15 de Julio
Miércoles XV Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 15 julio 2026
Is 10, 5-7.13.16
Nos situamos hoy en el 701 a.C, 35 años después de la escena relatada ayer y con un nuevo invasor a las puertas de Jerusalén: Senaquerib I de Asiria. Y es que Ajaz I de Judá había pactado una alianza con Asiria para librarse de la invasión, pero he aquí que su sucesor, Ezequías I de Judá, no estaba dispuesto a pagar el alto precio y la deuda contraída con el gigante asirio.
Senaquerib exige un canon impagable, que Ezequías rechaza. Y los temibles ejércitos asirios se ponen en marcha. Tal es la decisión del poderoso Imperio Asirio, que el propio Senaquerib decide liderar, para ampliar las glorias de sus éxitos militares. Pues como él mismo decía:
"Con el poder de mi mano y con mi habilidad lo he conseguido todo, porque soy inteligente. He borrado las fronteras de los pueblos, he saqueado sus tesoros, he abatido a los poderosos. Y como se toma un pájaro en su nido, mi mano ha robado la riqueza de los pueblos. Como se recogen huevos abandonados, he recogido yo toda la tierra. Y no hay quien aletee, ni abra el pico, ni piare, en mi presencia".
¡Qué soberbia y qué desprecio por los que no pueden defenderse! Porque ni siquiera permite el monarca asirio que haya nadie vivo (piara) ni moribundo (que aletee) capaz de lamentarse (de piar). Tal es la lectura de los acontecimientos de Senaquerib. Pero Dios, que por su profeta hace un análisis muy diferente (de ningún modo político ni militar, sino espiritual), tampoco se queda corto, porque también abre la boca:
"Soy Yo quien lo he enviado contra las naciones perversas. Pero él no lo entiende así, ni es éste el juicio de su corazón, pues lo único que quiere es destruir. Pero ¿acaso se jacta el hacha frente al leñador? ¿O la sierra frente al serrador? Porque la vara no puede dirigirse por sí sola al que la levanta, o la varilla o batuta mover el brazo que la agita".
Para Isaías, Senaquerib no era más que un instrumento en las manos de Dios, para castigar a los pueblos faltos de fe. Y desde esta lectura de fe es desde donde nosotros debemos hacer nuestro análisis humano de las situaciones, sin tratar de ir más lejos de los hechos, y reconociendo la mano de Dios en las acciones. ¿Nos esforzamos por entrar en esta verdadera re-visión de lo que sucede?
Estimulados por esta visión profética de Isaías, pongámonos también nosotros a la escucha del Espíritu, para interpretar desde la fe los sucesos de la actualidad, o las situaciones que a mí me conciernen. O para orar a partir de esos hechos. Rezar con mi barrio, o con la lectura del periódico, o a través de los encuentros sindicales o profesionales... eso es lo que hacía Isaías.
Por eso "el Señor del universo hará perecer a esos vigorosos soldados", refiriéndose al ejército asirio. Así pues, que no se imaginen los poderosos que son los amos de este mundo, o que pueden aplastar impunemente a sus semejantes. Por adelantado resuena ya en nuestros oídos el Magnificat de María y las bienaventuranzas de Jesús. Con todo, no nos fiemos de una interpretación simplista de la historia, que afirmaría que los políticos no son más que marionetas entre las manos de Dios.
Noel Quesson
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El v. 5 inicial contiene una de las ideas fundamentales de la teología isaiana: el Dios de Israel se sirve de los estados, incluso de Asiria, para llevar adelante sus planes de salvación: "Ay Asur, vara de mi ira, bastón de mi furor" (v.5).
A diferencia de las divinidades del antiguo Oriente, el Dios que Isaías ha contemplado como "rex tremendae maiestatis", en la visión que tuvo en Jerusalén a sus 25 años, trasciende en su ser y en su actividad todo lo cósmico e histórico, a pesar de mantener la relación con el mundo y con el hombre. Y para él, las fuerzas cósmicas no representan una barrera, ni las potencias de la humanidad un poder. Es lo que bien expresó el profeta:
"Mirad, las naciones son gotas de un cubo, y valen lo que el polvillo de balanza. Y en presencia de Dios son como si no existieran, porque para él no cuentan absolutamente nada. ¿Con quién compararéis a Dios, o qué imagen vais a contraponerle?" (Is 40, 15-18).
Se trata de la teología de la santidad de Dios, y de su alteridad, que no cesó de proclamar Isaías. Así, cuando Asiria reduzca a Israel a un resto, Dios reducirá a esa gran potencia a la miseria, y "quedarán tan pocos árboles en su selva que un niño podrá contarlos" (vv.16-19). Como se ve, un resto provoca otro resto.
Es así como la comunidad de creyentes ha de aprender a no apoyarse en el poder humano, sino en Dios. Y a saber que en dicho resto de manifestará la fortaleza del Enmanuel, del "Dios con nosotros". Isaías indica, una vez más, que el signo del Enmanuel será la salvación del resto.
La oposición entre el Enmanuel y Asiria es la oposición entre el reino de Dios y el imperio del mundo, entendido éste no como escenario neutral de la vida humana, sino como antítesis de la luz, del bien y del amor. Y solamente la fe, de la que Isaías ofrece un testimonio de 1ª mano, puede descubrir las oposiciones, las traiciones y las negaciones de este imperio mundano. Interpretando en términos de fe los acontecimientos de su época, el profeta nos da la clave de toda la historia del mundo.
Frederic Raurell
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Hoy Isaías nos habla del Imperio Asirio (Asur) y su pecado, que no es otro que haber olvidado su lugar en el mundo. ¿Nunca os ha pasado que, en un descuido, la manguera de agua parece tomar vida, y deja de actuar en nuestras manos, y no la podemos ya controlar, y parece como totalmente fuera de sí, y lo pone todo perdido? Pues eso es lo que le pasó a Asiria, que se descontroló y lo destrozó todo, al írsele los cabales.
A veces creo que a nuestra vida le pasa lo que a esta manguera desbocada, porque deberíamos vivir en manos de Dios y nos hemos ido de sus manos, para vivir descontroladamente. Incluso hay veces en que radicalizamos y exageramos nuestras acciones, por mucho que en un principio tuviesen una buena intención. Es entonces cuando perdemos el norte, y empiezo a ocupar el lugar que no me corresponde, dejando de ser ya instrumentos de Dios.
Rosa Ruiz
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Una de las ideas básicas de Isaías, y del resto de profetas del AT, es que la historia es conducida por Dios (a su modo) y no por los títeres de turno, que a 1ª vista parecerían ser los protagonistas. Isaías pronuncia hoy varios oráculos "contra las naciones paganas", en este caso contra Senaquerib I de Asiria, que con sus ejércitos se había llegado a creer todopoderoso, y a quien Dios le tenía preparada una buena humillación (su retirada de Jerusalén, al resultar fallido su asedio a la ciudad).
La idea fundamental es que Dios se sirve de personajes extranjeros para purificar y hacer madurar a su pueblo. De ahí que Dios diga que Asiria y sus ejércitos son "la vara de mi ira", con la que Dios castiga al hijo díscolo. Eso sí, lo que no permite Dios es que estos instrumentos vayan más allá, o hagan algo fuera de sus planes, al igual que el hacha, o la sierra, o el bastón, no podrían hacer nada sin la persona que los maneja. Dichos instrumentos extranjeros no son autónomos, y si Asiria se propasa en sus pretensiones, recibirá el castigo.
A lo largo de la historia, vemos cómo van cayendo los poderosos, y los que se creían omnipotentes son aniquilados. Es lo que dijo la Virgen en el Magníficat: "Dios derriba del trono a los poderosos, y a los ricos los despide vacíos".
Vivimos en unos tiempos en que se suceden los cambios políticos, y se derrumban ideologías e imperios que parecían indestructibles. Siguen así teniendo vigencia las exclamaciones del salmista de hoy: "Trituran a tu pueblo, oprimen a tu heredad, y comentan: Dios no lo ve. Enteraos, los más necios del pueblo, e ignorantes: ¿Cuándo discurriréis?".
Es evidente que Dios saca bien del mal, y que a través de las vicisitudes de la historia purifica a su pueblo y le ayuda a recapacitar y madurar. Así, los síntomas de deterioro que nos hacen sufrir, tanto en la sociedad como en la misma Iglesia, ¿no son señales que Dios nos hace, de que las cosas no pueden continuar así? Todo esto es una llamada a la fidelidad y a la salvaguarda de los valores cristianos, que están en la base de todo progreso.
José Aldazábal
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La lectura de los acontecimientos que acaecían en Israel, pueblo de Dios, ofrece hoy varias perspectivas. En 1º lugar, la de Senaquerib I de Asiria, que decía "somos los más fuertes, y el mundo se nos ha de someter, y nosotros impondremos la ley". Y en 2º lugar la del propio Dios, que distribuye sus dones con generosidad, mima al pueblo elegido y, en la medida en que éste le es infiel, se sirve de imperios extraños para someterlo a disciplina.
Acaso ninguna de esas 2 lecturas sea perfecta, pero muchas veces observamos que la historia acaba siendo jueza y sancionadora de los errores de los pueblos. Según el espíritu bíblico, esa sanción que acontece en la historia le duele al corazón de Dios. Y le duele porque él nos ama. Pero acontece porque Dios se complace en los fieles y humildes, y sobre ellos quiere que gire el curso de la historia de salvación.
Isaías habla hoy de la falta de comprensión por parte del pueblo de Dios, ante los planes criminales que están llevando a cabo los dominadores del mundo. En efecto, Asiria vive del afán de conquista, y se dedica a destruir para afianzar así más su poder, e incluso se plantea sobrepasar al mismo Dios. Pero el pueblo de Dios no ha de alarmarse por esa situación, pues la acción de Dios actuará y se concretará en la historia, antes o después.
Dominicos de Madrid
Act:
15/07/26
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