10 de Junio
Miércoles X Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 10 junio 2026
1 Rey 18, 20-39
La escena que leemos hoy es característica de una época. Elías busca aún convencer por su prestigio, por ser el más fuerte. Y a pesar de las apariencias, vemos que fracasa con tales métodos. Dentro de unos días, leeremos que Dios hará que el profeta comprenda que él está más presente "en la brisa ligera" que "en el fuego y el temblor de tierra". Pero por hoy, dejémonos instruir por la audacia y la fuerza del profeta, que encara de frente a los falsos dioses y a sus profetas oficiales, protegidos por el poder real.
"¿Hasta cuando vais a estar cojeando con los dos pies?", pregunta Elías a los falsos profetas, que añade: "Si el Señor es Dios, seguidlo. Y si es Baal, seguid a ése". Se trata de una interrogación siempre válida para nuestra propia vida, pues somos capaces de aceptar sin más esa mezcla: un poco de amor de Dios, y un poco de amor a nosotros mismos... un poco de vida de piedad, y un poco de vida mundana. El profeta Elías propone una alternativa radical: o esto, o aquello.
Señor, líbranos de nuestros titubeos, de nuestras dilaciones. Y ayúdanos a decidirnos lealmente. Presérvanos de las evasivas, de las actitudes inconsistentes e incoloras. Concédenos ser hombres de decisión y de franqueza como Elías, que nos dice: "Yo me he quedado solo, como profeta del Señor, mientras que los profetas de Baal son 450".
A menudo, también hoy tenemos la impresión de ser una minoría, perdida entre la masa de los indiferentes u hostiles. Concédenos, Señor, la noble valentía de Elías, su carácter templado y su capacidad de mantenerse firme, aunque todos a su alrededor le abandonen.
En esa situación, el profeta Elías oró: "Invocaré el nombre del Señor, porque él es Dios. Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, respóndeme". No se apoya en su propia fuerza sino en Dios. Y ante la numerosa horda de sacerdotes de Baal, Elías muestra su total seguridad a la hora de orar en público, y correr el riesgo de perder la vida, si Dios no atendía su plegaria. Señor, que mi oración sea humilde y confiada y humilde, seguro de tu amor y fuerte en la fe.
Entonces, "todo el pueblo, rostro en tierra y con temor, dijo: el Señor Yahveh es Dios", y los ídolos fueron reducidos a cenizas. Sabemos que habitualmente las cosas no suceden así, y lo más corriente es que el mal siga triunfando, ya que Dios no libró ni siquiera a su Hijo cuando se le provocaba ("baja de la cruz"). Pero es necesario que yo siga confiando en ti, Señor, incluso en la noche, en la cruz o en el fracaso.
Noel Quesson
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En caso de conflicto entre varias prácticas litúrgicas, el pueblo hebreo acudía invariablemente a una especie de concurso, en el que el juicio de Dios fallaba entre los protagonistas (Gn 4, 1-5). En el pasaje de hoy escuchamos cómo Elías acude a ese procedimiento, a la hora de dar a conocer al pueblo el juicio de Dios sobre sus sacrificios.
El monte Carmelo, donde se celebra dicho concurso, está situado entre Israel y Fenicia, y pertenece sucesivamente al 1º y al 2º reino (lo que explica la presencia en su cumbre de 2 altares, uno en ruinas consagrado a Yahveh y otro a Baal).
El pueblo, nos dice el cronista "cojeaba de los dos pies" (v.21), imitando en su falta de fe la danza ritual de los partidarios de Baal (v.26). Hasta que al determinar claramente a qué Dios pertenecía el rayo, el concurso le hizo salir de sus moratorias evasivas. En efecto, la fe no puede desarrollarse en medio de la duda, ni en el servicio simultáneo de dos señores (vv.21.24).
El concurso se desarrolla en un clima de violencia, y en él los sacerdotes de Baal, creyendo que su Dios no se revelará sino como coronación del esfuerzo del hombre, se mutilan y entran en trance (v.28). Pero Dios no se revela sino en la naturaleza del rayo (v.38). En cuanto a Elías, éste aplica a los profetas de Baal la terrible ley del talión (v.40), aunque no tardará en comprender que Dios no está en la violencia (1Re 19, 1-4), sino en la dulzura y el amor.
Maertens-Frisque
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Es indudable que la narración de hoy plantea a la conciencia del creyente unos interrogantes delicados, pues ¿está poniendo el desafío de Elías a los falsos profetas a prueba, o al mismo Dios? Y la matanza de los profetas de Baal, parecida a las leyes deuteronómicas del exterminio sagrado y de la intolerancia religiosa (Dt 10,16; 13,2-19; 17,2-7), ¿es conciliable con el espíritu de la fe y la razón?
Por lo que respecta al desafío de Elías, no es difícil ver que no proviene de un deseo de poner su Dios a prueba, sino de la certeza de que Dios es Dios y Baal no es nada. Y ante la reserva del pueblo, que calla cuando Elías le pide decidirse por Yahveh o por Baal, el profeta acompaña su predicación con una señal, cosa frecuente en la historia de la salvación. Sin prodigarlas, Dios ha dado oportunamente sus señales a lo largo de la historia, y estas señales (igual que aquí) han pesado en la fe del pueblo.
Más laborioso es de comprender el comportamiento de Elías con los profetas de Baal. La doctrina del Vaticano II sobre la libertad religiosa nos ha hecho más sensibles ante ciertos hechos de la historia, como las guerras de religión, las cruzadas o los tribunales de la inquisición. Para nosotros, cristianos, es indudable que hemos de seguir el espíritu de Jesús. Pero esto no quiere decir que hayamos de considerar el gesto de Elías como históricamente injustificable, ni que nosotros no podamos aprender ninguna lección. En todo caso, no podemos olvidar que, al día siguiente, Elías tuvo que huir, y que aprendió de Dios en el Horeb otro camino para continuar su misión profética.
Josep Camps
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Interpela hoy directamente Elías a los profetas de Baal: "¿Hasta cuándo vais a estar cojeando con los dos pies? Si Yahveh es Dios, seguidlo; y si lo es Baal, seguid a ése" (v.21). Aquí nos encontramos con un tema esencial en nuestra existencia: ¿Seremos capaces de elegir al verdadero Dios, y de servirle honestamente en una decisión definitiva y sin distinciones? Porque las ruinas de Sebaste nos sirven de símbolo y de imagen.
Estamos en el sitio donde, en tiempos de los reyes de Israel, en el tiempo de Ajab I de Israel, floreció el compromiso hebreo con el paganismo. Por un lado, adoraban al Dios verdadero (el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob), y por otro (al mismo tiempo) adoraban a los ídolos extranjeros.
Por lo que se refiere a la manera de vivir lo cotidiano, se adaptaban a esta manera de compartimentar la vida. En ciertos momentos observaban la ley de Dios y sus mandamientos, y en otros los desdeñaban. A veces se volvían a Dios renunciando a los ídolos (ante un peligro), pero sin una conversión del corazón. De ahí que el profeta Elías insista: "Recoged vuestros ídolos y colocadlos bajo un árbol, porque vamos a enterrarlos". La elección del lugar resulta significativa: un árbol, que servirá de indicación para recuperarlos cuando sientan el deseo.
¿Y en qué nos concierne esto a nosotros? En que admitimos que sí que ha habido generaciones que han sido capaces de adorar a un becerro de oro, o al buey Apis, o a una estela de piedra, puesto que estaban muy atrasadas. Y al mismo tiempo fabricamos nuestros propios ídolos presentes. O ¿de verdad creéis que eso de adorar ídolos está ya superado? O nuestros contemporáneos, ¿no adoran esos mismos ídolos? ¿Y nosotros? ¿No hemos hecho los habitantes de las ciudades un ídolo del sol de las vacaciones?
Estas realidades ponen en detrimento el verdadero lugar de Dios en el mundo de hoy, adoptando las formas más variadas. Ídolo para esa madre de familia es el éxito en la educación de sus hijos, si extrae de ella su propia gloria. Ídolo para esa pareja es el éxito de su hogar y trabajo, si eso les aísla de los hogares que sufren. Ídolo para ese hombre de oración es su rezo, si se cree dueño de su relación con Dios. Ídolo para ese militante es su apostolado, si confía más en sus tareas apostólicas que en Aquel que se las ha confiado.
Envíame entonces, Señor, algún profeta, algún hermano que me haga tomar conciencia de que en mi vida existen todavía ídolos. Elías, tu profeta, es el personaje de referencia que me ilustra sobre este terreno de la liberación de los ídolos. Los profetas no son dueños de la lluvia (sino sólo Dios), pero resultan determinante para mi manera de vivir, apoyándome en su palabra para aguardar la lluvia y acoger el rocío.
Tú eres, Señor, el dueño de la lluvia, y eres muy capaz de encender el fuego de la vida allí en donde los Baales resultan incapaces. Eres muy capaz de hacer que se prenda leña empapada, como eres capaz de inflamar un corazón rebosante de ídolos. Ven, Espíritu Santo, no tardes. Porque "el Señor nuestro Dios es el único Dios" (Dt 6, 4). Y tú me respondes: "No hagas ídolos, ni pongas imágenes o estelas, ni coloques en tu tierra piedras grabadas para postrarte ante ellas, porque yo soy tu único Dios" (Lv 26, 1).
Alain Grzybowski
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En una escena de película leemos hoy cómo Elías tuvo que luchar en solitario contra 450 sacerdotes del falso dios Baal, sufragados por una reina fenicia (Jezabel) que, a su vez, recibía de ellos el beneplácito a sus caprichos y fechorías. Elías, auténtico campeón de la causa de Dios, lanza un atrevido reto a todos, y provoca (en una escenificación espectacular, y un lenguaje de mordaz ironía) el triunfo clamoroso del verdadero Dios.
Lo principal de la escena es la llamada de Elías al pueblo, a que abandone la idolatría y se decida por el verdadero Dios: "¿Hasta cuándo vais a caminar con muletas? Si Yahveh es el verdadero Dios, seguidlo; y si lo es Baal, seguid a Baal". Parece que su acción tuvo buen resultado, porque, al final, todos exclamaron: "Yahveh es el Dios verdadero". Aunque la conversión no duraría mucho.
El estilo de Elías parece poner a prueba a Dios, pidiéndole hacer bajar fuego del cielo ante un pueblo que le ha dado la espalda (cosa que prohibirá Jesús a sus discípulos, y que cambiará por la táctica de la persuasión, y la ser ser fermento oculto que actúa desde la sencillez).
Pero si la táctica de Elías no es la nuestra, sí debe serlo su estilo, a la hora de dar testimonio en medio del mundo: valiente, decidido y lúcido. Además, apliquémonos a nosotros mismos, y transmitamos a los demás, el serio aviso de Elías: no debemos ir "con muletas", o jugar a dos cartas, o encender una vela a Dios y otra al diablo, u oscilar entre el Dios verdadero y los falsos dioses que nos fabricamos (o que aceptamos del ambiente que nos rodea). Hemos hecho una opción por Dios, y eso se tiene que notar en nuestra coherencia de vida.
Y todo ello porque no queremos ser como aquellos de los que habla el salmo responsorial de hoy: los que "multiplican las estatuas de dioses extraños". Sino como aquellos de los que pueden afirmar: "Yo digo al Señor, tú eres mi bien. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, con él a mi derecha no vacilaré".
José Aldazábal
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La 1ª lectura nos narra una batalla desigual, de nada menos que 450 contra 1. No está mal, aunque para mala suerte para ellos, ese 1 era un profeta, y no de los pequeños. En efecto, Elías se había tomado en serio la ley, e instó a que toda Israel se definiera. Basta ya de cojear con los dos pies, basta ya de decir que sí y no a Dios a la vez. Y todo con mucho sentido del humor.
Elías desafío a la idolatría desde una fe robusta, dando una lección teológica a la burlesca jerga de las divinidades paganas. Y lo hizo desde su persuasión de que el único Dios era el Dios de Israel, con absoluta rotundidad.
La cosa tiene, sin duda, su dramatismo literario, sobre todo desde que el desafío tiene lugar en el Monte Carmelo, cuyo subsuelo se hace transparente, y hace que el auténtico adorador en espíritu no se arredre por nada cuando se trata de ser defensor del Dios Altísimo.
Dios, por su bondad, había elegido al pueblo de Israel, para hacerle la revelación de sí mismo y del misterio de su salvación. Y ese pueblo elegido, y ahora nosotros, había sido testigo del Dios Creador, y de la plenitud de la ley y los profetas. Esa es la verdadera vida según el Espíritu, la novedad del reino de Dios. Y para nosotros, la plenitud de la ley es Cristo, y esa plenitud nos lleva a la salvación, derribando todos los ídolos del mundo.
Dominicos de Madrid
Act:
10/06/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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