11 de Febrero

Miércoles V Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 11 febrero 2026

1 Rey 10, 1-10

         La venida a Jerusalén de la reina de Saba es un pomposo ejemplo que demuestra hasta qué punto los favores que concedía Dios a Salomón daban a conocer en el extranjero el amor del Señor por su pueblo. También el salmo 72, cuando auguraba al Mesías el don de "un gobierno justo y de la paz", preveía el homenaje que prestarían los reyes de los países lejanos al rey de Israel, y anunciaba que todos los pueblos de la tierra se valdrían de su nombre para bendecirse y augurarse la felicidad.

         La fama de las bendiciones que Dios concedía a su ungido (Salomón) se extendía por toda la tierra, y se decían de él cosas tan extraordinarias que parecían increíbles. Pero cuando la reina de Sabá lo ve con sus propios ojos, ha de confesar que no le habían dicho de eso ni la mitad.

         El narrador subraya la vida fastuosa de la corte de Salomón y el esplendor de su culto, que Dios había ido añadiendo a la petición de Salomón. La sabiduría y la justicia del rey son los dones que hacen felices a quienes le rodean, y son también los que inspiran a la reina extranjera sus palabras de alabanza al Dios de Israel.

         Así, enseña el narrador sagrado que el Señor se hace conocer a los otros pueblos, a través de los favores que concede a su ungido y al pueblo escogido. Pero nos enseña también que la revelación de Dios será hallada allá donde alguien la acoja con el corazón abierto.

         El propio Jesús recordará  más tarde a la gente de su tiempo que "mientras la reina del sur vino del extremo de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, ellos no hacían caso de unos favores divinos, incomparablemente mayores que los que Dios había concedido a Salomón" (Mt 12, 42). Lo cual va también para nosotros, que estamos acostumbrados a lo que siempre hemos visto, y no reconocemos los dones de bondad que Dios nos concede dentro del pueblo que nos rodea.

Guiu Camps

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         La fama de Salomón llegó hasta la reina de Saba, y por lo que se ve se ha hecho un hueco entre los reyes importantes del concierto internacional. Parecer ser que sus políticas han triunfado, gracias a la obra de su padre David, y gracias a su propia inteligencia política. Como bien diría Jesús, hizo Salomón fructificar sus talentos, y trató de no ser una higuera estéril.

         No obstante, Salomón atribuye sus éxitos a Dios, cuando la reina de Saba le dice: "Tu sabiduría y tu prosperidad superan todo lo que oí decir". Y tras resolverle todas sus preguntas, sin que ninguna le resultara oscura, hace que la reina árabe termine exclamando: "Bendito el Señor, tu Dios, que te ha mostrado su favor".

         La reina de Saba "vio toda la sabiduría de Salomón". Pero percatémonos bien de lo que significan esas palabras para la época, porque el relato que leemos quiere hacer resaltar la inteligencia de Salomón, desde aquella orden que Dios dio al hombre: "Dominad la tierra y sometedla"

         Efectivamente, la inteligencia permite participar del conocimiento mismo de Dios, y descubre las maravillas que la Inteligencia Primera ha creado. Te ofrezco, Señor, las maravillas de la ciencia. Y ayuda a los hombres, como hiciste con Salomón, a seguir descubriendo, a penetrar los secretos restantes, a terminar el "dominio de la tierra" que nos has confiado. Pero ayúdanos a hacerlo sin orgullo.

         Esa sabiduría-prudencia de Salomón es uno de los valores humanos. Y ese encuentro entre el rey de Israel y la reina de Saba tiene un gran significado en la Biblia. Salomón practica una política de apertura, haciendo alianzas con el faraón (1Re 3, 1), llamando a técnicos extranjeros para construir el Templo de Jerusalén (1Re 9,  l0-24) y concluyendo acuerdos comerciales con Tiro (1Re 9, l0-28). Pero por encima de todo, busca Salomón integrar el saber humano de su tiempo en el pensamiento religioso de su pueblo.

         La Iglesia ha intentado siempre lo mismo, a lo largo de las distintas épocas. Y hoy abre sus puertas al dialogo con todas las grandes corrientes de pensamiento de la humanidad actual. Porque la gracia eleva la naturaleza, y no la destruye. Todo lo que es un valor en el mundo, o todo lo que es inteligencia, es ya obra de Dios, de forma optimista.

Noel Quesson

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         La sabiduría y la fama de Salomón empieza a conocerse en Oriente Medio, y empiezan a atraer visitas de extranjeros. Y esta vez, es la reina de Saba (del sur de Arabia) la que se siente atraída por la curiosidad y esas misteriosas riquezas, fama, sabiduría y prestigio de Salomón

         Pero el autor del libro se cuida muy bien de afirmar que todo ello se debe a Dios, y pone en labios de la reina visitante esta confesión: "Bendito sea el Señor tu Dios que, por el amor eterno que tiene a Israel, te ha elegido para colocarte en el trono de Israel y te ha nombrado rey para que gobiernes con justicia". El mismo salmo responsorial de hoy se recrea en la sabiduría de Salomón, y en su origen divino: "La boca del justo expone la sabiduría, porque lleva en el corazón la ley de su Dios y sus pasos no vacilan".

         Son varias las direcciones en que nos puede interpelar esta simpática escena. Salomón aparece como anuncio del verdadero Sabio (el mesías Jesús), y en varios pasajes el profeta Isaías y los salmos dirán que en los tiempos mesiánicos "vendrán de Saba portando oro e incienso y pregonando alabanzas a Dios" (Is 60,6; Sal 71,10). En efecto, los magos de Oriente vinieron a Belén a rendir un homenaje de adoración a Jesucristo, y a traer sus dones al recién nacido Mesías.

         Por otro lado, esta escena cuestiona nuestra actitud ante las cualidades que podamos tener cada uno de nosotros, aunque no lleguemos a despertar admiración en el extranjero. Porque esas cualidades nos invitan a dar gracias a Dios, y tenemos lo que hemos recibido. Si con nuestras virtudes humanas y cristianas podemos hacer algo útil a nuestro alrededor, bendito sea Dios, porque él es quien nos las ha dado.

         Nuestra preocupación debería ser no defraudarle. Pero no para llamar la atención y recibir los aplausos de la gente, sino para merecer la sonrisa y la aprobación de Dios, porque con los talentos que nos ha dado (sean 1, 2 ó 5) hemos hecho algo en bien de todos. Ojalá podamos escuchar al final: "Muy bien, siervo bueno y fiel, porque has sido fiel en lo poco, entra en el gozo de tu señor".

         También deberíamos aprender de la reina de Saba a saber reconocer y alabar las cualidades de los demás. Porque alabar a las personas que conviven con nosotros, o reconocer sus éxitos y sus méritos, o interesarnos por sus cosas y escucharlas, es una de las cosas más finas que podemos hacer, y también de las que más nos cuestan. Nos suele gustar que cuando hablamos de lo nuestro nos escuchen y se interesen. Pero cuando son otros los que hablan de lo suyo, ¡lo que nos cuesta dedicarles una palabra de alabanza!

         Finalmente, haríamos bien en recordar y no merecer la queja de Jesús: "La reina de Saba se levantará en el juicio con esta generación y la condenará, porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón" (Mt 12, 42). ¿Tomamos en serio y aprovechamos bien la sabiduría que nos enseña cada día el auténtico maestro que Dios nos ha enviado, Jesús?

José Aldazábal

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         Sólo a Dios es el que da el honor y la gloria, a quien él quiere. Y por eso la Reina de Saba no sólo reconoce la sabiduría de Salomón, sino que llega a reconocer al Dios de los israelitas, a quien eleva una oración bendiciendo su santo nombre. Nadie puede enorgullecerse de sí mismo, pues ¿qué tenemos que no hayamos recibido? Y si lo hemos recibido ¿por qué enorgullecernos, como si no lo hubiéramos recibido?

         Salomón no era sabio por naturaleza, sino porque Dios lo hizo sabio para ponerlo frente a su pueblo, de tal forma que lo condujera como si Dios mismo estuviera entre los suyos. Dios sabe lo que necesita nuestro mundo. Que Dios nos conceda todos aquellos carismas que necesita la Iglesia para continuar la obra salvadora de Dios. Y que, conforme a la gracia recibida, nos pongamos al servicio unos de otros, no vanagloriándonos sino reconociendo que todo don perfecto viene de Dios.

Dominicos de Madrid

 Act: 11/02/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A