15 de Septiembre
Martes XXIV Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 15 septiembre 2026
1 Cor 12, 12-14.27-31
Nos vamos dando cuenta ya, por los últimos pasajes, que los cristianos de Corinto estaban muy divididos. Y para dar respuesta a esta situación concreta, Pablo desarrolla el tema del cuerpo de Cristo: "Nuestro cuerpo forma un todo aunque tiene muchos miembros y todos los miembros, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo. Así también Cristo".
Aquí Cristo tiene un sentido colectivo, que engloba tanto a a Jesucristo como a todos los que, por la fe, están unidos a él. Pero en lo que trata de insistir esta imagen del cuerpo es el tema de la unidad: Cristo es un unificador, conduce a la unidad, y nos hace llegar a ser "un solo cuerpo" (que es el suyo).
Detengámonos a contemplar este misterio: los cristianos somos "un solo cuerpo". Pues aquellos de los que me aparto, o a los que critico, o a los que acuso, o a los que hago sufrir, son ¡miembros de Cristo!, y hago sufrir a un miembro de Cristo. ¿Qué consecuencias deduciré de ello para mi vida?
En 1º lugar, que "todos nosotros, judíos o gentiles, esclavos o libres, hemos sido bautizados en el único Espíritu para formar un solo cuerpo". En tiempo de San Pablo, esas oposiciones raciales y sociales eran extremadamente peligrosas, y entre un esclavo y un hombre libre no había ningún punto común, ni siquiera a nivel de derechos elementales.
Las oposiciones de hoy tienen otras formas, pero son también muy marcadas. ¡Cuánta necesidad tiene el mundo de hoy de esta mística de la unidad! Pues bien, eso es lo que pide Pablo: que se levanten todas las razas y todas las clases sociales, y destruyan las fronteras a fuerza de amor.
Pero detengámonos en la expresión "vosotros sois el cuerpo de Cristo", es decir, en que yo, Fulanito, soy el cuerpo de Cristo ¿Es esto notorio? ¿Y sería reconocible Cristo en mí?
Esta expresión significa, que dependemos de Cristo de una manera vital, y que todo el influjo que necesito para vivir viene del Señor Jesús (al igual que en el organismo hay un influjo vital del cerebro, que anima los miembros). ¿Me dejo influenciar, guiar y animar por esta cabeza que es Cristo? ¿Dejo que el pensamiento de Jesús anime de veras mi vida? ¿Qué suelo hacer regularmente para unirme vitalmente a Cristo? ¿Oración meditada de su Palabra? ¿Y recurrir a los sacramentos de la conversión y de la comunión?
La expresión "sois el cuerpo de Cristo" significa que debemos ser la visibilidad de Cristo, y el signo de su presencia actual en el mundo. Es decir, ser su rostro, sus manos y su corazón. Él quiere actuar a través de nuestra conducta, de nuestras manos y de nuestros corazones.
Pero, como recuerda Pablo, "cada uno por su parte: apóstoles, profetas, maestros...". Porque después de subrayar la unidad del cuerpo de Cristo, San Pablo valora también su diversidad. Nuestro trabajo en el mundo no es el mismo para todos, pues no somos parecidos. La Iglesia, cuerpo de Cristo, es un organismo complejo, con ministerios funcionales. Ayúdanos, Señor, a encontrar nuestro lugar propio, y a respetar el lugar y la misión de los que no son parecidos a mí.
Noel Quesson
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La Carta I a los Corintios sigue introduciéndonos en la más elemental gramática cristiana, y hoy nos habla de la Iglesia como el cuerpo de Cristo. Pablo utiliza para ello una expresión atrevida, que no conviene rebajar: "Vosotros sois el cuerpo de Cristo".
A partir de aquí se ilumina todo lo demás: la vinculación Cristo-Iglesia, la unidad y la diversidad, la primacía de la vida sobre la mera estructura, etc. Por desgracia, hoy no nos atrevemos a hablar en estos términos, pues nos parece algo exagerado y decimos que se presta a malentendidos. Eso es sólo un signo de achicamiento, que por supuesto Pablo no tenía.
Si yo sintiera a fondo que soy el cuerpo de Cristo, con todos mis hermanos y hermanas creyentes, es probable que enjuiciara de otro modo la vida de la Iglesia, y que miraría a cada uno y lo vería con otros ojos. Porque un cuerpo es portador de vida, y haría todo lo posible por contribuir a su salud y a su armonía.
Gonzalo Fernández
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La comparación de la Iglesia con el cuerpo de Cristo es muy pedagógica, y hoy es utilizada por Pablo para convencer a los corintios de que tienen que construir entre todos una Iglesia más unida.
La motivación no es sólo social, sino también teológica, pues la Iglesia no es una asociación con fines comunes, a la que le interesa mantenerse unida. No. La Iglesia se llama Iglesia porque está convocada y unida por el Dios trino: "Todos hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo", y en ese cuerpo "vosotros sois el cuerpo de Cristo", en el cual "Dios os ha distribuido en apóstoles, profetas y maestros".
Pablo nombra una serie de ministerios y carismas que hay en la comunidad, y viene a decir que todos, y cada uno desde su identidad, hemos de intentar construir una Iglesia viva y dinámica.
Ayer nos urgía Pablo a crecer en unidad fraterna, porque celebrar la eucaristía es celebrar la donación del Señor resucitado a todos. Y hoy argumenta desde otro punto de vista teológico: la Iglesia es el cuerpo de Cristo, y como tal debe mantener su unidad con la cabeza y entre sus varios miembros.
En la Iglesia hay una rica pluralidad, una diversidad admirable de ministerios, gracias y cualidades. Pero esta pluralidad debe conjugarse dinámicamente con la unidad, la unidad de sabernos hijos del mismo Padre, miembros todos de Cristo, y ungidos por el mismo Espíritu. El salmo responsorial de hoy recurre al símil del pueblo y del rebaño, que es más superficial: "El Señor es Dios, él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño".
Para Pablo la perspectiva es más profunda: somos miembros de Cristo cabeza, y también miembros los unos de los otros. Y esto para la construcción de la Iglesia, que está articulada orgánicamente y animada por el Espíritu.
Pensemos si en nuestro ambiente eclesial actuamos unidos en la construcción del cuerpo de Cristo (los obispos, los asistentes de cáritas, los profesores de religión), o si más bien va cada uno va por su lado, sin colaborar en el conjunto. ¿Entendemos cuáles son las cualidades o ministerios que Dios ha depositado en mí? ¿Y que éstos no son míos sino de Dios, que me los ha prestado para ponerlos en común? ¡Cuánto más eficaz sería nuestro crecimiento en la vida de fe y nuestra influencia evangelizadora en medio del mundo si actuáramos desde esta unidad orgánica en el Espíritu de Cristo!
José Aldazábal
Act:
15/09/26
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