13 de Junio
Sábado X Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 13 junio 2026
1 Rey 19, 16.19-21
La vida y las palabras de los profetas están llenas de símbolos, y también Elías sabe hablar a través de los gestos y los hechos. En efecto, cuando Elías bajó del monte "encontró a Elíseo, hijo de Safat, que estaba arando. Había delante de él doce yuntas, y él estaba con la duodécima". Como se percibe ya, vamos a asistir al relato de una vocación (la de Eliseo, de momento un simple agricultor), pues Elías "pasó junto a él y le echó su manto encima".
Echar el manto encima de algo es un gesto que se encuentra a menudo en la Biblia (Ez 16, 8; Rut, 3, 9; Dt 23, 1). Hoy en día, es obvio que no es así como Dios llama o deja oír su voz a una persona, pero él sigue llamando a través de gestos y hechos significativos. ¿Somos suficientemente sensibles a las llamadas de Dios, para llegar a ser capaces de captarlas? Con humildad, con discreción, pero con la fuerza de Dios.
Entonces Eliseo dejó sus bueyes y dijo a Elías: "Déjame ir a besar a mi padre y a mi madre". Está decidido a seguir a Elías, pero su renuncia no es total, y todavía alberga sentimientos muy naturales e infinitamente respetables.
Elías respondió: "Anda, ve allá, pues ¿qué te he hecho yo?", como si dijera: Si es así, no vengas, pues ¡yo no te he llamado! También Jesús insistirá en que el discípulo "no mire hacia atrás" (Lc 9, 59), pues la vocación tiene un carácter de absoluto que en algunos aspectos ha de ser intransigente. Así ocurre en la vocación sacerdotal y religiosa, y así ocurre, guardadas las proporciones, en la vocación cristiana. Seguir a Dios no se hace sin ciertas rupturas, sin ciertas renuncias, y requiere una entrega total.
Entonces Eliseo recapacitó, tomó un par de bueyes para sacrificarlos, asó su carne con el yugo de los bueyes, y luego "se fue tras de Elías, y entró a su servicio". Una imagen viva y penetrante, en la que el labriego quema su instrumento de trabajo para no volver atrás. Jesús pedirá el mismo gesto a unos pescadores del lago de Galilea, el que dejaran sus redes y sus barcas. Abandonar el oficio y las riquezas es un duro sacrificio, pero es lo que se le pide a algunos, por el reino de Dios: comprometerme totalmente, en cuerpo y bienes y quemando el yugo para no volver atrás.
Noel Quesson
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La 1ª lectura de hoy describe la vocación de Eliseo, el discípulo heredero de Elías. Ciertamente es imposible transmitir a otro el carisma profético, pues éste es recibido directamente de Dios. Por eso la llamada de Elías a Eliseo hay que interpretarla como una especie de investidura oficial, de alguien que ha sido previamente elegido por Dios para que suceda a Elías en la misión profética (v.16).
Elías pasa junto a Eliseo y le echa encima el manto, gesto con el cual toma posesión de su persona y lo asocia directamente a su misión. El manto de Elías simboliza el carisma profético, y Eliseo acepta la llamada y sólo pide despedirse de su padre y de su madre. Elías le concede el tiempo suficiente, y no sólo para despedirse de sus padres, sino también para poder celebrar una comida de despedida con todo su clan.
La separación y la renuncia a los seres queridos se produce progresivamente, según las normas de las relaciones sociales en el Oriente. Al final, Eliseo rompe totalmente con su pasado, sacrifica los bueyes y quema la madera del yugo y de los demás aparejos que utilizaba en su trabajo cotidiano. Tras lo cual, "se fue detrás de Elías, y se consagró a su servicio" (v.21).
Silvio Báez
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Escuchamos hoy en la lectura de Reyes cómo Elías llama a su sucesor Eliseo, y con un gesto simbólico ("le echa encima su manto") le consagra, de parte de Dios, como profeta. Empieza el Ciclo de Eliseo, un profeta que, como Elías, luchará a favor de la verdadera alianza con Dios, y se convertirá en un personaje importante en la historia de Israel del s. IX a.C.
Eliseo es un joven agricultor que posee bienes (nada menos que 12 yuntas de bueyes de arar), y que responde a Elías tras despedirse de los suyos (en un banquete de despedida) e indicar que su decisión es irreversible (matando los bueyes, y haciendo fuego con los aperos con los que trabajaba). No hay vuelta atrás, y se puede decir que "quema las naves" que tenía.
Todos tenemos en este mundo una misión que cumplir: los sacerdotes y religiosos, los padres y los educadores, y los cristianos en general. Y esa misión es, en cierto modo, profética: dar testimonio de Dios en nuestro ambiente. ¿Somos capaces de cumplir esa misión con decisión y generosidad? Porque Eliseo sacrificó sus bueyes y sus aperos, y los apóstoles sus redes y barcas. ¿Estamos dispuestos a dejar nosotros algo, para centrarnos en lo único que vale la pena?
Tendríamos que sentir una profunda alegría por haber sido llamados por Dios a la vocación cristiana, y dedicarle lo mejor de nuestra vida. El salmo responsorial de hoy nos lo recuerda: "El Señor es el lote de mi heredad, y por eso tengo siempre presente al Señor, y con él a mi derecha no vacilaré, y se me alegra el corazón".
José Aldazábal
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La página que hemos leído hoy es sublime en su grandeza espiritual, y está dotada de una profunda imaginación teológica.
En el v. 16, que no se ha incluido en el texto de hoy, se ordenaba a Elías que fuera a Damasco, que ungiera rey a Jazael, y que ungiera "como profeta sucesor suyo a Eliseo, hijo de Safat". Esas palabras son para nosotros una 1ª lección: que es Dios, y no nosotros, quien llama, y que por amor elige a Eliseo y a todos nosotros. Lo propio nuestro será responder al don que él nos ofrece.
Pero apreciemos también una 2ª lección, la ofrecida por Elías: que supo ser un mediador fiel y generoso, que accede al corazón del nuevo elegido y le preanuncia su papel futuro, transfiriéndole su espíritu bajo el símbolo de su manto de profeta.
Eliseo escucha y asimila el mensaje. Él es un trabajador en ejercicio, rico en posesiones, pero eso no es nada en el mundo de Dios, y por eso lo quema. Es personaje muy humano en sus sentimientos, pues no quiere marcharse sin decir adiós a sus padres, pero se muestra muy decidido en la toma de resoluciones. Y por eso quema todos los intereses y bienes materiales, y se lanza a la acción profética. ¿Quién da más en el seguimiento de un ideal?
Actuemos como Elías, con seriedad de palabra, honradez en los propósitos, firmeza en los compromisos, lealtad en los compromisos sellados y proximidad a los asuntos de los demás. Y como Eliseo, siendo sinceros en la comprensión y generosos en la donación.
Y todo ello en la forma que sea, o bajo los signos externos que sean, si éstos son conformes a la voluntad de Dios. Porque él llama a los que quiere, y ese seguimiento del Señor ha de estar libre de ataduras. De ahí que Eliseo se viese inclinado a quemar todo su pasado, y nosotros a renunciar a todo aquello que pudiera distraernos de nuestro compromiso con el Señor. Sólo así estaremos dispuestos a dejarnos guiar por su Espíritu.
Dominicos de Madrid
Act:
13/06/26
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ordinario
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A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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