28 de Marzo

Sábado V de Cuaresma

Equipo de Liturgia
Mercabá, 28 marzo 2026

Ez 37, 21-28

         La división del pueblo elegido en 2 reinos (Israel y Judá) a la muerte de Salomón, con sus secuelas de enemistades y odios entre los 2 pueblos hermanos, era un hecho que había preocupado a muchos israelitas, y la unión de los dos reinos era también tema de muchos oráculos mesiánicos. La restauración y resurrección (lectura de ayer) no se podrá conseguir sin la reunificación del país.

         La lectura de hoy nos presenta una acción simbólica, con su interpretación correspondiente, que termina con unas promesas mesiánicas. La acción es sencilla: Ezequiel toma 2 varas, una lleva el nombre de Judá (es decir, el Reino del Sur) y la otra el de "José, el tronco de Efraín" (es decir, el Reino del Norte).

         Efraín, hijo de José, era la tribu más importante del Reino del Norte (Gn 48), y en la mano de Ezequiel estaban las dos partes de Israel unidas, de forma que parecen una sola vara. Se significa así la unidad de los 2 reinos, insistentemente manifestada con la expresión "uno solo".

         Pero los 2 reinos están ahora en el exilio, pues hacia el 721 a.C cae Samaría (capital del Reino del Norte) y hacia el 587 a.C Jerusalén (capital del Reino del Sur), y sus habitantes son llevados al exilio. Por eso, como primer paso, es preciso que todos los desterrados vuelvan a la patria, a una patria que será común gobernada por un solo rey: un rey davídico, dado que la unidad 1ª (la constitución de las 12 tribus en un solo pueblo) fue obra de David.

         Reunidos ambos reinos comenzará la alianza nueva, la vida nueva cimentada en el cumplimiento de las leyes de Yahveh, sobre todo en su recto conocimiento y culto (v.23). Así volverán a habitar una misma tierra, bajo un mismo rey y en la presencia constante de un mismo Dios. En otras palabras: "Yahveh será su Dios y ellos serán su pueblo", que es la alianza definitiva y eterna que se hará realidad en la persona de Cristo (Lc 22, 20). Esta es la meta del camino de la renovación y de la restauración.

         La Iglesia vive en estos tiempos de la nueva alianza, unos tiempos que han de estar marcados por la unidad y no por la división y el odio, una unidad que se alcanza por una fidelidad cada vez más completa a las enseñanzas del Señor, una unidad que sobrepasa el legítimo pluralismo que puede haber en todos los campos.

         Recordemos la intensa plegaria de Jesús por la unidad (Jn 17, 20), y recordemos también que "él es nuestra paz, el que de los dos pueblos hizo uno" (Ef 2, 14). Pues "ya no hay judío ni griego, ya no hay esclavo ni libre, ya no hay hombre ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gal 3, 28).

José Manglano

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         El profeta Ezequiel asegura hoy no solo el retorno de Israel a su tierra, sino también su purificación. Los miembros del pueblo elegido se congregarán bajo el báculo de un nuevo David, que reinará para siempre, luego de pactar una alianza eterna.

         Todo ello se realiza en Cristo, verdadera presencia de Dios en su pueblo. Todo es nuevo y eterno en Cristo, lo que muestra su trascendencia mesiánica. Los judíos no lo ven ni quieren verlo, y de momento tampoco los apóstoles.

         San Teófilo de Antioquía dice al respecto: "Dios se deja ver de los que son capaces de verle, porque tienen abiertos los ojos de la mente. Porque todos tienen ojos, pero algunos los tienes bañados de tinieblas y no pueden ver la luz del sol" (Libro I, II, 7). Y San Agustín: "Que tus obras tengan por fundamento la fe, porque creyendo en Dios, te harás fiel" (Comentarios, Salmo 32).

         El Canto de Jeremías del salmo responsorial es un anuncio de libertad y de unidad para el pueblo de Dios disgregado en Babilonia: "Dios dará la libertad a Israel". Si antes del cautiverio el pueblo de Dios conoció la división en dos reinos, ahora, el que dispersó a Israel lo reunirá. Fue el pecado y la infidelidad lo que dividió al pueblo de Israel, lo que disgregó ya en los días de Babel a la humanidad entera.

         Pero Dios reunirá definitivamente a su pueblo. Así lo ha prometido por los profetas y con ese fin envió a su Hijo unigénito: "Escuchad, pueblos, la palabra del Señor, anunciadla en las islas remotas; el que dispersó a Israel lo reunirá, lo guardará como pastor a su rebaño. Porque el Señor redimió a Jacob, lo rescató de una mano más fuerte. Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor".

Manuel Garrido

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         En la 1ª lectura de hoy el profeta anuncia la restauración mesiánica de Israel después de los sufrimientos del exilio. Es la continuidad de la promesa hecha a los patriarcas, a Moisés y a David. Dios establecerá una Alianza nueva y definitiva de paz y de bienestar con su pueblo. Grande amor el de Dios, que no muere ni defrauda.

         Ezequiel cumple su papel de profeta anunciando un cúmulo de cosas que interesan sobremanera a Israel, y que nos interesan también a nosotros: las idolatrías, crímenes, infidelidades de Israel son un hecho innegable. Y, a razón de esos errores, divisiones, pérdida de poder e infidelidades... han sobrevenido muchos males, como por ejemplo el destierro.

         Pero en el plan de Dios ese destierro no es el final del camino: Dios sigue siendo fiel, compasivo y misericordioso. Y tras la destrucción (del templo, pueblo y comunidad) volverá a amanecer nuevamente la obra de su mano poderosa (es decir, el retorno, la unidad y la paz). Efectuado el retorno e implantada la paz, la alianza de amor se restablecerá con caracteres indelebles, y ya no hará nuevos fracasos: "Israel será mi pueblo, y Yo seré su Dios".

         Dentro de una semana estaremos ya en el corazón de la Pascua, meditando junto al sepulcro de Jesús. Pero el sepulcro no es la última palabra. Hoy el profeta Ezequiel nos pregona el programa de Dios, que es todo salvación y alegría y en el que Dios

-restaurará a su pueblo haciéndole volver del destierro,
-unificará a los dos pueblos (Norte y Sur, Israel y Judá) en uno solo: como cuando reinaban David y Salomón,
-purificará al pueblo, y le perdonará sus faltas,
-enviará un pastor único, un buen pastor, para que los conduzca por los caminos que Dios quiere,
-hará volver a su pueblo a la tierra prometida,
-sellará de nuevo con los hebreos su alianza de paz, y pondrá su morada en medio de ellos.

         ¿Cabe un proyecto mejor? Es también lo que dice Jeremías en el salmo responsorial, haciendo eco a Ezequiel, en el pasaje que nos sirve de canto de meditación: "El Señor nos guardará como pastor a su rebaño, y el que dispersó a Israel lo reunirá, convirtiendo su tristeza en gozo".

José Aldazábal

 Act: 28/03/26     @tiempo de cuaresma         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A