4 de Enero
Día 4 de Navidad
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 4 enero 2025
1 Jn 3, 7-10
"El que ha nacido de Dios no comete pecado". Si ayer nos alegrábamos de la gran afirmación de que somos hijos, hoy la carta de Juan insiste en las consecuencias de esta filiación: el que se sabe hijo de Dios, no debe pecar.
Se contraponen los hijos de Dios y los hijos del diablo, los que nacen de Dios y los que nacen del Maligno. Y el criterio para distinguirlos está en su estilo de vida, en sus obras. "Quien comete el pecado es del diablo", porque el pecado es la marca del Maligno, ya desde el principio. Mientras que "el que ha nacido de Dios no comete pecado, porque su germen permanece en él, y no puede pecar porque ha nacido de Dios".
Por tanto, resulta totalmente incompatible el pecado con la fe y comunión con Jesús. ¿Cómo puede reinar en nosotros el pecado, si hemos nacido de Dios y su semilla permanece en nosotros? Los nacidos de Dios han de obrar justamente, porque él es justo y Jesús es el Justo, así como "el que no obra la justicia no es de Dios". Añade también Juan el amor al hermano, que será lo que desarrollará en las páginas siguientes de su carta.
José Aldazábal
* * *
"Hijos de Dios" e "hijos del diablo". Juan acaba de descubrir a los hijos de Dios, y ahora los contrapone a los "hijos del diablo", con una expresión que provoca estremecimiento. Pues del mismo modo que se puede vivir "en comunión con Dios", se puede también "vivir con el diablo", así como estar unidos a Dios y encadenarnos después al mal.
No obstante, no olvidemos que esto no determina 2 categorías de hombres, pues la frontera que separa (a los hijos de Dios de los hijos del diablo) pasa por nuestro propio corazón. En algunos aspectos de mi vida, soy "de Dios" (¡gracias, Señor!) y por otros soy "del diablo" (¡perdón, Señor!).
Según relata Juan, lo que distingue a los hijos de Dios de los hijos del diablo estaría en la práctica del amor y la justicia, pues:
1º
el que no practica la justicia no pertenece a Dios;
2º el que no ama a su hermano no es de Dios.
Dos signos sencillos, y dos criterios.
Es, por tanto, nuestro género de vida cotidiano, el que nos hace pertenecer a Dios o al diablo. Pues en todos aquellos gestos de justicia y de amor verdadero, en todos aquellos deseos de justicia y de fraternidad... evidentemente, ahí está Dios.
"Hijitos míos, que nadie os extravíe", nos recuerda Juan. Pues el apóstol se preocupa mucho a la hora de preservar a sus cristianos de posibles desviaciones. Y el mal, y el error, pueden infiltrarse (las herejías, los falsos doctores, los falsos profetas...). "¡Que nadie os extravíe!".
"Quien vive según la justicia es justo, como él es justo", continúa diciendo Juan. Y en esto, el punto de referencia es siempre la persona de Jesús. Pero, ¿en qué se basa mi juicio? ¿En un código, en principios, en una moral, en una ideología, en una mentalidad inconsciente, en unos hábitos? No, sino en que "Jesús es justo". Esta debería ser mi referencia constante, y exigencia infinita.
Pues quien comete pecado es del diablo, que ha sido pecador desde el principio. Y precisamente para esto se manifestó el Hijo de Dios: para destruir las obras del Diablo.
El mundo es el teatro donde se libra ese gran combate. Jesucristo está en el corazón del mundo (como en la arena, en un cuerpo a cuerpo) luchando contra el pecado. Señor, hazme participar en tu combate. Señor, concédeme lucidez suficiente para descubrir a mi alrededor el pecado del mundo, y mi propia participación en él.
"Quien ha nacido de Dios no comete pecado", consuela finalmente el apóstol, porque permanece en él la semilla sembrada por Dios, y por tanto no puede pecar. Pero ojo, eso hay que entenderlo bien. Pues en otros pasajes (1Jn 1, 8-10) Juan nos dice claramente que todos tenemos pecados. ¡No faltaba más!
Lo que aquí Juan afirma que "el hombre nacido de Dios" está colocado en una especie de estado fundamental totalmente alejado del mal, en una especia de orientación global que marca la dirección principal de la vida. Gracias, Señor, por esa explicación. A pesar de los desvíos y los resbalones pasajeros, a pesar de las caídas ocasionales, es también mucha verdad, Señor, que te pertenezco y que voy a ti.
Noel Quesson
Act: