3 de Noviembre

Martes XXXI Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 3 noviembre 2026

Flp 2, 5-11

         Lo que Pablo propone hoy a los cristianos de Filipos es mucho más que un ideal humano de buena armonía, sobre qué ceder para que haya paz. En concreto, consiste en la búsqueda de la unidad por la humildad, lo cual es mucho más que una exhortación moral al uso entre los soñadores de comunidades unidas, pues "es lo que Jesús hizo".

         He ahí la manera de vivir en Cristo, el cual, "siendo de condición divina, no quiso reivindicar su rango, sino que se despojó de sí mismo y asumió la condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres". Así que, concluye Pablo, "trataos unos a otros como miembros de Cristo, recordando que sois miembros de Aquel que, siendo de condición divina, se humilló, se despojó y se anonadó, sin reivindicar su superioridad divina".

         En esa frase, se encuentra, a la vez:

-la gloria divina de Jesús,
-la afirmación de su preexistencia divina,
-la encarnación de Jesús,
-la afirmación de que, por su humanidad, Jesús ha renunciado a todas las prerrogativas de gloria y de honor, que le pertenecían de derecho por su condición de Hijo eterno de Dios.

         El término griego aplicado por Pablo a Jesús (doulos, lit. esclavo) es mucho más fuerte que el término servidor, y viene a decir que Jesús no sólo quiso ser un hombre más como nosotros, ni un hombre de condición humilde, sino que quiso ser un hombre totalmente dependiente de la voluntad de los demás.

         Como se ve, Pablo está refiriéndose a la imagen del Siervo de Yahveh, tras lo cual continúa diciendo: "Apareciendo en su porte como un hombre como los demás, se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte, y muerte de cruz".

         Esta humillación obediente del Hijo de Dios han sido siempre meditada con predilección por los santos de todos los tiempos, pues como dice el padre Grandmaison "hay servicio y servicio". En efecto, hay servicio cuando éste es vistoso, brillante, glorioso y recompensado. Y hay servicio y servicio cuando éste es oculto, humilde, penoso, servil y perseverante. Es la diferencia entre el servicio de un apuesto soldado y el de un patoso esclavo.

         Tal fue el servicio de Cristo, el del esclavo. Luego si se quiere servir seriamente a Dios, habrá que entrar en este espíritu servil y revestirse de Jesucristo. De otro modo, estaríamos haciendo comedia.

         De esta forma es como nos ha rescatado Cristo. En 1º lugar, a través de la libre aceptación de las insondables disposiciones de Dios. En 2º lugar, por la aceptación del carácter rudo, inflexible y oneroso de la vida humana. Y en 3º lugar por la obediencia a su condición humana, la cual incluía la mortalidad. Aceptar la condición de hombre (incluida la muerte, que anida en su seno y hacia la cual se dirige día a día), fue la más insondable disposición divina de Jesús, provinente del amor del Padre.

         Salvarse es seguir las huellas de Cristo y adoptar esa misma actitud, pues por esa actitud "Dios lo exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble, y toda lengua proclame que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre".

         Descendido de las alturas de la gloria divina donde preexistía, y rebajado hasta el fondo de la humillación y de la muerte, Jesús está ahora en la cumbre de la exaltación. Y por eso tiene derecho a esas 2 prerrogativas divinas (la genuflexión y la aclamación). En todos nuestros Credos repetimos este himno de San Pablo, pero ¿lo revivimos en lo hondo de nuestro ser? ¿Lo llevamos a la práctica?

Noel Quesson

*  *  *

         ¿Cuántas veces nos hemos sumergido a reflexionar en serio el Himno a los Filipenses que hoy escuchamos de Pablo? ¿Ninguna? Pues hagámoslo, porque en la identificación con este viaje de bajada-subida, o de humillación-exaltación, del que hoy habla Pablo sobre Cristo, encontraremos la clave para adquirir los sentimientos de Jesucristo.

         Como clave de acceso al himno, podríamos titular a éste como el Himno del Desinterés, o el canto al Cristo que no buscó lo suyo sino que "se rebajó hasta someterse incluso a la muerte".

         Y es que, en la vida social, los humanos solemos proceder al revés, y tratamos de avanzar de abajo hacia arriba. Casi todos aspiran a subir, y las personas se alegran con los ascensos (académicos, laborales, sociales...), a forma de decir "fíjate cómo ha subido fulano de tal". Pues bien, Jesús quiere aparecer como el que se abaja, a forma de decir "fíjate dónde se ha metido".

         Todos queremos ser más, y nunca menos. Y por eso nos cuesta entender que la plenitud pueda residir en lo que algunos han llamado la "movilidad hacia abajo" Pero esa es la lógica de Dios, y la que llevó a la práctica Jesús.

Gonzalo Fernández

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         El pasaje de hoy es continuación del de ayer, y si ayer Pablo pedía a los filipenses que tuvieran un ánimo humilde y fraterno (en sus relaciones comunitarias), ahora les pone delante el mejor modelo: "Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús".

         Tras lo cual, nos deja por escrito Pablo un hermoso himno cristológico, que todas las iglesias del mundo entero no paran de recitar y cantar. Se trata de un himno que, en pocas líneas, expresa el misterio pascual de Cristo, y se adentra en su muerte y resurrección, en su humillación y glorificación.

         En concreto, dice Pablo que Cristo "se despojó de su rango, se rebajó incluso hasta la muerte, y por eso Dios lo levantó sobre todo, como Señor de cielo y tierra". En griego, los términos empleados por Pablo son kénosis (lit. anonadamiento) y Kyrios (lit. el Señor), como forma pedagógica de pasar del abajamiento sufriente de Cristo a su gozoso proceso de exaltación.

         Con este himno de alabanza a Cristo inauguramos cada celebración dominical, cada sábado por la tarde. Y en él no paramos de repetir que "él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios". Y no paramos de exclamar con alegría y convicción que "Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre".

         No obstante, no conviene olvidar los motivos que llevaron a Pablo a transmitirnos este himno: para que aprendamos una lección de humildad y entrega por los demás. Igual que Jesús no "hizo alarde de su categoría de Dios", y se hizo igual a nosotros, y se rebajó hasta una muerte de cruz, nosotros también debemos rebajarnos ante los demás, sin creernos superiores a nadie ni pretender grandezas, sino "como el que sirve".

         Si a lo largo de la jornada tenemos dificultades en nuestro trato con los demás, y no nos decidimos a una caridad concreta, pensemos en el criterio que nos ha sugerido Pablo: "Tened entre vosotros los mismos sentimientos de Cristo Jesús, que se entregó humilde y generosamente por los demás". Basta que pensemos con sinceridad: ¿Cómo actuaría Jesús en este momento? Seguro que acertamos, porque tenemos un buen Maestro.

José Aldazábal

*  *  *

         La 1ª lectura de hoy merece un comentario propio, y por eso os lo ofrecemos. Es verdad que se trata de un conocido pasaje, que posiblemente los primeros cristianos habían compuesto y que Pablo estaría citando o retocando, incorporándolo a su Carta a los Filipenses. En todo caso, se trata de una de las primeras interpretaciones globales del misterio de Cristo, que Pablo ofrece de su propio puño y letra.

         Diríamos que Jesús fue un hecho, fundamentalmente. También fue palabras, por supuesto, pero él no se interpretó a sí mismo. Fue un acontecimiento de salvación que quedó ahí, expuesto ante los discípulos, y a éstos cupo la tarea de interpretarlo. Interpretaciones posteriores (teologías, o cristologías) habrá muchas a lo largo de la historia, pero ninguna podrá ser definitiva, ni podrá encerrar el misterio en sí mismo.

         Los cristianos siempre tendrán derecho a volver a Jesús. Es decir, a no quedarse en las palabras o explicaciones intermedias, sino a volver directamente al hecho mismo (que fue lo que Dios pronunció evangélicamente en Jesús), y aventurar una interpretación que dé para ellos mejor cuenta del significado (aquí y ahora) de ese hecho revelatorio.

         Porque siendo siempre el mismo el hecho de Jesús ("ayer, hoy y siempre"), no es idéntica la interpretación que del mismo puede hacer cada generación, ni cada cultura, ni hasta cada persona, porque cada una de ellas tiene sus propias preguntas, a las que no responden las respuestas dadas a preguntas ajenas.

         Cristologías del s. XVI pueden dejar de ser significantes ya para nosotros. Y no porque dejen de ser verdaderas (que lo son), sino porque sencillamente no responden a nuestras preguntas, sino a preguntas ajenas, o a preguntas de otras generaciones. En todo caso, la cristología de este texto que recoge Pablo seguirá siempre estando vigente, porque es revelación neotestamentaria y goza del estatuto revelado de Dios.

         Con un contenido bien simple, y a la vez profundo, no echa mano Pablo de sutiles categorías filosóficas, a la hora de interpretar el hecho de Jesús. Más bien lo simboliza, con ese itinerario de bajada (kénosis, lit. abajamiento), humildad y exaltación ("un nombre sobre todo nombre"), en una forma cuasi-plástica (de descenso y ascenso) simple y muy elocuente.

Confederación Internacional Claretiana

 Act: 03/11/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A