26 de Marzo
Jueves V de Cuaresma
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 26 marzo 2026
Gén 17, 3-9
La 1ª lectura de hoy nos invita a meditar sobre la actitud de Abraham y sobre la Alianza que empezó entonces entre Dios y la humanidad: "Cayó Abraham rostro en tierra y Dios le habló así: Esta es mi alianza contigo: tu serás padre de una multitud de pueblos, y Yo te haré fecundo sobremanera".
Me imagino esa escena, esa actitud, en una imagen concreta. Ese hombre prosternado, rostro en tierra, concentrado interiormente ante Dios y habiendo renunciado a todo lo restante. A ese hombre que estaba deseando un hijo, desde tanto tiempo, y al que ahora Dios le anuncia una fecundidad sobrehumana.
Aunque la verdadera fecundidad de Abraham no va a ser su descendencia biológica (que le vendrá por el nacimiento de Isaac), sino una inmensa fecundidad espiritual: la de ser "padre de los creyentes", por ser el 1º en haber creído en el verdadero Dios. Abraham aceptó la apuesta de Dios, y fue el 1º en jugarse toda su vida a una carta: Dios. Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó, y pasó a ser padre de una multitud.
"Yo seré tu Dios, y tú guardarás mi alianza". Dios, por su parte, es fiel. Pero nosotros, ¿somos fieles a la alianza? ¿De veras hemos apostado todo a Dios? ¿Confiamos, realmente, en su palabra? Porque nuestra vida diaria, así como nuestros gustos y decisiones cotidianas, no ponen de manifiesto eso, sino más bien que sólo nos fiamos de nosotros mismos. Señor, creo, pero haz que crezca mi fe.
Noel Quesson
* * *
Abraham aparece, según el relato de la tradición sacerdotal, como pieza clave en la génesis del pueblo elegido: es padre de muchos pueblos, es bendecido por Dios, establece una alianza de fe que no se extinguirá, es convocado a tomar posesión de una tierra y reino nuevo, y sus descendientes se multiplicarán como las arenas del mar.
"Tú te llamarás Abraham". En la Biblia, y en la cultura mesopotámico, uno de los signos de amor y predilección, o de destino a misiones especiales y relevantes, es que a alguien se le otorgue un nombre nuevo, por aquel que lo elige para llevar a cabo ese cometido.
Cuando Dios llama a Abrán y le asigna un nombre nuevo (Abraham), le está abriendo un horizonte deslumbrante: ser padre de multitudes, ser semilla de fe y multiplicar la vida casi hasta el infinito. Naturalmente, eso supone, por parte de Dios, el compromiso de mantenerse al lado de Abraham, el elegido, pues el futuro no puede estar sólo en manos de los hombres.
La alianza entre Dios y Abraham, que se repetirá en los descendientes, es juramento de mutua fidelidad con vistas a la fundación de un Reino nuevo que subsistirá por generaciones y generaciones. Y en todas esas generaciones futuras se tendrá siempre como prototipo de hombre fiel, leal y consagrado, al creyente y confiado Abraham, que abrió la marcha de la historia de salvación. Israel jamás podrá dejar marginado a este personaje providencial, y para nosotros también es un gran honor ser hijos de Abraham, y volver a ser hijos desde el principio.
José A. Martínez
* * *
Dios promete a Abraham que será el comienzo de una nueva dinastía, de una gran multitud, de una Alianza y de la tierra prometida. Se trata de una alianza basada en la fe de Abraham (que éste mantiene inquebrantable) y en la voluntad de Dios (de estar siempre presente en Abraham y su descendencia).
A pesar de todas las dificultades por parte del pueblo, que se aparta del recto camino establecido por Dios, éste es fiel a la promesa, y la descendencia de Abrahán permanece asegurada. Dios es fiel y "se acuerda de su alianza eternamente".
Somos los verdaderos hijos de Abraham, y el Señor es fiel a sus promesas. ¿Por qué, pues, perder la paz ante las dificultades que nos suceden? Con el responsorial Salmo 104 meditamos hoy dicha historia de la salvación y las promesas de Dios, que tendrán su pleno cumplimiento en Cristo y sus seguidores. Por eso necesitamos recordar que Dios tiene siempre presente su alianza:
"Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro. Recordad las maravillas que hizo, sus prodigios, las sentencias de su boca. ¡Estirpe de Abraham, su siervo, hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, él gobierna toda la tierra. Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada por mil generaciones, de la alianza sellada con Abraham, del juramento hecho a Isaac".
Manuel Garrido
* * *
La 1ª lectura nos presenta la Alianza que Dios establece con Abraham, una alianza perpetua y en la que los verdaderos descendientes de Abraham serán aquellos que por la fe confíen en las promesas de Dios. El cambio de nombre de Abraham indica un cambio de misión: "será el padre de una muchedumbre de pueblos", y su fe será referencia constante para sus hijos.
Para ello, ya no será el Abrán de antes (hijo de un noble) sino el Abraham de ahora (padre de muchedumbres). Dios le promete descendencia numerosa (a él que es ya viejo, igual que su mujer), y le promete la tierra de Canaán, a él que no posee ni un palmo de tierra.
Por parte de Dios no hay problema, y él cumple sus promesas "acordándose de su alianza eternamente", como nos ha hecho repetir el salmo responsorial. Pero Abraham y sus descendientes tienen que guardar también su parte de la Alianza, y tienen que creer y seguir al único Dios. Yahveh será el Dios de Israel, e Israel su pueblo. Abraham sí creyó, a pesar de todas las apariencias en contra.
José Aldazábal
Act:
26/03/26
@tiempo
de cuaresma
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
![]()