15 de Octubre
Jueves XXVIII Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 15 octubre 2026
Ef 1, 1-10
La 1ª lectura de hoy inaugura la lectura de la Carta a los Efesios, que proseguirá durante 3 semanas más. Fue escrita por San Pablo durante su 1ª cautividad en Roma (ca. 61-63), y supone una profunda reflexión y amplitud de horizontes respecto a sus grandes y clásicas epístolas.
La carta tiene un matiz más bien contemplativo, y en ella podemos distinguir una parte litúrgica (Ef 1, 3-3, 21) y una parte parenética (Ef 4, 1-6, 20), ambas marcadas por la contemplación del misterio de la reconciliación de los judíos y de los paganos en la Iglesia, cuerpo de Cristo y signo de Dios para toda la humanidad.
El pasaje que se lee hoy reproduce la bendición con la que Pablo abre su epístola. En ella podemos distinguir una introducción (v.3), una 1ª estrofa (vv.4-6) que se cierra con una fórmula de glorificación a Dios, y una 2ª estrofa (vv.7-12) coronada igualmente por una mención a la gloria divina.
Esta bendición se inspira probablemente en una oración del ritual judío para cada día, donde encontramos temas idénticos: la paternidad divina (v.3) y la elección (v.4), la "riqueza de la gracia" (v.7) y la "alabanza de Dios" (vv.6.12.14) "en el amor" (vv.4.6). Las diferencias entre estas 2 oraciones son significativas por sí mismas: donde el ritual judío da gracias a Dios por el don de la ley, Pablo lo hace por el don de su Hijo (v.6).
La estrofa introductoria establece de golpe los grandes temas de toda la carta. Se trata, en efecto, de una acción de gracias por la salvación (que aquí se presenta como una bendición) querida por el Padre, merecida por Cristo y realizada por el Espíritu Santo.
Las bendiciones saludables por las que se alaba a Dios son la muerte (v.7) y la glorificación de Cristo (v.10), el comienzo de la vida divina en el hombre por la fe y el bautismo (Ef 1, 13) y el señorío de Cristo sobre el mundo (Ef 1, 10). La expresión "en los cielos" designa todo aquello que no es ni la "carne y la sangre" (Ef 6,12), ni las "potencias celestiales" suplantadas por Cristo (Ef 4,7-16; 5,23).
La expresión "en Cristo" significa la mediación por la que las bendiciones del Padre se realizan desde que Cristo ha sustituido, en el orden de la salvación, a la carne y a los espíritus.
Maertens-Frisque
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La 1ª estrofa (vv.4-6) explica cómo la bendición de Dios beneficia al hombre, llamado por Cristo a la santidad. Esta bendición es elección del amor del Padre y acaba transformando a los hombres en hijos de Dios, herederos de los privilegios ligados hasta ahora al cumplimiento de la ley (Gál 3, 18) y vinculados a la presencia renovadora del Espíritu Santo (Rm 8, 14-17). La santidad es el 1º de estos privilegios, y consiste en una comunicación con la vida misma de Dios (Lv 19, 2) por su amor, un amor que desemboca en la adopción filial de los hombres (v.5).
La 2ª estrofa (vv.7-12) enumera los 2 beneficios de la obra de Cristo.
El 1º es la redención, donde la abundancia de la gracia acompaña a la remisión de los pecados (Rm 13,21-26; Col 1,14). Esta redención o "remisión de los pecados" es, de hecho, la posibilidad ofrecida a todo hombre unido a Cristo de superar los propios límites y faltas, en la búsqueda de lo más profundo, de "lo interior" de las cosas y de las exigencias que de ello derivan: "Si te piden tu capa, da también tu túnica".
El 2º es el conocimiento del misterio (vv.8-10), llamado inteligencia. Es decir, la dilucidación en profundidad y valoración religiosa. El objeto de este conocimiento es la voluntad salvadora de Dios para con todos los hombres (Ef 3,5.9; Rm 16,25-26), voluntad que se ha mantenido oculta durante mucho tiempo, pero que se ha revelado ahora en la persona de Cristo. En él cada cosa y cada ser descubren su razón de ser y encuentran su significación definitiva. Saber es conocer el designio divino, así como "doblegarse a él" es entrar en la "recapitulación universal realizada por Cristo" (v.10).
Esta recapitulación en Cristo de todo cuanto existe (v.10) constituye el elemento más original de esta estrofa. Algunos comentadores piensan que recapitular tiene aquí un sentido débil, a forma de resumir (como la ley, que se resume en un solo mandamiento; Rm 13,9). Otros, en cambio, piensan que Pablo carga en esta palabra todo su pensamiento sobre las relaciones entre Cristo-cabeza y su cuerpo místico (Ef 1, 20-23).
Se trataría entonces de una especie de asunción de todas las cosas en Cristo, en el cual han sido creadas y en el cual han sido reconciliadas (Col 1, 15-20) desde el momento en que él ha sido proclamado "Señor y Cabeza" del universo (Fil 2, 9-11). Sería, pues, una restauración cósmica por la que la creación reconoce al Cristo como Señor y vive su vida misma.
Todo pertenece a Dios y, por este señorío de Cristo, vuelve a él. Esta recapitulación se realiza a través de unas etapas: los paganos serán asociados a los judíos (vv.11-13), los hombres terrestres (v.10) a los seres celestiales, y todos juntos gozarán de los mismos derechos y de la misma vida.
De la solidaridad de todos los seres en la misma y única recapitulación se desprende ya la idea de que ninguno de ellos podrá depender en modo alguno de los demás. Los paganos no son, así, inferiores a los judíos (Ef 2, 11-12), ni los hombres están sometidos a los ángeles (Ef 1,20-2,10; Ef 4,9-10).
Maertens-Frisque
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Escrita durante su cautiverio en Roma, la Carta a los Efesios es una de las cartas más doctrinales de San Pablo. Y frente a unos cristianos que daban demasiada importancia a los ángeles y a los demonios, atribuyéndoles una especie de poder sobre el universo, Pablo pone en evidencia la supremacía radical de Cristo: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en los cielos nos ha colmado de bendiciones espirituales en Jesucristo".
El clima del alma de Pablo es la alegría y la acción de gracias. Cada eucaristía es una "acción de gracias" por todos los beneficios de Dios. Cuando oigo misa ¿procuro captar y aprovechar todas las razones que podría yo tener para decir "bendito sea Dios"? Es bueno también decirlo, ahora, en este momento de mi oración.
Pero sigamos escuchando a San Pablo, que a continuación nos dice que:
"Dios nos ha colmado, nos ha elegido y nos ha destinado de antemano a ser hijos suyos adoptivos por Jesucristo. Nos ha colmado de sabiduría y de inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad y lo que de antemano se había propuesto".
Es decir, que toda la iniciativa parte de Dios, y en esa iniciativa nosotros "hemos sido colmados". Estas palabras ardientes y sencillas manifiestan una aventura: la aventura de las relaciones entre Dios y los hombres. El hombre no es un huérfano, ni un producto del azar, sino un ser amado de antemano.
El beneplácito de Dios, pues, es para mí y para todos los hombres: "Según el beneplácito de su voluntad para alabanza de la maravilla del don gratuito, que nos ha hecho en su Hijo muy amado". Y esto es una maravilla y un don gratuito de Dios: el gran don de Cristo, y la gran maravilla de Cristo.
Esta es la prueba de la gratuidad, que "él nos obtiene por su sangre la redención, y el perdón de nuestras faltas". Es decir, que éramos culpables, y seguimos siendo pecadores y culpables, y sin embargo Dios nos ama, nos salva y nos perdona, poniendo sobre la mesa el precio de todo ello: su propia sangre.
En lugar de estar dando vueltas a mis pecados con amargura y despecho de amor propio, ¿por qué, Señor, no consideramos lo que tú has hecho, y aquello que ha suscitado tu amor y tu perdón? Porque la gracia de Dios es inagotable. Sobre todo en ciertos días que sentimos más la necesidad de afirmarnos a tales certezas, o cuando tenemos la impresión de ser incapaces de salir del pecado, y de estar clavados a nuestros hábitos. La gracia es inagotable.
He ahí el proyecto de Dios, antes secreto ("hacer que todo tenga a Cristo por cabeza: lo celeste y lo terrestre") y ahora revelado ("recapitular todas las cosas en Cristo"). Ahora que conozco el designio de Dios, ¿cómo colaboro a él? ¿Soy un artífice de unidad? ¿Considero que es una oportunidad para la humanidad dividida?
Noel Quesson
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El texto de hoy de Pablo es un himno solemne a la Santísima Trinidad, que bajo el ropaje de un antiguo himno litúrgico canta la gesta realizada por Dios Padre en Jesucristo y en el Espíritu Santo, para la salvación de los hombres y del universo entero.
La presencia de Jesucristo, Hijo del Padre en el mundo, y el derramamiento de su sangre, ponen de manifiesto que el verdadero ser de las cosas y de los hombres no se agota en las apariencias. En efecto, la palabra de la buena nueva, que el cristiano ha escuchado y creído, ha llevado a éste a conocer la obra de Dios, realizada por medio de Cristo en los tiempos definitivos: "Recapitular todas las cosas en Cristo, las del cielo y las de la tierra" (v.10).
Para el hombre, la obra de Dios sigue siendo "el misterio de su voluntad", ya que nadie sabe cómo ha podido realizarse, ni tener ningún conocimiento de ello sin la Palabra que nos lo proclama. Sólo ella indica al hombre que ha sido bendecido por Dios, elegido, hecho hijo, redimido, perdonado y enriquecido con su gracia.
Por eso, el que lo acoge como creyente, y se considera a sí mismo como el lugar en que se ha llevado a cabo la obra de Dios, descubre qué respuesta hay que dar a lo que hacer con su propia vida.
Tal respuesta debería estar basada en la única que Dios exige, y que es la que inicia el texto de hoy: "Estar consagrados y sin defecto ante él, por el amor" (v.4). Al creyente le corresponde hacer, pues, que el amor se haga efectivo en este mundo, tal como él mismo se sabe amado por Dios. El amor sólo es cristiano cuando se mira en el amor de Dios (manifestado por la palabra de la buena nueva), e intenta hacerlo presente.
En el fondo, celebrar el misterio de la Santísima Trinidad significa creer en el hombre como lugar de la presencia de Dios (que lo ama), y proclamar el primado de la caridad en las relaciones entre los hombres. La fe, aunque no nos permite el acceso a la realidad de los misterios, nos lleva a descubrir dónde está Dios.
Miguel Gallart
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Dios tiene un proyecto de amor salvador para nosotros: unirnos a Cristo su Hijo, para que en él seamos hechos hijos adoptivos de Dios y santos (como él es Santo), tras convertir nuestra vida en una continua oblación de "suave aroma" en las manos de Cristo, para qué él nos ofrezca como un sacrificio agradable al Padre.
Puesto que Dios nos ha elegido en Cristo desde antes de la creación del mundo, vivamos santos en su presencia, sin odios ni divisiones ajenas a lo que el Padre quiere de nosotros: que todos seamos uno en Cristo, y en él gocemos de su paz. Dios quiere esto, y que de esta manera ayudemos a los hombres a salvarse. Para lograr eso, él nos ha bendecido en Cristo, dándonos su vida y su Espíritu Santo.
No rechacemos esos dones venidos de Dios, y permanezcamos unidos a Cristo para que no se diluya en nosotros la elección con que nos ha agraciado el Padre. Oremos intensamente al Señor para que esta obra salvadora se lleve a cabo en nosotros, pero no de un modo individual sino en plena comunión con los demás hermanos.
Trabajemos por eliminar de nosotros todo signo de maldad y egoísmo, que ponen en riesgo nuestra vida de unión a Cristo y de amor fraterno con el prójimo. Seamos constructores de unidad y de paz, para que ese proyecto de Dios pueda llevarse a cabo: que todos seamos uno en Jesucristo, cabeza, principio y fundamento del pueblo santo de Dios.
Javier Soteras
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¿Cuántas veces hemos leído el cántico con el que comienza hoy la Carta a los Efesios? Se podría decir que es un retrato robot del ser humano, bendecido por Dios en la persona de Cristo. Un retrato que se nos habla de nuestro origen, de nuestro destino y de nuestra trayectoria histórica.
¿Y cuál es ese origen y esa trayectoria en la vida? La elección y la vocación, porque no somos fruto del azar, sino que hemos sigo "elegidos para ser santos por el amor". La santidad consiste, pues, en hacer del amor el centro de nuestra vida y la razón de nuestro ser. ¿Y cuál es nuestro destino? No disolvernos en la materia, sino llegar a ser hijos de Dios. Y para esto hemos recibido las herramientas: el perdón de los pecados y el conocimiento del proyecto de Dios.
No podemos hacernos cargo de una vocación tan desbordante, y por eso hemos de confiar en la gracia de Dios. Sobre todo cada vez que nos sentimos desanimados, o indignos, o perdidos en las cosas de la vida. En cada situación Dios nos dará la gracia que necesitemos, aunque no nos demos cuenta.
Gonzalo Fernández
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Estrenamos hoy la Carta a los Efesios, a través de un himno que describe el plan divino de salvación y el papel que en este plan desempeña cada una de las 3 personas divinas. El Padre ha resucitado a Cristo y nos ha elegido por amor. El Hijo, constituido por el Padre cabeza de la Iglesia (comunidad de salvación), nos ha redimido y salvado por su sufrimiento. Y el Espíritu Santo garantiza este plan de salvación y asegura que la acción del Padre y del Hijo alcance su objetivo.
Este Himno de Efesios nos invita a la alabanza a Dios, por el cuidado y detalle con que él mismo ha elaborado este plan de salvación. Tomar conciencia de este esmero de Dios nos puede ayudar a afianzar nuestra fe, en medio de las turbulencias de nuestro mundo.
Luis de las Heras
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Terminada ayer la Carta a los Gálatas, leeremos durante más de 2 semanas la que escribió Pablo a los cristianos de Efeso. Pablo había evangelizado aquella ciudad, que en su momento era capital de la provincia romana de Asia, y famosa por su cultura, comercio y templos paganos, en sus viajes II y III. Y en total pudo haber estado allí unos 2 años.
La carta fue escrita por Pablo hacia el año 62, desde su cautividad en Roma. Se trata de una carta amable y llena de intención teológica, que presenta el plan salvador de Dios (Padre) y la riqueza del misterio de Dios (Cristo y su Iglesia), escondido desde toda la eternidad.
El comienzo de la carta es un himno entusiasta a este plan salvador de Dios, que Pablo presenta como una gran bendición tanto en sentido ascendente como en el descendente. Bendecimos a Dios porque él nos ha bendecido previamente, con toda clase de bendiciones (en su hijo Jesucristo).
Todo es iniciativa de Dios, y en esa iniciativa él nos ha predestinado desde la eternidad a ser sus hijos, una vez fuésemos salvados por Cristo. Es decir, que todo sucede siempre "en la persona de Cristo", en quien Dios "recapituló todas las cosas del cielo y de la tierra".
El presente Himno de Efesios es cantado en el rezo de Vísperas una vez por semana, como cántico del NT y después de los salmos. Y nunca lo diremos con suficiente gratitud y alegría. En pocas líneas, viene a desgranar la riqueza del proyecto de Dios, a explicar que todo está centrado en Cristo Jesús, y que todo esto representa para nosotros la mayor de las gracias: el ser hijos de Dios.
Si en verdad creemos que Dios nos quiere, y que ha pensado en nosotros antes que existiéramos, y que nos ha incorporado al destino de su Hijo, y que nos ha perdonado, y que nos ha hecho por tanto también hijos en su familia, y que nos destina a la salvación plena, ¿no tendría que cambiar la cara con que vivimos cada jornada?
Por supuesto, esto es algo que nos compromete, porque Dios ha hablado y espera una respuesta: "Nos eligió en la persona de Cristo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor".
El tono eufórico de Pablo es recogido también por el Catecismo de la Iglesia Católica, que cuando empieza a presentar el misterio de la celebración cristiana, entona precisamente esta solemne bendición de Pablo, y se entretiene en describir en qué consiste esta bendición que Dios nos ha hecho a nosotros y que nosotros le dirigimos a él (CIC, 1077-1083).
José Aldazábal
Act:
15/10/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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