14 de Febrero

Sábado V Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 14 febrero 2026

1 Rey 12, 26-32; 13,33-34

         El cisma humano y político, que escuchábamos ayer y antesdeayer, pasa a ser hoy un cisma religioso. En efecto, antes del período monárquico el único enlace entre las 12 tribus hebreas había sido su fe religiosa en Yahveh. Y a partir de Saúl, a ese enlace religioso se la había unido el enlace político, aunque se tratase de un enlace siempre frágil.

         Bajo un solo rey, las tribus hebreas conservaron su peculiaridad. Pero las torpezas económicas de Salomón y de Roboán exasperaron en extremo a las tribus del norte, y a la 1ª dificultad cada grupo se encerró en sí mismo. La unidad se ha hecho añicos.

         Durante la monarquía, los habitantes del norte habían tomado la costumbre de ir a Jerusalén en peregrinación, para visitar el Arca de la Alianza. Y que esa peregrinación continuase haciéndose, era algo que no agradaba al nuevo rey Jeroboán, rey de las tribus del norte. De ahí que opte por el cisma religioso, rompiendo con el Templo de Jerusalén y volviendo a renovar los santuarios antiguos de Betel y Dan (en los que "erigió dos becerros de oro, uno en Betel y otro en Dan"). Al cisma humano, se añade ahora el cisma religioso.

         Los razonamientos de Jeroboán para consumar dicho cisma no habían podido ser más aberrantes, pues según la Escritura se dijo: "Tal como van las cosas, el reino volverá a la casa de David. Pues si este pueblo continúa subiendo a la casa del Señor de Jerusalén, el corazón de este pueblo volverá también a su señor, a Roboán, rey de Judá".

         Al principio del cisma, el culto del norte no fue un culto idolátrico, pues sus sacerdotes vieron en las 2 estatuas de Roboán una evocación del Dios verdadero. Pero el pueblo pronto se deslizó hacia la idolatría, por contagio de los cultos fenicios de Baal, existentes en toda la región, y también representado por estatuas de animales.

         La falta principal de Jeroboán, y de las tribus del norte, fue el querer usar la religión para un fin político, sobre todo para conservar su reino y salvaguardar sus intereses, instituyendo para ello lugares de culto.

         Puede ser que esto mismo ocurra también hoy día, cuando ponemos a Dios a nuestro servicio, en vez de ponernos nosotros al servicio de Dios. Pues de esa manera nos vamos forjando una concepción de Dios a la propia carta, según nuestras inclinaciones. Señor, ayúdanos a aceptar tus exigencias, incluso cuando nos parece que van contra nuestros intereses inmediatos.

         Este proceder "hizo caer en pecado a la casa de Jeroboán, y fue causa de su ruina y exterminio sobre la faz de la tierra", nos recuerda el libro I de los Reyes, a forma de interpretar la historia. El destino trágico de las tribus del norte está ahí, para confirmar que no se separaron impunemente de Dios. Los golpes de estado se fueron sucediendo en el Reino del Norte en todas las sucesiones de sus reyes, hasta la total destrucción del reino bajo las armas del asirio Teglat-Falasar, 200 años después. Señor, ten piedad de nosotros, y sálvanos de nuestras culpas.

Noel Quesson

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         Cuando el pueblo de Israel se libera del abuso de poder introducido por Salomón, ya estaba demasiado habituado a ser gobernado por un rey. Y por eso elige uno de la oposición como nuevo rey del norte (Jeroboán), pensando que respetaría sus tradiciones y dignidad.

         Pero ¿acertará este antiguo arquitecto de Salomón en su esperanza? Pues aunque Jeroboán se había rebelado contra la política de Salomón, no por eso dejará de imitar (en más de un aspecto) la conducta de Salomón. Igual que él, construyó una capital y fortificó la ciudad de Fanuel, que se añadía así a las que ya Salomón había fortificado en todo el territorio del norte.

         Sólo esto indica ya que la fuerza misma de la institución le ha llevado a mantener al menos una parte del aparato estatal salomónico. No tiene nada de extraño que en este clima el cálculo político le obligue a crear un santuario rival del que Salomón había creado en su capital de Jerusalén. Como hemos visto tantas veces en la historia, el poder político quiere utilizar para sus propios fines las instituciones religiosas del pueblo de Dios.

         La división política cristalizará en una multiplicidad de santuarios y de instituciones sagradas: un becerro de oro en lugar del arca, un sacerdocio no levítico de elección real, una fiesta de peregrinación celebrada un mes más tarde que la de Jerusalén.

         Algunas de estas diferencias tal vez no eran otra cosa que la consagración de diversas tradiciones vigentes en el pueblo de Israel, pero a los ojos de los narradores deuteronomistas significaban una manifestación del capricho real que tergiversaba arbitrariamente las instituciones dictadas a Moisés por Dios mismo.

         Al amparo de estos santuarios fueron creciendo desviaciones en la fe, en el culto y en la vida moral, desviaciones que los profetas (como Oseas y Amós) denunciaban crudamente.

         Las consecuencias de la protección real sobre santuarios y sacerdocio se manifiestan en los intentos de hacer callar la voz de los profetas: Jeroboán mismo intenta hacer callar a un hombre de Dios que le habla (1Re 13, 4), el sacerdote Amasías expulsa de Betel al profeta Amós (Am 7, 10). Pero es inútil taparse los oídos, delante de la llamada de Dios.

         El libro I de los Reyes saca una clara lección de la historia del reino del norte: que los cálculos para salvar el poder real, pasando por encima de la fidelidad a Dios, son una culpa original que acabará llevando a la ruina, tanto la dinastía de Jeroboán (que Dios habría consolidado, igual que la de David; 1Re 11,38), como el mismo reino de Israel con todo su pueblo (que finalmente será deportado; 1Re 14,7-16).

Guiu Camps

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         Terminamos hoy las 5 semanas de lectura de los libros históricos del AT, con nubarrones oscuros sobre la casa de David y Salomón: el pecado de idolatría de Jeroboán. El lunes que viene pasaremos a leer libros del NT, empezando por la carta de Santiago.

         Al cisma político le sigue ahora el cisma religioso. Es una jugada astuta la de Jeroboán, el rey del norte: si permite que sus súbditos sigan yendo cada año a adorar a Dios en el Templo de Jerusalén (que está en el sur), nunca se consolidará la unidad de su pueblo norteño.

         Como tantas veces, entonces y a lo largo de la historia antigua y moderna, el poder político tiene la tentación de servirse de la religión para sus fines. Y como han pagado los templos, luego pueden mandar callar a los profetas o a los sacerdotes.

         Así que Jeroboán construye, en los antiguos santuarios de Betel y Dan, 2 becerros de oro, que en un principio parece que querían representar a Yahveh ("éste es tu Dios, el que te sacó de Egipto"), pero que luego fácilmente derivaron en idolatría. Para colmo, el rey decide establecer por su cuenta fiestas y sacrificios, y hasta nombra sacerdotes tomados del pueblo, sin que pertenecieran a la tribu de Leví. Como se ve, un disparate detrás de otro.

         Disimulando más o menos nuestras debilidades, también los cristianos podemos caer en la tentación de adorar ídolos y levantarles ermitas y altares y ofrecerles sacrificios.

         Cada uno sabrá cuáles son esos dioses falsos a los que les dedica al menos parte de su corazón y de su fe. Estamos avisados de que el pecado nos lleva a la destrucción: "Este proceder llevó al pecado a la dinastía de Jeroboán, y motivó su destrucción y exterminio de la tierra". Pero no solemos hacer mucho caso, porque los ídolos son agradables y nos volvemos ciegos. Tendemos a elegir lo más fácil, lo que satisface más inmediatamente nuestros gustos. No vemos las cosas con los ojos de la fe, sino con los ojos humanos.

         Y luego nos quejamos de las consecuencias, o de que mi comunidad no va bien, o de que la Iglesia está decayendo, o de que nosotros mismos somos cada vez más débiles. Pero no escarmentamos. ¡Cuántas veces nos tenemos que arrepentir de haber iniciado aquel camino que ya veíamos que no era el recto! Pero nos dejamos seducir por los muchos dioses y altares que nos ofrece el mundo de hoy.

         Tenemos que estar corrigiendo siempre, a la luz de la palabra de Dios, que nos amonesta y nos enseña, nuestra tendencia a desviarnos del recto camino: "Hemos pecado con nuestros padres. Porque nuestros padres se hicieron un becerro, adoraron un ídolo de fundición, cambiaron su gloria por la imagen de un toro que come hierba, y se olvidaron de Dios su salvador".

José Aldazábal

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         Aprendemos del novato rey Jeroboán hoy una lección: apartarse del Dios verdadero, ¿no tendrá como consecuencia la destrucción, sobre todo para quien se alejó del Señor? Porque la religión no es cuestión política, sino de fe (o "no es de este mundo", como nos dirá Jesús). Y porque muchas veces el ansia de poder lleva a querer empezar cosas que es mejor no empezar, si no entran en los planes de Dios. Dios nos quiere en torno a él con un amor indiviso, y 

         La Iglesia no puede convertirse en una comunidad de fe si quienes la conformamos vivimos guiados por el ansia de dominar a los demás (como fue el caso de Jeroboán). Porque esto, en lugar de conducir hacia Cristo, nos llevaría a despreciar a los demás, y a pensar que sólo nosotros tenemos la razón.

         Vivamos firmemente afianzados en Cristo, para que seamos realmente constructores de la unidad, muchas veces resquebrajada por culpa nuestra. Dios es Dios de todos, y no podemos crearnos imágenes falsas de él (como los 2 ídolos fabricados por Jeroboán) para asegurar nuestros intereses. Quien vaya hacia el Señor no puede ir encadenado, sino con la libertad de quien se siente hijos suyo.

         Ante el relato de un mal pastor del pueblo (Jeroboán), y ante la triste realidad de un pueblo de Dios que sigue viviendo "como ovejas sin pastor", Jesús se nos presenta como el Buen Pastor, como ese Pastor que, lejos de toda división, odio fratricida o rebeldía, siente una profunda pena por sus ovejas, su pueblo amado. Roboán y Jeroboán seguirán en su división y lucha, y Jesús seguirá dándonos pan y paz.

Dominicos de Madrid

 Act: 14/02/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A