31 de Octubre
Sábado XXX Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 31 octubre 2026
Flp 1, 18-26
Pablo vive en situación de arresto domiciliario en Roma (ca. 61-62) cuando escribe a los filipenses (v.13). Pero esta situación, en lugar de impedir la expansión del evangelio, está resultando muy útil para su anuncio y defensa, en cumplimiento del mandato que ha recibido (vv.12.16).
En efecto, en lugar de disminuir la predicación y el anuncio de Cristo, las cadenas del apóstol han provocado un incremento de seguidores, ya que el Señor es anunciado no sólo por aquellos que continúan la tarea de Pablo, sino de rebote por otros, inclusos sus rivales (vv.15-17). Estos últimos, sin embargo, "no juegan limpio", ya que predican por antagonismo con Pablo, pensando que así aumentan todavía más sus sufrimientos.
Y con eso se engañan a sí mismos. Porque lo que importa de verdad a Pablo no son las cadenas y los sufrimientos, o ni siquiera por qué se predica, sino que Cristo sea anunciado (cosa que ellos ya hacen). De eso se alegrará siempre (v.18). Esta especie de triunfo inesperado de su predicación lo reafirma en la esperanza de que, ni ahora ni nunca, sus padecimientos corporales llegarán a ser un obstáculo para que Cristo sea glorificado (v.20).
A continuación se explaya Pablo hablando de su vida y muerte, condensándolo en su bien conocida expresión: "Porque para mí vivir es Cristo, y morir una ganancia" (v.21). Esta es la razón de su pensamiento anterior en relación con sus cadenas y el anuncio del evangelio. Por el Señor está dispuesto a todo.
Pero mientras esto sucede (su muerte), Pablo se siente internamente arrastrado en 2 direcciones opuestas: el deseo de estar con Cristo ("la cosa mejor de todas") y la necesidad que los creyentes tienen de él. Y aunque esto no es algo que le corresponda decidir a él, el apóstol siente que se va a quedar todavía aquí más tiempo, para satisfacción y provecho de los fieles (v.25).
Al descubrir Pablo su mundo interior, entretejido de experiencias vividas y rumiadas, no pretende transferirlo a los filipenses, sino tan sólo animarlos a mantenerse fieles (como él ha hecho) a la nueva vida, confortados por la palabra incontenible de Dios (que les habla del Cristo que lo es todo, y les hace comprender su existencia bajo una luz inesperada y llena de esperanza).
Miguel Gallart
* * *
Nos dice hoy San Pablo que Cristo es anunciado, y "esto me alegra y seguirá alegrándome", convencido de que "Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mi muerte".
Cuando escribía Pablo a los filipenses todo eso, se encontraba en situación de cautiverio vigilado en Roma, tras la denuncia que le habían puesto los judíos de Jerusalén. Pero esta circunstancia, lejos de entorpecer la difusión del evangelio, resultó ser favorable al evangelio. De hecho, en pocos años habrá cristianos hasta en el Pretorio de Roma (la guardia nacional) y el mismísimo palacio del emperador Vespasiano.
También en nuestras vidas hay circunstancias que sentimos como contrarias. Pero tengámoslo claro: Dios puede aprovecharlas a pesar de todo, pues como dice Pablo "para mí, vivir es Cristo".
Dejemos resonar en nosotros esta fórmula abrupta, en la que todo lo que abarca esta palabra (vivir) es, para Pablo, Cristo. De hecho, ante el fantasma de la muerte Pablo exulta de gozo, al presentir que se acerca la tan deseada comunión profunda y continua con Jesús. Su alegría, pues, no proviene de una situación confortable ni de razones humanas. ¿Y yo? ¿De dónde proceden mis alegrías? ¿Cuál es la fuente de mi alegría? Porque dice Pablo que, para él, "morir es una ganancia", y que desea "partir y estar con Cristo".
Es así como Pablo considera la muerte, como el encuentro definitivo con Jesús, a quien él ha servido y amado durante toda la vida. Y eso le llena de felicidad y alegría. Definitivamente, Pablo es ¡total y radicalmente libre! No obstante, él ya aquí abajo está en comunión con Jesús, y por eso para él vivir o morir le es indiferente: "Pues si viviendo en este mundo alcanzo a hacer un trabajo útil, no sé qué escoger". En definitiva, concluye Pablo, "me siento apremiado por ambas partes, aunque para vosotros quedarme en este mundo es más necesario".
Para San Pablo es preferible ir ya a ver a Cristo, pero pensando en sus fieles escoge quedarse trabajando en este mundo, "sirviendo a mis hermanos". ¡Servir a mis hermanos! ¿Cómo puedo hacerlo, hoy? "Hacer un trabajo útil" es una razón suficiente para Pablo. ¿Le doy yo esa misma importancia al trabajo de Dios?
Por eso, concluye el apóstol: "Permaneceré con todos vosotros, para progreso y gozo de vuestra fe". He ahí el lema de San Pablo: progresar, gozar y creer, transmitiendo a los demás la alegría de la fe. Señor, da a todos los cristianos ese dinamismo, ese dinamismo de progreso y alegría.
Noel Quesson
* * *
La 1ª lectura de hoy nos invita a considerar la calidad y profundidad del amor cristiano, que no es una mera filantropía ni un buen sentimiento altruista, ni mucho menos la grata emoción de sentirse a gusto dentro del grupo de los amigos.
El amor cristiano es un amor caritativamente exigente, que no busca la propia satisfacción sino el bien de las personas. Es lo que hace hoy Pablo en su Carta a los Filipenses, al renunciar a sus propias preferencias (morir ya) y quedarse con lo más necesario para los demás (seguir viviendo).
Es lo mismo que había hecho Cristo en su discurso de la Ultima Cena, al pedirnos una caridad tan grande que nos dispusiera a entregar la vida por los demás: "Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos" (Jn 15, 12-13).
Nelson Medina
* * *
Pablo está bajo arresto en Roma cuando escribe a los filipenses, y no sabe cómo acabará su proceso judicial. Pero en todo el pasaje de hoy muestra una disponibilidad total a su misión, y la necesidad que tiene de seguir colaborando con todas sus fuerzas en la evangelización de este mundo. De ahí que su destino personal no le importe, pues "con tal que se anuncie a Cristo, yo me alegro". Y tanto si vive como si le llevan a la muerte, "Cristo será glorificado en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte".
Por una parte, desearía Pablo "partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor". Pero "si seguir viviendo "supone trabajo fructífero, escojo quedarme en esta vida, que es lo más necesario para vosotros".
Es admirable la convicción de este gran hombre, y por lo que se ve toda su vida está orientada a dar a conocer a Jesucristo: "Con tal de que se anuncie a Cristo, yo me alegro", para que "avancéis alegres en la fe".
Esto nos interpela a todos. ¿Estamos disponibles a vivir o a morir, con tal de buscar el bien de los demás? ¿Miramos a nuestra propia muerte como a un estar con Cristo, "que es con mucho lo mejor"? ¿Podemos decir "para mí es una ganancia el morir"? Y si deseamos seguir viviendo, ¿es precisamente para seguir cooperando en la salvación de la humanidad?
La afirmación central de Pablo es, sin embargo, algo que quizás nos sobrepasa, si lo pensamos bien: "Para mí, la vida es Cristo". Nada ni nadie fue capaz de apagar el fuego sagrado que Pablo tenía encendido dentro de sí: el amor a Cristo, y el afán de que todos lo conozcan y le acepten por la fe.
José Aldazábal
* * *
Pablo está persuadido de que su misión en la Iglesia es manifestar a los gentiles la grandeza de Cristo. Pero lleva ya realizados muchos proyectos y viajes de evangelización, y realmente desea concluir su jornada en la tierra y volar al Padre. No obstante, hasta que esto suceda (cuando Dios quiera), él seguirá actuando como pregonero de Jesús, con frases tan ardientes como:
-"para mí la vida es
Cristo",
-"ese Cristo que habita en nosotros",
-"ese Cristo que es esposo de la Iglesia",
-"ese Cristo que es cabeza de su cuerpo, que somos nosotros",
-"con él cual todo, y sin él nada podemos hacer".
Sobre todo con lo que dice hoy a los filipenses: "Mientras somos peregrinos en esta vida, hemos de preocupar dar a conocer a Jesús al mundo entero. Y no sólo para que llegue a ellos el mensaje de su salvación, sino para que el Señor habite en ellos por el Espíritu".
Ojalá el Señor nos conceda permanecer mucho tiempo en esta vida. Pero no tanto "como encadenados" a ella, sino llamando en ella a más y más personas al encuentro salvador con el Señor. Entonces, cuando llegue el momento de partir de este mundo, realmente "la muerte será para nosotros una ganancia".
El Señor quiere que nuestra vida esté al servicio del evangelio, a veces mediante el anuncio (de palabras que broten después de haber escuchado al Señor, como discípulos) y a veces mediante el servicio (de nuestro prójimo, en todos los aspectos e incluso poniendo en riesgo nuestra vida). Glorifiquemos al Señor en la muerte y en la vida, y llevemos a todos este mensaje de salvación, por medio de la Iglesia y de la autoridad que Cristo en ella depositó.
Dominicos de Madrid
![]()