción de su divinidad o de su resurrección. Y no se deja animar por la presencia (también hoy y aquí) del Resucitado, sino que se mantiene en el Crucificado. De cada uno de nosotros se tendría que poder decir que sí creemos en ese Jesús Resucitado, y que es él quien da sentido a nuestra existencia y a nuestra actividad. Si no, ¿de qué habrán servido estas siete semanas de celebración pascual?
José Aldazábal
* * *
La apelación de Pablo al césar (Hch 25, 10-11), y la respuesta positiva del procurador Festo ("apelas al césar, pues al césar irás", v.12), pedían el inmediato traslado de Pablo a Roma. Pero Lucas hace en su relato un largo paréntesis, en el que Pablo expondrá su caso al rey Agripa II.
En la lectura de hoy (1ª parte del paréntesis) aparecen unos personajes que aluden a otros. Agripa II (Herdoes IV de Judea) era hijo de Agripa I (Herodes III de Judea; Hch 12, 1) y reinaba en Iturea. Berenice era su hermana, Nerón ostentaba entonces el título de augusto emperador (Hch 25, 21-25) y Festo era el nuevo procurador de Judea.
El objetivo de Lucas en ese paréntesis es doble: introducir una declaración de la autoridad romana y judía sobre la inocencia de Pablo (Hch 26, 30-32) y aproximar el proceso contra Pablo al proceso que sufrió Jesús (llevados ambos entre las autoridades judías y romanas, que entran en complicidad y en contradicción sobre la acusación y la sentencia).
Con la furia con que los judíos sentenciaban a muerte a Pablo, contrasta el modo romano de relativizar unos cargos que al imperio le traen sin cuidado: son cosas "de su propia religión", a vueltas con "un tal Jesús ya muerto, que según Pablo está vivo" (vv.23-27).
Pero lo importante es la afirmación de Pablo de que "Jesús está vivo". Y ciertamente que él no se ha alejado de entre nosotros, pues se ha hecho invisible pero continúa con nosotros; más aún, habita en nuestro propio interior. Por él debemos estar dispuestos a ir hasta el último rincón de la tierra, para proclamar su evangelio. Pues el cumplimiento de la misión que el Señor nos ha confiado debe impulsarnos no sólo a darlo a conocer, sino a esforzarnos denodadamente para que su salvación y vida llegue a toda la humanidad (incluida la misma Roma) y surja así una humanidad nueva.
Servicio Bíblico Latinoamericano
* * *
Como en Jerusalén los judíos más fanáticos tramaban contra la vida de Pablo, el tribuno romano decidió remitirlo al procurador romano de la provincia de Palestina, cuya residencia oficial estaba en Cesarea marítima (la ciudad romana que había fundado y construido el rey Herodes I de Judea). En la cárcel del gobernador, Pablo permaneció de 2 a 3 años, bajo el gobierno del procurador Antonio Félix (ca. 52-60) y su sucesor Porcio Festo (ca. 60-62).
En la lectura de hoy el libro de los Hechos nos hace saber, por boca de Festo, que Pablo y sus enemigos han sido escuchados por el gobernador, que no se encuentra en la causa nada digno de castigo, y que ha decidido remitirlo a Roma, para que sea juzgado por los tribunales imperiales. Todo lo cual informa Festo a Agripa II (Herodes IV de Judea), que con su hermana Berenice ha ido a Cesarea a visitarlo.
Por otra parte, nos hemos de admirar de que el Espíritu divino disponga los acontecimientos de la historia y mueva los corazones de los hombres, para llevar a cabo (tantas veces sin saberlo) los designios de Dios. El viaje de Cesarea a Roma era largo y costoso. Y aunque Pablo se las hubiera ingeniado para hacerlo por su cuenta, el Espíritu dispone las cosas de tal manera que pueda viajar seguro, bajo la vigilancia imperial y a costa del erario público.
En Roma, como veremos, Pablo podrá predicar el evangelio a judíos y a paganos, tendrá algún tiempo de libertad para poder misionar por el extremo occidental, y allí volverá para su martirio (dejando allí su sepulcro junto al sepulcro de Pedro, como corazón mundial de toda la cristiandad).
Confederación Internacional Claretiana
Act: