12 de Septiembre
Sábado XXIII Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 12 septiembre 2026
1 Cor 10, 14-22
San Pablo es hoy categórico, y sentencia que hay que abstenerse de cualquier compromiso con los ídolos: "Hermanos queridos, huid de la idolatría. Os hablo como a prudentes". En el fondo, apoyarse en un ídolo es hacerse vanas ilusiones, pues eso es algo que se nos quebrará en las manos. Relativizar las cosas relativas es, por el contrario, de "hombres prudentes". La idolatría, ha tomado hoy nuevas formas. ¿Cuáles? Señor, líbranos de nuestros ídolos. Señor, líbranos de nuestros falsos dioses. Sólo Dios es Dios.
Por el contrario, Pablo opone los banquetes paganos a las cenas eucarísticas: "La copa que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?". Está claro que los primeros cristianos tenían la sensación de que Cristo estaba entre ellos, y tenían la certidumbre de su presencia. Por el pan y el vino que compartimos, ¡tú estás aquí, Señor, entre nosotros! Y comulgamos con tu presencia. El 1º efecto de la misa es, pues, unirnos a Dios. Por desgracia nos sucede a menudo que participamos en la misa de manera automática sin que nos percatemos verdaderamente de que tú estás ahí.
Porque, continúa diciendo Pablo, "aun siendo muchos, somos un solo pan y un solo cuerpo". En efecto, el 2º efecto de la eucaristía es el de unirnos los unos a los otros, pues "siendo muchos, constituimos un solo cuerpo". Esta es la gran ley del universo, y la gran realidad de Dios: ¡tres que son uno!
Esto debería ser progresivamente el proyecto, la esperanza y el esfuerzo de todo grupo humano, y de toda la humanidad: alegría de la pareja, alegría de las familias unidas, alegría de los lugares de trabajo donde hay un buen ambiente. Y para lograrlo hay un sacramento, y un signo eficaz, actuante: la eucaristía. La eucaristía construye el cuerpo de Cristo, y hace que todos seamos un solo cuerpo. Como dice Pablo, "siendo muchos, constituimos un solo cuerpo".
Este es un ideal preciso y concreto, capaz de suscitar acciones inmediatas. Un ideal que puede ser intentado siempre y en todas partes, y una inmensa fuente de alegría. ¿Con quién voy a intentar realizarlo hoy? Pero cuidado con las ilusiones y los sueños simplistas, porque no es fácil realizar la unión, y no se trata de oprimir o de imponerse el uno al otro.
Construir la unidad suprimiendo al otro es fácil, pero la verdadera unidad implica el respeto a las diferencias. La unión no suprime el pluralismo ni las diversidades, sino que tiende a la reducción de las oposiciones estériles y sectarias, pues "todos participamos de un solo pan".
El rito del pan partido y repartido es todo un símbolo: comulgamos del mismo pan para expresar que recibimos al mismo Cristo. No hay un Cristo para unos y otro para los demás. ¿No hago, en verdad, más que uno con tal y cual? ¿Qué puedo hacer, hoy, para construir el cuerpo de Cristo?
Noel Quesson
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Termina hoy Pablo el tema de las "carnes sacrificadas a los ídolos". Hasta ahora, el dilema era comer esas carnes cuando se compraban en el mercado, o cuando uno era invitado a casa de un amigo (1Cor 10, 25.27). En estos casos, según Pablo, se podría comer tranquilamente, excepto cuando eso pudiera escandalizar a un hermano.
Pero en el pasaje de hoy nos encontramos con otra circunstancia: ¿Se puede participar en los banquetes sagrados, los organizados en honor de un dios o de una diosa? Porque aquí no entra ya la caridad para con el hermano débil, sino el peligro de idolatría para uno mismo. Y porque participar en esos banquetes conllevaría casi necesariamente la comunión con lo que se celebra.
Son 2 los argumentos que usa Pablo, para que no vayan a esos banquetes:
En 1º lugar, por lo que podríamos llamar dirección vertical (v.16): no podemos ir a honrar a un dios, y a entrar en comunión con él, porque nosotros tenemos ya a Cristo Jesús, con el que entramos en comunión en la eucaristía. En propias palabras de Pablo: "El cáliz de bendición que bendecimos, ¿no nos une con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no nos une con el Cuerpo de Cristo?".
En 2º lugar, por lo que podríamos llamar argumento horizontal (v.17): ya tenemos una comunidad con la cual hacer fiesta, y no tenemos que ir a buscar otras comunidades con las que celebrar. En propias palabras de Pablo: "El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan".
Así, gracias a esta consulta que le hicieron los corintios sobre los idolotitos, hemos podido escuchar de Pablo qué es la eucaristía.
Ante todo, la eucaristía es unión con Cristo, con su cuerpo y su sangre. Y de ahí que no podamos buscar otros dioses con los que entrar en comunión, cayendo en la idolatría como cayeron los israelitas en el desierto, con el famoso becerro de oro. Pues como dirá Pablo, "no podéis beber de las dos copas, la del Señor y la de los demonios, ni podéis participar de las dos mesas, la del Señor y la de los demonios".
Pero la eucaristía es también unión con los demás hermanos . Y precisamente porque comemos del mismo pan (que es Cristo), vamos siendo un solo cuerpo y un solo pan, con el resto de hermanos.
Esto nos compromete, pues comulgar con Cristo significa que hemos de evitar toda clase de idolatría, así como adorar a los dioses falsos que nos ofrece este mundo, o los valores humanos en los que sentimos la tentación de poner nuestra confianza y a los que dedicamos nuestro culto. Eso sería faltar al 1º mandamiento ("no tendrás otro dios más que a mí'') y, según Pablo, es incompatible con nuestra fe y nuestra comunión con Cristo. La vida debe ser coherente con la eucaristía. Sin encender una vela a Dios y otra al diablo.
A la vez, la eucaristía nos debe hacer crecer en fraternidad, pues comemos del mismo Pan, y escuchamos la misma Palabra, y eso nos debe llevar a vivir unidos, creciendo en unidad fraterna (a la vez que en fe y amor a Cristo Jesús), y no buscando otras comunidades peregrinas con las que convivir o celebrar. En definitiva, porque la Iglesia de Jesús, movida por su Espíritu, y alimentada con su cuerpo y sangre, es la comunidad en la que tenemos que poner nuestro tiempo y nuestro esfuerzo e interés.
José Aldazábal
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A modo de sentencias de vida espiritual, y de profunda psicología humana, las frases de hoy de Pablo son un manantial de sugerencias que no debemos desaprovechar. Retengamos siquiera 3:
1º Unidad. Todos formamos un solo cuerpo, una misma sociedad y una familia: la familia de los hombres e hijos de Dios. Así que no la contaminemos ni destruyamos.
2º Un mismo pan. Todos tenemos un mismo estilo de vida convivencial, y por ello debe estar siempre presente entre nosotros el respeto a la dignidad del otro, y el amor que nos creó y recreó.
3º Fructificar. Nuestros labios emiten palabras de fe, de esperanza y de amor, así que no podemos ser troncos estériles, ni flores muertas en el jardín del reino de Dios. Sino que debemos llenar nuestro corazón y nuestra mente de amor y de justicia, de verdad y sinceridad.
Mediante la participación en la eucaristía nos unimos más a Cristo, formamos un sólo cuerpo con él y nos vamos haciendo hijos de un mismo linaje. Los que nos unimos a Cristo formamos la comunidad de creyentes (la Iglesia), la cual se construye en torno a la eucaristía.
Debemos aprender a ser fieles al Señor, de tal forma que su vida no sólo se nos comunique, sino que se manifieste en nuestros comportamientos de cada día. De nada nos serviría participar de la mesa del Señor si después unimos nuestra vida al Maligno, aunque sea de forma indirecta a través de sus mundanidades.
Dejemos que el Espíritu del Señor nos vaya transformando día a día en una imagen cada vez más perfecta del Hijo de Dios, de tal forma que nuestra fe se exprese con nuestras palabras, como con nuestras obras y con nuestra vida. Imitemos a los mártires de la antigüedad, que fueron movidos por el Espíritu de Dios y supieron fructificar a través de la gracia de Dios.
Dominicos de Madrid
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