5 de Noviembre
Jueves XXXI Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 5 noviembre 2026
Flp 3, 3-8
Los que habían encarcelado a Pablo, y buscado su condena y muerte, habían sido judaizantes de la antigua observancia, que se gloriaban de pertenecer a un origen favorecido. Pues bien, hoy Pablo se atreve a decir a sus adversarios que, si quisiera, también él podría hacer prevalecer sus títulos humanos: "Recibí la circuncisión, y soy de la raza de Israel, hebreo e hijo de hebreo, y como fariseo había llegado a ser irreprochable. Así que tendría razones para poner mi confianza en esas cualidades humanas".
¿No tengo yo tendencia a apoyarme también en ese tipo de cosas? Yo diría que sí, sobre todo por el hecho de pertenecer a una buena familia, o de haber recibido una buena educación, o de formar parte de grupos avanzados y comprometidos. Y también que eso nos ha llevado a despreciar a todos los que no piensan como nosotros. Examinemos, pues, nuestras adhesiones, sobre todo a los grupos a los cuales me siento unido. ¿O es que no corro yo el riesgo de que éstos ocupen el lugar de Cristo?
Porque Pablo lo deja bien claro, sobre todos esos títulos religiosos: "Lo que era para mí ganancia, lo he juzgado una pérdida, a causa de Cristo".
La conversión de Pablo había sido el paso de una religión basada en medios humanos (la judía) a una religión basada en el encuentro personal con Jesucristo (el cristianismo). Antes de ello, y como el resto de fariseos, Pablo trataba de vivir irreprochablemente, y por ello se apoyaba en títulos adquiridos por sus pertenencias a grupos.
Todas esas ventajas religiosas le parecieron a Pablo irrisorias, pues "en ellas no veo ya más que basura e inmundicias". De hecho, el término latino de la traducción de San Jerónimo es stercora (lit. estercolero).
Osemos pensar con San Pablo, pues, que "todas las ventajas humanas", e incluso todos los bienes de este mundo, no valen más que el contenido de un cubo de la basura, sobre todo cuando éstos se toman como un absoluto, o cuando uno se apoya exclusivamente en ellos. Porque como dice Pablo, "considero todo esto una pérdida, ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús".
¿Qué pretende, pues, Pablo, al rehusar tan violentamente las ventajas humanas? Sobre todo una cosa: evitar los impedimentos, que obstaculizan para la consecución del único bien: "Conocer a Cristo". Pero no para su conocimiento de palabras o fórmulas, sino del encuentro personal. Todo lo restante es irrisorio.
Para Pablo los valores de este mundo son inútiles en orden a la salvación, e incluso llegan a ser obstáculos de los que hay que desprenderse, para "ganar a Cristo". Por lo demás, este rechazo de Pablo no parte del desprecio del mundo, sino de la elección positiva que justifica ese rechazo: "Escogí perderlo todo, para conocer a Jesucristo". Señor, abre mi ser a tu influencia, y haz que te conozca. Danos, Señor, esa pasión amorosa de ti que arde en el corazón de San Pablo. Así te conoceremos, y preferiremos revivir tus misterios a estar atados a la basura del mundo.
Noel Quesson
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Para la mayoría de nosotros todo lo referente a Israel nos suena un poco lejano, sobre todo porque hemos nacido y crecido con el alma de San Pablo. Sin embargo, el lugar que ocupaba Israel en el plan divino llevó mucho tiempo y lágrimas a aquella 1ª generación cristiana, hasta llegar a la conclusión de que el rechazo de Dios ante la infidelidad de Israel fue tenaz e inquebrantable.
Israel había sido un pueblo como los otros pueblos, y no fue elegido por Dios porque fuera especial, sino que Dios lo hizo especial al elegirlo. El Deuteronomio insiste en recordar ese sentido:
"El Señor no puso su amor en vosotros, ni os escogió, por ser vosotros más numerosos que otro pueblo, pues erais el más pequeño de todos los pueblos. Mas porque el Señor os amó, y guardó el juramento que hizo a vuestros padres, él os sacó con mano fuerte y os redimió de la casa de servidumbre, y de la mano del faraón, rey de Egipto" (Dt 7, 7-8).
Esta gratuidad de la elección queda patente de modo dramático ante el desprecio de la elección. Y esto es muy importante porque lo que suceda a Israel, y con Israel, es señal y enseñanza de lo que sucede a cada ser humano y con cada ser humano.
Por ello, si el verdadero Israel es el del cumplimiento de las normas, la humanidad entera puede declararse perdida, porque la ley de Moisés sólo sirvió para mostrar que nadie podía cumplirla, por así decirlo. En cambio, si el verdadero Israel es el de los creyentes, que buscan la gloria de Dios y no se fían de sus propias fuerzas o méritos, entonces todo hombre puede esperar salvación de la piedad divina manifiesta en Jesucristo.
Nelson Medina
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Pablo nos dice hoy que "yo fui alcanzado por Cristo Jesús", marcando con ello el camino de la finura espiritual. Es decir, que no hay que inventar nada, y sí renunciar a las estrategias; que yo no hago ningún favor a Dios, y sí que es Dios quien me hace favores a mí.
Tenemos la costumbre de hablar de la conversión de San Pablo, y fácilmente creemos encontrarla descrita en el pasaje de hoy de la Carta a los Filipenses. Pero quizás nunca hemos prestado atención a un hecho llamativo: Pablo nunca se designa a sí mismo como un convertido, ni se pone como sujeto del verbo convertirse.
Convertirse significa pasar de ateo a creyente, o de una vida inmoral a otra correcta, o de una religión a otra. Pero eso no es de lo que habla Pablo, que nunca fue ateo, ni inmoral, ni quiso abandonar el judaísmo.
Sin embargo, en Pablo aconteció un cambio radical, y él mismo es el que habla de 2 épocas muy distintas en su vida: la de la salvación por las propias fuerzas, y la de abandono en las manos salvadoras de Dios. Para terminar diciendo que "esto es ganancia, y aquello era pérdida".
Ésta es una lección permanente de espiritualidad, y nos enseña que lo que el evangelio no tolera en absoluto es la autosuficiencia espiritual, o la pretensión del hombre de autosalvarse. Por el contrario, lo nuestro es acoger la salvación que Dios nos regala, y con nuestras limitaciones ponernos en el camino de Jesús. El cristianismo tiene una gran peculiaridad frente a las demás religiones, pues si la religión es el arte humano de buscar a Dios, lo más distintivo del cristianismo es que Dios mismo ha salido a la búsqueda del hombre.
Severiano Blanco
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Nos dice hoy el apóstol Pablo que "no podemos inventarnos un evangelio diferente al que hemos recibido de parte de Dios". Efectivamente, Jesucristo es el evangelio viviente del Padre, y lo que de él nos hablaron sus apóstoles no puede ser cambiado por nadie, ni nosotros hacer una relectura distinta del mismo, creando así nuestro propio evangelio y nuestro propio Dios (a la altura de nuestro ombligo, por supuesto).
El Señor quiere que seamos portadores de la verdad y testigos fieles del evangelio viviente: Jesucristo, enviado por el Padre como Salvador. La Iglesia vive a la escucha de su Señor, y lo proclama al mundo entero en la fidelidad al Espíritu de Dios que habita en nosotros.
Roguemos al Señor que nos ayude a vivir totalmente comprometidos con él, de tal forma que seamos fieles colaboradores suyos en la construcción de su Reino, mediante el evangelio que nos salva y que toma carne en nosotros. Impulsados por el Espíritu Santo vayamos a dar testimonio de la verdad, que es Cristo, para que el mundo crea y se salve.
Javier Soteras
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Se ve que en Filipos también tenían los cristianos problemas con los judaizantes, que se aferraban a la ley de Moisés y querían equipararla al evangelio de Jesús. Para solucionar el problema, Pablo se pone a sí mismo como ejemplo en cuestión, al decir que fue judaizante y que para ser cristiano tuvo que cambiar su forma de pensar.
Pablo está orgulloso de pertenecer al pueblo de Israel, de haber sido circuncidado a los 8 días de nacer, de pertenecer a la tribu de Benjamín, de ser "hebreo por los cuatro costados", de ser fariseo y de haber sido irreprochable en el cumplimiento de la ley (hasta en la persecución que hizo a los cristianos). Se trata de una lista de títulos de los que Pablo está orgulloso, y que ya la leímos en su Carta II a los Corintios (2Cor 11).
Pero algo decisivo pasó en su vida, continúa diciendo Pablo: que se encontró con Jesucristo. Y entonces todo cambió, y lo "que para él era ganancia, lo considero pérdida comparado con Cristo Jesús". Es decir, que todo lo demás lo dejó a un lado ("lo estimé basura"), y se decidió por esa verdad única y absoluta ("con tal de ganar a Cristo").
Los que ven nuestro estilo de vida tendrían que notar que los cristianos hemos hecho una opción por los valores de Cristo, por encima de otros valores humanos. ¿Podríamos decir que todo lo que se considera ganancia mundada lo hemos dejado en 2º término? ¿Y que hemos descubierto a Cristo en nuestra vida?
Si uno se hace religioso, por ejemplo, no es porque no quiera formar una familia, sino porque encuentra otro tesoro que le parece superior, por el que vale la pena dejar todo lo demás. Pues bien, eso es lo que hizo Pablo: "Todo lo estimo basura, con tal de ganar a Cristo".
El salmista responsorial de hoy manifiesta la alegría de los creyentes del AT: "Que se alegren los que buscan al Señor, buscad continuamente su rostro". ¡Y cuánto más nosotros, los cristianos! Sobre todo porque tenemos el mejor de los títulos posibles, y "ponemos nuestra gloria en Cristo Jesús, sin confiar en lo exterior".
José Aldazábal
Act:
05/11/26
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ordinario
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