5 de Agosto

Miércoles XVIII Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 5 agosto 2026

Jer 31, 1-7

         En aquel tiempo dijo el Señor a Jeremías: "Yo seré el Dios de todas las tribus y familias de Israel, y ellas serán mi pueblo", recordando una vez más la fórmula de la Alianza ("yo seré tuyo y tú serás mío", en una pertenencia mutua, y en una reciprocidad de destino). Pero la fórmula está expresada en términos colectivos (se trata de un pueblo), y eso tiene una profunda significación colectiva.

         Lo que atañe a muchas personas, solidarias las unas de las otras, tiene mucha importancia para Dios, que hoy nos invita a concienciarnos de los pueblos y ambientes de este mundo, rogando por su evangelización y trabajando en medio de ellos. La Nueva Alianza de Jesús tiene también un aspecto colectivo, pues todos juntos formamos la Iglesia, y no los unos sin los otros (como diría Peguy). Por eso, hay que rogar por la Iglesia y por el conjunto de la humanidad.

         Tras lo cual, de nuevo habló el Señor a Jeremías: "En el desierto halló gracia el pueblo que se libró de la espada, y hoy camina hacia su descanso". Se trata del tema del pequeño resto de Isaías (Is 7, 3), que en el vacío de las horas más sombrías sabe conservar la esperanza. Y a ello alude Jeremías, en un tiempo en que todo parece perdido (Jerusalén, el templo, la raza judía...) y hay que levantar la cabeza. Israel camina hacia su descanso.

         De nuevo, y desde lejos, se le volvió a aparecer el Señor a Jeremías, diciendo: "Con amor eterno te he amado, y por eso he reservado gracia para ti. De nuevo te edificaré y serás edificada, doncella de Israel". Se trata del tema de la fidelidad de Dios, que viene a recordar que el contrato de Alianza de Dios con su pueblo no es un regateo (tú me das y yo te doy; yo seré fiel si vosotros sois fieles), sino una expresión de amor.

         En el fondo, recuerda Dios que él se ha comprometido a ser fiel aun cuando nosotros no lo seamos: "He reservado gracia para ti", algo que Jeremías conocía del profeta Oseas. Gracias, Señor, por esta fidelidad a toda prueba, en que tú nos dices "con amor eterno te he amado".

         Hay que dejar resonar en nuestro interior las ardientes palabras que Dios nos volvió a repetir en su Hijo Jesucristo: "Habiendo amado a los suyos en el mundo, los amó hasta el fin", que convierten a Jesucristo en el rostro concreto de esta declaración de amor de Dios a la humanidad.

         Tras lo cual, lanza Jeremías otras 3 nuevas imágenes sobre esta predilección de Dios:

1º "Doncella de Israel, de nuevo tomarás tus tamboriles de fiesta y pasearás entre danzas festivas". Se trata de una imagen inolvidable, que nos muestra la ternura del alma de Jeremías: una doncella feliz que baila de alegría. Es así como imagina Dios a la humanidad salvada, pasado el tiempo de la prueba.

2º "Aún volverás a plantar viñas". Se trata de una imagen de consuelo: un labriego feliz haciendo plantaciones, cuya viña es promesa del vino "que alegra el corazón del hombre" (Sal 104, 15).

3º "Pues habrá un día en que gritarán los centinelas en la montaña de Efraim: Levantaos y subamos a Sión; gritad de gozo y aclamad; que se oigan vuestras alabanzas y proclamad: El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel". Se trata de la última imagen: un pueblo peregrino, en marcha hacia el gozo de Dios con acciones de gracias. Es decir, un pueblo eucarístico que canta la acción de gracias de los que han sido salvados.

Noel Quesson

*  *  *

         El cap. 31 de Jeremías debería incluirse en la antología de los mejores textos literarios de la historia de la humanidad. Se trata de una profecía del regreso feliz a la tierra prometida ("de nuevo"), y en ella el Señor se apiada de los que vagan por el desierto, a los que promete una vida feliz en la que será posible trabajar ("de nuevo plantarás viñas") y disfrutar ("tomarás tus panderos y saldrás a bailar alegremente").

         Cada vez que leemos las profecías de la restauración de Israel (tras su supuesta vuelta de Babilonia), tenemos que pensar que ese tiempo ya ha llegado, y que ese anuncio no se refiere al final de la historia, ni al Decreto de Ciro, sino a Jesucristo (en el cual reside toda la plenitud).

Gonzalo Fernández

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         Seguimos escuchando hoy las palabras de ánimo de Jeremías, que quiere que el pueblo no pierda la esperanza. El profeta advierte que el golpe del destierro va a ser duro, pero que los caminos de Dios siguen siendo caminos de salvación y reconstrucción.

         El lenguaje es entrañable, y en él Dios es el Dios de la Alianza, que ama y ayuda: "Con amor eterno te amé, y por eso prolongué mi misericordia contigo, doncella de Israel". Así que todavía "te adornarás y saldrás con panderos a bailar en corros", pues aunque todo parezca perdido, "todavía te construiré y serás reconstruida". No tiene desperdicio la página de Jeremías, si resulta que también nosotros nos encontramos en situación de desánimo. 

         Por una parte, haremos bien en aprender las lecciones que nos da la historia, reconociendo que algo de culpa habremos tenido nosotros en el deterioro de las cosas. Es lo que hizo Juan Pablo II en su carta convocatoria del Jubileo 2000, en la cual nos invitaba a un examen de conciencia:

"A las puertas del nuevo milenio los cristianos deben ponerse humildemente ante el Señor, para interrogarse sobre las responsabilidades que ellos tienen también en relación a los males de nuestro tiempo: la indiferencia religiosa, la pérdida del sentido trascendente de la vida, la atmósfera de secularismo y relativismo ético. ¿Qué parte de responsabilidad debemos reconocer en todo eso? Porque frente a la desbordante irreligiosidad que hoy impera, no hemos manifestado el genuino rostro de Dios" (TMA, 36).

         Pero por otra parte, el profeta nos invita a la esperanza, con un lenguaje optimista: "halló gracia", "camina al descanso", "te construiré y serás reconstruida", "te adornarás y saldrás a bailar", plantarás, cosecharás... Y eso no fue algo que sólo pasó hace 2.600 años, sino que Dios quiere que pase también ahora, según lo que dice el salmo responsorial de hoy: "El que dispersó a Israel lo reunirá, y lo guardará como un pastor a su rebaño. Entonces se alegrará la doncella en la danza, y gozarán los jóvenes y los viejos".

         No está hoy el mundo peor que en tiempos de Jeremías. Y si entonces tuvo solución (porque Dios lo seguía amando), hoy día ¿quién nos separará del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús? Que alguien suba hoy a la azotea y grite, con el profeta: "Es de día". E invite a todos: "Levantaos y marchemos con alegría al Señor nuestro Dios, pues el Señor ha salvado a su pueblo".

José Aldazábal

 Act: 05/08/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A