12 de Febrero
Jueves V Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 12 febrero 2026
1 Rey 11, 4-13
Nos dice el pasaje de hoy que "en la ancianidad de Salomón, sus mujeres inclinaron su corazón tras otros dioses". En 1º lugar, notemos que la posesión de muchas mujeres era entonces un signo bien visto (de riqueza y notoriedad), más que una depravación de las costumbres. De hecho, lo que se reprocha aquí es la idolatría, y no la tenencia de mujeres.
En aquel tiempo, la mujer era considerada como el lugar misterioso de fuerzas incontrolables, y recurría gustosa a la magia para dominar las fuerzas que rigen la fecundidad o la esterilidad. Y eso es lo que ocurrió a las mujeres de Salomón, que permanecieron en contacto con los cultos de su clan, sobre todo con "Astarté, diosa de los sidonios; con Milkom, ídolo abominable de los amonitas; con Kemós, dios de Moab...". Y a ellos les ofrecían sacrificios. Por supuesto, el Señor se irritó contra Salomón, por lo que hacían sus mujeres.
Sobre todo, era Milkom el peor y más abominable de esos ídolos, porque a él se le ofrecían sacrificios de niños recién nacidos, que se hacían pasar por el fuego. Líbranos, Señor, de todos nuestros ídolos, y ayúdanos a progresar más en humanidad. Hay que progresar en conocimientos y cultura, para que no tengamos necesidad de recurrir a ninguna clase de magia.
Por supuesto, el Señor se irritó contra Salomón, "porque tal ha sido tu modo de comportarte, y porque no has guardado mi alianza, ni las prescripciones que te ordené". Dios no es indiferente a los comportamientos humanos, sino que le interesan. Porque hay cosas que no pueden hacerse, y aunque no sea siempre fácil determinar lo que está bien y lo que está mal, tenemos que buscar lo que es mejor.
Sabemos que las normas morales son ambiguas, y que han evolucionado al correr de los siglos. Es cierto. Pero eso no nos dispensa de buscar lo que está bien y de evitar lo que está mal, porque lo 1º construye y lo 2º destruye. De otra parte, el bien y el mal están inextricablemente mezclados (según Jesús), y en nuestros comportamientos y decisiones hay una parte de buen grano y otra de cizaña. Lo esencial es no resignarnos, por cansancio o hastío, a hacer cualquier cosa, o bien a hacer solamente lo que nos gusta.
Se enojó el Señor contra Salomón porque "había desviado su corazón del Señor". A través de nuestro combate moral, es Dios quien está en juego, y no nosotros. Y en el resultado de la lucha es nuestra relación con Dios la que sale maltrecha o reforzada. Sobre todo, observemos que los reproches de Dios ("apartarse de Dios" y "observar la Alianza") están referidos al amor. El pecado es ante todo una ruptura entre nosotros y Dios.
Noel Quesson
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Escuchamos hoy el final el reinado de Salomón, oscurecido por problemas políticos y económicos, y por sus dificultades dentro y fuera de sus fronteras. Se apuntaba ya la división que pronto sucedería entre los reinos del norte y del sur, y el autor del libro no duda en atribuir esa decadencia al pecado en que cayó Salomón.
El pecado de Salomón no radicó tanto en la multiplicidad de esposas que tuvo en el pasado (que era costumbre de la época), sino en los pactos y alianzas que tuvo que firmar con esos matrimonios políticos, cuanto más numerosos mejor (para el presente) y peor (para el futuro).
El pecado que se le achaca al ya anciano Salomón es, pues, el de idolatría, pues esas mujeres le arrastraron hacia sus dioses, con la edificación de ermitas y con la corrupción consiguiente. Salomón faltó al 1º mandamiento, que entonces como ahora es el más importante: "No tendrás otro Dios más que a mí". Y por eso se encolerizó Dios contra él, y le anunció el castigo a su infidelidad.
¿Qué dioses extraños podemos estar adorando nosotros? ¿Qué altares o ermitas hemos construido, en vez de adorar y seguir al único Dios? ¿Se podría decir de nosotros lo que el texto dice de Salomón: "había desviado su corazón del Señor Dios"?
En nuestro caso no será nuestro pecado la multitud de mujeres, ni los templos a dioses falsos. Pero puede que lo sea el dinero, o el deseo de poder, o la ambición, o el poco control de la sensualidad, o el excesivo apego al dinero, o algún otro afecto desordenado. Porque todos ellos son ídolos que nos alejan de Dios, y que acaban dividiendo nuestro corazón entre el amor a Dios y el amor a sus falsedades (por ejemplo, con nosotros mismos).
Parecía imposible pensar que Salomón, el que había iniciado su reinado pidiendo humildemente a Dios que le diera la sabiduría, y que construyó el Templo de Jerusalén, pudiera luego caer luego en la idolatría, y acabar construyendo ermititas a otros dioses. Pero cuidado, porque también nosotros podemos caer en incongruencias, pequeñas o grandes.
Nadie está seguro, e incluso el propio Pedro negó a Cristo. Porque todos estamos en medio del mundo, y este mundo no piensa precisamente como Cristo. Podría darse que lo que dice el salmo responsorial de hoy, aplicándose a nosotros mismos: "Emparentaron con los paganos, imitaron sus costumbres, adoraron sus ídolos y cayeron en sus lazos".
José Aldazábal
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Las alianzas que había hecho Salomón con otros reinos del Oriente Medio se habían ido concretando en infinidad de matrimonios con princesas extranjeras, que con el tiempo empezaron a exigir a su marido Salomón el derecho a tener sus propios lugares de culto, para adorar a sus propios dioses. Así, dichas mujeres obligaron a Salomón a construir los santuarios en los altozanos, donde poder continuar con sus cultos idolátricos. Y el corazón de Salomón también se desvió hacia ese culto. "Desviar el corazón" significó, en Salomón, dar culto a otros dioses.
La lección está clara: no podemos hacer alianzas con los poderosos, bajo pena de quedar atrapados en sus redes. Porque hay muchos que, para no perder la amistad ni el apoyo de los poderosos, acaban justificando sus maldades. Y finalmente, ya no están al servicio de Dios, sino de los poderosos.
Si somos personas consagradas al Señor debemos ser un signo profético que ayude a que todos, dejando sus malos caminos, vivan con la dignidad que todos tenemos de hijos de Dios. Sobre todo, dispuestos a construir un mundo más justo y más fraterno, con la mirada siempre puesta en Aquel que nos ha amado para vivir. Y no conforme a los criterios de este mundo, sino conforme a los criterios de Cristo, con humildad y sencillez de espíritu.
Pero reparemos sobre todo en una frase: "Salomón hizo lo que el Señor reprueba, y no siguió plenamente al Señor como su padre David". Esto significa que la figura de David había llegado a ser para los israelitas prototipo de conducta noble y ejemplo a imitar. No había sido justo en todos sus caminos, pero por su arrepentimiento logró la justicia. En adelante, todos los reyes serán juzgados por referencia a la fidelidad de David, único rey perfecto de Israel.
Desde esa óptica, todos los gobiernos de Israel fueron juzgados y purificados por el pueblo a través del ejemplo de David, el verdadero "hijo de Dios". Pueden ser frases exageradas, pero ahí está el sentir del pueblo. Y Salomón es el 1º en escuchar su condena, en juicio a sus infidelidades.
Nosotros tenemos por guía a otro Maestro, muy superior a Salomón y el verdadero "hijo de David". Y en cierto modo podemos compararnos con David, porque también como él tenemos debilidades, pero podemos mirarnos en su espejo y arrepentirnos.
Dominicos de Madrid
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