16 de Julio

Jueves XV Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 16 julio 2026

Is 26, 7-9.12.16-19

         El pasaje de Isaías que hoy leemos pertenece a un género literario muy distinto al de los pasajes precedentes, al estilo de un himno sálmico: "La senda del justo es recta, y tú allanas el sendero del justo". Se trata de un pasaje que nos ofrece una imagen (un camino) y una certidumbre (que Dios facilita la marcha), con una petición final: "Señor, haz que camine rectamente por tu senda, pues tu nombre y tu recuerdo son el anhelo de nuestra alma, y yo te deseo durante la noche, y desde la mañana te busca mi espíritu".

         Como se ve, se trata de una oración llena de deseo y esperanza, que alude "al día y a la noche", sin cesar. Lo cual supone que el profeta está deseando una misma cosa: a Dios, bajo los tributos de su nombre y su recuerdo.

         Cuando leíamos los oráculos políticos de los días precedentes, en rigor hubiéramos podido equivocarnos de longitud de onda, imaginando únicamente a Isaías como un hombre de partido, que estaba inmerso en lo temporal. En el caso presente, se revela netamente que Isaías es el hombre de Dios, que está inmerso en la oración. No hay que oponer a ambos Isaías, al activista y al espiritualista.

         La oración de Isaías es la oración de un hombre en el desamparo, que ora en nombre de un pueblo que sufre colectivamente, y cuyas derrotas eran interpretadas como un castigo por los pecados cometidos: "Señor, concédenos la paz, porque tú actúas con nosotros según nuestras obras. Señor, en el desamparo de tu castigo te buscamos; tu castigo es la angustia y la opresión". 

         Tras lo cual, prorrumpe Isaías en un sentimiento de inanidad ante todos los esfuerzos desarrollados, bajo la idea de producir salvación: "Como la mujer que está encinta, y próxima al parto, sufre y se queja en su trance, así estamos nosotros delante de ti, Señor. Hemos concebido y tenemos trabajos, pero hemos dado a luz al viento, y no hemos traído salvación a la tierra".

         Es decir, se han empleado numerosos esfuerzos en una obra en la que se confiaba, y ésta ha resultado un fracaso, pues en el "momento del trance" se debería haber "traído al mundo" un hijo, y no se ha traído nada ("se ha dado a luz al viento"). El profeta ha hablado, y no ha sido escuchado. Sin el auxilio de la gracia de Dios, nuestras vidas son nada y vacío.

         Es también lo que afirman tan alto las corrientes existencialistas de hoy día, con la diferencia de que éstas se quedan en una desesperación profunda (ante el trance de la muerte), mientras que nosotros miramos cara a cara al fracaso, y lo llevamos a la oración.

         He aquí la esperanza en lo profundo del más radical fracaso, pues como responde el Señor a Isaías: "Los muertos resucitarán, y los cadáveres revivirán. Despertaos y cantad, habitantes del polvo, porque rocío luminoso es tu rocío, y del país de los muertos la vida renacerá". He aquí la 2ª cosa que nos es ambigua (tras la muerte): la resurrección, pues con ella el sufrimiento resulta fecundo, y el esfuerzo humano no es nunca una nada. Señor, danos la esperanza, y da esa esperanza a los que se encuentran más hundidos por la prueba.

Noel Quesson

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         Toda la 1ª lectura de hoy es una bella plegaria en la que Isaías expresa su confianza en el Señor (vv.7-9), lamentándose de la ceguera de los malvados ante el Dios que se manifiesta (vv.10-12) y ha extendido tantos beneficios en el pasado (vv.13-15). Un Isaías que reconoce el pecado que le ha merecido el castigo (vv.16-18) y espera la restauración final del pueblo (vv.19-21).

         Se trata de una plegaria que alcanza un tono de intimidad casi místico en el v. 9: "Mi alma te ansía de noche, y mi espíritu te busca dentro de mí, porque tus juicios son luz de la tierra y enseñan justicia a los habitantes del orbe". Un sentimiento de intimidad que hace brotar la bellísima plegaria de arrepentimiento de los vv. 16-18: "Señor, en el peligro acudíamos a ti cuando apretaba la fuerza de tu escarmiento. Y así como la preñada se retuerce y grita angustiada cuando le llega el parto, así éramos nosotros en tu presencia, Señor".

         Pero mientras los dolores de parto en una mujer se compensan con la alegría del nacimiento de una nueva criatura, en Judá todos los sufrimientos parecen haber resultado vanos e inútiles, y nada más que "engendran viento". Eso sí, hay un hecho positivo en todo ello: el sentido del pecado, que el profeta pone en relación estrecha con el sentido de Dios. Un sentido de pecado que sería algo así como una ruptura íntima y personal con Dios, y no sólo como una acción contraria a la norma del bien absoluto que es Dios.

         La revelación de Dios está destinada a salvar al hombre, y exige necesariamente la captación del pecado como una ofensa a Dios. El pecado es el menosprecio de Dios, y por eso convertirse no es solamente ir hacia, sino volver a y rehacer el camino. Tornar a Dios implica un cambio de orientación en toda la manera de vivir.

Frederic Raurell

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         Los primeros versículos de hoy muestran que Isaías ha experimentado, en diversas circunstancias de la vida (en el peligro y en la noche), que tenemos razones más que suficientes para seguir ansiando y buscando a Dios.

         Pero lo que viene a continuación es asombroso, porque intenta explicar esto mismo a través de la paradoja vida-muerte y embarazada-cadáver, y la elección no está tan clara. Porque Isaías habla de parturientas que sufren aparatosos gritos, y de parturientas que no dan a luz más que la nada. Y todo eso es una paradoja, y esas paradojas generan incertidumbre (y en algunos casos, derrumbe total).

         Hay otra opción a todo eso, y es la de considerar que la esterilidad, y la muerte, no tenga la última palabra. Sobre todo porque Dios es el Dios de la vida, y no puede haber creado vida para que esa vida sea un fracaso. Es la opción de que, en esa misma muerte, Dios sea capaz de volver a generar vida. Sin grandes aspavientos, y como aquella parturienta que no se quejaba, con la suavidad del rocío hasta las sombras podrán parir vida.

         ¿Paradójico? Tanto como encontrar descanso bajo un yugo, o buscar alivio llevando una carga. ¿Y cómo? Como decían 2 breves pensamientos que os comparto. Uno es de Antonia París, y dice que "el amor es la miel que endulza todas las amarguras, y sólo el amor lleva la carga sin carga". Y el 2º es de Rahner, que decía que "el evangelio es una pesada carga, pero que no llevo yo sino que otro llevó por mí".

Rosa Ruiz

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         Isaías pone hoy una hermosa oración en boca del pueblo, en un momento de lucidez y como profecía hecha oración: "Te esperamos, Señor, y mi alma te ansia de noche, porque tus juicios son luz de la tierra. Tú nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas tú". Se trata de sentimientos muy repetidos ya en los salmos, y rezados aquí en un momento en que la ruina amenazaba sobre el pueblo.

         Es muy fuerte y expresiva también la metáfora del parto, pues Isaías compara al pueblo con "una mujer encinta a la que le ha llegado el momento del parto, y se retuerce y grita angustiada", tras lo cual "da a luz al viento, y no trae salvación al país, ni habitantes al mundo". Por supuesto, habla Isaías que Jerusalén irá pronto al destierro, y que esto hubiera sido muy distinto si se hubiera mantenido fiel a la Alianza con Dios. Pero los hebreos buscaron sus propios caminos, y fueron a parar a la ruina.

         ¡Cuántos fracasos nuestros se parecen a este parto ridículo! Porque estábamos fiados de nuestras propias fuerzas, y parecía que íbamos a resolver por sí mismos todos los problemas. Pero dimos a luz "al viento". Esto pasa a menudo en la sociedad, en que la gente va escarmentando tan sólo a base de golpes, como bien recuerda Isaías: "En el peligro acudíamos a ti, cuando apretaba la fuerza de tu escarmiento".

         Orientemos nuestra esperanza según las palabras de Isaías: "Danos tú la paz, y realiza tú todas nuestras empresas". Entonces sí que cambiará todo, y hasta "vivirán los muertos", y "despertarán jubilosos los que habitaban en el polvo". O como el salmo responsorial de hoy: "Levántate y ten misericordia de Sión, y fíjate en la tierra, para escuchar los gemidos de los cautivos y librar a los condenados a muerte". Nos irá bien recordar que no somos nosotros quienes traemos la salvación al mundo, ni los que defienden el bien común, sino sólo Dios.

José Aldazábal

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         La oración de hoy de Isaías es un foco de luz en medio de la noche. Es una oración que pide fidelidad en medio de circunstancias adversas, y que intercede por un pueblo amenazado y perplejo. En esas circunstancias, el alma del profeta, elevándose a la contemplación, descubre en el devenir de la historia un salpicadero lleno de intervenciones divinas, que siempre acaban sacando al pueblo elegido de sus malos momentos. Se trata de una oración que se convierte en llanto y esperanza, y en un grito angustioso del creyente que, en las sombras oscuras de la vida, busca la luz clara de Dios. 

         El creyente, que asume la condición del pueblo desterrado y humillado, tiene confianza en el rumbo que le va a sobrevenir, como la mujer que en el momento del parto genera una nueva esperanza para seguir viviendo (vv.17-18). Pero "tus mujeres sí volverán a vivir" (v.19) contrasta con los dicho anteriormente, no tomado en la liturgia de hoy (v.14), y que que expresa que "los muertos no viven", aludiendo a esa lucha permanente en el ser humano entre la vida y la muerte.

         Oh camino de vida y eternidad, felices nosotros si, en ese camino de la vida, descubrimos la invitación de Cristo a seguirle con la fatiga y la cruz, con la seguridad de que esa ofrenda de la propia vida estará en sus manos, y nos hará compartir su mismo destino: la vida en el más allá.

Dominicos de Madrid

 Act: 16/07/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A