3 de Octubre

Sábado XXVI Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 3 octubre 2026

Job 42, 1-17

         Escuchamos hoy cómo Job dio esta respuesta a las palabras de ayer del Señor: "Sé que eres todopoderoso". Es decir, que ante el Dios que habla, Job escucha y contesta, en actitud de fe y como mejor respuesta del hombre a Dios, libre y activa. Se trata de la oración de Job, o diálogo que establece con Dios. Y es que la fe y la oración son a la vez:

         1º algo personal e interior, pues ciertamente soy yo quien ha de creer y ha de orar, y nadie puede ocupar mi lugar. Mi relación con Dios está marcada por lo que soy, por mi estado, mi talante, mi temperamento y mis responsabilidades. Job respondió a Dios a partir de su experiencia de sufrimiento. ¿Y yo? ¿Respondo a Dios con toda mi vida?

         2º algo dado desde el exterior, porque es a Dios a quien se contesta, y como dijo el gran filósofo Blondel, "yo sé que tú eres el Todopoderoso". En el caso de Job, la fe y oración le vinieron del sufrimiento al que se enfrentó, el cual le sirvió de revelador. Como siguió diciendo Blondel:

"El sufrimiento es siempre eso otro que no se esperaba, y que mata algo en nosotros para reemplazarlo por algo que no es nuestro. Así, el sufrimiento es en nosotros como una siembra, como un camino del amor que nos hace desprendernos de nosotros y solicita de nosotros que nos demos al prójimo".

         Tras lo cual, Job reconoce que sus anteriores encuentros con Dios habían sido defectuosos: "Sé que ningún proyecto es irrealizable para ti. Era yo que, con razones sin sentido, embrollaba tus pensamientos. Te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos".

         Job reconoce que el sufrimiento le ha puesto entre la espada y la pared, y que ha sido para él muy revelador, obligándole a plantearse una serie de cuestiones hasta llegar a un encuentro vital con Dios: "Ahora te he visto". Es lo que también le ocurre a muchos, que en la prosperidad y la dicha encuentran rápidamente a Dios, hasta que ¡la felicidad llega a bastarse a sí misma! Felices por eso los afligidos, los perseguidos, y los que se abren a otra dimensión de la existencia. Pues para ellos es el Reino de los Cielos.

         Entonces "el Señor bendijo a Job, y le colmó de bienes". Tras las profundas reflexiones teológicas que han tenido lugar, el autor bíblico vuelve a lo que se había escuchado al principio: un cuento popular folklórico. Es decir, que en una época en que nadie estaba preparado para admitir radicalmente las tesis bíblicas (como en todo cuento popular), él las supo introducir a través de la boca de Job, tranquilizando así su conciencia y haciéndolas partícipes al populacho de su época.

         El drama termina de color de rosa, podríamos decir. Y en parte esto es una lástima, porque sabemos que aquí abajo las cosas no se resuelven así ("lo colmó de bienes"), sobre todo habiendo tantos enfermos incurables, tanto duelo irremediable y tantos fracasos definitivos. No obstante, sabemos que el final del drama tendrá lugar con Jesucristo, cuando venga a compartir nuestro sufrimiento (sin suprimirlo), tomándolo sobre él y transformándolo desde el interior.

Noel Quesson

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         Es difícil saber exactamente qué significa este epílogo del libro de Job, y sin duda forma parte del drama primitivo (en el que no estaban los largos diálogos entre Job y sus amigos, que fueron añadidos por el autor bíblico). El autor del libro de Job respeta con ello el cuento primitivo (en el que Job es justo y Dios lo recompensa), pues lo principal de su mensaje ya lo ha ido introduciendo en sus párrafos interiores.

         No obstante, notamos que el autor bíblico no hace escatología, y esto alude a que posiblemente desconocía el tema de la retribución eterna. Se contenta, eso sí, con haber hecho teología, sobre todo al afirmar con claridad que quien tiene un correcto concepto de Dios es Job y no sus amigos.

         El Dios de Job es misterioso y desconcertante, y según el autor del libro el hombre no es capaz de alcanzar el sentido de todo lo que ocurre en el mundo. La justicia de Dios se manifiesta también de una manera que supera el conocimiento humano, al igual que la creación escapa a su comprensión.

         Por esto, tal vez era oportuno que el autor conservara el epílogo. Job sufrió lo indecible y era inocente, y no era menester decir más. Pero la literatura del libro de Job era didáctica, y por eso una vez aprendida la tesis, el autor ya podía contentar al auditorio, conserva el epílogo como en su versión original.

         Todo el epílogo tiene un aire patriarcal, y viene a decir que también el hombre justo puede sufrir en esta vida, y tal vez más que los otros. Pero ni el sufrimiento es un castigo, ni Dios se complace en ver sufrir. Por eso poco importaba decir al auditorio que Dios volvió a dar a Job el doble de lo que tenía (una perogrullada), o hasta 7 veces más (como se dirá en otra época), pues lo que ahora ya sabemos es que la recompensa a una vida honesta es el propio Dios.

Josep Mas

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         Es evidente que el autor de Job no posee la ciencia divina, pues de lo contrario no habría drama. Pero su teología supera a la de los amigos de Job. Cuando Dios se digna responder, no lo hace directamente, sino con un interrogatorio, que en el v. 8 tiene una respuesta no sólo para Job (que ha pedido entablar una discusión con Dios) sino también para sus amigos: "¿Te atreves a condenarme para salir tú airoso?". En otras palabras: no es lícito intentar establecer un orden de Dios, diferente del orden fijado por él.

         Esta tentación está muy arraigada en el corazón del hombre, y de una forma u otra se manifiesta de cuando en cuando. Muchos escritores antiguos y modernos hablan de la misma manera, y para todos vale la misma respuesta, que es de absoluta actualidad.

         Lo que sucede en realidad, y Job da aquí un paso muy importante en teología, es que no se puede abandonar a Dios en nombre de una justicia supuestamente mayor. Los misterios continúan, y si aceptamos el enigma en el caso del hipopótamo (el Behemot del v.15) no será difícil aceptarlo en el caso del hombre. El hipopótamo es el caso más barroco de la creación: ¿Por qué tal cantidad de fuerzas en una criatura que no se sirve de ellas, y además es torpe? Pues en ese caso la creación parecería un conjunto de bienes derramados al azar, que se acumulan en unos casos y dejan vacíos otros.

         El misterio o enigma reina por todas partes, pero es imposible descifrar el enigma si renunciamos a Dios, creador de esos enigmas y de otros todavía mayores

         Nos hallamos ante una tentación semejante a la de Adán, que deseó conocer el árbol de la ciencia. Job lo ha comprendido, y concluye con una frase sumamente útil: "Te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos" (Job 42, 5). El Dios de Elifaz era sólo un razonamiento. Pero no basta con oír hablar de Dios, sino que hay que incorporarlo vitalmente a nuestra existencia. Entonces el misterio adquiere dimensiones que el hombre puede asimilar. Dios deja a Job sumergido en el enigma, pero fiado de él.

Josep Mas

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         Terminamos hoy el libro de Job, volviendo a la poesía inicial y al final feliz, tras las turbulencias que hemos vivido a lo largo de todo el libro. En general, Job reconoce la grandeza de Dios y se muestra dispuesto a aceptar sus designios, y confiesa que todo esto le ha hecho madurar: "Te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos". Y Dios bendice a Job con bienes incluso superiores a los que tenía al principio. Por cierto, las 3 hijas resultan tener iguales derechos que los 7 hijos, cosa no muy frecuente en su tiempo.

         El problema del mal no ha recibido, en el libro de Job, una respuesta filosóficamente convincente, pero ha ayudado a crecer en madurez. En general, la vida nos ayuda a madurar, y una de las cosas que más influye en nuestro fortalecimiento de carácter y fidelidad es la prueba y el momento de dolor. No sabemos lo que es tener fe (o amor, o amistad, o fidelidad) hasta que algo nos pone a prueba.

         Si hemos experimentado el dolor en nuestra propia carne, tal vez hemos tenido que confesar lo mismo que Job: "Te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos". ¿Será verdad que sólo vemos a Dios en el momento del dolor? Al menos, ese momento nos hará calibrar hasta qué punto es firme nuestra fe, cuando ha resistido la prueba de la renuncia y del sacrificio.

         Si sólo servimos a Dios cuando todo nos va bien y luce el sol, ¿estamos en realidad sirviéndole a él, o satisfaciéndonos a nosotros mismos?

José Aldazábal

 Act: 03/10/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A