14 de Julio
Martes XV Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 14 julio 2026
Is 7, 1-9
Isaías es un ciudadano aristocrático de Jerusalén, que pertenece al círculo de escribas y expertos consejeros del rey. Y por eso continuamente interviene en la política del país, como algo de lo más natural. En tiempos del rey Ajaz I de Judá (ca. 734 a.C), Rasin I de Siria (tributario de Asiria) subió a Jerusalén para asaltarla, y cuando en el palacio real se supo que el ejército sirio acampaba en Efraim, "se estremeció el corazón del rey y el de su pueblo, como se estremecen los árboles por el viento".
Estamos en el 735 a.C, y como se ve, ¡esto es la guerra! Jerusalén está cercada por los ejércitos sirios y asirios, que acampan a escasos km antes de dar el asalto definitivo. El enloquecimiento es general, y el mismo Ajaz ha ofrecido en holocausto, en un alocado gesto de desesperación, a su propio hijo. Y nada más y nada menos que al abominable dios Moloc (2Re 16,3), poniendo al pequeñín en los brazos del negro dios infernal. Como se ve, la época es dura, y hasta se consuman sacrificios humanos.
Entonces el Señor dijo a Isaías: "Ve al encuentro de Ajaz, al final del acueducto de la alberca superior, y por la calzada del campo Batanero". Por lo visto, el asustado monarca se encontraba justo allí, sobre el teatro de operaciones, fuera de las murallas de Jerusalén, y vigilando los preparativos de la defensa.
Isaías escuchó a Dios en pleno centro del acontecimiento. ¿Y yo? ¿Sé escuchar a Dios en medio de todo lo que me sucede? ¿Y cuando las situaciones que están afectando son las colectivas? Porque ésta es la finalidad de la revisión de vida: procurar escuchar lo que Dios dice, en pleno centro de los acontecimientos.
Tras lo cual, Dios siguió diciendo a Isaías: "Ve al encuentro de Ajaz con tu hijo Sear Yasub". Los hijos de Isaías, como los de Amós, tenían nombres simbólicos, y ese hijito con el que Isaías va al encuentro del rey, que acaba de matar al suyo, lleva un nombre de esperanza: "Un resto volverá". No, el futuro de la nación no es un callejón sin salida, e incluso en el caso de que cayera en la desgracia, y Jerusalén fuera deportada, "un pequeño resto regresará".
Isaías fue enseguida a aquel lugar, y comunicó al rey Ajaz: "Ten calma, y no temas ni desmaye tu corazón por ese par de tizones humeantes, el rey de Siria y el de Samaria". El contraste es evidente, entre el aturdimiento del rey y la lúcida serenidad del profeta.
Así, la posición de Isaías no es ni la resistencia a ultranza (ante el invasor), ni la seguridad tranquilizante (de una intervención milagrosa de Dios), ni la alianza con otras potencias (Egipto, enemiga de Asiria), sino la fe desnuda, y la esperanza en un Dios que sigue presente en el seno mismo de los fracasos.
Pero quedémonos con el mensaje de que "un pequeño resto regresará", porque ese tema del pequeño resto pasará a ser el verdadero leit motiv de la Biblia, como lucecita invencible que subsiste en los días tenebrosos (Is 4,3; 10,20-23; 16,14; 24,6; 30,17; 37,4; 45,20; Dt 4,17; 28,62). Como dirá más adelante el propio Jesucristo, "si no creéis firmemente en mí, no subsistiréis". Ciertamente, es la fe la escala de valor del profeta, incluso cuando interviene en plena política. Los acontecimientos son, para él, la llamada a una intensa vida espiritual, a una intensa vida con Dios.
Noel Quesson
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Escuchamos en la 1ª lectura cómo el profeta Isaías vuelve a meterse en los asuntos políticos de Jerusalén. No tanto a la hora de aportar soluciones técnicas o militares, sino para recordar al rey y a las clases dirigentes los criterios de fidelidad religiosa que deben seguir.
Corren aires de guerra, y el rey Ajaz I de Judá y sus militares son presas del pánico ("agitados como los árboles del bosque con el viento") ante los 2 reyezuelos que les vienen a atacar: el rey de Damasco (Siria) y el rey de Samaria (Israel). Todo era cuestión de alianzas militares, o con Asiria (como quería Ajaz), o con Egipto (como querían los consejeros).
Isaías recibe el encargo de tranquilizar al rey, y lo hace en nombre de Dios, que seguirá apoyando a la dinastía de David y la línea de la promesa mesiánica, con la condición de que también ellos le sean fieles: "Si no creéis, no subsistiréis".
El salmo responsorial de hoy insiste en esta confianza, basada en el amor que Dios tiene a Jerusalén: "Dios ha fundado su ciudad para siempre: su monte santo, una altura hermosa y alegría de toda la tierra. Y cuando los reyes se aliaron para atacarla juntos, huyeron despavoridos". Por esta vez, Dios ahorra a su pueblo la catástrofe nacional, que ya se barrunta en el horizonte.
Nos irían mucho mejor las cosas si fuéramos más fieles a Dios y a sus caminos. No es que cada desgracia sea un castigo al pecado, ni cada éxito un premio a la virtud. Pero nosotros mismos nos vamos construyendo un futuro bueno o malo según qué caminos seguimos. El que siembra vientos recoge tempestades, y el mal que hacemos tiene siempre consecuencias. ¿Cómo podrá ser estable un edificio (nuestra vida) si lo construimos basándonos en la falsedad?
Jesús nos dirá que "demos al césar lo que es del césar, y a Dios lo que es de Dios",en un equilibrio que sanaría muchas situaciones de tensión. Las soluciones técnicas hay que ponerlas en marcha, pero sin olvidarnos de la fidelidad a Dios. Y no sólo porque sin él todo es deleznable, sino porque Egipto y Asiria no van a ofrecernos alianzas estables, ni tampoco el dinero ni la técnica más sofisticada.
Es hermoso el gesto simbólico que hoy Dios le sugiere a Isaías: ir al encuentro de Ajaz acompañado por su hijo pequeño, que lleva por nombre Sear Yasub (lit. un resto volverá). Dios nunca cierra del todo la puerta a la esperanza, y los que la cierran somos nosotros mismos, con nuestras desviaciones y olvidos.
José Aldazábal
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Sin querer profundizar los datos históricos que nos presenta este texto, notamos en el transcurso de la lectura un grave conflicto internacional frente a la búsqueda y lucha por la dominación de un territorio, con gobierno monárquico incluido, y con claras formas dinásticas familiares con pretensión al trono, presentando este texto una clara amenaza contra la dinastía davídica reinante.
Frente a la tensión reinante entre los que buscan y luchan el poder, aparece la imagen y presencia del profeta Isaías con su hijo Sear Yasub (v.3), para que le comuniquen al rey Ajaz I de Judá que no tenga miedo, haciendo una clara alusión a la teología de la corona, y recordando que quien establece el poder es Dios.
En el pasaje de hoy sobre la historia de Israel, el profeta Isaías nos lanza una verdad luminosa: "Si no creéis, no subsistiréis". Una verdad que Isaías aplica a la conducta que debe observar el rey Ajaz (frente a sus enemigos del norte), y que viene a decir que sólo una confianza profunda en las propias fuerzas, y en la Providencia divina que las mueve, puede llevar a la victoria de las armas.
Nosotros hemos de aplicar esa verdad a la entereza de ánimo como hemos de afrontar nuestras propias adversidades, sobre todo para salir victoriosos en el espíritu, mantener la paz que da el buen obrar, servir con más solidaridad a quien nos necesite, y mantener la armonía en nuestro entorno. Sobre todo porque todo lo que no conduzca a la paz, fraternidad y amor, mermará nuestra existencia.
¿Exigiremos al Señor, a partir de ahora, que realice nuestros caprichos convincentes? Porque mal camino del espíritu es poner condiciones a Dios. Vivamos la experiencia de la libertad, de la generosidad y del amor, y dejémonos ganar por Dios.
Dominicos de Madrid
Act:
14/07/26
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ordinario
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A L
M
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M U R C I A
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