22 de Enero
Miércoles II Ordinario
Equipo de Liturgia
Mercabá, 22 enero 2025
Heb 7, 1-3.15-17
El autor de Hebreos afirma que Cristo es "de este orden", según el orden de Melquisedec; es decir, "sacerdote eterno, según la línea de Melquisedec". Jesús no pertenece a la tribu de Leví (sino a la de Judá), y por eso no era sacerdote según la ley judía. Luego su sacerdocio era de otro orden. El autor de Hebreos busca el esbozo de Cristo y lo halla mucho antes de la ley de Moisés: se trata de Melquisedec, en tiempos de Abraham (Gen 14,17-20). Y es interesante subrayar que Melquisedec:
-"carece de
genealogía", sin ascendencia temporal, ni descendencia humana,
-es
"salemita" o pagano, que instaura un sacerdocio universal, mucho antes
que el levítico,
-es "sacerdote",
que instaura un rito (orden) particular,
-es "rey",
que instaura un reino y reinado de paz.
Esos argumentos, de tipo rabínico, pueden parecernos algo complicados. Pero van dirigidos (no lo olvidemos) a judíos habituados a esa argumentación bíblica, y expresan en imágenes concretas lo que nosotros diríamos en forma de ideas abstractas.
Efectivamente, Melquisedec (rey de Salem, y sacerdote de Dios Altísimo) sale al encuentro de Abraham, y pone en marcha el proyecto de Dios mucho antes que existiese Israel, siguiendo sus propias costumbres religiosas.
Efectivamente, Melquisedec carece (en lo escrito de él) de padre, madre y genealogía, de comienzo en el tiempo y de una trayectoria humana existencial. Y todo ello le asemeja al Hijo de Dios. Melquisedec es una figura enigmática, misteriosa, como un meteoro del que no se sabe de dónde ha venido, ni dónde va. Y el autor ve en ello el origen divino de Jesús.
Sí, el Hijo de Dios no tiene principio ni fin, es eterno como Dios. Y dicho sacerdocio perdura para siempre. No siendo hereditario, y no teniendo origen humano, su sacerdocio es perdurable y eterno, a través de los siglos. Todos los otros sacerdotes, desde entonces, no serán ya sacerdotes más que en dependencia de él, y en participación con él. Serán sacerdotes pero no según la ley humana, sino a través de este línea inescrutable: la de Melquisedec, la de Jesucristo.
Noel Quesson
* * *
Hemos visto que, según una tradición antigua, puede interpretarse el Salmo 109 como referido a Cristo: "Sacerdote eterno según el rito de Melquisedec". Para explicar el sentido de esta atribución, el autor de la epístola a los Hebreos ha recurrido al célebre pasaje de Gn 14, donde aparece Melquisedec como "el hombre de ninguna parte". Tras una fugaz aparición en el escenario de la historia, este personaje retorna al silencio de Dios. El terreno era propicio a la exégesis rabínica, hábil para sacar partido de las lagunas bíblicas.
Así pues, a Melquisedec no se le conocía "ni padre, ni madre, ni genealogía". Dado lo riguroso de la ley en materia de genealogías, especialmente de genealogías sacerdotales, tal circunstancia no podía por menos de resultar extraña. Adviértase, por otra parte, que el relato de Gn 14 no menciona ni el nacimiento ni la muerte de Melquisedec.
El sumo sacerdote parece participar de la eternidad divina: se asemeja al "Hijo de Dios", como se hace notar en la epístola. En efecto, para el autor de Hebreos, la ausencia de ascendencia levítica y la perpetuidad del sacerdocio parecen ser los rasgos más característicos del sacerdocio "nuevo estilo".
Ahora bien, tampoco Jesús era sacerdote según la ley levítica (judía), pues por descendía venía de la tribu de Judá (Mt 1,16), y no de la tribu de Leví. Por eso, cuando al resucitarle de entre los muertos le consagra Dios sacerdote para la eternidad, esa consagración se efectuará "en virtud del poder de una vida indestructible", y no "en virtud de una filiación humana".
Hilari Raguer
* * *
Hoy empezamos la profunda exposición cristológica de la Carta a los Hebreos, y el tema central es el sacerdocio y sacrificio de Jesucristo. En este punto, el escrito es absolutamente original, pues es el único del NT que atribuye a Jesucristo el título de sacerdote.
El punto de partida es el gozoso mensaje de la comunión del hombre con Dios por Jesucristo, superando así el pecado y llegando a la salvación. Y el autor expone esta fe en clave cultual: la gran meta del hombre es acercarse al Dios vivo para darle culto y, así, ser purificado del pecado y conseguir la perfección (por medio del sacerdote, el Hijo de Dios y hombre perfecto).
Al lado de este objetivo último de su reflexión teológica, aparece otro elemento que el autor considera con la misma sinceridad. Es evidente que la organización cultual del AT intentaba ya purificar el pecado y acercar el hombre a Dios; dicho sin clave cultual: es claro que, al margen de Jesucristo, el hombre pretende hallar a Dios y conseguir su realización.
Por eso, junto a la reflexión sobre Jesucristo, resuena en toda la carta el problema del culto antiguo. El autor intenta, por contraste, una más auténtica comprensión del misterio de Jesucristo frente al fracasado intento de salvación del hombre, del cual venía a ser símbolo el culto del templo antiguo.
El cap. 7 está dedicado al tema del sacerdocio. El autor encuentra en el AT un texto que le permite hablar tanto del sacerdocio de Cristo como del antiguo: "Dios lo ha jurado y no se arrepiente: Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec" (Sal 110,4). La alusión a Melquisedec lo conduce a Gn 14,18-20 (único texto histórico donde aparece este personaje), pasaje del que hace una lectura curiosa y profunda.
Por un lado aparece la grandeza casi infinita de Melquisedec (Heb 7,1-3), y por otro su superioridad sobre Leví y su sacerdocio levítico (Heb 7,4-10). Y en el horizonte de estas lucubraciones aparece la figura de Jesucristo, con los 2 títulos que lo definen: él es el Hijo de Dios, y él es sacerdote supremo, "según el orden de Melquisedec" (carente de genealogía, de manera inesperada y gratuita, no dependiente de la ley ni la carne humana).
Gaspar Mora
* * *
Para que los cristianos procedentes del judaísmo no añoren, entre otras cosas, la institución sacerdotal del templo, el autor de Hebreos demuestra la superioridad total del sacerdocio de Jesús, al que presenta como "sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec".
Recurre así al misterioso personaje Melquisedec, que salió al encuentro de Abraham cuando volvía de una de sus salidas de castigo contra los enemigos (Gen 14), y cuyas coordenadas hacen su sacerdocio muy distinto a cualquier otro tipo de sacerdocio humano:
-al
no tener genealogía, o no constar quiénes son sus
padres,
-al decir su nombre, que etimológicamente significa justicia,
-al ser rey de Salem, o lugar de la paz,
-al no indicar su tiempo de aparición, ni saberse cuándo empezó éste.
Todo esto se aplica aquí a Cristo, para indicar la superioridad de su origen y procedencia sacerdotal. Y diferenciarlo así de los sacerdotes levitas de Israel, que heredaban su sacerdocio por cuestiones familiares. Jesús es el Hijo de Dios, que no tiene principio ni fin, el único justo y el creador del reino de la paz.
Cuando decimos, con el Salmo 109, "tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec", queremos expresar esta singularidad de Jesús en su misión de mediador, entre Dios y la humanidad. Es sacerdote no según unas leyes humanas, sino de un modo muy especial. Melquisedec aparece así como figura y profecía de Cristo, el verdadero sacerdote que Dios nos ha enviado en la plenitud de los tiempos.
José Aldazábal
Act:
22/01/25
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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