4 de Mayo

Lunes V de Pascua

Equipo de Liturgia
Mercabá, 4 mayo 2026

Hch 14, 5-17

         En Iconio se preparaba un alzamiento para maltratar y lapidar a Pablo y a Bernabé. Y éstos, al ser informados, buscaron refugio en las ciudades de Licaonia (Listra, Derbe...), donde también anunciaron la Buena Nueva. Había allí sentado (en Listra) un hombre tullido de pies desde su nacimiento (no había andado nunca). Pablo, viendo que tenía fe para ser curado le dijo: "¡Levántate!". Y el hombre dio un salto y echó a andar.

         Pablo realiza las mismas maravillas que Pedro y Jesús. Es el mismo tipo de milagro que Pedro había hecho en favor de un mendigo paralítico junto a la Puerta Hermosa del Templo de Jerusalén. Y con la misma palabra: "levántate". Pero aquí el beneficio va destinado a un pagano. Señor, prodiga tus beneficios sobre los que no te conocen todavía. Y ensancha nuestros corazones.

         Los habitantes toman a Pablo y a Bernabé por dioses, les llaman Hermes y Zeus (respectivamente) y se disponen a ofrecerles un sacrificio. Pablo y Bernabé se ven obligados a defenderse, y por eso contestan: "Nosotros somos también hombres, de igual condición que vosotros". Los apóstoles no pertenecen a una humanidad superior, sino que son como todo el mundo, participando de la condición humana y viviendo con sus contemporáneos, sin ningún sentimiento de superioridad. Así empieza el apostolado. Señor, ayúdanos a conservar nuestra vida ordinaria.

Noel Quesson

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         La palabra de Dios es anunciada por Pablo a los paganos de Listra, en principio sin aparente reacción. Pero la curación de un paralítico de nacimiento, por parte de Pablo, sí que logra exaltar los ánimos de aquellos paganos, que interpretan el acontecimiento como un signo de la presencia entre ellos de Zeus y Hermes, y tratan de ofrecerles un sacrificio para tenerlos propicios y contentos.

         Sin adentrarse en este tipo de cultura bastante extraño, Pablo les contesta que él ha venido a anunciarles a Cristo, y que éste es el único capaz de darles plenitud, pues no hay más dioses, ni hay otro nombre, en el que podamos salvarnos.

         Tal vez a algunos lectores de este pasaje, tan acostumbrados a recibir alabanzas y honores por sus servicios pastorales, no les guste este ejemplo de Pablo, pero así es: todo ha de ser referido a Dios. Efectivamente la obra de salvación no es nuestra sino de Dios. Por tanto, sólo a él sea dado todo honor y toda gloria ahora y por siempre. Nosotros sólo somos siervos inútiles; no hemos hecho sino sólo lo que teníamos que hacer.

José A. Martínez

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         Pablo y Bernabé testimonian hoy de un modo particularmente vivo la experiencia en sus vidas del Espíritu Santo. Un Espíritu Santo que no cesa en su misión de dar fuerzas a los apóstoles, haciéndoles abrazar con gozo las persecuciones, los peligros y los desvelos, e impulsándolos con celo irrefrenable a dar la Buena Noticia a los paganos.

         El relato de los Hechos que hoy escuchamos nos presenta a Pablo y a Bernabé en esta actitud. El destinatario de su compasión: un hombre lisiado, cojo de nacimiento, un hombre desgarrado por unas limitaciones de las que jamás había sido capaz de liberarse. Y aquí está para mí lo maravilloso: nuestros apóstoles son capaces de ver el corazón de aquel hombre y encontrar en él una fe capaz de curarlo.

         ¿Tenemos nosotros esa mirada? ¿Somos capaces de atisbar las semillas del Reino en el corazón de las personas que nos rodean por paganos y deformes que puedan parecernos ante nuestros ojos? Porque a esto es a lo que sencillamente estamos llamados, y ésa es nuestra misión, para lo que se nos ha enviado el Defensor.

         Sin este Espíritu no podemos hacer nada. Sólo él puede enseñarnos y recordarnos, una y mil veces, todo lo que Jesús nos ha dicho. ¿Recordamos las palabras de Jesús? ¿Las tenemos en el corazón como oro en paño? Ésta es la medida del amor a Jesucristo. Si fuéramos capaces de atisbar la profundidad de lo que esto significa nos volveríamos locos de alegría. Pues bien, hermanas y hermanos, esto es cierto, y no es una quimera. Es la palabra de Jesús que jamás vuelve a él sin haber cumplido su propósito.

Carolina Sánchez

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         Tras unas nuevas sediciones provocadas por los judíos de Iconio, los 2 misioneros (Pablo y Bernabé) llegan a Listra, donde Pablo cura a un enfermo. La multitud los toma por dioses y se aprestan a ofrecerles un sacrificio, de suerte que tienen que protestar con vehemencia y proclamar que no hay más que un solo Dios. Como explica San Beda:

"Así como el hombre cojo, curado por Pedro y Juan en la puerta del templo prefigura la salvación de los judíos, también este tullido licaonio representa a los gentiles, alejados de la religión de la ley y del templo, pero recogidos ahora por la predicación del apóstol Pablo" (Comentario a Hechos, 2).

         Los 2 misioneros manifiestan su verdadera obra. No buscan honores para sí, sino sólo para Dios y para Jesucristo, el Señor, cuya doctrina, obra y vida ellos predican para la salvación de todos los hombres: predican con su palabra y predican también con su conducta. Y esa elocuencia de sus palabras, así como los signos que hacen, deja por innecesario cualquier comentario. Donde hay fe, amor, y confianza, todo acaba en triunfo de la verdad y del Señor. Donde hay desconfianza, intereses, mentiras, todo acaba mal.

         Los cristianos hemos heredado de Israel el oficio de testimoniar y dar gloria a Dios. Y el 1º testimonio es que Cristo ha resucitado y ha sido glorificado. Por eso proclamamos con el Salmo 113 de hoy:

"No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria. Por tu bondad, por tu lealtad. ¿Por qué han de decir las naciones: Dónde está tu Dios? Nuestro Dios está en el cielo, lo que quiere lo hace. Sus ídolos, en cambio, son plata y oro, hechura de manos humanas. Benditos seáis del Señor que hizo el cielo y la tierra. El cielo pertenece al Señor, la tierra se la ha dado a los hombres".

Manuel Garrido

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         Pablo y Bernabé tienen que huir hoy de Iconio (donde les querían apedrear) y siguen su recorrido apostólico. Esta vez consiguen un gran éxito en la ciudad de Listra, donde Pablo cura a un lisiado cojo de nacimiento. Se trata de una escena paralela a la de Pedro curando a un cojo en Jerusalén (Hch 3), sólo que ahora el beneficiado es un pagano.

         El éxito es exagerado, hasta el punto de que les toman por dioses que han bajado disfrazados de hombres: a Bernabé (el más anciano) lo identifican con Zeus, y a Pablo (que es el que habla) lo toman por Hermes, el mensajero de los dioses. Y les quieren ofrecer sacrificios.

         Pablo aprovecha para hacerles una predicación. Esta vez está adaptada a los paganos, no a los judíos de la sinagoga. No parte del AT, sino del Dios creador de cielos y tierra, el que nos manda la lluvia y las cosechas. No habla explícitamente de Jesús: parece un discurso incompleto. Es como el esquema de lo que luego será su gran pieza de predicación a los paganos en el Areópago de Atenas.

         En nuestra vida a veces experimentamos éxitos, y otras fracasos. Momentos de serenidad y momentos de tensión y zozobra. Deberíamos estar dispuestos a todo. Sin perder en ningún momento la paz y el equilibrio interior, y sobre todo sin permitir que nada ni nadie nos desvíe de nuestra fe y de nuestro propósito de dar testimonio de Jesús en el mundo de hoy.

         También hay otras direcciones en que nos interpela la escena de hoy. ¿Nos buscamos a nosotros mismos? Como Pablo y Bernabé, tendremos que luchar a veces contra la tentación de endiosarnos nosotros, recordando que "somos mortales, igual que vosotros".

         Nuestra catequesis no debe atraer a las personas hacia nosotros, sino claramente hacia Cristo y hacia Dios. Como el Bautista, que orientaba a sus propios seguidores hacia el verdadero Mesías, Jesús: "No soy yo". Como dice el salmo responsorial de hoy: "No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria".

         Otra lección que nos da Pablo es la de sabernos adaptar a la formación y la cultura de las personas que escuchan nuestro testimonio: el hombre de hoy, o el joven de hoy, frecuentemente desconcertados y en búsqueda, entienden unos valores, que serán incompletos tal vez, pero son valores que aprecian. A partir de ellos es como podemos anunciarles a Dios y su plan de salvación.

         Partiendo como Pablo del AT (si se trataba de judíos), o de la naturaleza (si eran paganos), lo importante es que podamos ayudar a nuestros contemporáneos a no adorar a dioses falsos, sino al Dios único y verdadero, el Creador y Padre, porque en él está la respuesta a todas nuestras búsquedas.

José Aldazábal

 Act: 04/05/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A