16 de Octubre
Viernes XXVIII Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 16 octubre 2026
Ef 1, 11-14
Dice hoy Pablo que "en Cristo Jesús, Dios nos ha predestinado a ser su pueblo, por haber escuchado la buena nueva de la salvación". En efecto, la búsqueda de la unidad de la humanidad, que parece ser un hermoso sueño y una utopía irrealizable (a causa de las profundas rupturas que separan las razas y las naciones), se ha realizado ya en Jesucristo, en la reconciliación de los judíos y de los paganos.
Pablo, judío de origen, estuvo toda su vida obsesionado por esa convicción: introducir a los gentiles en la Iglesia en pie de igualdad, "para ser nosotros, los hijos de Israel, los que ya antes esperábamos en Cristo, alabanza de su gloria".
Es decir, que el pueblo judío supuso la 1ª oleada de Dios, que originó un 1º canto (el de la comunidad de la sinagoga. Y el pueblo cristiano supuso una 2ª oleada de Dios, pues "también vosotros, que habéis escuchado la Palabra de la verdad y habéis creído en él, habéis sido sellados en el Espíritu Santo".
Hoy también puede aplicarse este designio de Dios a nuestros contemporáneos, pues como en los tiempos de San Pablo también hay quienes esperan la buena noticia, y en su día la recibirán. ¿Estoy yo atento al esfuerzo misionero de la Iglesia? ¿Me considero un privilegiado de la fe, o como dice el apóstol, un "participante en el proyecto de Dios sobre todos los hombres? Porque yo también tengo ya "el sello del Espíritu".
El término griego usado aquí evoca el sello con el que se marcaba a las ovejas para indicar su propietario, e indica que la presencia del Espíritu en nosotros nos marca para poder ser reconocidos como propiedad de Dios. El Espíritu Santo es, pues, el 1º avance de este plan de Dios, así como la prenda de la herencia, cuya plena posesión obtendremos el día de la liberación final.
Pablo intuye que la vida cristiana es un dinamismo vital, y que lo realizado hasta ahora no es más que un inicio (unas arras) y un 1º avance, hasta que culmine y llegue a su total cumplimiento y plenitud. Hoy participamos un poco, por tanto, de los dones de Dios, y un día seremos colmados. ¿Considero así mi vida? ¿O me contento con ir tirando? Porque el Espíritu ya está aquí, y me empuja y zarandea para que me deje conducir por él. Espíritu de Dios, vendaval de Dios, ¡levántame!
Concluye su pasaje de hoy Pablo con uno de los estribillos de la Epístola: "Para alabanza de su gloria", o proceso que hay que hacer hasta convertirnos en una "alabanza de gloria" de Dios, o un cántico de Dios. Señor, que mi vida cante tu gloria.
Noel Quesson
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Dice hoy Pablo que en el admirable plan salvador de Dios, por medio de Jesucristo, están comprendidos tanto los judíos como los paganos. Los judíos ("los que ya esperábamos en Cristo") porque fueron los primeros en heredar su gracia. Y los los paganos ("los que habéis escuchado la extraordinaria noticia de haber sido salvados, y habéis creído") porque también han recibido la marca del Espíritu Santo, que es "prenda de nuestra herencia" final.
El denso pasaje de hoy, que todavía pertenece al entusiasta Himno de Efesios de ayer, está lleno de motivos de esperanza.
En 1º lugar porque aparece el Dios trino en acción: el Padre destinándonos a ser su pueblo y propiedad, el Hijo salvándonos y el Espíritu Santo marcándonos con su sello. En 2º lugar porque la pertenencia al pueblo de Dios viene de haber escuchado la buena noticia y haber creído en el amor de Dios. En 3º lugar porque ya estamos siendo salvados y participando de la herencia, aunque todavía no haya llegado la salvación y herencia definitiva. Y en 4º lugar porque "mientras llega la redención completa", el Espíritu es la garantía de esa herencia final.
Se trata de una lectura cristiana de la vida y de la historia. Una lectura que tendríamos que tener siempre muy a mano, para no dejarnos contagiar por la visión meramente humana (de tejas abajo) que nos ofrece este mundo. Y también por la perspectiva en que Pablo nos sitúa, al animarnos a afrontar la existencia y la tarea que tenemos que realizar.
No estamos solos, sino que Dios está muy cerca y nos ha incluido en su proyecto creador, como recuerda el salmo responsorial de hoy: "La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad".
José Aldazábal
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Unidos a Jesús por la fe y el amor, los cristianos somos ya herederos de la gloria que le corresponde a Cristo (como Hijo unigénito del Padre). Y en prenda de que esto se realizará más plenamente todavía en el futuro, el Padre ha derramado en nosotros al Espíritu Santo, como garantía de que nos llevará sanos y salvos a su Reino celestial.
Este plan de Dios, que ya está teniendo lugar, debería hacer desaparecer cualquier forma de división entre los seguidores de Cristo, pues "todos hemos sido hechos uno en Cristo". El Señor nos quiere a todos integrando un solo cuerpo, que tenga a Cristo por cabeza y que se deje guiar por un mismo Espíritu. No seamos ocasión de división para nadie, sino creemos vínculos fuertes e inquebrantables entre nosotros, gracias a la presencia del Espíritu Santo en nosotros.
Para ello, no perdamos nuestra relación confiada y amorosa con Dios, y recurramos a la oración como forma de diálogo con él. Esta es la mejor forma de estar preparados, para ser signo de unidad para todos los pueblos. Y eso nos conducirá a la "posesión de su gloria", de la que Cristo quiere "hacernos copartícipes para alabanza de Dios Padre".
Dominicos de Madrid
Act:
16/10/26
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