10 de Julio
Jueves XIV Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 10 julio 2025
Gén 44, 18-29
Si el discurso de Judá, en el capítulo anterior, significaba el momento cumbre de la tensión narrativa en la historia de José, los acontecimientos que ahora comentamos constituyen el desenlace: manifestación de José a los hermanos, invitación al padre y a la familia para que se establezcan en Egipto, encuentro de José con Jacob.
Las tradiciones yahvista y elohísta se encuentran muy mezcladas, de forma que es difícil aislarlas. Esto es lo que explica algunos duplicados: José se da a conocer 2 veces a sus hermanos (vv.3-4), hay 2 invitaciones a Jacob a trasladarse a Egipto, una por parte de José y otra por parte del faraón (vv.9-16), y se establecen tanto en Gosen como en cualquier otro lugar (vv.18-20).
Las palabras de Judá sobre su padre, con las alusiones al hermano muerto, conmovieron profundamente a José, que ya no pudo contenerse. Y si hizo salir a los criados antes de identificarse, no fue tanto por miedo a manifestar sus propios orígenes (delante de la servidumbre) cuanto por tratarse de un asunto que sólo incumbía a él y a los hermanos.
Naturalmente, la 1ª reacción de los hermanos fue de asombro y de miedo. Sin embargo José, con un amable "acercaos a mí", trató de serenarlos, y de introducirlos (al mismo tiempo) en la comprensión profunda de la acción de Dios: Dios lo había enviado a Egipto a través de ellos, con el fin de asegurar la supervivencia de ellos (resto tiene aquí este sentido) y hacerlos vivir para una gran liberación. La importancia teológica de esta declaración, así como las semejanzas con la salvación de Noé y de Lot, son evidentes.
El concepto resto indica aquí el carácter gratuito de la providencia divina. Y según el contexto general, se refiere no sólo al destino de la familia de Jacob, sino también al futuro de Israel, que ya se anuncia en su antepasado remoto. El resto tiene una ambivalencia inseparable: o es expresión del castigo (y de la ira de Dios) o es señal de gracia (por la fidelidad a Dios). Por eso ha sido un concepto repensado y usado en circunstancias diferentes.
Los títulos de José expresan las múltiples funciones de su cargo, y el lugar preeminente en que le ha colocado el faraón. En cuanto a la tierra de Gosen, ha de localizarse en el actual wadi Tumilat, entre el delta del Nilo (al oeste) y el actual canal de Suez (al este). Los regalos de José, aparte del carácter normal de benevolencia hacia su familia, tienen el cometido de hacer patente a Jacob que su hijo vive todavía, y que ocupaba una elevada posición.
Finalmente, Jacob se acoge a las invitaciones de José y del faraón, y emprende el camino de Egipto tras una visión nocturna en Berseba. Se trata de un hecho de suma trascendencia, al abandonar todas las tribus de Israel la Tierra Prometida, para ir a instalarse a Egipto. La alusión al retorno de Jacob no se refiere a su cadáver (que será enterrado en Israel) sino al retorno de su descendencia (es decir, al Exodo).
Maertens-Frisque
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Los hijos de Jacob pasan de una sorpresa a otra. Tras la afectuosísima acogida de José, ¿cómo imaginar que les queda aún la dificultad mayor? En efecto, apenas han emprendido el camino de retorno, les sale al encuentro el mayordomo de José, que, fiel a las órdenes de su señor, ha puesto la copa de plata de José, usada también para los presagios, en el saco de Benjamín, y les acusa ahora de haberla robado.
En la antigüedad era corriente servirse de una copa para hacer presagios: se introducían dentro pequeños objetos, y por la forma que tomaban dentro del líquido, se deducían ciertos augurios. Esto le confería cierta categoría religiosa, por lo que su robo era más grave y se castigaba normalmente con la pena de muerte.
Nuestro relato menciona ingenuamente esa práctica y no parece considerarla incompatible con la fe yahvista. La expresión "lejos de tus siervos hacer tal cosa" refleja el estupor de los hermanos, que se sienten incapaces de haber hecho algo semejante, como lo demuestra el hecho de que han devuelto el dinero que encontraron en los sacos durante su 1º viaje (es muy probable que la alusión a una nueva introducción de dinero, de la cual ya no se habla más aquí, sea una adición posterior).
Los hermanos están tan seguros de su inocencia, que aceptan la condena a muerte de aquel en quien se encuentre la copa y, solidariamente, la esclavitud de todos los demás. El mayordomo, como luego José, acepta sólo la cláusula de retener al culpable como esclavo, pero no habla de condenar a muerte a ninguno.
Con gran asombro, los hermanos comprueban que la copa está en el saco de Benjamín. Rasgan sus vestiduras, testimonio fehaciente de su dolor. Se presentan de nuevo ante José, y éste hace gala de una ironía cruel e incluso irreverente. Con una gran perplejidad, Judá acepta la evidencia con que Dios, siempre libre en sus decisiones, declara su iniquidad.
Notemos el doble sentido de la frase: parece que se relaciona directamente con el asunto de la copa, pero la verdadera culpa que pesa sobre ellos es la que cometieron contra el hermano desaparecido. Por eso, fieles a la palabra dada, se ofrecen todos juntos como esclavos. Pero José, con un "lejos de mí" (que responde al de sus hermanos) les asegura que sólo quiere quedarse con Benjamín.
Contra esta decisión, Judá pronuncia unas palabras admirables y conmovedoras, exponiendo la situación familiar del padre, que ya ha perdido a uno de sus hijos predilectos y moriría si perdiera al otro que le queda. Por eso ruega a José que lo tome a él como esclavo en lugar de Benjamín, en cumplimiento de la promesa hecha al padre, y porque sería incapaz de volver al hogar sin el hermano menor.
La actitud abnegada que muestran hacia Benjamín, opuesta a la que tuvieron antes hacia José, manifiesta la conversión de los hermanos. No hacen falta más pruebas.
Josep Mas
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La escena que leeremos es típica de la época patriarcal que nos relatan las últimas páginas del Génesis: una vida de clan (en la que el antepasado juega un papel capital), una vida nómada (en la que las relaciones de familia son esenciales), una vida ruda (en la que no faltan los enfrentamientos) y una vida fraternal (impregnada de una ternura en que los lazos de sangre son más fuertes que todo).
"¿Viven todavía vuestros padres?", preguntó José. A lo que sus hermanos le respondieron: "Tenemos un padre anciano y un hermano pequeño, nacido en los días de su vejez. Pues el hermano de éste murió, y por lo tanto a su madre le queda sólo este hijo, y nuestro padre le ama".
Gran arte del relato que de modo emocionante habla de José como de un desaparecido, cuando en realidad éste les está escuchando. Relato muy matizado en el que los hechos son más sugeridos que explicados. En esta estructura familiar polígama, notamos un inmenso y natural respeto al padre, y una relación afectiva con la madre. Pero se dejan entrever también las dificultades inherentes a ese tipo de familia y sus consecuencias casi inevitables en particular las preferencias por tal esposa y por sus hijos.
Se trata de Benjamín, el pequeño y el último, el verdadero hermano de José, nacido de la misma madre (Raquel). Pero Raquel murió al dar a luz, y esto explica el afecto muy particular de Jacob por esa mujer (Gn 35, 16-18), y la ternura muy particular de José por éste que, entre los restantes hijos de Jacob, le recordaba las facciones de su propia madre.
En medio de las rudezas de la época, contemplamos la maravilla del amor que ilumina todo lo que toca. O como dirá San Juan, "Dios es amor, y el que ama, conoce a Dios". El caso es que el padre Jacob dijo: "Sabéis que mi mujer sólo me dio dos hijos. Uno lo perdí y hasta el presente no lo he vuelto a ver. Si ahora apartáis a éste de mi lado y le sucede alguna desgracia, haríais bajar penosamente mi vejez a la mansión de los muertos".
Entonces José no pudo contenerse, hizo salir a todo el mundo y cuando quedaron sólo los hermanos se dio a conocer a ellos y se echó a llorar a gritos. Vencido por la emoción, José deja que lo reconozcan: "Soy José, vuestro hermano".
Sin duda el niño José Roncalli había oído esa emotiva historia de reconciliación cuando asistía al catecismo en su pueblo. Adulto, debió de meditar esa página de perdón fraterno. El caso es que siendo ya Juan XXIII, al recibir en audiencia a un grupo de judíos, con los brazos abiertos les dijo: "Yo soy José, vuestro hermano".
Noel Quesson
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Si hay una escena conmovedora y profética en el libro del Génesis, es esta escena en que José (el que había sido traicionado, y vendido como esclavo) se convierte en salvador de los mismos que lo habían desechado (sus hermanos), y en bienhechor magnánimo de los que lo insultaron y maltrataron. Pocas páginas en la Biblia entera, salvo las de la pasión de Jesucristo, pueden mostrarnos tan perfectamente lo que significa amar de verdad y hasta el fondo.
Y es admirable no sólo la exquisita ternura de José, así como su manera de querer y dejar ver en llanto su amor de hermano. Sino especialmente el don que Dios le da de reconocer que había una plan detrás de todo aquello. Porque este hombre maravilloso no se queda al nivel de las ofensas recibidas, sino que eleva su mente al plano de los designios divinos, y reconoce que la voluntad de Dios mismo se estaba realizando a través de las voluntades perversas y miopes de sus hermanos envidiosos. Por ello su alma no es un pozo de amargura, sino un manantial de acción de gracias. No destila venganza sino gozo.
Nelson Medina
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Seguimos hoy escuchando la historia de José, que llega a la escena culminante del reencuentro y la reconciliación con sus hermanos, una de las páginas más bellas de la Biblia, tanto en el aspecto literario como en el humano y religioso.
Antes de esta página, se nos contaba que en un 2º viaje de sus hermanos a Egipto (en busca de víveres), José retenía a Benjamín (su hermano predilecto) con el pretexto de que había robado un cáliz (que él se había encargado de esconder en su saco).
En el relato de hoy, escuchamos cómo Judá, intercediendo patéticamente por su hermano pequeño, le cuenta la verdad del relato que él conocía muy bien: el de su venta por unas monedas. José no puede ya contenerse más, y entre lágrimas se da a conocer a sus hermanos, creando en ellos una situación de sorpresa indecible y de miedo: "Yo soy José, vuestro hermano, al que vendisteis a los egipcios". Pero no tienen que temer, porque les perdona: "Acercaos a mí".
La lección se pone en boca de José: "Para salvación me envió Dios delante de vosotros". El salmo responsorial de hoy comenta y desarrolla esta misma idea: "Recordad las maravillas que hizo el Señor. Llamó al hambre sobre aquella tierra, y por delante había enviado a José, vendido como esclavo". Los planes de Dios son admirables, y él va llevando a cumplimiento su promesa mesiánica por caminos que nos sorprenden.
La historia de José nos recuerda la de Jesús, que:
-también
será vendido por los suyos y llevado a la cruz;
-morirá pidiendo a Dios que perdone a sus verdugos;
-parecerá haber fracasado en la misión encomendada, consiguiendo así su
propósito de salvación a través del mal y del
pecado de las personas.
Nosotros tendríamos que aprender, sobre todo, a perdonar a los que nos han ofendido. Difícilmente nos harán un mal tan grande como el que los hermanos de José o los discípulos de Jesús les hicieron a ellos. Y ellos se perdonaron. ¿Hubiéramos tenido nosotros, en su lugar, la grandeza de corazón que aquí muestra José? ¿Facilitamos que se puedan rehabilitar las personas, dándoles un voto de confianza, a pesar de que hayan fallado una o más veces? Aunque nos cueste, ¿sabemos perdonar?
José Aldazábal
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Llegados a Egipto los hijos de Jacob, en busca de provisiones, José les atendió como a amigos, les vendió cuanto deseaban para salvarse del hambre, y metió en sus sacos de alimentos (sin decirles nada) el dinero con que le pagaban sus compras. Pero les pidió algo a cambio: que en otro viaje bajara con ellos el hermano pequeño, Benjamín.
Así lo cumplieron sus hermanos, y en un 2º viaje (con gran dolor de su padre Jacob) Benjamín se fue con ellos. Cuando Benjamín estuvo en Egipto, José les dijo que lo retenía como su esclavo hasta que bajara Jacob. Lloraron los hermanos esa retención, y José acabó declarando la verdad que el siguiente texto recoge:
"Después de todo eso, José no pudo contenerse ante sus hermanos. Rompió a llorar tan fuerte que los egipcios lo oyeron, y dijo a sus hermanos: Yo soy José, vuestro hermano, a quien vendisteis a los egipcios. Pero ahora no os preocupéis, ni os pese el haberme vendido aquí; para salvación me envió Dios delante de vosotros".
La 4ª parte del Génesis, dedicada a la historia de José y de sus hermanos (Gn 37-48), es ejemplo de dureza y de ternura. De dureza por la venta de José a los mercaderes, a causa de la maldita envidia y del odio que a veces se genera entre los hermanos. De ternura por el amor de Jacob a sus 2 últimos hijos (José y Benjamín, los de su amor a Raquel) y por las delicadezas extraordinarias que José tiene con sus hermanos y con su padre. ¡Qué página tan prodigiosa, que habla más al alma que para tejer una historia de carne y hueso!
En los cap. 44-45 de hoy nos deleitamos con la actitud comprensiva y misericordiosa de José, el hijo preferido de Jacob. Vendido a unos mercaderes, entró en Egipto, y allí adquirió enorme prestigio, hasta el extremo de convertirse en administrador de los bienes del faraón. Como ya comentábamos ayer, mientras él se implicaba en la administración de Egipto, sobrevinieron años de hambre por todas partes, y en tierras de Canaán la angustia fue terrible. Para calmarla, los hijos de Jacob bajaron a Egipto a buscar provisiones.
Allí estos hijos se vieron sorprendidos por la bondad y delicadezas de un hombre (José) que les trató con mimo y que al final les reveló lo que era (su hermano) con total magnanimidad. Su mensaje de caridad fraterna desborda todo cálculo egoísta, pues en plenitud de amor y gracia devolvió mucho bien por mucho mal.
José hace hoy una lectura providencialista de la historia de su vida, de la traición de los hermanos, de su prosperidad en Egipto, del reencuentro con sus hermanos y su padre. Del mal trata de hacer el mayor bien posible.
Dominicos de Madrid
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