9 de Septiembre

Miércoles XXIII Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 9 septiembre 2026

1 Cor 7, 25-31

         La 1ª lectura de hoy contiene una respuesta personal de Pablo a una pregunta de un grupo de jóvenes que, aun estando prometidos, han tomado la decisión de vivir como célibes (vv.36-38). Aunque no podemos afirmar que se trate de una institución, esta forma de vida fue conocida por Hermas y probablemente tuvo cierta difusión durante los primeros tiempos del cristianismo.

         Es importante recordar que el contexto histórico está marcado por la intensa expectación de la parusía del Señor, actitud que Pablo no sólo no critica, sino que la tiene muy presente tanto al responder a la pregunta de este grupo (v.26), como al dar otras recomendaciones a los cristianos, cualquiera que sea su estado (v.29).

         El apóstol da a este grupo de jóvenes una respuesta positiva (v.26), pero les advierte que tal postura debe ser una opción libre y personalmente motivada (vv.37-38). Y no se le ocurre hacer de ella una norma de comportamiento (v.35), ni considerarla como una opción irrevocable (v.36). Más aún, Pablo quiere dejar bien claro que su alabanza no implica menospreciar a quien toma la opción contraria (v.28) ni a quien, llegado a un cierto punto, decide cambiar su decisión inicial (v.36).

         Aunque a 1ª vista parezca lo contrario, esta perícopa contiene un pensamiento básico de Pablo, que es el que motiva la respuesta concreta a la cuestión del celibato. El deseo que expresa el apóstol para todos los cristianos es doble:

-que todos "se dediquen al Señor", viviendo con dignidad el carisma recibido (v.35),
-que todos estén "libres de preocupaciones", y de problemas que los puedan distraer del objetivo fundamental.

         Pablo sabe muy bien que esto último es utópico, y por eso formula una especie de actitud moral para todo cristiano: vivir cualquier estado y situación de nuestro mundo de manera que ninguno quede aprisionado. Está claro que la validez de este principio trasciende cualquier condicionamiento histórico.

Antón Sastre

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         En la sociedad de Corinto, como en la de hoy, se cuestionaba la sexualidad. La civilización griega de la época estaba en el más profundo desconcierto, y se iba desde el desprecio al cuerpo y a la sexualidad... hasta la más total de las libertades. En esta confusión, Pablo defiende simultáneamente: "Acerca del celibato, no tengo precepto especial del Señor, pero os doy mi consejo, como quien es digno de crédito". Y les da su receta personal, basada en:

-la grandeza y la indisolubilidad del matrimonio,
-el valor del carisma de la continencia.

         Pablo subraya que es su "parecer personal" lo que aconseja, y se compromete netamente en una dirección precisa, haciendo constar que este consejo no tiene la misma autoridad que sí tienen otras enseñanzas suyas. ¿Tengo yo también esta humildad para no comprometer la autoridad doctrinal del evangelio en asuntos que pertenecen a mis opciones personales?

         La explicación de Pablo se basa en la justificación simultánea de matrimonio y celibato, sin oponer uno a otro: "Si te casas, no pecas. Si una joven se casa, no peca. No tienes mujer, no la busques. Si estás casado, no busques separarte de tu mujer".

         Lo que trata de hacer Pablo, pues, no es menospreciar el matrimonio, sino abrir una vía totalmente nueva: el derecho al celibato, a esa costumbre que en el pueblo judío había estado proscrita para no menoscabar la institución oficial del matrimonio.

         La razón única que Pablo aporta sobre el celibato es que "el mundo es limitado y efímero", y que el cristiano no debe apegarse a nada que le absorba por entero: "Pienso, pues, que el celibato es cosa buena, dados los acontecimientos que se preparan". Y da la razón para ello: "Porque el tiempo es limitado, y la apariencia de este mundo pasajera".

         La cuestión está, pues, clara: Pablo vive ya en el futuro, y el mundo actual no es más que la preparación de nuestra vida definitiva. Nada es aquí durable ni permanente, y esto significa que los casados no deben olvidar su relación personal con Dios ("el que tenga mujer, como si no la tuviera"), y la posibilidad de abrir en la Iglesia el carisma del celibato, que hace explícita la elección de "una vida por Dios".

         Según nuestro estado de vida, preguntémonos si, en nuestra vida de casados, o en nuestra vida de célibes, hemos hecho de veras una opción por Dios, y si la vida eterna está presente en nuestras decisiones. Porque nada terrestre podemos usar con la avidez de un niño glotón. Es ésta una formidable invitación, para mantenernos dueños de nosotros mismos, y porque cosas a las que damos mucha importancia son, de hecho, muy secundarias. ¿Sabemos dejar paso a lo esencial?

Noel Quesson

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         Hoy trata Pablo sobre la tensión que había entre las diversas concepciones de la vida sexual en Corinto, y en concreto del matrimonio. Probablemente las posturas iban de extremo a extremo: desde los que abogaban por una libertad total (siguiendo las costumbres paganas), hasta los que despreciaban la vida sexual y el matrimonio (y predicaban la abstención total).

         En los versículos que aquí leemos, y que sólo se entienden si se lee todo el cap. 7, Pablo dice con mucho cuidado su opinión, pues las 3 opciones que aporta son buenas (la de los solteros, la de los casados y la de los viudos), aunque él crea que el celibato por el reino de Dios, a ejemplo de Jesús y del suyo propio, sea lo mejor. Pero eso no es imposición del Señor, sino opción de Pablo.

         Lo que prefiere hacer Pablo es relativizar el tema, y pedir a todos que, cada uno en su estado, se dedique a hacer el bien y a trabajar por el Reino, sobre todo teniendo en cuenta que es inminente la vuelta del Señor: "Porque la representación de este mundo se termina". No obstante, no busquemos aquí un tratado completo sobre los valores del matrimonio cristiano o del celibato, pues dicho tema lo dejará para su Carta a los Efesios (Ef 5).

         Pablo ya sabe que la mayoría se casan, y que algunos ya están viudos, mientras que otros han optado por el celibato para dedicar todas sus energías a la evangelización.

         En el fondo, nos invita Pablo a una sana indiferencia y a una relativización del tema. Les dice a los corintios que continúen en el estado en que se encontraban cuando se convirtieron (que no abandonen el matrimonio, o el celibato), y que cada uno intente cumplir la voluntad de Dios en ese estado de vida, porque urge el tiempo y hay que aprovecharlo.

         Nos viene bien relativizar los valores de aquí abajo, y tener ante la vista los escatológicos. Los religiosos relativizando la posesión de los bienes y la libertad personal, siguiendo los consejos de Jesús (obediencia, pobreza y castidad) e intentando ser, en medio de este mundo, signos vivientes de la radicalidad de los valores de Cristo. Y los casados relativizando sus trabajos y propias ideas, dedicándose a aquello por lo que vale la pena gastarse más plenamente.

         Cada uno en su estado, y comprometiéndonos a vivir el evangelio de Cristo sin olvidar los valores más inmediatos y los superiores, que son los que dan sentido más pleno a todo lo que hacemos. Los casados, con su vida de amor y de educación de sus hijos. Y los que han optado por el celibato, desde el carisma propio y la misión recibida en la Iglesia. Todos intentando ser fieles a Cristo, y siendo signos suyos creíbles en medio del mundo.

José Aldazábal

 Act: 09/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A