13 de Octubre

Martes XXVIII Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 13 octubre 2026

Gál 5, 1-6

         Dice hoy Pablo a los gálatas que "no os dejéis oprimir bajo el yugo de la esclavitud", porque "si os dejáis circuncidar, Cristo no os aprovechará nada". Como se ve, recurre siempre Pablo al mismo argumento: si pones tu esperanza de salvación en las prácticas, concebirás la pretensión engañosa de alcanzar la justificación por ti mismo, y estarías dejando por inútil todo lo que Cristo ha venido a hacer.

         Nunca lo repetiremos bastante: la fuente de la santidad no está en la observancia de unos mandamientos, sino en el amor gratuito y salvador de Dios. A Santa Teresa de Lisieux le gustaba decir que "llegaría ante Dios con las manos vacías".

         En efecto, lo esencial es agregarse a Cristo e ir recibiéndolo todo de él, pues "los que buscáis en la ley el medio de alcanzar la justificación, habéis roto con Cristo, y os habéis apartado de su gracia". Señor, yo no confío en mis propias fuerzas, ni me fío de mí mismo, sino que creo en tu amor y confío en ti, porque sé que tú me amas.

         A partir de esta convicción, ciertamente uno tiene que responder a esa gracia de Dios, pero de una manera totalmente distinta: a través del amor. Cuando se ama a alguien, o cuando se le tiene confianza, uno está dispuesto a todo, y todo resulta mucho más fácil. Ya no se tiene la impresión de hacerlo por obligación, y cualquier cosa se hace voluntaria y gustosamente. Señor, ayúdame a seguirte por amor y no por temor, y que durante toda mi vida me dedique a darte siempre gusto.

         La gracia es la palabra clave de todo lo dicho sobre esta cuestión, como término griego que para Pablo significa "don gratuito y gozoso". La gracia es la acción de Dios en nosotros, es la presencia activa de lo que es "más que nosotros", como ese dinamismo divino que actúa en el núcleo de nuestra vida. Dios nos precede siempre, e incluso sigue ahí cuando no le prestamos atención.

         Así, su gracia trabaja en el corazón de todo aquel con quien hablamos, con quien trabajamos y con quien convivimos. Es en lo que consiste la moción del Espíritu Santo en las almas: "A nosotros nos mueve el Espíritu a aguardar, por la fe, los bienes esperados por la justicia". En efecto, en Cristo, nada tiene valor (ni la circuncisión, ni la incircuncisión), sino sólo aquello que se ha dejado mover por el Espíritu Santo, y ha obrado por caridad.

         Es así de claro y sencillo, aunque esto resulte escandaloso para algunos. Dios no salva al hombre por sus méritos, sino por puro amor al cual nos adherimos por la fe, la esperanza y la caridad. Por tanto, esto no significa que podamos abandonarnos, sino que desde cierto punto de vista es algo mucho más exigente: nos liberamos de la ley, pero quedamos atados al amor, y nunca amamos lo suficiente.

Noel Quesson

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         Sigue hoy tratando Pablo el tema de la libertad, comenzando por las últimas frases que nos decía ayer: "Cristo nos ha liberado para vivir en libertad. Por tanto, no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud".

         Aunque Pablo está hablando a nivel espiritual general, en su mente tiene presente la vuelta a la antigua ley mosaica, a la cual habían vuelto muchos de los gálatas. De ahí que tenga que decirles a esos tales con total rotundidad: "Habéis roto con Cristo, habéis caído fuera del ámbito de la gracia". Porque de lo que trata el evangelio es de poner la confianza en Cristo y no en ninguna ley, con total esperanza en su Espíritu Santo. Lo cual, para Pablo, es capital para la identidad del cristiano.

         Vivir con libertad interior, la libertad de los hijos de Dios, es dejarse mover por el Espíritu de Cristo, y no por ninguna ley ajena a esta moción interior. Es lo que ya Jesús criticó a los fariseos, al fiarse más de las prácticas y de los méritos que de la gracia de Dios.

         Lo que importa, para Pablo, es "una fe activa en la práctica del amor". ¡Qué hermosa fórmula, densa y llena de compromiso! Porque se ve en seguida que la libertad no es hacer lo que a uno le viene en gana, sino una "fe activa en la práctica del amor". No hay nada más exigente que el amor, y eso es lo que quiere Dios que reine en su familia, y en lo que crezcan sus hijos por corresponsabilidad.

         El salmo responsorial de hoy respira una actitud muy parecida: "Cumpliré sin cesar tu voluntad, Señor, por siempre jamás. Andaré por un camino ancho buscando tus decretos, y éstos serán mi delicia porque tanto los amo".

José Aldazábal

 Act: 13/10/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A