14 de Octubre
Miércoles XXVIII Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 14 octubre 2026
Gál 5, 18-25
Nos habla hoy Pablo de cómo saber conducirnos en la vida: "Si os dejáis conducir por el Espíritu, no estáis sujetos a la ley". Unas palabras que implícitamente nos hablan de una libertad y de una interiorización, pues con ellas no hace uno lo que quiere, sino que se deja conducir. Es el tipo de libertad conquistada por Cristo, que por el hecho de ser auténtica elimina y aleja de sí la falsa libertad.
No, la libertad de Jesús no implica permisividad. Sobre todo porque "las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordias, celos, iras, rencillas, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes".
Es preciso releer despacio ese conjunto de palabras, y preguntarnos cómo podemos incurrir también nosotros, a nuestra manera, en algunos de esos defectos. Porque lo asevera Pablo: "Quienes hacen tales cosas, no heredarán el reino de Dios". Es decir, que aquí hay una herencia, o beneficio que uno recibe sin mérito propio, sino tan sólo por ser hijo de alguien.
En cambio, continúa diciendo Pablo, "el fruto del espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, bondad, afabilidad, fe, humildad, dominio de sí". Tales son los frutos del Espíritu, de los que conviene releer también cada una de sus palabras, y rogar muy sencillamente: Señor, concédeme el amor y haz que brote en mí el amor, concédeme la alegría y haz que surja en mí la alegría, concédeme ser afable y haz que crezca en mí la comprensión.
En concreto, consideremos la jornada que hoy vamos a vivir, y tratemos de prever las ocasiones que seguramente se me presentarán para "dejarme conducir por el Espíritu". ¿Estoy ya mismo deseoso de producir esa alegría, paz, humildad y dominio de sí? Porque todo eso hará fructificar a Dios, en mí y en los demás.
Los cristianos, a impulso del Espíritu Santo y desde la libertad de Cristo, somos la vanguardia de la humanidad, una levadura nueva y distinta en el corazón del mundo. Nuestro estilo de vida debería impregnar el mundo de esta alegría, de esta paz y de este servicio a los demás. Hemos de ser ¡visibles y atrayentes!, aunque por desgracia estemos todavía muy lejos de ello.
Contra tales frutos tan espectaculares, no hay ley posible. Eso sí, sus portadores ("los que pertenecen a Cristo") han de "crucificar sus pasiones y sus apetencias egoístas". Como concluye Pablo: "Puesto que el Espíritu nos vivifica, dejémonos conducir por el Espíritu".
Pero detengámonos en la expresión "los que pertenecen a Cristo", porque aparte de ser otra de las originales definiciones paulinas de los cristianos, esta expresión repite por sí sola que la vida cristiana no es un cumplimiento de obligaciones, sino un compañerismo fiel respecto a una persona: Jesucristo. Esto no consiste en hacer algo, sino en mantenerse fieles a alguien. Señor Jesús, concédeme la gracia de imitarte.
Noel Quesson
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Aunque Cristo haya liberado al hombre del peso de la ley, ¿no es libre el hombre para hacer lo que la ley prohíbe? Esta cuestión se suscitará con frecuencia, y Pablo responde pidiendo que no se confunda libertad con libertinaje. En efecto, una mala comprensión de la noción de libertad podría conducir a otra esclavitud: la de la carne.
En Pablo la palabra carne designa la naturaleza frágil del hombre, especialmente los deseos egoístas que se oponen a su verdadera vocación. De hecho, la cuestión principal es saber para qué, o con qué finalidad, ha sido liberado el hombre. A esta pregunta no hay más que una respuesta: el hombre ha sido liberado para amar más. Así, la ley entera sólo encuentra su cumplimiento en una única palabra: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (v.14).
Pero sólo el hombre que vive del Espíritu de Jesús puede realizar esto: "Si vivís según el Espíritu, no daréis satisfacción a las apetencias de la carne" (v.16). En efecto, la carne se opone al amor auténtico, como demuestra la lista de sus obras (fornicación, libertinaje, idolatría...).
Se trata de una lista que aparecerá también en otras cartas paulinas, y que comprende los desórdenes del amor humano, otros tantos aspectos de la lujuria y los desenfrenos tan extendidos en el mundo pagano: las perversiones de culto, las faltas de amor y los excesos de la mesa. Todo lo cual se traduce en degradación de la persona humana.
En cambio, el fruto del Espíritu es uno único: el amor, considerado en sus principales signos (gozo y paz), en sus manifestaciones (paciencia, bondad, benevolencia) y en sus condiciones de existencia (fe y humildad, que permiten la acogida de la gracia y el autodominio).
Frederic Raurell
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No tiene ningún sentido dividir a la gente en buenos y malos, como solían hacer las películas de indios y vaqueros. En 1º lugar porque ningún ser humano puede juzgar a su hermano, y en 2º lugar porque el bien y el mal nos atraviesan a todos por dentro. El propio Jesús ya fue implacable contra los fariseos y maestros preocupados en la buena imagen electoral, y se centró en ahondar el derecho y el amor de Dios.
Las palabras de hoy de Pablo son palabras enérgicas y contundentes, y con todo sigue habiendo gente especialmente vocacionada en señalar lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer, marcando las líneas entre lo permitido y lo prohibido. ¿Y cómo saber si esas actitudes son genuinamente evangélicas o no?
La Carta a los Gálatas nos ofrece una pista. Donde hay Espíritu surgen frutos espirituales (amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, amabilidad, autocontrol...), y donde hay carne (o ser humano que se deja llevar por el mundo) surgen otro tipo de frutos: fornicación, impureza, contiendas, celos, rencores, sectarismo...
Esto puede parecer demasiado simple, pero a esta simplicidad es a la que suelen llegar, después de muchas vueltas, los hombres y mujeres espirituales. Hace tiempo que me he desenganchado de esos maestros que presumen de ver las cosas claras, y que con ello van creando grupos apartados de los demás.
Gonzalo Fernández
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El apóstol Pablo nos invita hoy a dejarnos guiar por el Espíritu Santo. Y dice que si bien Cristo nos ha liberado, es el Espíritu quien hace eficaz esa libertad en nuestro interior. ¡Qué excelente Guía del Peregrino Cristiano nos facilita hoy Pablo en este texto de la Carta a los Gálatas! Viajar por, con y en "el amor, la alegría, la paz, la tolerancia, la amabilidad, la bondad, la fe, la mansedumbre y el dominio de sí".
Esto es vivir según el Espíritu, en la libertad de los hijos e hijas de Dios. ¡Esto es vivir, esto es vida! Y no la preocupación por heredar o no el reino de Dios, sino por la dicha que se experimenta cuando se viaja por estos senderos del Espíritu. La herencia del Reino será consecuencia de este prodigioso viaje, no nos cabe ninguna duda.
Luis de las Heras
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¿Quién de nosotros no ha experimentado los estragos que ha hecho en su interior la propia concupiscencia? Si de veras somos personas de fe, no sólo hemos de tomar conciencia de que hemos muerto al pecado (como hizo Cristo en la cruz), sino también de que tal acontecimiento se puede diluir fácilmente a lo largo de la vida, dejándonos arrastrar nuevamente tras las apetencias de la carne. Revivamos una y otra vez, pues, nuestra muerte ontológica al pecado, y hagamos que nuestra realidad personal se mantenga siempre unida, por medio de la fe y del bautismo, a la nueva vida de Cristo.
Si vivimos con sinceridad nuestra fe, no podemos volver a esclavizarnos con las diversas manifestaciones del pecado (de la carne), sino que desde la total libertad (de los hijos de Dios) hemos de dejarnos guiar por el Espíritu Santo, para que los frutos que proceden de él se manifiesten en nosotros y en nuestra vida.
Dios quiere que vivamos como hijos suyos, y que todo lo que hagamos brote del Espíritu de Dios y no de nuestros caprichos, de nuestro egoísmo o de nuestras malas inclinaciones. Pidámosle por ello un espíritu de continua mortificación, que dé muerte a todo aquello que nos impida ser un signo de su amor. Vivamos, pues, en una continua conversión, permitiéndole al Señor hacer su obra en nosotros.
Javier Soteras
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Sigue dirigiéndose hoy Pablo al hombre integral, esta vez atacando ese falso ecumenismo (o captatio benevolentiae) que propagaba la teología pagana de la incongruencia, condenatorio de las aberraciones morales pero sin testimonio de conducta. De hecho, para Pablo sí hay posibilidad de salvación aún fuera del ámbito de la actividad de la Iglesia, pues "Dios pagará a cada uno según sus obras".
Esto pone en cintura ese tipo de pastoral que trata de desconocer cualquier grado de religiosidad de las personas, a las cuales Dios puede interpelar de cualquier forma posible. Un enviado por Dios debe reconocer primero este hecho, y luego dirigirse personalmente a cada una de esas personas, sabiendo que el mensaje de Jesús es tan universal que puede inculturarse en cualquier parte y persona.
Severiano Blanco
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Terminamos hoy nuestra lectura de la Carta a los Gálatas. Y lo hacemos con una doble lista: las "obras de la carne" y los "frutos del Espíritu".
Parecería que, con tanto hablar de libertad y de relativizar "las obras de la ley", Pablo estuviera invitando a una espiritualidad permisiva. Pero no. La fe en Cristo, y la apertura a su gracia, son muy exigentes.
Cuando Pablo habla de la carne se está refiriendo a la sola condición humana, sin su dimensión espiritual. Y a la mentalidad meramente humana, que lleva a esa lista impresionante de tendencias pecaminosas en el terreno de la impureza y de la idolatría, de la falta de control personal y de infinitos fallos en la relación con los demás.
Lo contrario son los frutos del Espíritu, con un total dominio de sí, rebosamiento de paz y alegría y una entrega amable a los demás. Tenemos así un buen examen delante, y un espejo donde mirarnos hoy con sinceridad, porque todo eso es lo que debería trasparentar nuestra conducta.
Cada uno sabrá si en verdad "ha crucificado su carne con sus pasiones y deseos". Tal vez no tengamos que acusarnos de borracheras, orgías o brujería. Pero sí que puede pasarnos que sigamos siendo carnales a la hora de tener criterios humanos. Si nos dejamos llevar por los celos, por ejemplo, no estamos viviendo según Cristo, sino según la carne.
Como cristianos, esto se traduce en ir madurando en nuestra vida de fe, y en ir "dejándonos llevar por el Espíritu". De esta manera, irán apareciendo en nuestra vida los frutos de los que habla Pablo, desde el "dominio de sí" hasta la "alegría y paz", pasando por la "comprensión, servicialidad y bondad" con los demás. ¿En qué se conoce que caminamos según el Espíritu? En que vivimos con alegría, con amabilidad y con dominio de sí.
El salmo 1 que suena hoy en nuestra misa nos sigue invitando a elegir los caminos de Dios, y no los del mundo: "Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, sino que su gozo es la ley del Señor y medita su ley día y noche". No es tan sólo el apego a la ley lo que Pablo ha criticado en esta carta, sino la contabilidad de méritos o el no dejarse mover por la fe y el amor, que provienen del Espíritu de Cristo.
José Aldazábal
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La teología del doble camino es una buena glosa a las palabras de hoy de San Pablo. El apóstol, como buen maestro espiritual y experto en el sufrimiento humano, sabe por experiencia que una doble tensión interior nos puede poner en vilo, y por eso nos avisa.
La 1ª tensión interior es el peso de la carne, símbolo de todos los aspectos negativos o no regulados en la vida, desde el odio o venganza hasta el insaciable apetito sexual. Pues quien se mueve por este proceder "según la carne", acabará confundiéndose con ella misma y acabará perdiendo el interés por los valores del espíritu, bajo el fuego del egoísmo.
La 2ª tensión interior es la elevación del espíritu, símbolo de todo proceder honrado, tanto en el propio equilibrio y fortaleza interior, como en el amor y solicitud por los demás, para gloria de Dios Padre.
La 1ª tensión nos ahoga, mientras que la 2ª nos libera; la 1ª nos degrada, mientras que la 2ª nos ennoblece; la 1ª nos ciega, mientras que la 2ª nos ilumina. Y en la vida real de cada día, la 1ª y la 2ª, que anidan en el hombre, tienen que ser armonizadas prudente y sabiamente por una conciencia noble, para que a través de las dos triunfen la naturaleza y la gracia.
Dominicos de Madrid
Act:
14/10/26
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A L
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R C A B A
M U R C I A
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