9 de Diciembre

Martes II de Adviento

Equipo de Liturgia
Mercabá, 9 diciembre 2025

Is 40, 1-11

         Nos encontramos hoy con un pasaje que pertenece al Libro de la Consolación del profeta Isaías, sea de él en persona o de un discípulo suyo posterior (llamado Segundo Isaías) que profetizó en tiempos del destierro.

         En medio de una historia bien triste para el pueblo de Israel, tanto política como religiosa, resuena un pregón de esperanza, describiendo con fuerza literaria y plástica los caminos que a través del desierto van a conducir al pueblo de vuelta a Jerusalén, como sucedería en efecto, en el s. VI a.C, por decisión del rey Ciro II de Persia.

         Se dibuja aquí como una repetición del éxodo desde Egipto, camino de la tierra prometida. Ahora es la vuelta del destierro de Babilonia. En ambas ocasiones es Dios quien conduce y protege a su pueblo. Pero exigirá esfuerzo por parte de todos: han de ir construyendo el camino, allanando, rellenando, enderezando, como recordará más tarde el Bautista. Un buen símbolo de la colaboración del hombre en la salvación que le ofrece Dios.

         El anuncio más consolador es que Dios llega, que llega con poder, que perdona a su pueblo sus pecados anteriores, que quiere reunir a todos los dispersos, como el pastor a sus ovejas. Es un retrato poético y amable de Dios como Pastor: "Lleva en brazos los corderos, cuida de las madres". Tiene entrañas de misericordia para con su pueblo. No quiere que permanezcan más tiempo en la aflicción.

         No es extraño que el salmo responsorial de hoy nos haga cantar sentimientos de alegría por la cercanía mostrada en todo tiempo por Dios a su pueblo: "Cantad al Señor, bendecid su nombre, delante del Señor que ya llega, ya llega a regir la tierra".

José Aldazábal

*  *  *

         Continuamos hoy la lectura de la selección de pasajes de Isaías que la liturgia nos presenta para este tiempo de adviento. La perícopa de hoy abre lo que los especialistas llaman Libro de la Consolación, pues ese es el acento especial que presentan los cap. 40-55, obra atribuida a un profeta anónimo del fin del destierro (al que comúnmente se le llama Deutero Isaías, o Segundo Isaías). Podríamos datarlo, entonces, hacia mediado del s. VI a.C.

         La idea de la consolación que hoy contemplamos tiene 4 motivos importantes: anuncio del fin del destierro (vv.1-2), llamada a abrir camino en el desierto (vv.3-9), fugacidad de las criaturas comparada con la perennidad de Dios y su proyecto (v.10) y promesa de la venida de Dios a pastorear a su pueblo (v.11).

         Hacia el final del destierro se ha ido creando ya la conciencia de la purificación del pueblo. La amargura del exilio y su consiguiente humillación va haciendo que el pueblo purifique su fe, su esperanza y, sobre todo su imagen de Dios.

         Los grandes interrogantes que suscitó la Caída de Jerusalén (ca. 587 a.C) han ido aclarándose poco a poco durante casi 5 decenios, por eso ahora el mensaje es antes que nada consolador y esperanzador; Jerusalén ha purgado 2 veces sus pecados y el regreso de los deportados es inminente. Hemos de recordar el Edicto de Ciro que permite el regreso de los deportados.

         El regreso del exilio ha sido muchas veces asimilado al Éxodo; esto es, un nuevo éxodo, donde el pueblo podrá volver a experimentar y vivir en carne propia los portentos realizados por el brazo poderoso de Dios en la salida de Egipto y la travesía por el desierto. Los deportados recorrerán un camino, una senda especialmente allanada para ellos, pues van acompañados nada menos que con su Dios.

         En el Cercano Oriente era normal y corriente la construcción o adecuación de una vía para ser transitada por un personaje ilustre. Rastros de esa costumbre se vieron el siglo pasado cuando se construyó una vía nueva en Israel, la cual sería recorrida por Pablo VI en su visita a Tierra Santa.

         Pues bien, en ese contexto podemos entender el llamado que hace el profeta para allanar la senda por el desierto. Pero en el sentido religioso, se trata de reconstruir el camino de la justicia. Si los deportados han aprendido la lección que la historia les dio, ahora tendrán que caminar por un sendero nuevo, y en ese camino serán acompañados por su Dios. Israel, el ser humano, es "hierba que fenece", pero Dios es eterno y sus mandatos estables por siempre.

         Una de las figuras de la constante compañía de Dios es la del pastor. Él es el único pastor que desempeña su función con toda diligencia. Esta imagen es también presentada por Jeremías (Jr 23, 1-6) y Ezequiel (Ez 34), y en ambos Dios es el verdadero pastor de Israel, que lo guía diligentemente, tiene especial cuidado con los corderos y las ovejas madres, y se preocupa por los más débiles y vulnerables del pueblo.

Servicio Bíblico Latinoamericano

 Act: 09/12/25     @tiempo de adviento         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A