8 de Octubre
Jueves XXVII Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 8 octubre 2026
Gál 3, 1-5
Veíamos ayer cómo Pablo no se oponía a Pedro por el prurito de contradecir la autoridad, sino porque afectaba a la fe y había que "seguir la verdad del evangelio". Y cómo Pedro aceptaba la voz ruda y fraterna de aquel Pablo que le recordaba la común sumisión de ambos al evangelio, el cual no era propiedad de ninguno de ellos: "¿Cómo puedo obligar a los paganos a hacerse judíos? Pues si resulta que lo que salva a los hombres es la observancia de la ley, entonces la cruz de Cristo ha sido inútil".
Hoy nos encontramos con que Pablo vuelve a la carga contra los gálatas, a los que interpela de forma directísima: "Gálatas insensatos, ¿quién os fascinó a vosotros, a cuyos ojos fue presentado Jesucristo crucificado?".
El reproche es tajante: "Hombres insensatos". El ejemplo de Pedro resultó contagioso y algunos gálatas rehusaron, a su vez, comer con los cristianos venidos del paganismo. Y eso es grave, dice Pablo, y proviene de no haber entendido nada de la cruz, única tabla de salvación.
Pedro, sin duda, no había considerado las consecuencias de su actitud temerosa (rechazar comer con los cristianos venidos del paganismo), contagiosa a causa de su autoridad. Y Pablo estima que debe decirle muy alto a la cara su convicción esencial: que el evangelio no tolera acomodamientos diplomáticos.
No, la circuncisión no aporta nada respecto a la salvación, viene a decir Pablo. Sino que es una costumbre que puede tener su valor cultural, como señal de pertenencia a un grupo, a una raza o una tradición. Pero no es lo que cuenta para salvarse.
Para salvarse hay que mirar a Jesucristo crucificado, sentencia Pablo. Tras lo cual, vuelve a interpelar Pablo a los gálatas, con otra directa pregunta: "Vosotros habéis recibido el Espíritu Santo. Pero ¿ha sido porque habéis practicado las obras de la ley, o bien porque habéis escuchado la llamada de la fe?".
La cuestión de fondo es: ¿ley o fe? Porque éste es un dilema radical: o bien esto, o bien aquello. Tenemos aquí el resumen mismo del evangelio de San Pablo, que se desarrollará de manera teológica en la Carta a los Romanos. He ahí como podría expresarse:
"Nosotros, los judíos, hemos sido objeto de una elección particular de Dios. Pero no es un privilegio. Para nosotros, como para los gentiles, el único medio de llegar a ser justos y de librarnos de nuevos pecados, es la fe en Cristo, y no la observancia de la ley de Moisés".
Nuestro cristianismo no es una moral ni una ideología, sino que es una persona, es alguien y no algo. El rigor de las fórmulas y definiciones doctrinales es necesario, así como esforzarse para una vida moral y responsable según la propia conciencia. Pero lo esencial es la "llamada de la fe" (a caminar hacia Cristo), junto a la respuesta a esta llamada personal (y el encuentro de Aquel que nos llama).
El que os otorga el don del Espíritu, sigue diciendo Pablo (contestando así a su propia pregunta), no obra así porque habéis practicado las "obras de la ley", sino porque habéis escuchado la "llamada de la fe". Dios no salva al hombre en razón del mérito (del no tener nada que reprochar), sino por puro amor y donación. Hay que aceptar ser amado. Gracias, Señor.
Noel Quesson
* * *
Es duro el lenguaje con el que Pablo reprocha hoy a los cristianos de Galacia su ligereza en "cambiar de evangelio". Les llama insensatos y estúpidos, y les acusa de haberse dejado embaucar y embrujar.
Lo que pasaba es que los gálatas ya tenían lo mejor, y según Pablo lo habían dejado escapar. Les había tocado la suerte de seguir a Jesucristo (el verdadero Salvador) y de recibir su Espíritu y sus carismas, y ahora se ponen a dudar de si tienen que servir a Moisés. Y así, caminan hacia atrás: "Empezasteis por el espíritu para terminar con la materia". Es como si, después de salir libres de Egipto, quisieran volver atrás.
Hay momentos en la vida de un cristiano, y de la Iglesia entera, en que es bueno repensar la dirección que llevamos, y qué valores estamos descuidando o perdiendo, empobreciéndonos y caminando hacia atrás.
¿Se podría decir de mí que, seducido por argumentos falaces, estoy volviendo atrás en mi fe en Cristo y perdiendo facultades en mi estilo de vida? ¿Me pasa, como en el caso de los gálatas, que me dejo arrebatar la alegría y la libertad interior, como hijo de Dios y hermano de Jesús, dejándome encerrar en ideas más mezquinas, esclavo de mis propias obras y leyes?
Ciertamente Pablo no nos está invitando a no cumplir con las reglas de la vida comunitaria, ni nos presenta una fe cristiana poco exigente. Lo que no quiere es que, centrados gozosamente en Jesucristo, nuestra espiritualidad no se apoye de nuevo en nuestros propios legalismos. Y que siendo hijos que aman y se sienten libres, no volvamos a hacer caso a los que nos quieren convertir en esclavos de normas caducas.
Es lo que el cántico del Benedictus, en labios de Zacarías, nos invita a mantener: "Para que, libres de temor, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días".
José Aldazábal
Act:
08/10/26
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