23 de Marzo

Lunes V de Cuaresma

Equipo de Liturgia
Mercabá, 23 marzo 2026

Dan 13, 41-62

         Susana resulta apropiada en grado sumo para reflejar la naturaleza de la Iglesia y correr el velo de su misterio. Susana, su hermosura, su inocencia y, sobre todo, en el jardín. Es la imagen de la Iglesia (San Ambrosio, De Viduis, IV, 21), desposada, esposa feliz, honrada por su esposo, paseándose gozosa por el parque de su marido: es Susana en el paraíso. La iconografía cristiana antigua concedía grande importancia a este detalle; a menudo no son representados los tentadores, pero lo que nunca falta son los árboles del jardín.

         Así, pues, Susana, en su jardín, era el tema principal que los artistas se proponían, era imagen del alma cristiana recibida en el paraíso, y los mismos Santos Padres veían la imagen de la Iglesia en esta Susana en su jardín (Hipólito de Roma, Comentario a Daniel, I, 14). Según escribe con gran profundidad San Ambrosio: "La Iglesia comenzó a vivir en el jardín al punto que Jesús hubo padecido en el huerto" (Comentario al Salmo 118, 176).

         Todo esto es la mística realidad que los antiguos cristianos adivinaban en la figura de Susana. Susana en el jardín de su esposo, la Iglesia en el huerto de Cristo. El jardín no se ve muy frecuentado; está cerrado a los malos. Susana se pasea sola por él. La Iglesia se pasea sola también por él en pleno mediodía de la redención, a la luz clarísima del Amado, bajo la mirada de Cristo, luz esplendorosa y sol verdadero.

         En el jardín fluye el agua del manantial abierto por la cruz. Dos doncellas (la fe y la caridad) preparan el baño tal como lo desea la Iglesia: el de la salud, el "aceite de la alegría" celeste, la vida divina que se derramó en el jardín al romperse el frasco con la muerte de Jesús.

         La historia de Susana nos lo acaba de poner en evidencia. La Iglesia, la llena de Cristo, es bella, floreciente, eternamente joven; los perseguidores, los impíos, al alejarse de Cristo han venido a dar en la enfermedad del pecado, se encuentran próximos a la muerte y envejecidos. Buscan éstos ávidamente apoderarse de la vida de la Iglesia, de la siempre joven y divina, para poder así reanimar su vejez decrépita.

         Mas ella, con majestuosa grandeza, con sonrisa de superioridad, sabe escapar a sus malvados intentos. Y cuando nota que ellos usan la fuerza, clama a Dios y corre a esconderse en sus brazos de Padre. En su impotente rabia, los malvados prueban de aniquilar a la que no pueden hacer servir para sus fines, pretenden acumular sobre su cabeza sus acusaciones con falsos testimonios. Pero nada consiguen. En último término son víctimas de sus propios engaños y Dios acaba por triunfar en su Iglesia.

Emiliana Lohr

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         Comenzamos la semana con un tema que duele, la tragedia de la situación de la mujer en una sociedad de hombres, donde la palabra femenina no importa. Resulta suficiente el testimonio de un par de viejos corrompidos para condenar definitivamente a quien no ha hecho otra cosa que ser fiel a sí misma, negándose a acoger en su vida un secreto degradante con el que, tal vez, hubiera podido conservar la existencia pero habría muerto por dentro.

         Susana afronta el reto y prefiere apostar por la verdad, y a gritos implora a su Dios: "Dios eterno, que ves lo escondido, tú sabes que han dado falso testimonio contra mí y ahora tengo que morir siendo inocente de lo que su maldad ha inventado". Pues, en efecto, los buenos que la rodean prefieren dar crédito a las voces que la han acusado. Ante lo cual, Dios viene en ayuda de sus amados, y sale al paso de sus enemigos con sus propias armas.

         En aquella sociedad machista sólo una voz masculina podía hacerles entrar en razón. Daniel, un muchacho que aún no ha vivido el tiempo suficiente para asimilar otras enseñanzas que las de la transparencia de su propio corazón, puede prestar su voz a Dios para detener aquella locura: "¿Os habéis vuelto locos?".

         Ya sabéis lo que sigue, y al final la verdad se hace más fuerte que la ley, y se vuelve contra aquellos que han pretendido encasillarla tras los barrotes de lo establecido. Aquel día "se salvó una vida inocente".

         Felizmente, el salmo responsorial de hoy nos da la clave, para cuando llegue el momento difícil: "El Señor es mi pastor, nada me falta". Con esta certeza, abracemos la verdad con todas sus consecuencias.

         La conclusión para nosotros, ciudadanos del s. XXI, es sencilla y clara: la fidelidad a Dios es lo que importa. Y esa fidelidad no consiste en el cumplimiento de unas normas fijas e inamovibles (que nos proporcionen la seguridad de estar incluidos en la "lista de los buenos"), sino que asume el riesgo de escuchar limpiamente la voz de Dios, y abrazarla aun cuando ésta implique afrontar comentarios y desprecios (por parte de quienes, como en el caso de los que condenan a Susana, se han erigido en guardianes celosos de la ley).

Olga Molina

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         La lectura de hoy nos presenta el conocido episodio de Susana, liberada por un joven Daniel que acaba desenmascarando la trama de los verdaderos culpables. Nos situamos, en efecto, en el AT, el Testamento de la Justicia y en el que el pecado (al menos ciertos pecados) había de ser expiado por la muerte del pecador.

         Dios permite las pruebas del justo, hasta tal extremo que a veces parece que se ha olvidado de él. Es necesario esperar en Dios contra toda esperanza, como Abraham. El auxilio divino llega siempre en el momento preciso, como en el caso de Susana y en tantos otros. Con el Salmo 22 de hoy proclamamos:

"El Señor es mi pastor, y nada me puede faltar. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temeré, porque tú, Dios mío, vas conmigo. Tu bondad y tu misericordia, Señor, me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin términos".

         El NT es el Testamento de la Gracia, y en él no se mata al pecador sino que se le salva por la penitencia. Se le da fuerza para resistir a las pasiones y al pecado y para elevarse hasta la vida de las virtudes y de la santidad. San Jerónimo, en ese sentido, anima al pecador: "No dudéis del perdón, pues, por grande que sean vuestras culpas, la magnitud de la misericordia divina perdonará, sin duda, al enormidad de vuestros muchos pecados" (Comentario a Joel, III, 5).

         A lo que el beato Isaac de Stella añade: "La Iglesia nada puede perdonar sin Cristo y Cristo nada quiere perdonar sin la Iglesia. La Iglesia solamente puede perdonar al que se arrepiente, es decir, a aquél a quien Cristo ha tocado ya con su gracia. Y Cristo no quiere perdonar ninguna clase de pecado a quien desprecia a la Iglesia" (Homilías, XI).

Manuel Garrido

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         La 1ª lectura de hoy nos presenta a una mujer inocente (Susana) que es acosada por 2 ancianos viciosos, que quieren abusar de ella y que, ante la negativa de la joven, deciden denunciarla. Tras lo cual, Dios suscita al joven Daniel (lit. el Señor es mi juez) para impedir que se lleve a cabo la injusta sentencia. Y aquel día, concluye el pasaje, "se salvó una vida inocente".

         En el pasaje de Daniel hemos escuchado como Dios permite la prueba del justo, hasta el extremo que a veces parece que se haya olvidado de él. Pero el bien siempre triunfa, antes o después. Susana representa el alma del pueblo de Dios, fiel a su esposo y a pesar del adulterio que se le propone bajo el árbol de la idolatría. Los viejos insidiosos son los que se han comprometido con el paganismo.

         También presenta el pasaje el Juicio contra Susana, de aquellos viejos adúlteros que acusan falsamente a la joven de adulterio (y eso que ellos habían querido abusar de ella, y adulterar con ella). Un juicio en el que, al parecer, el único que tiene recto su juicio es Dios, que juzga según el corazón y no según las apariencias, a través de su joven profeta Daniel.

         Recojamos, ante todo, el ejemplo de Susana, y su valentía a la hora resistir al mal, esta vez de carácter sexual. Como tantas veces sucede en el mundo actual, las tentaciones idolátricas de hoy día nos invitan al pecado, y la fidelidad a los caminos del bien resulta costosa. Pero ese es el único modo de seguir siendo discípulos de Jesús, y salir incólumes de este mundo.

José Aldazábal

 Act: 23/03/26     @tiempo de cuaresma         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A